Elena García
Elena García

Elena García, profesora de Matemática por la Universidad de Buenos Aires, con una diplomatura de Sistemas de Información en Oxford, y especialista en Informática Educativa por la UNED, de España, sumó a esos títulos una notable carrera en cuestiones relacionadas con la educación y las nuevas tecnologías, la educación a distancia, la formación de redes escolares y la producción de contenidos en línea, entre otros aspectos.

En el portal educ.ar, trabajó en distintos períodos: fue responsable del equipo del área Funcional de la Gerencia de Tecnología, en el 2000, y gerenta de Contenidos Escuela, en el período 2001-2002.

En esta entrevista, da su visión sobre el proceso de incorporación de las nuevas tecnologías a la educación, y comparte su experiencia de trabajo en distintos ámbitos. Esta es la primera parte de la charla que mantuvo con educ.ar.

—Es claro que cada individuo que ingresa en el mundo virtual lo hace con sus propias expectativas. Si tomáramos a los docentes como grupo, ¿qué diría de sus expectativas respecto de internet? ¿Y de los intereses de los alumnos?

—La apropiación que cada persona hace de los recursos y de las posibilidades que brinda Internet depende en parte de sus intereses e inquietudes, de su formación y mucho más de su disposición a interactuar con este mundo virtual, nuevo, inquietante, prometedor, desafiante. Pero no podemos dejar de reconocer que la posibilidad de apropiación está fuertemente condicionada por las características del contexto de uso. No es lo mismo poder conectarse una vez a la semana una o dos horas, que poder hacerlo diariamente. No es lo mismo navegar en internet con una conexión dial up que con banda ancha.

»Las docentes ven a la red como un lugar de consulta antes que como un lugar de intercambio y comunicación. La mayoría recurre a internet en búsqueda de material para preparar sus clases: textos, imágenes, software, actividades de aula, modelos de evaluación, propuestas de abordaje de los diferentes temas. Son muchísimos más los docentes que usan los recursos tecnológicos para preparar sus clases que los que tienen posibilidades de usarlos directamente en sus clases con los chicos. A veces por falta de disponibilidad del recurso y muchas veces por temor a trabajar en un contexto que expone al docente a la necesidad de revisar su rol.

»Pero por suerte está creciendo el número de docentes argentinos que se suman junto con sus alumnos a proyectos colaborativos. Abrir el aula, coordinar el trabajo con escuelas de otras regiones, con otras realidades no es fácil, pero una vez que se empieza a recorrer este camino difícilmente se deja.

»¿Qué pasa con los chicos? En las casas y en los cíbers los chicos están usando internet como medio de comunicación y de entretenimiento antes que como medio de búsqueda de información. Si consideramos la franja de edad entre los 10 y los 17 o 18 años, usan el chat, el correo electrónico, los apasionan los juegos en red y pertenecer a grupos virtuales. Internet es fundamentalmente un lugar de encuentro, el club, la plaza, o el barcito de otras realidades.

»La franja de menor edad utiliza internet básicamente para diversión, acceden a sitios de entretenimiento en busca de juegos interactivos, muchas veces relacionados con sus programas de televisión favoritos. Los juegos suelen ser solitarios, y esta franja de edad usa mucho menos las diferentes alternativas de comunicación.

»En lo que tiene que ver con el estudio, con las tareas escolares, la mayoría de los chicos busca información para hacer sus «deberes», siempre que sean incentivados por los docentes. Reconozcamos que en general los chicos no hacen la tarea porque les guste hacer la tarea; hacen la tarea para cumplir con sus obligaciones. Si los docentes no propician el uso de internet como un medio de búsqueda de información, el chico no se siente tentado a hacerlo. ¿Por qué? Porque a veces el cúmulo de información que recibe a través de internet está por encima de las expectativas que tiene para hacer sus tareas, y al carecer de criterios de selección adecuados esto entorpece más que facilita el cumplimiento de las consignas. Si para hacer la tarea del colegio y cumplir con el docente le alcanza con hacer la síntesis del libro o de lo que brinda el manual sobre un tema, ¿para qué va a trabajar buscando en internet? Pero si el docente incentiva la búsqueda de información los chicos son los primeros en detectar las posibilidades de este medio.

—¿Cuál es el valor que encuentran los docentes para incorporar el uso de las nuevas tecnologías en la enseñanza?


—La aceptación de las nuevas tecnologías para el procesamiento de información hoy no está en discusión: las tecnologías están y desconocerlas no las hará desaparecer ni disminuirá su impacto en el mundo de hoy. Es bastante llamativo que más del 60% de los docentes argentinos tiene acceso a una computadora en su casa o en casa de familiares y amigos, y cuando se los consulta se comprueba que la usan para armar sus actividades cotidianas. La mayoría usa procesadores de textos para sus planificaciones, para armar guías de trabajos prácticos y evaluaciones, para presentar toda la documentación que se les solicita. También está difundido el uso de planillas de cálculo para registro de datos o notas, y el uso de enciclopedias multimedia e internet para la consulta de contenidos. Es decir, se apoyan en las tecnologías para preparar sus clases, pero la usan muchísimo menos en el aula. En el aula usan muy poca tecnología. Normalmente las computadoras están en un recinto que no es el aula de clase, los docentes tienen que llevar a sus alumnos allí; el recurso es un recurso escaso todavía en las escuelas, porque hay uno o dos laboratorios por escuela, los chicos pueden acceder al laboratorio un bloque horario, una o dos veces a la semana, con lo cual podemos decir que a lo sumo sólo durante el 10% del tiempo escolar los chicos pueden trabajar con computadoras. Al docente todavía le es complejo armar una actividad en el laboratorio de informática: tiene que gestionar el tiempo en que lo va a usar, interiorizarse de las condiciones del laboratorio —muy probablemente diferentes de aquellas con las que se familiarizó en su casa—, seleccionar el software adecuado, preparar el material de apoyo. Muchas veces el docente a cargo del laboratorio tiene sus propias actividades ya planificadas, y entonces que ingrese el profesor de Historia, de Lengua o de Matemática para hacer tal cosa involucra todo un reacomodar las actividades dentro de la escuela. Esto se va a ir superando cuando el docente se anime a ir dándoles a los chicos tareas que impliquen el uso de tecnología, y los chicos las puedan ir haciendo en la escuela, o en su computadora los que tengan acceso a ella, y cuando además el laboratorio de informática sea un lugar abierto en la escuela; hoy no lo es. Hay mucho temor también de que se rompan los equipos.

—¿Qué cree estamos ganando con internet y las nuevas tecnologías en términos educativos?

—Como el nombre lo dice son tecnologías de procesamiento de la información y de la comunicación. La información y la comunicación tienen que ver directamente con el proceso educativo. Cuando uno habla de educación habla de información, habla de conocimiento y habla de comunicación. Usar estos medios en la educación es imprescindible. ¿Por qué? Porque cambian la forma de interrelación del individuo con la información. El procesamiento de la información es diferente según el dispositivo que se utilice. Uno trabaja diferente si tiene que consultar la enciclopedia o un libro de texto, si tiene que hacer una entrevista oral, si usa una base de datos o si usa internet. Ayudar a los chicos a obtener competencias de manejo de la información es imprescindible. Pero además, el uso de la tecnología, no hablemos ya de internet, puede propiciar una selección de contenidos distinta de la selección de contenidos que se está haciendo en las aulas. Por ejemplo, hay temas de Matemática que se abordan de una manera porque se cuenta exclusivamente con el recurso del pizarrón, de la tiza, de las hojas de los chicos, de los viejos elementos de Geometría, pero si se integrara el uso de la tecnología el abordaje sería diferente. Estoy pensando en Geometría, en Estadística, por ejemplo. Lo mismo pasa con Física, con Química, con Biología: el uso de los laboratorios remotos y los laboratorios virtuales realmente cambia las expectativas de qué cosas pueden conocer y hacer los chicos. Lo mismo sucede con la producción de textos: pasar de los textos secuenciales a los hipertextos, del soporte papel a la multimedia es todo un desafío prometedor.

»Por otro lado internet se presenta como «la biblioteca» del mundo, el lugar donde se almacena información, y aprender a recuperar información es importantísimo. No tener competencias que permitan una búsqueda adecuada en internet es como llevar a un chico a la biblioteca y dejarlo en la puerta sin indicarle nada. Evidentemente, el cúmulo de información hace que el chico no pueda sacar nada, se necesita entrenamiento para saber cómo buscar, qué filtros poner, a qué sitios dirigirse... Y eso hay que enseñarlo, a los chicos y a los docentes también. Todavía está ese miedo de «los chicos se meten en internet y copian». En realidad si eso pasa es que como docentes dimos mal la consigna: el chico tiene que entrar a internet y bajar información, y hay que pedirle que compare, que analice, que saque sus conclusiones, y no olvidarse de que también en internet se puede publicar, entonces hay que incentivar la producción para mostrar y compartir con los que no están en el aula.

—¿Cuáles son las claves a tener en cuenta a la hora de diseñar materiales educativos?

—Las cosas a tener en cuenta para diseñar materiales educativos son básicamente tres:¿Para qué? ¿Para quién? ¿Dónde y cómo se va utilizar? Antes de comenzar el diseño se necesita tener muy en claro el objetivo pedagógico que se persigue, la intencionalidad didáctica del material que queremos construir; los destinatarios del recurso: alumnos, docentes o directivos. Y en tercer lugar los contextos en los que suponemos van a ser utilizados: el aula, el laboratorio de informática, el hogar.

«¿Para qué se diseña un recurso educativo? Para favorecer la adquisición de una determinada competencia, para reforzar un aprendizaje, para remediar una situación desfavorable, para informar sobre un tema, para evaluar conocimientos. No me imagino diseñando materiales sin tener clara la intencionalidad didáctica, aunque esto no invalida el que otros docentes pueden luego reutilizar estos materiales con otras finalidades.
Con respecto a los destinatarios no basta decidir si está dirigido a docentes o alumnos. Por ejemplo, decimos: este es un material para alumnos del tercer nivel de EGB. Pero ¿para qué alumnos de EGB3? ¿Los que cursaron regularmente y tienen entre 12 y 15 años, los que se reintegraron al sistema escolar después de años y ya son adolescentes o adultos? Tampoco podemos dejar de observar el contexto familiar y cultural, porque estos condicionan fuertemente el aprendizaje. ¿Ese alumno de EGB3 vive en una ciudad o en el campo? ¿La lengua que se habla en su casa es la misma que la que se usa en el colegio?¿Pertenece a una familia inmigrante o a una comunidad indígena?

»Y por último tenemos que imaginarnos el contexto de uso. Supongamos que estamos diseñando un recurso educativo para publicar en un sitio de internet. ¿Nos imaginamos a grupos de varios alumnos usando ese material frente a las computadoras del laboratorio de la escuela? ¿A los chicos en el aula de clase, con su maestra y con una sola computadora disponible? ¿O a un chico en su casa, preparando la tarea para el día siguiente? No podemos olvidar que la pertinencia de un recurso informático está sesgada en gran medida por la infraestructura disponible para su uso.

—Ya que menciona a las poblaciones indígenas, ¿cómo pensaría la cuestión de la integración de esas comunidades respetando, a la vez, su propia cultura?

—No soy especialista en comunidades indígenas, así que preferiría hablar más en general de diversidad cultural. Si se elaboran contenidos homogéneos para toda la población es que se está imaginando a un alumno idéntico en todos los contextos, cosa que no es real. Para poder respetar la diversidad cultural hay que estar dispuesto a escuchar, a leer al otro. Creo que el camino es proponer situaciones que provoquen mucho la producción, que la gente se reconozca a sí misma reelaborando los contenidos, adaptándolos a su idiosincrasia, a su concepción de vida, y les dé un valor agregado fundamental: su propia percepción. Se propone a los chicos una actividad o un material, pero siempre hay que contar con lo que saben esos chicos, con lo que les interesa a esos chicos, y reelaborarlo. Esa es la función del docente o de quien esté acompañando el proceso, y es en este ida y vuelta cuando se construye el aprendizaje.

»En lo referente al respeto por la diversidad cultural yo apuesto mucho a dar espacios para que las personas se hagan oír y que reelaboren en función de compartir con los otros. En este momento estoy trabajando en un proyecto muy interesante que se llama «Mi lugar: Atlas de la diversidad». Es un proyecto financiado por la Unión Europea y conducido entre otros por la Fundación Evolución, de Argentina, y Fundació Aplicació, de Barcelona, del que están participando en una primera fase 30.000 chicos y más de 1000 docentes de 21 países iberoamericanos. El objetivo es armar un Atlas hecho por chicos y para chicos. Cada producción de los chicos constituye lo que llamamos un «retrato» de su lugar, y desde las guías destinadas a los docentes apostamos a un trabajo de reconocimiento, de recopilación de cosas relevantes de las comunidades a las que pertenecen estos chicos, y a un proceso posterior de análisis de diferencias y analogías que permitan entender mejor al otro, y por ende respetarlo. Una parte importante del proyecto es la capacitación on line de los docentes que quieren participar del proyecto con sus alumnos, donde se trabajan temas sobre valores y sobre integración de las TIC en diferentes áreas curriculares.

—Y en la Argentina ¿con qué población están trabajando?

—Estamos trabajando con más de 350 escuelas de todo el país, creo que hay escuelas de todas las provincias, desde Jujuy a Tierra del Fuego. También trabajamos con escuelas de toda Latinoamérica, de España y Portugal, y con algunas escuelas estadounidenses, y se están queriendo sumar algunas escuelas rusas, pero por ahora los materiales están sólo en tres idiomas: castellano, portugués y catalán. Quiero resaltar que la mayoría de los tutores son docentes argentinos que trabajan en la Red Telar. Estamos en la primera fase del proyecto, y es un proyecto que dura dos años. Ahora en septiembre empezamos la segunda fase del proyecto y esperamos una masiva inscripción de escuelas.

—Dado que usted estuvo en los inicios de educ.ar, ¿cómo se organizó la producción de contenidos del portal en su origen? ¿Cuáles fueron los lineamientos principales?

—Pensemos en la situación del 2001: si bien había un proyecto para conectar a las escuelas a partir del 2002, la cantidad de escuelas realmente conectadas era muy baja. La idea fue trabajar con material que pudiera ser usado primariamente por el docente, y que el docente después lo llevara al aula. Es decir que frente a una situación de baja conectividad en las escuelas no podíamos pensar en materiales que requirieran banda ancha o demasiada interacción on line. Entonces apostábamos a que el docente consultara el portal, seleccionara el material de su interés y después lo llevara al aula. Con lo cual mucho del material que se hizo en ese momento fue pensado para que se pudiera descargar rápidamente del portal y que entrara en un disquete, para facilitarle al docente el traslado del material al aula. Y siempre en la producción de los materiales tratamos de acompañar líneas de capacitación docente vigentes en ese momento. Durante el 2001 trabajamos acompañando un proyecto del Ministerio de Educación de capacitación en prioridades didácticas. Y la producción se basó en detectar de cada área curricular alrededor de diez temas en los que se presentaban inconvenientes o problemáticas cuando se los llevada al aula. Los equipos técnicos del Ministerio redactaron recomendaciones didácticas que se llamaron «Propuestas para el aula», y lo que hizo educ.ar fue acompañar esa producción desarrollando softwares, buscando enlaces, generando actividades para el aula, con lo que logró una rápida llegada al docente. Porque el docente tenía el material de recomendaciones didácticas del Ministerio, que le llegaba a su escuela, y se preguntaba: ok, esto es desde el discurso, pero ¿cómo lo llevo al aula? Y encontraba en el portal educ.ar recursos y materiales que posibilitaban o facilitaban llevarlo al aula. Esa fue la triangulación con la que trabajamos nosotros. También acompañamos la capacitación en el uso de internet que recibieron casi 12.000 docentes del Noroeste de nuestro país.

Fecha: abril de 2004.