De esas costas vacías me quedó sobre todo la abundancia del cielo” (El entenadoJuan José Saer, 1983)

Saer de pie En 2002 Juan José Saer brindó una entrevista abierta en el marco de la Bienal de Arte Joven de Santa Fe. El evento se desarrolló en la ex estación del ferrocarril General Belgrano, ubicada sobre el Bulevar Gálvez.

En aquella ocasión, Saer contó lo siguiente: un grupo de alumnos de la facultad donde dictaba clases en Rennes (Francia) realizaron un viaje a Santa Fe para recorrer los sitios donde trascurre la narrativa saeriana; volvieron decepcionados. Saer los consoló respondiendo que, quizá, la ciudad que esperaban ver no existió nunca o que, tal vez, la que habían construido en sus mentes, a la distancia, era más real que la ciudad misma.

La anécdota no puede dejar de ocultar que existe una materialidad de la que se nutre el autor y que es reconocible en sus textos. La minuciosidad en la descripción de lugares, personajes y actos nos permite tejer un mapa exacto, una serie de recorridos urbanos e interurbanos que hilvanan una suerte de geografía saeriana. 



A manera de ejemplo, en la novela La vuelta completa (1966) César Rey inicia su periplo una mañana de sábado del mes de marzo de 1961 en el edificio de correos, frente a la vieja terminal de ómnibus de Santa Fe; luego se dirige a un hotel situado sobre la calle 25 de mayo, toma café en el bar de una de las galerías que dan a la calle San Martín (aún no era peatonal), almuerza con Marcos Rosemberg y luego, en la Plaza España, se encuentra con Clara y en un auto color celeste toman por el Bulevar hasta el puente colgante. Luego dejan atrás la laguna y se dirigen por la ruta de la costa hacia Colastiné. 

Saer fumandoSimilar arquitectura podría aplicarse al resto de su obra. Cada uno de esos detalles dibujan la geografía saeriana dando forma a una zona literaria. En la novela La Pesquisa (1994), Tomatis, Pichón y Soldi toman unos lisos en un patio cervecero ubicado frente a la terminal. La escena se desarrolla pasando por el punto de vista de los tres personajes: siendo la misma, no es idéntica. 

En la zona (geográfica) no se usa el plural, sino el singular, para denominar a un conjunto de la biodiversidad del litoral que, desde Reconquista a Santa Fe, dispone una larga franja de humedales que acompaña el flanco oeste del río Paraná. Vulgarmente se dice: “vamos a la isla”. Como “la isla” se suele nombrar a la profusión de islotes, albardones, brazos del Paraná, arroyos que se desprenden de los mismos, bañados y lagunas interiores. El río deposita y arrastra sedimentos modificando un paisaje que siendo uno, muta con el tiempo.

De igual forma, la narrativa de Saer puede entenderse como una única obra que da cuenta de un sistema cuyos elementos se conforman en un lugar preciso que hace las veces de centro: un grupo humano que con mayor o menor proximidad entre sí va tejiendo una red de relaciones que se transforma en un tiempo cronológico que, si bien está asentado en el siglo XX, reconoce hitos que lo preceden. 



Cada texto conserva su unidad pero a su vez es una pieza más del sistema todo. La zona saeriana sería pues ese conjunto (la ciudad, la costa, el grupo de amigos y las generaciones sucesivas que animan el lugar, los acontecimientos revividos una y otra vez) que se abre en cada una de esas unidades. Una zona que hace centro en un lugar pero no es el lugar mismo, sino la ficción de una posible percepción de capas de experiencias que en ese lugar sedimentaron y desde donde se mira el mundo. Se puede entrar a la isla por diferentes canales y arroyos; pero penetrando la isla jamás se termina de dar con ella. 



De igual forma ocurre en la zona saeriana. La escena de La pesquisa nombrada más arriba tiene una lógica de continuidad con el cuento Recepción en Baker Street (Lugar, 2000): la tormenta que en la novela se presiente irrumpe de cuajo en las primeras líneas del cuento. A su vez el cuento, situado en marzo, puede leerse como una presentación del personaje Nula, que cobrará protagonismo luego en la novela La grande (2005), situada en abril. 



La crítica ha coincidido en que la zona saeriana emerge ya en los primeros textos, puntualmente en el relato Algo se aproxima (1960) donde además de manifestarse un proyecto literario: la intención de escribir la historia de una ciudad, “…No de un país, ni de una provincia, de una región a lo sumo…”, se encuentran los elementos que recurrentemente volverán sobre un modo de ser que hace a la zona. En la noche, bajo la parra, Tomatis observa a Barco contemplar las brasas encendidas para el asado. Luego, en la novela El entenado el único sobreviviente de la expedición de Juan Díaz de Solís es llevado en una larga carrera que adivina el paso por las cuchillas entrerrianas y el arribo, cruzando el gran río, a una playa donde se asientan los indios colastiné, presumiblemente la playita de Rincón (la misma que vio desaparecer a Gato y Elena, la misma donde a pocos metros pastara el caballo bayo de Nadie, nada, nunca, la misma que ve la inundación en A medio borrar). La zona tiene allí su génesis.



El entenado asistirá al rito de la cocción de la carne humana con los mismos procedimientos y efectos con que se lleva a cabo un asado. La palma extendida sobre la parrilla, tanteando la graduación del calor que preanuncia el banquete antropófago, y la vara de hierro que utiliza Barco en Algo se aproxima para acomodar las brasas, trazan sobre las mismas coordenadas geográficas un puente de comunicación a cientos de años de distancia.  

Con la muerte de Saer, en 2005, las posibilidades de seguir recorriendo la zona se vieron truncadas. En el mismo sitio donde dio aquella entrevista mencionada al principio funciona hoy un bar que lleva su nombre. En vano algunos adeptos acuden al mismo esperando que algo ocurra. Pero no ocurre nada.

La zona en fotos

Pinterest es una red social dedicada exclusivamente a las imágenes, desde la cual se pueden ver, subir, compartir y comentar fotografías.

El portal educ.ar propone un recorrido por Pinterest relacionado con la zona saeriana. Ingresando a http://pinterest.com/saerzona/ encontrarán diferente fotos que hacen referencia a su obra, que podrán utilizar en las aulas para enriquecer el conocimiento sobre el autor y, por qué no, acercarse a una herramienta nueva.