Problemas ambientales y relaciones de interdependencia

El estado de deterioro al que sometemos a muchos de los ecosistemas más importantes del planeta, la pérdida de biodiversidad, el tráfico de fauna, la explotación animal a escala industrial y la aceleración del cambio climático, entre otros problemas globales, demandan acciones urgentes.

Historia compartida

Los virus, los priones, las bacterias, los hongos, los vegetales, los animales no humanos y los humanos somos parte de la misma historia evolutiva. Compartimos ADN, ARN, hábitats, ecosistemas y biósfera. La del planeta es una historia compuesta por relaciones de dependencia, codependencia e interdependencia entre todos los organismos y en/con el ambiente, siempre en constante variación. Esta trama de relaciones demuestra que no existe una «naturaleza» externa a nosotros. Si las personas «intervenimos» ecosistemas, ineludiblemente nos intervenimos porque somos parte componente de estos.

Varios coronavirus y, de fondo, la espiral del ADN.

Imagen Pete Linforth en Pixabay 

Nuestro presente

El extractivismo, la mega minería, el hiperconsumo, la contaminación ambiental, la destrucción de la biodiversidad, la superpoblación, la producción industrial de animales, la manipulación de organismos, las grandes migraciones, los incendios intencionales de selvas, bosques, humedales y otros grandes ecosistemas son solo algunas de las múltiples variables que configuran el presente del planeta.

Más allá de las particularidades locales y regionales, el presente que (voluntaria e involuntariamente) hemos construido entre todos los habitantes del planeta nos alerta y nos muestra que situaciones de emergencia, como la pandemia del coronavirus, probablemente volverán a ocurrir de manera más habitual.

Ensayo general

El estado de emergencia que vivimos en la actualidad «será crónico y perenne, se trata de un proceso que ya comenzó: crisis económicas, terrorismo, explotación del planeta, calentamiento global, refugiados, es muy difícil recordar un período normal». Dice Alessandro Baricco, y arriesga una idea aún más audaz: «tal vez, esta sea la única manera en que vivamos juntos, de este modo, afrontando emergencias que nos obligan a organizarnos, a tener una disciplina».

En palabras de Baricco:

El coronavirus es el ensayo general de la auténtica emergencia crónica que vendrá después, cuando aceptemos la hipótesis de que el planeta se está muriendo. Probablemente nos pasaremos los próximos 50 años en esta única y gran emergencia que eclipsará todas las otras.

Prácticas y consecuencias

La transformación de los ambientes del planeta, el cambio drástico de los ecosistemas, de los biomas y de la biósfera, se deben —en general— a variables complejas, multicausales y dinámicas. La aceleración del cambio climático global también ocurre debido a diversas variables, pero las más fuertes y con mayores consecuencias son las generadas por las prácticas de los seres humanos.

El cambio climático no es nuevo, existe desde hace mucho tiempo; algunos fechan su inicio con el comienzo de la agricultura, otros lo ubican más cerca, en tiempos de revolución industrial. Pero, más allá de estas diferencias, lo inédito de nuestra época es la aceleración de ese cambio. Y quienes hemos apretado el acelerador a fondo somos los seres humanos.

 De fondo, un bosque en llamas. Adelante, una mano sostiene una imagen de la Tierra y un termómetro con temperatura elevada.

  Imagen de Gerd Altmann en Pixabay 

Transporte y flujos de organismos

Aproximadamente el 70 % de los habitantes del planeta vive en megaciudades y en ciudades, lo que produjo una hiperconcentración de poblaciones urbanas. Cada vez hay más personas en el planeta y, así como aumenta la población mundial, también aumentan las conexiones entre los habitantes. Los flujos no son solo de información o económicos o financieros, literalmente los flujos de organismos circulan en grandes redes interconectadas de medios de transporte: automóviles, autobuses, trenes, barcos y aviones.

La navegación aérea, además de producir una contaminación impresionante, es el medio de transporte que genera la mayor velocidad de los flujos, cubriendo casi todos los puntos del planeta en el menor tiempo posible.

Los aeropuertos, especialmente, son esos «no lugares», en palabras de  Marc Augé, donde se corporizan y hacen visibles esos flujos, ese paso de los seres, esa transitoriedad.

Tráfico de fauna y enfermedad

Decíamos flujos de organismos porque no solo las personas viajamos, además transportamos todo tipo de seres vivos.

El tráfico de fauna salvaje es una de esas «prácticas humanas» que genera flujos de animales por todo el planeta. Los grandes mercados del mundo concentran y hacinan cantidades enormes de animales en condiciones sanitarias y éticas tan denigrantes como peligrosas.

Los animales salvajes son perseguidos, cazados y extraídos de sus hábitats originales para luego ser transportados y comercializados.

Tanto por las heridas recibidas, como por los largos viajes y el maltrato al que son sometidos, los animales traficados se enferman. Además de enfermarse, se contagian entre sí, porque están acumulados como mercadería.

 Tres personas con barbijos y guantes observan a unos murciélagos enjaulados.

Imagen AP

Estos animales, productos del tráfico de fauna, son portadores de virus y otros microorganismos, que de llegar a contagiar a los seres humanos también podrían enfermarlos. Una zoonosis es cualquier enfermedad infecciosa que se transmite de forma natural de los animales (en su mayoría vertebrados) al ser humano, y viceversa. Resaltamos que puede producirse en ambas direcciones: de los animales a las personas y de las personas a los animales.

Mercados de animales vivos y contagios

 Perros, conejos y otros animales encerrados en jaulas individuales muy pequeñas.

Se cree que en algún lugar de China, en 2019, tuvo lugar el evento del «paciente cero» contagiado con coronavirus, probablemente en el mercado de animales vivos de la ciudad de Wuhan. En este otro «no lugar» de la modernidad, como son los grandes mercados: los humanos, los animales salvajes, los animales domésticos y el coronavirus se mezclan. Los comerciantes y los clientes —como sucede en los aeropuertos— provienen de regiones geográficas muy dispares y todos convergen en la misma ubicación del gran mercado. Luego de hacer sus negocios con los animales, estas personas vuelven a viajar, vuelven a desplazarse y, a través de la gigantesca red de transporte, se convierten en vehículo de virus y bacterias. Así es como el coronavirus se dispersó y alcanzó escala global en muy poco tiempo. Esto puede volver a suceder con otros virus y con cualquier otro tipo de microorganismos.

Para seguir navegando

Les proponemos ver una miniserie animada de 4 capítulos sobre tráfico de fauna, acompañada por notas, testimonios, investigaciones y actividades en el especial sobre Virus, animales y ambiente.

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Publicado: 27 de agosto de 2020
Última modificación: 20 de octubre de 2020

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