Georges MélièsEl 28 de diciembre de 1895, Méliès, invitado por los hermanos Lumière, asistió a la primera proyección cinematográfica; en su diario, contó cómo había vivido aquel momento: «en frente de una pequeña pantalla, similar a las que se usan en proyecciones y, después de unos minutos, apareció sobre ella una fotografía de la Plaza Bellcour en Lyons. Un poco sorprendido, me volteé y le dije a mi vecino: "¿Nos han traído aquí para ver proyecciones? Yo he hecho eso desde hace diez años", pero apenas dije la ultima palabra, un caballo que jalaba una carreta comenzó a caminar hacia nosotros seguido por otros vehículos y después por un transeúnte (…). Nos sentamos ahí, con nuestras bocas abiertas, sin hablar, llenos de asombro».

En el comienzo fue la ilusión

Méliès, que por aquel entonces ya era dueño y director del Robert Houdin Teatro, intuyó la potencialidad espectacular de la máquina de los Lumière y les ofreció comprársela; ante la respuesta negativa, se hizo de otro aparato similar basado en el desarrollo de Edison, pero fue el joven ilusionista, con sólidos conocimientos en ingeniería, quien realizó varios ajustes a la maquinaria. 

Las primeras proyecciones realizadas en el teatro Robert Houdin se asemejaban mucho a los documentales. Pero, pronto, Méliès vio la posibilidad de crear sus propias películas contando pequeños relatos o presentando algunas de sus ilusiones, pero ahora potenciadas por este nuevo artefacto.

L'oeuf du sorcier (1902). Cortometraje dirigido y protagonizado por Méliè

Meliés Star Film: magia y narración en la tecnoescena parisina

Estudio de Georges Méliès en MontreuilEn el momento en que Méliès comenzó a producir sus propias películas, nacieron los estudios Méliès, que funcionarían como un gran taller de producción artesanal y de experimentación. Méliès construyó un espacio de trabajo en el que dispondría de todas las herramientas escénicas posibles del siglo XIX y en el que incursionaría, con su equipo, en varios aspectos formales: montaje, tomas, trucajes, vestuarios, escenografías y... ¡el color! El mago e ilusionista es considerado, por muchos, el padre de los efectos especiales (aunque esto es restarle méritos si olvidamos que es quien sentó las bases de la narración cinematográfica).

La fusión entre espectáculos de ilusión (sin narración, pero que daban pie al sinfín de trucos), teatro (narración) y la nuevas máquinas de captura y proyección de imágenes llevan a plantear el experimentalismo de Méliès como una búsqueda de nuevas alternativas espectaculares. La manipulación de instrumentos, de formas y lenguajes le abrió nuevas posibilidades tanto en la forma como en el contenido. 

El experimentalismo del parisino, que de ningún modo, jamás, fue planteado por él, consistió en poner en relación los nuevos desarrollos tecnológicos de su época con las distintas tecnologías escénicas que estaban a disposición. A partir de allí, podemos, sin exagerar, decir que, con esta interrelación de lenguajes y dispositivos, los nuevos espectáculos que podían apreciarse en el París de principios del siglo XX estaban en el centro de las metamorfosis narrativas, cognitivas, perceptuales e imaginativas (Georges Méliès, en sus narraciones, mezclaba imágenes realistas, oníricas, imaginarias, etc., que solo comenzarían a verse a partir de movimientos de vanguardia, entre ellos el surrealismo). 

¿Cuáles fueron las posibilidades formales de los materiales que entonces se introdujeron en la escena? Una máquina que capturaba imágenes que generaban la ilusión del movimiento y las imprimía sobre material fílmico. Méliès entendió, desde el primer instante, que la ilusión del movimiento era la magia de la nueva máquina y comprendió, además, que el movimiento sucedía en el cerebro. Una máquina de ilusiones en manos de un mago; un soporte intrínsecamente tecnológico, pero que en manos de Méliès se lanzaron (él y el dispositivo) en una búsqueda de posibilidades desconocidas que implicaba trazar recorridos propios. 

Desde lo formal, Méliès trabajó con la sustitución de imágenes, desdoblamientos, la sobreimpresión, las tomas submarinas, escenografías, las acciones claras (dirección de actores) y el coloreado a mano (fotograma por fotograma). También, este mago, ilusionista e ingeniero fue quien llevó a cabo la construcción del primer estudio cinematográfico del mundo: un espacio para crear historias, viajes imaginarios a mundos que mezclaban su imaginería con la imaginación de Julio Verne. Este espacio, equipado con las últimas novedades escénicas, le permite a Méliès elaborar nuevos mundos de fantasía que van más allá de los simples trucos de magia.


Escenas coloreadas a mano de la película El viaje a la luna (1902), con música de David Short - Billi Brass Quintet

Estallido de la primera guerra: los silencios de la imaginación 

En El Narrador, Walter Benjamin afirma que, una vez vueltos de las trincheras a sus hogares, los soldados habían perdido la capacidad de narrar, de contar aquella experiencia ¿Qué había pasado? Aquella experiencia marcaba un corte en los esquemas perceptivos y cognoscitivos de los soldados. ¿Cómo decir aquello de lo que jamás antes se había hablado, siquiera imaginado? Luego de la primera guerra se abre una etapa de gran vacío de historias, de relatos; un vacío de oralidad ligado a la imposibilidad de ponerle imágenes a lo vivido.

Ese fue el momento del olvido de Méliès. ¿Pero qué había pasado durante la guerra? Georges Méliès había dejado de conseguir financiamiento para sus películas debido a que la economía estaba al servicio de la guerra. La administración tampoco era el fuerte del parisino, por lo cual, lentamente, debido a deudas, fue quedándose sin nada. Vendió parte de sus películas a EE. UU. para que el material fílmico se transformara en cera para zapatos; otras tantas fueron quemadas por él...

Entretanto, Méliès siguió creando espectáculos. Pero la ruina económica llegó finalmente y en 1923 ya se encontraba retirado totalmente del cine y de los espectáculos.

Arruinado y lejos de la industria cinematográfica, olvidado rápidamente, Méliès, junto a su esposa Jeanne D'Alcy (actriz que había trabajado en sus films), se dedicaría al negocio de los juguetes y las baratijas en un puesto de la estación de trenes, hasta ser reconocido por Leon Druhot, periodista y director de Ciné-Journal.

La imaginación creadora y los nuevos medios

Hugo (Scorsese, 2011). Película homenaje a Georges MélièsLa invención de Hugo Cabret (2007), novela gráfica de Brian Selznick llevada al cine en 2011 por Martin Scorsese, cuenta la vida de Georges Méliès. Uno de sus méritos es haber puesto en foco la importancia de Méliès en la historia del cine.

Sin sus desarrollos, el cine sería sin narración y sin ficción. Méliès está en el origen de los nuevos medios, entendidos, entre otras cosas, como máquinas mágicas, de ilusiones, como máquinas para contar historias y producir viajes. Pero la intuición más importante fue aquella ligada a que la historia sucede en tu cerebro. A la luz de los actuales desarrollos neurocientificos, podemos pensar a Méliès como un mago del cerebro... ¡El cine es magia! Y la pantalla es el cerebro.