Cadenas de correos electrónicos que convocan a un acto político o reenvían textos para adherir a determinadas demandas sociales, candidatos cuya agenda podemos seguir en Facebook y Twitter, posibilidades de intervenir con un tuit o un SMS durante la entrevista a un político en un programa de televisión. Las nuevas tecnologías han irrumpido en el escenario político para ofrecer a los dirigentes nuevas maneras de hacer llegar su mensaje a la ciudadanía, pero también brindan a los ciudadanos nuevas oportunidades de organización y movilización que se producen, en algunos casos, por fuera de los circuitos tradicionales, cuyo eje eran los partidos políticos. A veces, la velocidad de las transformaciones nos hace perder de vista la importancia que tienen estas nuevas herramientas y el largo proceso que llevó a que el derecho a expresarse sobre cuestiones públicas pudiera ser ejercido por cada vez más ciudadanos.

Una ojeada retrospectiva

Portada del primer número de la Gazeta de Buenos Aires, del 7 de junio de 1810, fundada por Mariano Moreno por directiva de la P

La comunicación política moderna nace a fines del siglo XVIII cuando —inicialmente en los países europeos— sectores de la burguesía reclamaban a los monarcas el derecho a acceder a la información sobre cuestiones públicas y a expresar sus opiniones sobre ellas. La participación se circunscribía a aquellos ciudadanos que poseían un nivel de instrucción relativamente elevado y que contribuían a sostener al Estado a través del pago de impuestos. 

Los clubes, cafés, salones literarios y, fundamentalmente, la prensa escrita eran los espacios centrales para el debate de ideas. Ese mismo clima de ideas orientó en nuestro país el proceso independentista, que también recurrió a la prensa para difundir el pensamiento revolucionario.


Portada del primer número de la Gazeta de Buenos Ayres, del 7 de junio de 1810, fundada por Mariano Moreno por directiva de la Primera Junta.



La comunicación política y el voto en el siglo XIX

Marquilla de cigarrillos Santo y seña , del año 1898, con la consigna “Roca o nadie”

Muy tempranamente, en 1822, se estableció en nuestro país el voto «universal» para los varones mayores de 20 años que estuvieran registrados ante una junta calificadora de su localidad. Sin embargo, las luchas civiles y la ausencia de un sistema constitucional unificado para todo el territorio hicieron que el ejercicio de ese derecho fuera difícilmente practicable hasta las últimas décadas del siglo XIX. Los diarios, por lo general, estaban explícitamente embanderados con alguna de las facciones políticas en pugna y usaban un lenguaje virulento.

La propaganda electoral también echaba mano de recursos que hoy nos resultan estrafalarios, como el lanzamiento de marcas de cigarrillos y cajitas de fósforos con los nombres de dirigentes políticos.


Marquilla de cigarrillos Santo y Seña, del año 1898, con la consigna “Roca o nadie”. Las cajitas de cigarrillos y de fósforos fueron un soporte habitual para la propaganda política.


Nuevo siglo, nuevos medios

La representatividad de los resultados electorales estaba lejos de estar asegurada por la universalidad del voto y, a principios del siglo XX, los sectores populares comenzaban a exigir formas de representación política capaces de satisfacer sus demandas. La práctica del «voto cantado», es decir, expresado en voz alta ante la junta de notables que organizaba el comicio, impedía que los ciudadanos tuvieran un mínimo de libertad a la hora de ejercer su derecho. Las prácticas fraudulentas eran el sello distintivo del sistema que aseguraba a la élite gobernante la permanencia indefinida en el poder. Recién con la sanción de la Ley Sáenz Peña en 1912 se consagraría el voto universal (aunque solo para los varones), secreto y obligatorio. Con la nueva ley, Hipólito Yrigoyen fue elegido para ejercer la Presidencia de la Nación en 1916 y en 1928.

Campaña electoral de Hipólito Yrigoyen, gira en tren, 1928.
 
Concentración callejera en la campaña electoral de Hipólito Yrigoyen, 1928. En blanco y negro.
 

Imágenes de la campaña electoral de 1928, que registran los mítines populares y las giras en ferrocarril, formas de fortalecer el vínculo entre el líder radical —poco amigo de los discursos— y sus seguidores.


La gran estrella de las telecomunicaciones en las primeras décadas del siglo pasado fue la radio. Por primera vez, los ciudadanos podían escuchar la palabra del presidente de la Nación sin moverse de su casa. Tanto la radio como el cine serían medios fundamentales de comunicación y propaganda a partir de los años cuarenta, con la llegada del peronismo al gobierno.

En 1947, el derecho al voto se amplió con la incorporación de las mujeres mediante la sanción de la Ley N.° 13.010 del Voto Femenino, que se puso en práctica en las elecciones del 11 de noviembre de 1951. Antes de la elección nacional de ese año, se desarrolló una intensa campaña que apuntaba a persuadir a las ciudadanas de ejercer efectivamente ese derecho y también a enseñarles qué debían hacer el día de los comicios.


Los noticieros que se proyectaban en las funciones de cine fueron un medio para difundir el voto femenino, como se observa en esta compilación de materiales realizada por el @prender, portal del sistema educativo de Entre Ríos.

Un año antes había nacido un nuevo medio, al principio disponible solo para pocos: la televisión. La primera transmisión tuvo lugar en el 17 de octubre de 1951. Sin embargo, en los primeros tiempos, los aparatos eran demasiado caros y la programación, escasa. Recién a partir de 1960 el nuevo medio alcanzaría un desarrollo importante.

El surgimiento de la política mediática

El protagonismo de la televisión en la política y en las campañas electorales llegaría plenamente con el retorno definitivo de la democracia a partir de 1983.

A partir de entonces, se comprobaría que la antigua fidelidad a las identidades partidarias tradicionales se iba debilitando y los ciudadanos tendían a decidir su voto en cada elección, con independencia de las tradiciones familiares o de sus propios votos anteriores. Por eso, la comunicación política y los sondeos de opinión adquirieron una importancia creciente en las estrategias electorales, con el objetivo de captar el voto de los «indecisos». La televisión permitió a los dirigentes llegar a audiencias masivas, sorteando los límites y necesidades de las estructuras partidarias.

Estos dos videos muestran momentos de las campañas políticas de los candidatos de las elecciones de 1983, primeras elecciones después de la dictadura militar que sufrió el país desde 1976. 

Spot televisivo del candidato por la UCR, Raúl Alfonsín, quien fue elegido presidente de la Nación en 1983.



Spot del candidato por el Partido Justicialista, Ítalo Argentino Luder, en la misma campaña de 1983.

Política y nuevas tecnologías: la comunicación del siglo XXI

Toda nueva tecnología de la comunicación transforma las relaciones personales, políticas y sociales. Esto deriva, en parte, de las características de cada medio y, en parte, de las maneras en que la sociedad se apropia de las nuevas herramientas. Pero, a diferencia de otras etapas de cambio tecnológico, los cambios son ahora vertiginosos y afectan todos los aspectos de nuestras vidas. El desarrollo de las TIC se asocia, en la vida social y política, a la mayor accesibilidad de los bienes culturales y de la información pública, a la posibilidad de emisión gratuita, disponible para cualquiera, desde cualquier lugar y de manera inmediata. Esto plantea un escenario radicalmente nuevo para el ejercicio de la ciudadanía.

A esos rasgos se suma la posibilidad de generar redes, lo cual permite nuevas formas de participación social. El antropólogo norteamericano Howard Rheingold ha denominado «multitudes inteligentes» a esos grupos de personas que «emprenden movilizaciones colectivas —políticas, sociales, económicas— gracias a que un nuevo medio de comunicación posibilita otros modos de organización, a una escala novedosa, entre personas que hasta entonces no podían coordinar tales movimientos».

El impacto de los nuevos medios en la comunicación electoral es enorme, tanto si lo miramos desde la perspectiva del activismo cívico, como si lo hacemos desde el punto de vista más tradicional de la comunicación electoral de los candidatos. Así relata Rheingold la experiencia vivida hace unos años en Corea, uno de los primeros episodios que pusieron de manifiesto el enorme potencial de las redes sociales:
Cuando OhMyNews informó que el candidato predilecto de la comunidad de lectores iba perdiendo (…), cientos de miles de lectores enviaron unos 700.000 correos electrónicos e incontables SMS para movilizar el voto, y de ese modo lograron cambiar el resultado electoral. 
También en España, en 2004, fue fundamental la circulación de información a través de las redes sociales y los medios alternativos para conocer la responsabilidad del grupo Al Qaeda en el atentado de Atocha del 11 de marzo, para convocar a marchas multitudinarias de protesta y para producir un sorpresivo vuelco electoral pocos días después. Más recientemente, las revueltas en el mundo árabe y el caso de Egipto han mostrado nuevas caras del fenómeno. 

En el programa En el medio se analiza el fenómeno del ciberactivismo que ocasionó las revueltas en Egipto y la caída del regimen de Mubarak en el año 2011.


En un mundo globalizado, el impacto de estas experiencias hace que se produzca de alguna manera un efecto de contagio: en situaciones de crisis, diferentes sociedades han recurrido a las redes como forma de convocatoria porque ya conocían el impacto alcanzado en otras latitudes.

Desde la perspectiva de la comunicación política más clásica, dirigentes, funcionarios y candidatos desarrollan diversas estrategias para explorar y aprovechar las nuevas herramientas, en particular en períodos electorales. En el plano internacional, el primero en mostrar hasta qué punto la eficacia de las redes puede resultar un factor importante para movilizar y entusiasmar el electorado fue Barak Obama, en la campaña presidencial de 2008 en los Estados Unidos. El candidato comprendió que internet le permitía no solo comunicarse de una manera más directa y dinámica con sus seguidores, sino, sobre todo, facilitar el contacto de los seguidores entre sí. De esta manera, cada ciudadano que lo quisiera hacer podía ser un multiplicador del mensaje electoral. Por otra parte, ese estilo nuevo de comunicación se complementaba muy bien con la propuesta de renovación política que postulaba Obama y con su propio estilo personal. Así analizaba el fenómeno el especialista Juan Freire en su artículo «Obama Online Operation: ¿primera start-up política de la web 2.0?»

La presencia de Obama y sus redes de apoyo en internet no se puede entender sin este marco más amplio que lo sitúa fuera de la política convencional y lo conecta directamente con la cultura digital que hemos vivido en los últimos años. En este sentido, mientras Obama ha sabido situarse como una «marca digital» (se lo califica de «cibergénico»), McCain [su contrincante] ha declarado su desconocimiento de las herramientas y la cultura digital.
La experiencia de Obama acentuó el interés por parte de los políticos y activistas de todo el mundo por aprovechar mejor el potencial de internet, de las redes sociales y de la telefonía celular. En las últimas campañas, podemos seguir la agenda diaria de los candidatos a través de Facebook y Twitter, acceder a entrevistas publicadas en medios tradicionales, a canales de YouTube o ver una sesión legislativa en tiempo real. Más importante aún, podemos responder a sus intervenciones, hacerles llegar mensajes de aliento o de protesta, saludarlos en su cumpleaños o expresar nuestras inquietudes y preguntas. No importa que se trate de un concejal de una localidad pequeña o de un candidato presidencial. Tampoco importa si estamos a pocas cuadras de la Casa Rosada o en el otro extremo del país, en casa o en el colectivo. La profundidad y consecuencias de la transformación son difíciles de evaluar en un panorama en el que la velocidad de la innovación se acelera de manera permanente. La conectividad, el acceso y la alfabetización digital están aún condicionados por la brecha digital, pero el campo de posibilidades de participación que se abre es, sin duda, enorme.

Como señala el sociólogo español Manuel Castells en «Internet y la sociedad red», el potencial de internet como herramienta del cambio político y la participación no dependen tanto de la tecnología en sí misma como de las características de la sociedad que la emplea y de las formas en que ciudadanos y políticos hacen uso de ella:
Allí donde hay una movilización social, internet se convierte en un instrumento dinámico de cambio social; allí donde hay burocratización política y política estrictamente mediática de representación ciudadana, internet es simplemente un tablón de anuncios. Hay que cambiar la política para cambiar internet y, entonces, el uso político de internet puede revertir en un cambio de la política en sí misma.
Por eso, esta mirada retrospectiva intenta contribuir a que seamos conscientes de la magnitud del camino recorrido y de que las enormes posibilidades que abren las nuevas tecnologías solo se enriquecen cotidianamente si cuentan con el uso creativo, responsable y participativo de la ciudadanía. La competencia en usos de redes sociales, de espacios digitales de debate, forma parte fundamental de la educación básica, especialmente la de la enseñanza secundaria.



Para saber más 

Sobre el contexto de sanción de la Ley Sáenz Peña: Historia de un país, Argentina siglo XX, Capítulo «1890-1916: La Argentina conservadora»


Historia electoral argentina, publicación del Ministerio del Interior.

«Voto a los 16», Un trabajo del Ministerio de Educación y educ.ar, para las elecciones del 2013. Se analiza la ley del año 2012 que autorizó a los jóvenes de entre 16 y 18 años a votar.

Howard Rheingold: “Introducción” a Multitudes inteligentes, 2004.  

Jesús Martin Barbero, especialista en estudios culturales, analiza el rol de los medios en la actualidad latinoamericana.

Un análisis de Clara Kriger sobre la relación entre política y cine documental en la Argentina 

Entrevista al consultor político espeñol Antoni Gutiérrez Rubí.