Datos, huella digital y dopamina (segunda parte)

En la primera parte de esta nota, decíamos que así como en todo lo que tocamos dejamos huellas dactilares, en el mundo digital también dejamos lo que se llama huella digital. Aquí profundizamos en la necesidad de conocer qué ocurre con la cantidad masiva de datos que van recopilando las diversas compañías y de qué manera esta huella digital puede afectar nuestro derecho a la privacidad.

Imborrable

Pensemos en la imagen de la huella digital creciendo exponencialmente para recordar que nada de lo que compone nuestra huella digital se puede borrar. Esos rastros, esas trazas de nuestra vida personal como ser una fotografía, un video, un comentario en una red social, una suscripción, una opinión volcada en un medio o datos más sensibles —que ni siquiera sabemos que han recolectado y que tienen en alguna base de datos— permanecen indelebles en el mundo digital. Y algo que quisiéramos que se despublique o que no aparezca más quedará siempre en la web.

Así es como se vulnera más fuertemente el derecho a ser olvidado. La difusión, publicación y viralización de datos sensibles —que revelan nuestro origen racial o étnico, preferencias políticas, convicciones religiosas o morales, afiliación sindical y toda información referente a nuestra salud o vida sexual— viola nuestro derecho a la intimidad. Si hacemos el reclamo para quitar esas publicaciones de la web y no se hace, entonces sufrimos una segunda violación y esta vez es a nuestro derecho a ser olvidado.

La huella digital puede convertirse en un gran problema, por ejemplo, al momento de una entrevista laboral. O, en el peor de los casos, al ser usada para realizar acoso digital o ciberbullying, haciéndonos cargar con un estigma de por vida. Existe un gran vacío en los aspectos legales del uso de la web, lo que nos deja muy desprotegidos. La regulación nacional y mundial es escasa y hacer juicio a grandes compañías resulta imposible.

Niñez y huella digital

¿Qué sucede entonces con los niños y su presencia digital? Según un artículo publicado por el Observatorio del Instituto Tecnológico de Monterrey en 2019, el riesgo de exponer la intimidad de los menores en el mundo digital existe desde el momento mismo de su concepción:

Cerca de una cuarta parte de los niños tiene presencia digital incluso antes de nacer. Su huella digital inicia desde el momento en que los padres suben sus ecografías prenatales, esto de acuerdo con un estudio realizado por la firma de seguridad de internet AVG.

AVG encuestó a madres en Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, España, Australia, Nueva Zelanda y Japón, y encontró que el 81 % de los niños menores de dos años tienen algún tipo de perfil o huella digital, con imágenes de ellos publicadas en línea por sus padres. El estudio también encontró que en los Estados Unidos esta tendencia es más alta, donde el 92 % de los niños menores de dos años ya tienen su propia identidad digital única. Si bien muchos niños todavía no tienen sus propias cuentas en redes sociales, sus padres, escuelas, equipos deportivos y organizaciones han estado curando su presencia en línea desde su nacimiento.

Taylor Lorenz, periodista en temas de cultura digital, entrevistó a niños y niñas de entre 10 y 14 años para conocer su opinión sobre la huella digital que tienen a su corta edad gracias a las fotos que sus padres suben a internet. Muchos de los entrevistados se sorprendieron de los detalles sobre su vida que podían encontrar al buscarse en google. La mayoría ni siquiera sabía que sus padres estaban compartiendo, sin su consentimiento o conocimiento, fotos y videos de ellos en sus cuentas personales.

¿Aceptamos las condiciones?

Sobre este tema, Cristóbal Cobo, académico chileno e investigador en temas de tecnología y educación, autor de Acepto las condiciones: usos y abusos de las tecnologías digitales (PDF | 3.77 MB), editado en 2019 por la Fundación Santillana, cree que se debería poner en marcha una regulación global para enfrentar un problema que afecta a los niños y adultos y crece día a día. Cuando Cobo presentó el libro, explicó:

Las tecnologías abren puertas, no se trata de borrar todas nuestras cuentas. Pero no puede ser a costo cero. El cinturón de seguridad se inventó 60 años después que el coche […] ¿cuánto más tendremos que esperar nosotros para tener también unos mecanismos de protección en el mundo virtual?

John Moravec, Jordi Adell y Daniella Trucco, otros expertos que participaron en el debate con Cobo, compararon este problema con el del cambio climático. Tiene que ser cosa de todos, todos debemos formar parte de esta discusión. Tenemos que exigir estructuras transparentes, proactivas, y que se centren en proteger a las personas. El tema tiene que ser discutido, debatido e introducido en la educación de la ciudadanía.

En esta misma línea de pensamiento, Marta Peirano, escritora e investigadora española, cree que «el problema no es la red, pero es algo que le pasa a la red». Para la autora de El enemigo conoce el sistema, el problema

está súper bien catalogado, tiene varios nombres. Lo habréis conocido como capitalismo de plataformas, capitalismo de la vigilancia o feudalismo digital. Es muy fácil de identificar porque siempre opera de la misma manera: ofrece una infraestructura para que hagas lo que quieras, pero esa infraestructura son sus servidores, datacenters, algoritmos y todos los datos que generas, los que generas tú, los que generan tus clientes, los que generan las personas que trabajan con tu servicio, alimentan sus algoritmos predictivos de inteligencia artificial para que ellos te vigilen, te controlen y te manipulen. Esta lógica en los últimos años se ha ido colando en nuestras casas, se ha ido colando en nuestras ciudades, se está colando en nuestra industria, se está colando en nuestras cosechas, y se está colando en nuestras escuelas. Y hoy vengo a deciros que da igual que tiréis el móvil y os vayáis a meditar al monte. No importa, no sirve de nada. No solo porque hay satélites que están equipados con software de reconocimiento facial y os van a reconocer igual. Lamentablemente, ya no basta con que utilicéis criptografía. Esto fue lo que dije hace cuatro años: "usad criptografía". Por favor, seguid usando criptografía, utilizad servicios que no exploten vuestros datos. Pero ya no basta con eso, porque ya no es un problema individual, sino un problema colectivo como el cambio climático.

Peirano ha desarrollado el tema en la reciente charla TED: La vigilancia es un problema colectivo, como el cambio climático (2019).

Qué pensamos sobre lo que pasa con nuestros datos

Según una encuesta de Amnistía Internacional en Argentina sobre privacidad y tecnología: el 80 % considera que el Estado debería hacer más para regular las plataformas digitales y el 74 % muestra preocupación por el uso de sus datos personales que hacen las Big Tech.

Mariela Belski, directora ejecutiva de Amnistía Internacional en Argentina, señaló:

El sondeo realizado en Argentina destaca que una de las principales inquietudes que tiene la gente actualmente es la invasión a su privacidad en general. Parece que escándalos de relevancia internacional no fueron suficientes y las compañías se niegan a cambiar su actitud hacia el uso de datos de las personas. Tenemos derecho a ser dueños y dueñas de nuestros propios perfiles en internet, saber para qué se usan y negarnos a que violen nuestra intimidad: esto es un problema de derechos humanos.

En la Argentina, 3 de cada 4 personas están preocupadas por el uso de los datos personales que hacen las grandes compañías de tecnología. Esta demanda se repite a nivel global, en donde los resultados fueron 7 de cada 10 personas. Cuando se les pidió que explicaran por qué, seis de cada diez (el 59 %) dijeron que era una invasión de la intimidad. A más de la mitad (el 53 %) le preocupa la posibilidad de verse influida de forma parcial y sin su conocimiento por la publicidad de carácter político. Casi la mitad (el 48 %) piensa también que los publicistas se dirigirán a la gente cuando esta sea más vulnerable. Para acceder a todos los datos y la investigación completa, ver Informe Gigantes de la Vigilancia (2019).

Conocer para educar

Descubrimos apenas un panorama muy general de lo que ocurre con nuestros datos, movimientos y rastros en el mundo digital. Nada de lo que compartimos es para generar paranoia ni asustar —por el contrario— se trata de trabajar sobre uno de los varios aspectos de la ciudadanía digital: la huella digital. Es fundamental saber qué ocurre con nuestra información, entender cómo puede ser utilizada y conocer el estado del tema en la Argentina y en el mundo porque cuando comprendemos las dimensiones del problema podemos analizarlo e implementar las estrategias necesarias para afrontarlo.

Por hoy cerramos esta nota con la sugerencia de visitar el especial sobre huella digital de Internet SocietyOrg, que a lo largo de 9 módulos describe qué tipo de huella estamos dejando y cómo tomar decisiones orientadas a resguardar nuestra privacidad.

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Publicado: 20 de febrero de 2020
Última modificación: 28 de febrero de 2020

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