1822
                                                   Guayaquil

                            San Martín

Encuentro en Guayaquil. Entre el mar Caribe y el océano Pacífico,
se abre un camino de arcos de triunfo: el general Bolívar acude desde
el norte. Viene desde el sur José de San Martín, el general que atra-
vesó la cordillera de los Andes en busca de la libertad de Chile y de
Perú.
Bolívar habla, ofrece.
Estoy cansado —corta, lacónico, San Martín. Bolívar no le cree;
o quizás desconfía, porque todavía no sabe que también la gloria
cansa.
San Martín lleva treinta años de batallas, desde Orán hasta Maipú.
Por España peleó el soldado y por América el curtido general. Por
América, y nunca contra ella: cuando el gobierno de Buenos Aires le
mandó aplastar las huestes federales de Artigas, San Martín desobe-
deció y lanzó su ejército a las montañas, para continuar su campaña
por la independencia de Chile. Buenos Aires, que no perdona, le
niega ahora el pan y la sal. En Lima tampoco lo quieren. Lo llaman
el rey José.
Desencuentro en Guayaquil. San Martín, gran jugador de ajedrez,
evita la partida.
Estoy cansado de mandar —dice, pero Bolívar escucha otras pa-
labras: Usted o yo. Juntos, no cabemos.
Después, hay banquete y baile. Baila Bolívar en el centro del
salón, disputado por las damas. A San Martín lo aturde el ruido. Pa-
sada la medianoche, sin decir adiós, se marcha hacia los muelles. El
equipaje ya está en el bergantín.
Da la orden de zarpar. Se pasea en cubierta, a pasos lentos, acom-
pañado por su perro y perseguido por los mosquitos. El barco se
desprende de la costa y San Martín se vuelve a contemplar la tierra
de América que se aleja, se aleja.

(53 y 54)

Tapa libro Memoria del fuego 2 Las caras y las máscaras





Memoria del fuego 2. Las caras y las máscaras
 
Eduardo Galeano
Buenos Aires
Siglo XXI Editores, 2010.
Página 151.

* Agradecemos a Eduardo Galeano y a Siglo XXI Editores la posibilidad de reproducir este texto.