Todas las mañanas viajaba en moto hasta la estación fluvial de Tigre, luego tomaba la lancha y dos horas más tarde llegaba a la escuela. Así comenzaban los días de Sonia Cuevas, una docente de San Fernando que, durante más de cuatro años, afrontó el desafío de enseñar en una de las escuelas de las islas del Delta.

«En la lancha teníamos dos horas de ida y dos horas de vuelta, así que aprovechabamos para tomar mate, charlar y preparar las clases», explica Sonia, quien hasta diciembre de 2014 se desempeñó en la Escuela Nº 20 Remedios Escalada de San Martín, ubicada en el río Paraná Miní, en San Fernando. A diferencia de otras escuelas del país, esta institución es también un lugar de encuentro (y a veces el único) para la comunidad en general.

«Los chicos isleños —que también viajan dos o hasta tres horas para ir a clases— viven una realidad muy distinta al resto de los chicos ya que la escuela es el único lugar donde pueden juntarse, crear amistades y lazos con otros chicos. Al salir del establecimiento no cuentan con una plaza o un club para reunirse, así que, salvo que tengan algún vecino cerca, la escuela es el único lugar para compartir con otros», declara Sonia.

La escuela es un punto de encuentro con las familias ya que se realizan periódicamente controles de salud. «Cuando tenemos un acto escolar, las familias pasan todo el día en la escuela y aprovechan para cruzar al hospital donde se encuentran con una asistente social que también los ayuda a realizar trámites».

Sonia no solo enseña, sino que también se preocupa por aprender y formarse permanentemente. Por eso, participó en 2014 de una de las jornadas de formación de «Educ.ar en el aula», que se realizó en San Fernando. Allí, incorporó conocimientos para aplicar las TIC en el aula con sus alumnos. «Luego de la capacitación, trabajé con la serie Zamba de Pakapaka en la clase de Historia, y la verdad me resultó bueno porque a los chicos los atrapó. Además, los chicos trabajaron con el programa Paint y realizaron diferentes actividades sobre el Día de la Soberanía. Si bien viven alejados en una isla, son chicos que se sienten atrapados por las TIC».

«El ambiente de trabajo es lindo, bueno, cálido, hay mucho compañerismo... entonces eso hace que uno tenga ganas de trabajar. Me emociono cuando lo digo porque eso no se da en cualquier otra escuela», finaliza Sonia.