Acercarse a la obra de Adolfo Bioy Casares puede suponer un viaje que va desde la enigmática isla de La invención de Morel (su primera novela, de 1940) hasta el extraño mundo de hombres-pájaro en De un mundo a otro (la última, de 1998). En el medio se cruzan un sinfín de estaciones reales y, sobre todo, imaginarias. 

Pero esta compulsión por innovar en la creación de tramas, climas y personajes no termina en el mero ingenio desenvuelto para la ovación de la tribuna. Bioy enfrenta, sin amagues de irse al mazo, los grandes temas de la literatura: la soledad, el fin de los tiempos, la libertad y, fundamentalmente el amor, que aparece en su obra como un destino trágico a cumplirse más allá de la muerte y los universos que nos separan.

Bioy Casares y Ocampo

Esta profusa capacidad de inventiva es la que le vale ser reconocido como el principal referente de la ciencia ficción argentina, hecho que el escritor aceptó ya de grande, con esa amable incredulidad que tiene la gente “de antes”. Es cierto que Bioy incluye como disparadores de su trama a máquinas y otros artefactos fantásticos, pero lejos está de transformar la historia en el manual de instalación de un electrodoméstico alienígena. La prosa desinteresada con que describe a estos objetos, parece hablarnos de nuestro mundo actual, en el que convivimos con entornos que hasta hace poco solo podían ser literatura. La innovación tecnológica se nos vuelve un guardián omnisciente de la vida diaria y nos demuestra, en definitiva, que la ciencia ficción llegó hace rato.

Aparatos para suplir ausencias

Tomemos como ejemplo a La invención de Morel: novela que empieza y termina por definir el estilo de Bioy. Allí el fugitivo perdido en la isla contempla –perplejo– a un grupo de personas de anticuada vestimenta que juegan al tenis, bailan y toman el té, indiferentes a la descomposición del lugar e incluso a su propia presencia. Más adelante descubrirá que se trata del artilugio de un tal Morel, que ha grabado durante una semana a sus amigos y luego reproduce su vida durante ese período, en una suerte de loop infinito.  

Adolfo Bioy CasaresTambién en el cuento “En memoria de Paulina, el protagonista vive una noche inolvidable con la dama del título, hasta que cae en la cuenta que solo se trató de una proyección de la mente de su adversario en el amor de la mujer. En otro cuento, “Máscaras venecianas”, se plantea un prototipo de la clonación humana. En “Los afanes”, Eladio Heller inventa una máquina para retener el alma de su perro. 

Esta compulsión por la trascendencia (una forma más de la inmortalidad), por la comunicación, por encontrase en el otro pareciera replicarse hoy en la inmaterialidad de internet. La proliferación de imágenes, videos, fragmentos de vidas se multiplican y proyectan hasta alcanzar cifras monstruosas. Las posibilidades de la Web permiten que funcione, incluso, como improbable máquina del tiempo: en el website futereme.org se pueden enviar mails a cualquier casilla (incluida la propia) hasta 50 años en el futuro. Se vuelven, como decía Morel, “aparatos de contrarrestar ausencias”. La intención, al igual que la del inventor, es la misma: proyectarse más allá de las ataduras materiales

Náufrago del cine y la TV

A pesar del potente arsenal de imágenes que sugiere, la obra de Bioy no fue llevada al terreno audiovisual con la naturalidad que sugiere a simple vista. En nuestro país tuvimos las versiones fílmicas de Diario de la guerra del cerdo, titulada La guerra del cerdo y dirigida en 1975 por Leopoldo Torre Nilson; El sueño de los héroes (1997), de Sergio Renán, y la más reciente Dormir al sol (2010), de Alejandro Chomski.

  

Encontramos también el film francés El año pasado en Marienbad, cuya trama guarda más de una similitud con La invención de Morel


Trailer de El año pasado en Marienbad, de Alain Resnais (1961).

LostPero sin dudas, el suceso que convirtió a Bioy en el comentario obligado fue la serie Lost, y el fanatismo enfermizo que generó en los televidentes. Si fuéramos maliciosos diríamos que la serie abreva con un descaro casi juvenil en la obra del escritor: las referencias van desde el escenario principal de la isla perdida, hasta los juegos con el tiempo y los cruces de mundos paralelos. Sin embargo, los creadores se redimen ante el público cuando La invenciónaparece en las manos del personaje Sawyer, lector arrinconado por el aburrimiento, que por su historia tranquilamente podría pasar por el protagonista de la novela. Suma también que las ventas del libro se desataran luego de este cameo, como solía ocurrir con todos los guiños literarios que los fans detectaban con precisión de relojero.


Lost se emitió entre 2004 y 2010, y fue seguida fervorosamente por millones de espectadores en todo el mundo. 

La obra de Bioy, fantástica en más de un sentido, puede resumirse en la de un autor apasionado por la literatura, pero también por la vida y sus misterios, a tal punto que se dedicó a prolongarla en sus escritos. Dijo alguna vez que un libro es una máquina compuesta de papel impreso y un lector. Cada día que se acciona uno de sus mecanismos, la propia magia de Bioy lo hace revivir para hablarnos, para estar entre nosotros, para ayudarnos a soñar.

Bioy Casares


* Javier Hildebrandt es guionista y periodista especiallizado en historieta. También es miembro del consejo de redacción de la revista Comiqueando y columnista del sitio www.sobrehistorieta.wordpress.com. Publicó historietas y artículos en Comic.ar, Sudestada, La Revistería Press, Lule le lele, DedoMedio (Perú) y Mono (Italia), entre otras publicaciones. Forma parte del colectivo de historietistas Hotel de las Ideas.

Un recorrido geolocalizado

Para abordar la obra de Bioy Casares en el aula del siglo XXI, puede recurrirse a una de las tantas herramientas gratuitas existentes en la Web. Ejemplo de ello puede ser Tagzania, una aplicación que permite integrar puntos y rutas para crear recorridos y enriquecer tus mapas digitales.

En esta ocasión, se seleccionaron diferentes pasajes de la novela Diario de la guerra del cerdo (Barcelona, Altaya, 1999) y se integraron con fotografías de carácter artístico (gentileza de Julia Ferrari). Luego se incorporaron al escritorio de trabajo de Tagzania, que está basado en el dispositivo de geolocalización de Google Maps. 

Tagzania

Para observar el recorrido, hacer clic en la imagen.