Mónica Trech
Mónica Trech

—En una charla previa destacaste la idea de que la capacitación que se brinda a los docentes debe quedar amarrada a algo que tiene que pasar en la escuela. ¿Podrías ampliarla y detallar cómo se instrumenta? 

Mónica Trech:—Me refería a una estrategia que implementamos desde hace unos años en las instancias de formación de docentes que duran más de tres meses, y que consiste en promover en forma activa la implementación en el aula de lo desarrollado en la formación, para lograr que lo vivido por los docentes trascienda a los estudiantes.
Por ejemplo, los docentes formulan –en el mismo transcurso de la formación– proyectos pedagógicos y, dependiendo del curso, páginas web que los apoyan o materiales educativos digitales, u otras opciones, para ejecutar el año siguiente al de la formación, y que se integran al plan de estudios de ese año en la institución educativa.
También se definen estrategias de sostenibilidad de los proyectos y un proceso de seguimiento y asesoría desde los capacitadores, que puede también ser la conformación de redes de trabajo a través de Internet.
Otro aspecto es la posibilidad de reciclar el conocimiento y el trabajo, porque las producciones de los docentes se publican en internet y otros docentes pueden hacer uso en sus aulas de estos materiales, así como encontrar la motivación para ser ellos los próximos en asumir el reto y publicar.

—Otro punto que nos llamó la atención es la idea de la ciudad como espacio educativo. ¿Qué acciones concretas sustentan ese concepto?

—La idea de ciudad como espacio educativo es muy poderosa y de proyección internacional, y es difícil plantearla en este lugar.
En mi caso particular, es un espacio de aprendizaje que investigamos desde 1998 en proyectos como Ludomática, de la Universidad de los Andes. Autores como Gómez Serrano presentan la relevancia de la ciudad como territorio de conocimiento en el mundo actual: “La ciudad: compleja y sencilla, llena de insospechados matices e inagotables vivencias, es el lugar de encuentro y permanencia de la mayoría de los habitantes del planeta. Esta condición ha hecho de ella una de las preocupaciones fundamentales para el próximo milenio y, consecuentemente, una de las prioridades del pensamiento contemporáneo... Pensar la ciudad es mucho más que comprender la compleja red de elementos y relaciones que la forman es internarnos en el frágil mundo de las vivencias cotidianas, y desde allí acceder a nuestras formas de sentir valorar e interactuar con los otros”.
La ciudad puede ofrecer, en este mundo donde la interacción tiene un lugar tan importante, “interacciones pedagógicas” que promuevan búsquedas y hallazgos surgidos de la relectura de la vida cotidiana, de esas cosas de todos los días que por ser tan cotidianas parecen pueriles, y que enfocadas de otra manera pueden permitirles a los estudiantes tejer nuevos conocimientos y otras formas de ver el mundo, tanto el doméstico como el global.
En Bogotá esta idea se viene desarrollando con características particulares desde hace tiempo y, en el caso de la Secretaría de Educación, con programas que promueven el uso del tema de la ciudad en el aula, ya sea a través de sus espacios como al plantear otra mirada a la hora de hacer salidas pedagógicas, o en el análisis de su historia y hasta la misma educación ciudadana.
En el portal Red Académica hay mayor explicación de algunos de estos programas, pero, por ejemplo, se brinda capacitación a los docentes para la integración de las salidas pedagógicas al trabajo del aula, guías para las rutas pedagógicas que permiten un conocimiento de la ciudad a través de ejes transversales, como el eje de productividad, que pretende promover el espíritu emprendedor para lograr una ciudad productiva y competitiva; o el eje social, que fomenta el compromiso a partir del reconocimiento y comprensión de actividades, relaciones y tensiones sociales presentes en la ciudad.
También se han desarrollado ayudas pedagógicas interactivas que le permiten al docente hacer uso de la ciudad en relación con el aula, como el navegador pedagógico urbano, que también se encuentra en el portal.

—Suelen destacarse, cuando se trata de incorporar nuevas tecnologías en la educación, las diferencias en los tiempos y en los modos en que los niños y jóvenes por un lado, y los adultos por otro, acceden a la tecnología. ¿Cuál es tu posición frente a esta cuestión y cómo se han planteado la formación de docentes en estos temas?

—Si bien es diferente la posición frente al uso de las nuevas tecnologías de los adultos y los niños y jóvenes, pienso que con procesos adecuados de sensibilización y de uso personal de internet por los docentes, además de otros recursos, la tecnología es un puente para generar nuevas formas de relación entre los adultos y los niños, y en definitiva, otras formas de enseñar y de aprender.
Durante mucho tiempo el uso del computador, por ejemplo, estuvo centrado en generar habilidades para su utilización como “herramienta”, tanto en el aula como en la vida laboral. Creo que las nuevas tecnologías van mucho más allá.
Como señala Jordi Adell, “La tecnología no debería emplearse si no fuera para hacer cosas que no podemos hacer, o para hacer mejor las que ya hacemos”.
A los computadores se les abren las puertas de las escuelas y empiezan a generar cambios. Por supuesto que a través de las telecomunicaciones, de internet, de las enciclopedias, del software educativo, del hipertexto, se puede ampliar la cantidad de recursos para el aprendizaje y para la enseñanza. Pero también se puede ir reorientando la forma como se interactúa en el aula y el uso que se les da a los recursos, potenciándolos y estableciendo relaciones más horizontales, productivas y bidireccionales entre docentes y estudiantes, acrecentando habilidades para conocer, leer, comunicarse, argumentar, comprender el mundo y las circunstancias de la época que nos toca vivir, e intervenir en ella.
Y es ahí donde no podemos soslayar la importancia de los educadores y directivos para que este proceso se vaya dando y se sostenga. Y no sólo de los educadores que tienen relación con el área de Tecnología e Informática, sino con todos: los de arte, los de ciencias, los de lenguaje.
Pero para lograr esto hay que desmitificar la idea de que el uso de internet y de los computadores por los docentes debe centrarse principalmente en su aplicación pedagógica. Creo que los docentes requieren utilizar internet, por ejemplo, como una vivencia personal, para luego poder aplicarla en su práctica y transmitirles a los estudiantes su potencial, lo mismo que identificar aspectos claves para el aprendizaje que se derivan de ella y que hay que fomentar en los estudiantes.
Internet puede volverse una herramienta muy importante en el trabajo del docente, por múltiples razones. Por ejemplo, puede servirle para ampliar su visión del mundo, salir de los contextos exclusivamente locales o regionales y comprender mejor la realidad; descubrir oportunidades de desarrollo profesional; colaborar con otros colegas en la elaboración de proyectos y actividades, etc., pero primero deben acercarse a estos recursos de una forma vivencial y aplicada, permitirles que en las formaciones puedan ir descubriendo por sí solos todas las posibilidades e implicaciones de las nuevas tecnologías, y luego mostrarles ejemplos concretos de vinculación de las tecnologías al trabajo diario en la escuela, para que puedan proyectar y concretar la integración de su saber pedagógico con estas nuevas posibilidades.
Pienso que el reto que debemos abordar es concretar en acciones la incorporación de estas tecnologías en las escuelas, sostenerlas y promoverlas, y esto no es sólo un tema de dotación de equipos. Hay que ofrecer pedagogía, buenas ideas, programas de formación actualizados y “aterrizados”, articulación curricular, soluciones logísticas que tengan en cuenta lo que pasa en las escuelas en el día a día con los recursos, en fin…, de tal manera que efectivamente las nuevas tecnologías se conviertan en un valor agregado, generen cambios en la interacción pedagógica y mejoren la calidad y las oportunidades de vida de docentes y estudiantes.

—El diseño del portal www.redacademica.edu.co y la carga de contenidos se hizo y se hace con personal que ya trabajaba en el área educativa municipal, es decir con funcionarios no entrenados específicamente para el diseño de material para ser publicado en la Web. ¿Cómo fue la experiencia? 

—Fue y sigue siendo –porque estos procesos son de largo plazo- una experiencia muy enriquecedora y retadora. Los funcionarios que desarrollan los programas en las diferentes áreas de la educación de la ciudad son los que tienen el conocimiento, el contacto, la retroalimentación de las instituciones educativas.
Por lo tanto, pensamos que había que abrirles la puerta a las nuevas tecnologías, ayudarlos a desarrollar nuevas y necesarias competencias laborales, para que la comunicación vía medios virtuales con la comunidad educativa pueda ser real.
Hemos realizado procesos de capacitación del personal, de acompañamiento en el mismo lugar de trabajo, de planificación para la alimentación del portal y el uso de los servicios disponibles. Estos nuevos recursos, articulados a esta capacitación, le permiten al personal de la Secretaría desarrollar nuevas formas de trabajo.
Es parte del concepto de generar cultura digital en el personal a través de la comprensión del mundo de internet, los portales educativos, de cómo se escribe para la Web, cómo pueden usarse los servicios de colaboración como comunidades virtuales, chats, foros, para el beneficio de las comunidades educativas y el desarrollo de los programas ya existentes en la Secretaría de Educación.
Claro que también estamos abriendo para las escuelas un espacio para participar y construir colaborativamente, o sea, que el flujo de información pueda darse en varios sentidos.
Esperamos que el portal sea algo más que un sitio en internet: que se vaya consolidando como un espacio para buscar soluciones colaborativas a los problemas comunes, trabajar más eficientemente y compartir conocimiento.


Fecha: diciembre de 2003