Escenarios combinados para enseñar y aprender

Tras un año de educación remota, impuesta por la pandemia, un inuevo inicio de clases es una oportunidad de aprovechar la experiencia para abordar una situación compleja de alternancia entre la presencialidad y la virtualidad. Esta es la primera de una serie de notas que invitan a pensar cómo combinar la tecnología y la educación en el escenario actual.

Desde hace varias décadas los y las docentes nos acostumbramos a utilizar nuevas tecnologías en la educación, como por ejemplo software educativo, herramientas para compartir contenidos, plataformas de teleformación o recursos digitales.

Estos elementos cumplían un papel complementario —pero no menor— a las prácticas presenciales de clase, según la propuesta de cada docente. Muchas y muchos docentes encontraron en las nuevas tecnologías recursos valiosos para profundizar los contenidos curriculares, innovar en sus estrategias, resolver problemas de comunicación, entre otros aspectos.

Al mismo tiempo, el mundo virtual atravesó en pocos años importantes acciones de la vida social: el trabajo, la política, las relaciones interpersonales, el comercio, entre otras.

El último año lectivo nos condujo a los educadores a una nueva relación con la tecnología, en forma obligatoria, exclusiva y repentina. La educación remota de emergencia (Bozkurt, A., Jung, I., Xiao, J., Vladimirschi, V., Schuwer, R., Egorov, G., et al., 2020) aceleró el uso de entornos virtuales en el campo educativo y la relación de docentes y estudiantes con las TIC para enseñar y aprender cambió para siempre.

Las palabras y las cosas

El lenguaje es una de las mediaciones que tenemos con la realidad. Las palabras que utilizamos representan objetos, acciones, relaciones, juicios y marcan en alguna medida —no totalmente— cómo pensamos y comunicamos el mundo.

Con el tiempo, el uso y las transformaciones sociales, las palabras van cambiando su significación, es decir, la relación del significante con el significado. Como señala Daniel Cassany en una entrevista que le realizamos en educ.ar:

«las formas de leer y escribir han cambiado de una manera radical aunque nosotros utilicemos las mismas palabras para denominarlas y aunque aparentemente sean iguales [...] muchas de las cosas que antes hacíamos hablando hoy lo haces con una máquina. Y con una máquina lees y escribes: lees en un visor y escribes apretando un botón».

Lo mismo podemos afirmar de elementos del universo educativo: aula, enseñar, clase, tarea.

Podemos pensar, por ejemplo, que el concepto de aula no se refiere ya específica ni exclusivamente a un espacio material que se comparte durante un tiempo, sino a cualquier medio en el cual docentes y estudiantes realicen una práctica pedagógica; o también que enseñar no es solamente pararse frente a un curso, sino una actividad que puede realizarse en un tiempo y espacio diferente al de las y los estudiantes. ¿Cuántas veces en 2020 dijimos «estoy entrando a clase» y lo que hacíamos era apretar un botón de una aplicación en la pantalla de un celular o de una computadora?

Además de palabras que se han transformado, el mundo educativo ha incorporado nuevas en los últimos meses: plataforma, semipresencial, blended, clase invertida, videoconferencia, mutearse, sincrónico, entre muchas otras.

Aceptar que las palabras modifican su significación es el primer paso para transitar el cambio, con capacidades para adaptarse a nuevas situaciones, para revisarlas críticamente, y con posibilidades de encontrar trayectos inteligentes y creativos a los problemas. Es la base de un camino de innovación significativa dado que nos permite repensar las prácticas —que adoptamos por opción o por obligación— y transformarlas de manera superadora.

Después de un año escolar construido prácticamente en entornos virtuales, nos encontramos con un escenario nuevo, indefinido y más complejo, sin historia ni demasiada experiencia previa: un esquema que combina —de múltiples formas según lugar y momento— enseñanza virtual y presencial. Y uno de los primeros pasos que podemos dar para comprender y dominar esta situación es justamente buscarle una palabra, un nombre que lo defina.

Definir un escenario complejo

No hay experiencias previas idénticas sobre el esquema de educación mixta que se ha comenzado a practicar en contextos de semiaislamiento. Sí existe experiencia a partir de otras modalidades de aprendizaje con uso de tecnología, como los cursos en línea o la enseñanza semipresencial, aulas extendidas, flipped classroom, uso de redes sociales, apoyo a la presencialidad, etc. Estas últimas modalidades han abierto muchas opciones para implementar en situaciones diversas. Podemos pensar que ese recorrido nos ha ido preparando para el escenario actual.

Las y los docentes tenemos que utilizar estrategias de la enseñanza presencial y de la educación virtual, pero en un nuevo esquema que no corresponde ni a uno ni a otro. Si bien hay múltiples posibilidades, yuxtaponer simplemente esas estrategias sin coordinación y sin tener en cuenta el contexto actual es la peor opción.

La resolución 366/20 del Consejo Federal de Educación de la Argentina —entre otros documentos sancionados para la emergencia— utiliza el concepto de alternancia como una dinámica de trabajo en diferentes ámbitos, pero que se integra en un mismo proceso de aprendizaje. Señala, además, que se pueden construir muy diversos procesos de esta alternancia:

«La alternancia es una dinámica pedagógica que contiene períodos de trabajo de la/os alumna/os con asistencia a la escuela en clases presenciales y actividades de aprendizaje en situaciones de no presencialidad mediados por diferentes instrumentos y soportes. Esta organización implica procesos de enseñanza en diferentes espacios y tiempos que se integran en un mismo proceso de aprendizaje. A partir de la combinación de estos aspectos se pueden construir diversos sistemas de alternancia que articulen el trabajo presencial en las instituciones con espacios de enseñanza y aprendizaje no presenciales y que den lugar a la construcción de otros modelos organizacionales y pedagógicos en el sistema educativo».

La nueva situación requiere replantear los contenidos curriculares, el papel del docente y de los estudiantes, definir la propia organización del espacio y el tiempo. En síntesis, no sumar, sino repensar un modelo integral. Más allá de los marcos políticos e institucionales que se pongan en juego, para aprender y enseñar en escenarios mixtos de presencialidad y virtualidad hay que generar un esquema nuevo, no la mezcla de dos modalidades. Para esto es clave tomar buenas decisiones sobre el uso de la tecnología, diferentes a las situaciones de uso de TIC en la enseñanza o de educación totalmente virtualizada.

De esta manera, surgen muchas preguntas:

  • ¿Cómo utilizar las TIC para armar nuevas tramas pedagógicas desde la introducción del tema hasta la evaluación en este escenario dual pero no permanente que combine tiempos y espacios?
  • ¿Qué conocimientos tecnopedagógicos tenemos que adquirir, resignificar o poner en juego las y los docentes para enseñar en este escenario?
  • ¿Qué prácticas exigen sí o sí la presencialidad y qué actividades se pueden hacer de manera autónoma?
  • ¿Qué nuevos roles surgen de este nuevo sistema de intercambio?
  • ¿Qué estrategia virtual está al servicio del equipo directivo para coordinar la logística, la comunicación y el sentido de comunidad?

A diferencia de lo vivido en 2020, la ventaja de esta etapa es que puede ser planificada.

La complejidad de combinar múltiples niveles

Este recorrido nos muestra la complejidad de la situación, más profunda aún que la del aislamiento. Si bien esta nueva etapa tiene la ventaja de una mayor preparación y posibilidad de planificación, tenemos que pensar el contexto en por lo menos tres dimensiones con dos escenarios cada una:

  • la combinación de actividades o clases presenciales y virtuales según horarios y cupos de asistencia;
  • la combinación simultánea de estudiantes que van a las escuelas con otros que no concurren;
  • la posibilidad de cambios sobre la marcha de qué se hace virtual y qué presencial, horarios, tiempos, qué estudiantes concurren y cuáles dejan de hacerlo, producto de variaciones inesperadas en la situación sanitaria.

Entender la educación en la complejidad nos permite mirar las situaciones como un todo. Con este marco, podemos entonces especificar un poco las preguntas que hicimos arriba: ¿cómo atender simultáneamente a estudiantes presenciales y virtuales, que además pueden cambiar su estado en cualquier momento?, ¿cómo estar preparados para volver a lo virtual en forma permanente o temporaria?, ¿qué actividades conviene hacer en forma  presencial y cuáles en virtual?

En síntesis, ¿en qué medida deben/pueden las nuevas tecnologías ayudar para organizar esta situación mixta?, ¿cómo pueden ayudar las TIC para el aprendizaje basado en proyectos, trabajos colaborativos?, ¿qué retomar de la experiencia de la educación remota de emergencia?

Las decisiones de las y los directivos y docentes, las tramas didácticas, la selección de entornos y de recursos deben pensarse en estos ejes multilaterales y dinámicos. Opciones que habiliten un uso flexible de los tiempos y los espacios, combinando encuentros presenciales y virtuales, sincrónicos y asincrónicos, así como diferentes dinámicas de trabajo y momentos de aprendizaje individual o en grupo, y que propicien una «inclusión genuina» (Maggio, 2012) de las TIC en tanto la propuesta de enseñanza se vea potenciada al incluir las tecnologías digitales.

En próximas entregas, abordaremos en profundidad estas tramas, opciones y estrategias que nos permitirán repensar las prácticas, diseñar y combinar espacios y oportunidades de aprendizajes y generar encuentros para enseñar, colaborar y aprender.

Referencias bibliográficas

Bozkurt, A., Jung, I., Xiao, J., Vladimirschi, V., Schuwer, R., Egorov, G., et al. (2020). A global outlook to the interruption of education due to COVID-19 pandemic: Navigating in a time of uncertainty and crisis. Asian Journal of Distance Education, 15(1), pp. 1-126.

Maggio, M. (2012). Enriquecer la enseñanza. Los ambientes de alta disposición tecnológica como oportunidad. Buenos Aires: Paidós.

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