Diego Golombek
Diego Golombek

—¿A qué apunta la propuesta del área de ciencia y tecnología del Centro Cultural Ricardo Rojas?

—La propuesta apunta a poner en manos del público no especializado una serie de conocimientos y herramientas que le permita ver el mundo de otra manera. La ciencia no es solamente eso que ocurre en los laboratorios especializados, sino que también es lo que te pasa todo el tiempo; en cierta forma, es una actitud frente a la naturaleza: el cuestionamiento permanente, las ganas de preguntarse y de saber más.
En este sentido, especialistas en diversas áreas brindan en el Rojas cursos más o menos especializados que se pueden aprovechar tanto en términos prácticos (como los talleres o las capacitaciones docentes, o las actividades de música y ciencia) como en un verdadero proceso de alfabetización científica.


—¿Qué público asiste a los cursos, en función de qué variables se planifica la oferta de los cursos?

—La oferta se planifica sobre la base de la constitución de un plantel docente que se adecue al objetivo del área: no todos los especialistas tienen tiempo o ganas de participar en estas actividades. Por otro lado, resulta claro que hay una gran diversidad de temas disponible, y no todos tienen el mismo público o suscitan el mismo interés. Queremos, asimismo, no dejar al área de ciencias aislada del resto de las (muchísimas) actividades que se realizan en el Rojas, y así tratamos de ofrecer cursos que relacionen conceptos científicos con la literatura,
con la música, con el periodismo, etc.
En cuanto al público, es muy variado: por un lado tenemos profesionales deseosos de aprender temas por fuera de su área de conocimiento (o bien de profundizar en aspectos no muy conocidos o sospechados de estas áreas), pero sobre todo público no especializado que comprende la intención de, en cierta forma, desacralizar la ciencia. La actividad científica constituye una profesión específica, pero el modo “científico” de ver las cosas se puede aplicar a casi cualquier disciplina. Por último, dado que varios de nuestros cursos brindan puntaje en forma de capacitación docente, vienen también maestros y profesores a aprender temas que después puedan brindar en el aula.

—¿Qué balance hace hoy de esa experiencia?

—Excelente. Gracias a la gente del Rojas y, sobre todo, a los docentes de los cursos y a los alumnos que se han acercado, creo que hemos creado algo verdaderamente novedoso. Está claramente en sus inicios, y vamos aprendiendo por el camino, pero creo que es un buen camino. Estos cursos, junto con las charlas y eventos de divulgación científica que
venimos realizando, son una buena forma de abrir el juego, de mostrar que la ciencia no sólo no muerde sino que ayuda a que seamos mejores personas, con más criterio a la hora de tomar decisiones. Falta mucho: que podamos difundirlos mejor, que cubramos otras áreas (incluyendo ciencias sociales), que también podamos cubrir áreas de perfeccionamiento técnico práctico, etc.

—¿Cómo plantean la integración de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en los cursos y talleres? ¿Podría darnos un ejemplo novedoso de algún tipo de implementación específica de las TIC para uso educativo?

—Es bastante limitado el uso de nuevas TIC en estos cursos. En algunos talleres (cerebro, periodismo científico) se dictan clases en aulas con computadoras en red para que los alumnos compartan su trabajo y puedan compartir también datos, análisis, evaluaciones. Esto funciona muy bien. Obviamente como parte del proceso de aprendizaje se forman grupos
de interés común en internet (o directamente mailgroups) para socializar más fácilmente la información y la comunicación.
En algunos cursos específicos (cerebro, música y ciencia) se requiere el uso de tecnologías multimedia que permitan la realización de experimentos con imágenes y sonidos en tiempo real, y eso funciona bastante bien.


—Según su experiencia, ¿qué posibilidades abre la aplicación de nuevas tecnologías, en particular el uso de los weblogs, en la práctica docente?

—En mi experiencia como docente universitario, el uso de internet en sentido general es fundamental, tanto a través de la constitución de mailgroups como aprovechando la información disponible, o para el dictado de algunas clases en formato virtual, brindando la bibliografía
en línea, promoviendo la discusión grupal de textos y la resolución de problemas.
El uso de weblogs es ideal en dos ámbitos: por un lado, en las clases mismas, sobre todo cuando se trata de aspectos experimentales, la publicación electrónica instantánea permite compartir resultados y discusiones y así promover una cultura de integración social del conocimiento científico (en otras palabras, la ciencia no es necesariamente una actividad individual). En cuanto a la actividad docente en particular, y a aspectos particulares de capacitación docente, está claro que el uso de weblogs permite una practicidad inédita al poder compartir consignas y experiencias de la práctica cotidiana en el aula.

—La ciencia concebida como cultura, más amplia que lo estrictamente “científico”, es un concepto que no está muy instalado, al menos en nuestra sociedad. ¿Qué cree que generaría concebir a la ciencia desde una perspectiva cultural? ¿Cuál es la diferencia que se presenta en relación con esta postura entre la Argentina y otros países
que conozca?

—Es cierto: no está muy instalado, pero en eso estamos... Y los cambios se van produciendo en forma muy rápida. Hasta hace pocos años, esta difusión de la ciencia era considerada por los científicos como una simple pérdida de tiempo; ahora esta percepción está cambiando, y existe la idea de que hay que contar, compartir los saberes y, sobre todo, compartir esa mirada particular del mundo que brinda la formación científica.

Como diría Marcelino Cereijido, en nuestro país se habla mucho de “apoyar a la ciencia” mientras que otros países más desarrollados en realidad se apoyan en la ciencia... Esto implica un enorme cambio de paradigma, y tomar a la ciencia, por un lado, como motor del desarrollo socioeconómico, pero por otro, como una herramienta cultural para
entender lo que pasa. El pensamiento mágico se ha adueñado de nuestra cultura (o tal vez siempre fue su dueño); darle un poco más de espacio a la racionalidad, la sistematicidad y a comprender a los fenómenos naturales sin duda que cambia tanto a la gente como a su mundo, y eso es precisamente considerar a la ciencia como parte de la cultura. Por
otro lado, el concepto de ciencia como cultura saca también del primer plano a los científicos como hacedores de conocimiento, son una parte de un engranaje que se apoya en esta alfabetización científica, que es, o debiera ser, universal.

—¿Qué estrategias propondría para transitar hacia ese camino en nuestro país y, en particular, para fecundar esta perspectiva en la escuela?

—Desacralizar a la ciencia como una actividad de mártires y de sabios... Existen muchas iniciativas para fomentar el aprendizaje por cuestionamiento, la curiosidad, el diseño de experimentos y la construcción social de los conceptos científicos, pilares de una forma
de ver la educación en general y la educación en ciencias en particular. Para esto, claro, hay que multiplicar los esfuerzos de capacitación docente y acercar la Universidad y los institutos de investigación a las escuelas. Asimismo, hay que insistir en los nfoques de educación no formal (campamentos, museos, ferias, etc.), que, al sacar al alumno del contexto clásico, permiten otro acercamiento a la ciencia.

—Cómo biólogo y profesor universitario, ¿cómo cree que debiera ser el abordaje de la Biología en la escuela?

—Como una aventura en la que los alumnos descubran, con la ayuda del profesor, los conceptos centrales de la disciplina. Para ello hay algunos preceptos básicos a cumplir: a) hay que enfrentar a la naturaleza munidos de preguntómetros; b) las preguntas más útiles serán
las que generen experimentos y, eventualmente, otras preguntas; c) los conceptos científicos tienen su historia de preguntadores y experimentadores; recrear esta historia también es hacer ciencia; d)los conceptos, aun los biológicos, son temporarios hasta que un experimento los desmienta y, de paso, se logran sobre la base de un consenso en el aula (ir en contra del principio de autoridad, las cosas no son así porque las diga el profe, el papá o el Papa, sino porque las podemos demostrar y replicar; e) finalmente, el flujo de información debe ser tal que primero aparezca el concepto, y luego, y si es necesaria, la definición.


—¿Cuál es el/los aporte crucial que la neurociencia y la neurobiología pone a la luz hoy para mejorar las condiciones de desarrollo humano y sus capacidades cognitivas, y en qué cambiará el futuro de la humanidad?

—Hay varios aspectos de esto. Por un lado, el cerebro es uno de los pocos Grandes Misterios que nos quedan, y en mi opinión, de a poquito lo vamos conociendo, sobre todo en lo que respecta a cuando algo anda mal. Es muchísimo lo que se ha avanzado en cuanto a técnicas de diagnóstico y, tal vez en menor medida, tratamiento de enfermedades
neurológicas y psiquiátricas. Por otro lado, el sacar un poco del “misterio” al cerebro se avanza más en contra del pensamiento mágico y a favor de una sociedad más justa, más racional.
Ahora bien, creo que la pregunta está orientada un poco a cómo mejorar el desempeño humano, sobre todo en lo que respecta a aprendizaje y habilidades cognitivas. Por ahora eso es ciencia básica (fascinante, por otro lado), pero sus aplicaciones en gran mayoría son ciencia ficción. Comencemos por lograr que los chicos coman más y mejor, tengan un buen servicio de agua y se infecten menos; eso va a obrar maravillas en el desarrollo cognitivo.

—Ud. trabaja en Científicos Industria Argentina, el ciclo que conduce Adrián Paenza por Canal 7. Podríamos decir que trabaja con contenidos de su área de conocimiento pero en un nuevo formato, la TV, en un momento en que esta se encuentra tan desprestigiada. ¿Cómo se siente dentro de este formato? ¿Cuál es el rol de la TV en la socialización en el siglo XXI?

—Me siento maravillosamente bien: la tele es la mejor forma de lograr que este mensaje sea masivo. Además se ha dado un caso muy raro: este programa, que podría pensarse como muy marginal, ha suscitado muchísimo interés en la audiencia, lo que nos dice que había una enorme necesidad de contar y ser contados sobre qué estaba pasando en ciencia en la
Argentina, a través del testimonio de sus protagonistas. La tele te permite jugar muchísimo con cómo presentar los temas; sin perder rigurosidad se puede entretener, informar, enseñar, difundir. Y el feedback que tenemos es fantástico. Hace poco fui a dar una clase de
capacitación docente a Santa Fe y por la tarde aparecieron 38 piojos de entre 5 y 7 años seguidores del cocinero científico para hacer experimentos y recetas. En definitiva: hacer un programa de ciencia en la TV no tiene por qué ser telescuela técnica, ni tiene por qué ser
“algo para chicos”, puede ser algo de gran calidad y que dé ganas de
ser mirado.

Fecha: Julio de 2004