Milu Christello

Milú Christello es licenciada y profesora en Psicopedagogía (USAL) y orientadora familiar (Universidad Austral), con posgrado en el modelo sistémico-cognitivo-conductual (Fundación Inst. Gregory Bateson, Mental Research Institute). Profundizó sus conocimientos sobre el Movimiento Maker en el Programa de Project Zero de Harvard Graduate School of Education, como en otros espacios. Es coautora del libro Educación Emocional. Programa de actividades para nivel inicial y primaria, publicado por Editorial Bonum. Dirige Happy Families, desde donde brinda orientación a padres e interviene con niños con la modalidad indoor. Su última publicación, en coautoría con María Florencia Conforti, es Aprender Haciendo, allí ofrece herramientas e ideas que inspiran a los educadores a explorar la enseñanza y el aprendizaje centrados en el creador.

—¿Qué ocurre en los chicos cuando el aprendizaje se centra en la creación?
—Cuando les damos la oportunidad de crear, aparece la necesidad de optimizar los recursos con los que cuentan, porque no solamente son válidos los conocimientos y los saberes previos, sino que también se pone en juego de una manera específica y puntual la creación.

»A partir de ahí son los chicos los que tienen que reorganizar y pensar qué es lo que van a hacer con los materiales que tienen, con las cosas que saben y con el impacto que se genera al trabajar con otros compañeros. Se arma un dinamismo de tres áreas —social, cognitiva y emocional— que resulta muy interesante, porque tienen que lograr crear un nuevo prototipo. Esto permite agilizar los conocimientos y sus posibilidades.

—¿Cómo puede potenciar la creatividad de los jóvenes?
—Si se toma el desarrollo de la creatividad como un desarrollo físico, de la misma manera en que sabemos que hay que practicar leer o escribir, hay que entrenar la posibilidad de crear. Solamente con una experiencia, los chicos se resignifican y ven que tienen la posibilidad de crear, que son capaces de hacer cosas que tal vez no sabían que podían lograr. Una vez que se entrena, unas tres o cuatro veces, los jóvenes ya incorporan esta capacidad de dar sentido a distintas cosas.

—¿Cómo generar un hábito de la creación en los jóvenes?

—Se genera haciendo las actividades y repitiéndolas. El hábito comienza a trabajarse con prototipos que quizás son de mayor simpleza, tienen que comenzar por presentar bien los materiales para no desorganizarse y lograr marcar bien las etapas, las pautas de trabajo. Después el docente va a ser el guía cuando aparezcan situaciones puntuales.

»Las primeras actividades es posible que tomen más tiempo, por eso es importante seleccionar menos cantidad de materiales (tres o cuatro). Una vez que los estudiantes están más entrenados, se pueden poner más. La idea siempre es presentar una situación significativa que se pueda resolver, algo que provoque un desafío interesante.

—¿Cómo se puede llevar adelante una actividad?
—En líneas generales, primero hay que identificar o declarar una situación que puede ser en relación a algún tema que ya se está trabajando, o un libro, o un contenido, o bien alguna situación puntual que haya ocurrido en la sociedad o en el mismo grupo. Se tiene que definir bien el problema; una vez que eso ocurre, los jóvenes van a ser capaces de planificar cómo resolverlo teniendo en cuenta los materiales disponibles.

»Primero hay un momento de conversación y acuerdos mínimos sobre las primeras ideas. Después hay un espacio más amplio en el que los chicos trabajan con los materiales (que muchas veces funcionan a modo de estímulo para organizar los límites y las reglas con las que se pueden trabajar). Posteriormente, llega el momento en el que todos presentan su producto final ante otros compañeros y, de la misma manera en que se planificó la actividad y se llevaron a cabo los trabajos, se genera un espacio de cierre e intercambio.

—¿Cuál es el rol del docente en una educación que se basa en el alumno como hacedor?

—Lo importante al poner en práctica este tipo de actividades es que el docente esté interesado en conocer a los chicos. Esta propuesta principalmente se basa en escucharlos ya que son ellos quienes trabajan y deciden qué hacer.

»El maestro debe ser un guía que pueda ayudar en el intercambio entre compañeros o colaborar si los estudiantes oscilan en algunas ideas, por ejemplo. Tiene que ser un docente activo, que deambula por el aula, que comparte y asesora cuando es necesario y brinda su opinión.

—¿Qué cambios creés que deberían implementarse en el sistema educativo tradicional para adaptarse a los tiempos que corren?
—En este momento, me parece que puede resultar beneficioso agregar nuevas acciones a las situaciones escolares de manera sistematizada, que observemos las respuestas y escuchemos las repercusiones. Por ejemplo, Aprender Haciendo puede resultar una posibilidad ya que es muy accesible, se puede relacionar fácilmente con distintos intereses y requiere poner práctica las habilidades y capacidades de manera lúdica y desafiante. Si logramos difundirlo e invitamos a otros docentes a que lo prueben dos o tres veces, puede alcanzar para ver si resulta esta propuesta de utilidad.

—Apelando al desarrollo de la creatividad de los estudiantes, ¿los docentes cómo pueden empezar a trabajar en esa línea? 

—Lo aconsejable es plantear una idea accesible para comenzar a experimentar esta propuesta. Una posibilidad es utilizar los mismos contenidos que se están viendo en clase. A eso debería agregarse el espacio de creación, por ejemplo: a un material sobre San Martín sumarle un espacio de real creación con materiales que lleven los chicos de fácil alcance.

»Un ejemplo de actividad, puede ser que los chicos, a partir del contenido sobre San Martín, tengan que pensar un elemento útil para que puedan utilizar en la noche los soldados que cruzaron la cordillera. Así van a poner en práctica toda la información que estudiaron sobre el cruce, el relieve o el clima, y con eso van a tener que crear algo: lo que se les ocurra va a acercarse a sus intereses personales. Alguien puede hacer un dispositivo para detectar bichos cuando se acercan porque le interesa ese tema, mientras que otro puede pensar en un sensor auditivo para que los soldados tengan una alarma para prevenir ataques mientras duermen. Si la propuesta es abierta, cada uno va a trabajar sobre sus intereses y gustos.

—¿Cuál es la importancia de fomentar el espíritu colaborativo en el grupo de estudiantes? ¿De qué manera se implementan en relación con las actividades que se proponen en Aprender haciendo?

—Esta forma de trabajar en el aula permite la posibilidad de generar una sinergia de conocimiento de grupo. Hay que ir inculcando y educando a los chicos respecto a la forma en que se comunican, hacen acuerdos, en cómo llevar a cabo una idea. La idea es que el prototipo que los grupos arman tenga un tiempo de finalización y se lleve adelante. El grupo tiene que tener la habilidad de desarrollar una idea que sea tangible, que se pueda ver porque de otra manera quedan flotando y los alumnos solo experimentan el nivel conceptual de las cosas.

En las redes

@becreamaker

@miluchristello

@florconforti1