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El pódcast radiactivo de Marie Curie

Marie Curie, la científica ganadora de dos Premios Nobel, incursiona en el formato pódcast y propone acompañarnos en un viaje sonoro a través del tiempo. En Radio Polonio -6 episodios breves- la voz de Marie Curie traza un itinerario atravesando la historia para contar sus experiencias y las de otras científicas.


Episodio 1 - Radio Polonio

Radio Polonio: el pódcast radiactivo de Marie Curie

Episodio 1.

Bienvenidas y bienvenidos, espero que estén bien. Soy Marie Curie, tal vez me conocen como Madame Curie, la científica radiactiva, o tal vez no me conocen en absoluto. Por eso estoy aquí. Bueno, estar, lo que se dice estar, no estoy, sino que hice viajar mi voz a través del tiempo, desde mediados del siglo XIX y parte del siglo XX, hasta hoy.

¿Por qué lo hice? ¿Por qué quiero acercarme a ustedes? Porque si bien pasaron muchos años desde que estudié, trabajé e hice mi carrera como científica, veo que las cosas no cambiaron demasiado para las mujeres.

Las chicas interesadas en ciencia, las estudiantes de carreras científicas y tecnológicas, mis colegas investigadoras actuales, las científicas argentinas contemporáneas de ustedes, todas, se enfrentan a problemas de desigualdad por una cuestión de género. En pocas palabras, peores condiciones laborales y de trato solo por el hecho de ser mujeres. Y eso, realmente me indigna, porque es muy injusto.

Cuando yo estaba viva y después de tantas luchas y de atravesar obstáculos, trabas, desprecios y ninguneos en mi camino como mujer científica, imaginé que en el siglo XXI esas diferencias entre hombres y mujeres ya no iban a existir. Pero lamentablemente me equivoqué. ¡Y cuánto me equivoqué!

Entonces, pensé y me dije: “Marie: hacé un pódcast y contáles a las chicas y a los chicos de hoy cómo fue tu historia, y no solo tu historia, sino también las historias de otras científicas como, por ejemplo, Lise Meitner que hizo unos estudios fabulosos de fisión nuclear o Rosalind Franklin, que hizo una investigación fundamental para comprender las estructuras moleculares del ADN, el ARN y de los virus, por ejemplo, y no son solo ellas, son muchas las mujeres científicas invisibilizadas.”

Lo cierto es que no sé si doy para instagramer, tuitera o youtuber, qué se yo, pero creo que lo sonoro me va bien. En fin, soy una mujer con herramientas y conocimientos, de algo tienen que servir mis experiencias. Estoy segura de que mi experiencia y las de otras colegas, les pueden ser útiles. No quiero ser el ejemplo de nadie, pero sí aspiro a una comunidad más justa y más inclusiva con las mujeres.

¿Me quieren acompañar? ¿Se suman? ¿Me bancan? Les espero en el próximo episodio. Ah, me olvidaba, les dejo dos preguntas bien interesantes para comenzar a recorrer este camino que les propongo: ¿por qué es necesario tener referentes mujeres en ciencia y qué es el techo de cristal? Vean que aquí les comparto dos videos de 1 minuto cada uno, un minuto nada más, en los que Valeria Edelsztein, por un lado, y Agostina Mileo, por otro, 2 científicas argentinas, hablan sobre estas preguntas. Son dos minutitos y los super recomiendo.

Idea, guion y voz: Carina Maguregui.

 

Episodio 2 - Radio Polonio

Radio Polonio: el pódcast radiactivo de Marie Curie

Episodio 2

Bienvenidas y bienvenidos, espero que estén bien. Soy Marie Curie, tal vez me conocen como Madame Curie, la científica radiactiva, o tal vez no me conocen en absoluto. Por eso estoy aquí.

Hoy, me gustaría hablar sobre algunos hitos importantes en mi vida, sobre premios, sobre obstáculos, sobre radiactividad y la ridícula idea de no volver a verte. ¿Cómo? ¿Qué? Seguro que, en este momento, ustedes deben estar pensando: “Pero Marie, esto es una ensalada de cosas”, es cierto, tienen un poquito de razón, puede parecer que mezclo ideas y momentos, pero no se preocupen … les voy a ir dejando pistas para que ustedes puedan construir el relato, la gran historia.

Por ejemplo, mi nombre original es Maria Salomea Skłodowska porque nací en Polonia, no Francia. Fue muy difícil para mí acceder a la educación, por eso, la Universidad Flotante fue uno de los hitos de mi vida. ¿Una universidad flotante? ¿Qué es eso? ¿Estaba en el mar? Para aclarar estas dudas pueden ver el episodio de la Liga de la Ciencia -que les dejo aquí- y enterarse qué universidad era esa y otros varios datos importantes.

También quería hablar de premios, como ustedes saben, existen numerosos premios y de todo tipo. Dos de los más famosos son: los premios Oscar a las producciones audiovisuales, especialmente cine y televisión, que entrega la Academia de Hollywood; y los premios Nóbel, otorgados por la Real Academia de las Ciencias de Suecia, como reconocimiento a la labor científica y su contribución a la humanidad. Bueno, yo no fui nominada para ningún Oscar, no existían cuando yo vivía, aunque hicieron 2 películas y algún documental sobre mí, ojo eh- pero sí ¡gané dos premios Nóbel! Uno en física, en 1903 y otro en química, en 1911.

El Nóbel de física de 1903 fue un premio compartido, nos lo dieron a Pierre Curie, mi esposo, a Henri Becquerel otro colega físico y a mí, por el descubrimiento y las investigaciones sobre la radiación. Yo la denominé radiactividad. Pero, pero, pero siempre hay un pero, el comité de selección de la Academia de Ciencias de Suecia quería excluirme, planeaban dejarme afuera del premio solo por ser mujer, no querían reconocer mi trabajo científico únicamente por una cuestión de género. Cuando me acuerdo de eso, realmente no lo puedo creer, me parece terrible.

Terribles también fueron algunos de los efectos letales de la exposición a la radiación, que durante gran parte de las investigaciones, desconocíamos, por lo que no pude, no pudimos tomar precauciones ni medidas de seguridad, no lo sabíamos.

Yo solía llevar tubos de ensayo con isótopos radiactivos en los bolsillos y los almacenaba en un cajón del escritorio. Fíjense como sería la contaminación por radio, que mi cuaderno de notas del laboratorio aún hoy, en 2022, es radiactivo y ¡lo será por 1500 años más! Yo misma morí de anemia aplásica, producida por mi exposición a la radiación. Y no solamente me pasó a mí, sino que Las chicas del radio, en inglés: Radium Girls, fue el nombre con el que se conoció a un grupo de trabajadoras que sufrieron envenenamiento por radiación. Ellas trabajaban en una fábrica de relojes, y recubrían las esferas de los relojes con una pintura que contenía radio, el elemento radio, como base. Esto ocurrió en la fábrica United States Radium Corporation en Orange, Nueva Jersey, Estados Unidos, en el año 1917. Estas mujeres se contaminaron y enfermaron gravemente y nadie las quería ayudar.

Si les interesa saber un poco más sobre Las chicas del radio, pueden oír el breve pódcast de El gato y la caja que les dejo sobre este caso que es muy impresionante.

Para ir cerrando y no ponerme muy melancólica, quiero contarles que la escritora española Rosa Montero escribió una novela hermosa, cuyo título es “La ridícula idea de no volver a verte” (que les nombré al principio) y esta novela actual se basa en las impresiones/emociones/pensamientos que le surgieron a Rosa Montero cuando leyó el diario que escribí luego de la muerte de mi esposo Pierre Curie. Se trata de una novela cuya narrativa cruza los géneros, mi biografía con la de la propia vida de Montero, tiene un enorme vuelo poético y además una excelente divulgación científica. En la novela, aparecen también Lise Meitner y Rosalind Franklin, entre muchas mujeres científicas que sufrieron grandes injusticias solo por ser mujeres. Es un texto her-mo-so y un libro muy valioso. Y les dejo un capítulo para que lean y también un audio de la propia Rosa Montero leyendo un fragmento, uuuuuuy, se me pone la piel de gallina.

Bueno, por hoy me despido, gracias por oírme y hasta la semana que viene. ¡Cuídense mucho!

Idea, guion y voz: Carina Maguregui.

 

Episodio 3 - Radio Polonio

Radio Polonio: el pódcast radiactivo de Marie Curie

Episodio 3

Bienvenidas y bienvenidos, espero que estén bien. Soy Marie Curie, tal vez me conocen como Madame Curie, la científica radiactiva, o tal vez no me conocen en absoluto. Por eso estoy aquí.

Luego de muchos padecimientos y sacrificios en Polonia, por fin a llegué a Francia, para continuar mis estudios en la Universidad de París. Tenía 24 años y era una de las 27 mujeres entre casi 1000 mil hombres que estudiaba en la Facultad de Ciencias. Sí, sí, escucharon bien: 27 mujeres y mil hombres. Esta enorme brecha de acceso a la educación científica entre hombres y mujeres me parecía increíble ¿no es cierto?

En fin, primero fui a vivir a la casa de mi hermana Bronislawa -le decíamos Bronia- y luego de un tiempo logré alquilar uno de los lugares más baratos que había en el Barrio Latino, cerca de la Universidad de la Sorbona. Este lugar, era una especie de altillo donde hacía un frío que se congelaba el agua de la canilla y donde no comí otra cosa que rabanitos durante meses. Solo me alcanzaba para comprar rabanitos, rabanitos y nada más que rabanitos.

Conocí a Pierre Curie cuando buscaba un laboratorio donde hacer mis investigaciones y experimentos, porque las mujeres no teníamos donde trabajar en ciencia, la ciencia era para los hombres, de ninguna manera para las mujeres. Entonces, uno de mis profesores -con muy buena onda, como dirían ustedes- me presentó a Pierre, que aunque no tenía un gran laboratorio, me ofreció un espacio pequeño para comenzar mi trabajo.

Este espacio peculiar, por decirle de alguna manera, era un ambiente tan desfavorable, que el químico alemán Wilhelm Ostwald lo definió como "un antro, una mezcla de sótano, almacén de papas y establo para caballos”. Las paredes estaban llenas de grietas y goteras, que contaminaban y retrasaban el trabajo todo el tiempo, y el sistema de calefacción casi no funcionaba. Había también una barraca anexa a este espacio pero estaba peor, casi no tenía suelo.

Sin embargo, ahí mismo, con seis grados en invierno y temperaturas agobiantes en verano, trabajé y trabajé y trabajé con 20 kilos de materiales químicos, una barra de hierro y unas mesitas de madera. Aun así, pese a las condiciones, probé la existencia de dos nuevos elementos, a uno lo llamé polonio en honor a mi patria, y al otro: radio, de enorme radiactividad. Con el tiempo logré aislar un decigramo de radio puro y determinar su peso atómico.

Más adelante, también anuncié un hallazgo que tendría implicaciones para el tratamiento médico del cáncer en el siglo XX: cuando las células cancerosas se exponían al radio, eran más vulnerables que las células normales. El radio podía convertirse en una herramienta para tratar el cáncer; surgió así su primera y enorme utilidad práctica, y su extracción había dejado de tener un simple interés experimental. Iba a nacer la industria del radio.

Podría haberme considerado propietaria e “inventora” del radio, patentar la técnica de su purificación y asegurarme los derechos de la fabricación del radio en todo el mundo pero le dije a Pierre: “Es imposible. Sería contrario al espíritu científico.”

Por eso, fue tan cruel e injusto que -a pesar de mis investigaciones y hallazgos- me trataran como la mera asistente de Pierre, como la chica polaca que lo ayudaba con sus instrumentos, incluso -luego de casarnos- como la esposa que le robó sus descubrimientos y se apropió de ellos.

No se cansaban de acusarme y denigrarme, pero no quiero seguir enumerando injusticias, ustedes pueden buscar y leer todo lo que escribieron sobre mí. Pero fíjense, para tener una idea aproximada de cuán poco o nada valíamos las mujeres y nuestros trabajos científicos, basta una foto. Les comparto una fotografía tomada en la conferencia SOLVAY de 1927, probablemente la fotografía más conocida de la toda la historia de la ciencia, mírenla bien y cuenten cuántas mujeres aparecen en ella.

Lo de la fotografía es impresionante ¿no?, y los números de estudiantes de ciencias también, quiero sacar la cuenta, en realidad, la proporción: vamos a hacer juntas y juntos el cálculo, en la regla de 3 pongo que 1027 o sea los 1000 hombres + las 27 mujeres, 1027 es el 100 % de estudiantes de ciencias, entonces, si 1027 es el 100%, 27 ¿qué porcentaje es? 27 x 100 % 1027= a 2,6% Es decir 2,6 % de estudiantes de ciencias eran mujeres y el 97,4 % eran hombres. Ufff, ¿fuerte, no?

Bueno, ahora, volvamos al año 2022 y démosles la palabra a dos jóvenes científicas argentinas, ellas tienen cosas para decir. Una es Josefina Pérès, ingeniera electrónica y apasionada de los satélites, la otra es Julia D´Angelo, paleontóloga especializada en vertebrados. Les comparto dos videos de 1 minuto cada uno, para ver qué nos cuentan Josefina y Julia. Gracias por escucharme. Cuídense mucho. ¡Hasta la semana que viene!

Idea, guion y voz: Carina Maguregui.

 

Episodio 4 - Radio Polonio

Radio Polonio: el pódcast radiactivo de Marie Curie

Episodio 4

 

Bienvenidas y bienvenidos, espero que estén bien. Soy Marie Curie, tal vez me conocen como Madame Curie, la científica radiactiva, o tal vez no me conocen en absoluto. Por eso estoy aquí.

Hoy les quiero hablar de una colega científica que se llamaba, Lise Meitner, una ¡física fabulosa! Ya se las nombré en otras semanas. Ella nació en Viena en 1878 en el seno de una familia judía. A finales del siglo XIX, la educación en la escuela pública terminaba a los 14 años, y las mujeres en Austria - ¿adivinen qué? - estaban excluidas legalmente de las universidades. A pesar de esto, Lise -que era una luchadora tenaz- logró ser una de las pocas mujeres admitidas en la universidad y comenzó a estudiar en las clases del conocido físico Ludwig Boltzmann.

Boltzmann era un científico copado porque no discriminaba a las mujeres por su género y fomentaba la integración en todas sus formas.

Lise, enseguida sobresalió y llamó la atención de todos. En 1905, Lise explicó un experimento de óptica que ¡ni siquiera el físico y premio nobel Lord Rayleigh había podido resolver! También fue la segunda mujer en Austria que obtuvo un doctorado en física. A pesar de que Lise era extraordinaria, una científica mujer no tenía futuro en Viena, así que se tuvo que mudar a Berlín.

En Berlín, no le permitieron matricularse en la universidad, pero pidió permiso a Max Planck, considerado el fundador de la teoría cuántica, para asistir a sus clases. Si bien, Planck sostenía que las mujeres NO debían acceder a la universidad, consideraba que se le podía permitir solo a aquellas que tuvieran un talento especial. A Lise se lo otorgó. También le dio permiso para trabajar en un laboratorio donde conoció al químico Otto Hahn. Así comenzó con Otto una amistad que duró 30 años. Solamente había un problema: el laboratorio no aceptaba mujeres y Lise tuvo que trabajar en el sótano de la antigua carpintería y utilizar el baño del restaurante que estaba en frente del instituto. Incluso tenía prohibido subir al laboratorio de Otto en el primer piso.

Otto Hahn y Lise Meitner publicaron varios trabajos sobre isótopos radiactivos. Formaron una dupla laboral muy productiva. Pero Lise no recibía sueldo ni compensación económica por sus investigaciones, trabajaba gratis. Solo recibía una pequeña ayuda de su familia para alquilar en una pensión de mujeres.

En 1912, tuvieron una oferta de trabajo muy desigual: a Otto le ofrecieron un puesto pago como científico titular y a Lise una colaboración gratuita. En otras palabras: por el mismo trabajo a Otto le pagaban un sueldo y a Lise NADA. Recién en 1913, Max Planck la nombró primera ayudante de científico en Prusia y consiguió su primer sueldo, muy por debajo del de Otto. ¿Se acuerdan del techo de cristal? Bueno, Lise y tantas otras mujeres en la historia de la ciencia, aun hoy, sufrimos las consecuencias dañinas del techo de cristal.

Cuando Albert Einstein conoció a Lise Meitner, cariñosamente la llamó: “nuestra Marie Curie”. Ella en Alemania y yo en Francia estábamos haciendo investigaciones que cambiarían el mundo.

En 1914, comenzó la primera guerra mundial y Lise se fue al frente de batalla, como voluntaria. Era técnica de rayos X y colaboradora del hospital Lichterfelde. Tiempo después continuó sus investigaciones sobre el uranio y los trabajos con Otto. En 1918, Lise y Otto mandaron conjuntamente un artículo sobre el descubrimiento de un elemento altamente radiactivo, el protactinio 231. En esa publicación figuraba Otto Hahn como investigador principal; cuando en realidad tanto Lise como Otto habían trabajado por igual.

En 1919, Lise fue la primera mujer que obtuvo el cargo de profesora de universidad en Berlín.

¿Se acuerdan que la semana pasada hablamos de los Congresos Solvay y les mostré la foto en la que había 28 científicos hombres y la única mujer era yo? Bueno, la historia volvió a repetirse. En el congreso Solvay de 1933 realizado en Bruselas, solo participamos 3 mujeres: Lise Meitner, mi hija Irene Joliot-Curie, que en ese momento ya era una científica muy respetada y yo. Les dejo esta foto para que también la puedan ver y seguir asombrándose.

Era 1933 y Hitler llegó al poder. Durante un tiempo, Lise continuó trabajando en el laboratorio, pero el régimen le hizo quitar el título de profesora. Lise observaba como, poco a poco, iban marginando a los científicos judíos mientras sus colegas “arios” se indignaban en privado, pero no reaccionaban públicamente. Tanto Planck, como Heisenberg y Otto Hahn no estaban cómodos con la situación, pero tenían esperanzas de que los nazis pronto se volvieran más benévolos y responsables. Meitner recibió -en esta época tan difícil- una oferta de trabajo de su amigo Niels Bohr en Copenhague, pero Planck la convenció para que no dejara Berlín ya que su laboratorio la necesitaba.

En 1938 la situación política se agravó, Lise perdió su nacionalidad austríaca y le exigieron a Otto Hahn, entonces director del instituto, que expulsara a Lise de su trabajo, y él lo hizo el mismo día que se lo ordenaron. El gobierno alemán le quitó el pasaporte a Lise y le prohibió viajar.

En 1939 salió clandestinamente en un tren hacia Holanda; sin dinero, sola y asustada estuvo esperando meses a que alguna universidad le ofreciera trabajo. Finalmente, se trasladó al instituto del físico Manne Siegbahn ubicado en Suecia. Pero allí, lejos de encontrar hospitalidad, se encontró con el profesor Siegbahn que le puso todos los obstáculos posibles a su investigación. Tenía el sueldo más bajo del instituto, no se le permitía tener estudiantes (de hecho, se sugería a los estudiantes no hablar con ella) y, por supuesto, le daban muy pocos recursos para construir un nuevo laboratorio experimental. Pese a todo, y como pudo, Lise retomó sus investigaciones.

A pesar de la distancia, la correspondencia entre Lise y Otto Hahn fue muy fluida, y se reunieron varias veces fuera de Alemania para debatir resultados y decidir nuevos experimentos. En Berlín, Otto seguía investigando con el físico y químico Fritz Strassmann. Pero era Lise, desde el exterior, la encargada de estudiar, analizar y explicar científicamente las pruebas de sus colegas alemanes. De hecho, Otto y Fritz hicieron un experimento que produjo la separación del uranio en dos núcleos menos pesados, pero no supieron explicar el por qué, no entendían las causas de ese resultado. Fueron Lise y su sobrino Otto Robert Frisch los primeros en describir, explicar y justificar la primera fisión nuclear. Para justificar la ruptura de un átomo pesado en otros menos pesados y más estables, Lise y Frisch explicaron el fenómeno mediante el modelo de la gota líquida de Gamow y Bohr y la ley del incremento de la masa de Einstein y, además, calcularon la enorme cantidad de energía liberada en el proceso. Posteriormente, Otto Hahn publicó el experimento en la revista Nature con la explicación completa de Lise ¡pero sin mencionarla! La excusa de Otto fue que el régimen nazi no le habría dejado incluir a una autora judía.

En 1940, Hitler ya había ocupado Francia, Holanda, Dinamarca, Bélgica y Noruega. En 1942, los norteamericanos le ofrecieron a Lise participar en un grupo internacional de investigación El proyecto Manhattan para desarrollar una bomba atómica y, según ellos, terminar con el régimen nazi. A pesar de que ese ofrecimiento le daba la oportunidad para trasladarse desde Suecia a Estados Unidos, dejar ese laboratorio donde no la querían y trabajar con los grandes cerebros de la época, Lise no aceptó. Dejó sus razones bien claras: criticó el desarrollo de armas nucleares y pronunció su frase hoy más famosa: "¡Nunca voy a tener nada que ver con una bomba!". En cambio, ningún otro científico hombre rechazó la oferta.

A finales de 1944, le concedieron el premio Nobel de Química a Otto Hahn por los trabajos pioneros en el campo de la radiactividad, especialmente la fisión nuclear y la demostración de las cantidades enormes de energía que se liberan en la fisión inducida con neutrones. Nadie comprendió por qué le concedieron el premio únicamente a él, excluyendo a Lise. Otto Hahn no mencionó ni una palabra sobre los 30 años de trabajo en conjunto con Meitner. Esta negación del trabajo de Lise Meitner es considerada una de las más grandes injusticias de la historia de la ciencia. Les invito a que investiguen el llamado Efecto Matilda y lo relacionen con todas las desigualdades de las que estuvimos hablando hasta ahora.

Las acciones de Hahn fueron demasiado lejos y Lise no resistió una traición más de Otto. Luego de 30 años, se distanciaron para siempre. Recién en ese momento, Lise fue consciente de que jamás podría volver a Alemania. Al terminar la guerra, tampoco sus antiguos compañeros trataron de hablar con ella o sugerirle que volviera, a pesar de conocer su precaria situación en Suecia. Lo que Lise le criticó a Otto Hahn y otros científicos de la época fue su colaboración con el régimen de Hitler.

"Todos ustedes trabajaron para la Alemania nazi. Y sólo ofrecieron una resistencia pasiva", le escribió a Hahn, según el libro Heisenberg y el proyecto de la bomba atómica nazi de Paul Lawrence Rose. "Claro que, para limpiar su consciencia, ayudaron a alguna persona perseguida por ahí y por acá, pero se permitió que mataran a millones de seres humanos inocentes sin que se emitiera ningún tipo de protesta", agregó.

Cuando terminó la segunda guerra mundial, en Estados Unidos, se produjo una especie de furor por Lise Meitner y una ola de reconocimiento a sus trabajos científicos. Tanto que la consideraron “la madre de la bomba atómica”, una expresión que resulta insultante para una mujer que nunca quiso tener hijos y que además era pacifista. Durante su vida, Lise fue nominada 48 veces al premio Nobel, aunque nunca se lo dieron. En 1997, el elemento 109 de la tabla periódica fue nombrado Meitnerio en su honor, sin embargo, los homenajes y reconocimientos póstumos tienen algo amargo

En fin, esta es apenas una parte de la historia de Lise Meitner, pero nos deja mucho mucho mucho para pensar y debatir. Por hoy, me despido. Gracias por oírme y ¡hasta la semana que viene!

Idea, guion y voz: Carina Maguregui.

 

Episodio 5 - Radio Polonio

Radio Polonio: el pódcast radiactivo de Marie Curie

Episodio 5

Bienvenidas y bienvenidos, espero que estén bien. Soy Marie Curie, tal vez me conocen como Madame Curie, la científica radiactiva, o tal vez no me conocen en absoluto. Por eso estoy aquí.

Hoy les quiero hablar sobre la foto 51 y el gran robo de un descubrimiento científico. Sí, un robo, porque hay que llamar a las cosas por su nombre. Así como en otros episodios de Radio Polonio les conté sobre la discriminación e injusticias que sufrimos Lise Meitner y yo, en nuestras carreras científicas, por el solo hecho de ser mujeres, el caso de Rosalind Franklin merece ser recordado cada vez que sea posible.

Rosalind nació en Inglaterra en 1920 y estudió ciencias en la Universidad de Cambridge, a pesar de la oposición de su padre y todo lo que hizo para que ella desistiera. Allí, en Cambridge, en el año 1945, obtuvo un doctorado en química y física. Luego pasó unos 5 años en París, estudiando técnicas de difracción en radiografías y se convirtió en una experta en cristalografía de rayos X. Sus estudios sobre las microestructuras del carbón y el grafito, más toda la pasión que le puso a la investigación en fotografía y difracción fueron claves para obtener la hoy famosa foto 51.

Cuando Rosalind dejó París, regresó a Inglaterra como investigadora asociada en el laboratorio de John Randall en King’s College. Allí comenzó a trabajar en biología, junto al científico Maurice Wilkins que era altamente competitivo y no valoraba a las mujeres. Imagínense que al ver los avances e innovaciones que Rosalind aplicaba en las fotografías científicas, Wilkins no lo toleró. Si bien Wilkins venía trabajando con fotografía sobre lo que -en la actualidad- conocemos como bases del ADN, del ácido desoxirribonucleico, Wilkins no soportó que Rosalind -asistida por su alumno Raymond Gosling- lograra la primera fotografía que probaba cabalmente la forma de doble hélice del ADN.  

Como ustedes saben, el ADN es la molécula que se encuentra en el núcleo de las células y contiene toda la información genética que será transmitida de “célula a célula y de generación en generación” a través de los cromosomas. En pocas palabras, la de Rosalind era la FOTAZA, la única foto que verdaderamente respaldaba lo que otros investigadores llamados James Watson, bioquímico y genetista estadounidense, y Francis Crick, físico y biólogo molecular británico, tenían como hipótesis.

Watson y Crick habían desarrollado un modelo de “doble hélice”, para describir la estructura del ADN. Ellos proponían que la molécula de ADN estaba compuesta por dos cadenas complementarias que se enrollaban entre sí, lo que le daría apariencia de una escalera de caracol con forma de hélice. Pero no habían logrado evidencias para respaldar su modelo. El bueno de Wilkins, le llevó a escondidas y sin decirle a Rosalind obviamente, la foto 51 a Watson y Crick. Sí, así como lo cuento. A espaldas de la investigadora, Wilkins les regalaba a sus colegas varones la “pieza fundamental” para completar uno de los rompecabezas más grandes de la historia de la ciencia.

Les dejo la foto 51 para que la vean.

En 1953, Watson y Crick publicaron una serie de 5 artículos en la revista Nature sobre la estructura del ADN que conmocionaron a la comunidad científica mundial. Y lo hicieron apenas agradeciendo la inspiración de Rosalind: por sus “ideas y resultados experimentales no publicados”, que es casi lo mismo que no nombrarla. Qué retórica tan conveniente para estos hombres que junto a Wilkins usufructuaron el trabajo de Rosalind Franklin.

Y agrego otro dato, Rosalind fue la primera persona en sugerir de forma pública que los grupos fosfato del ADN deberían estar en la parte externa de la molécula. Esta hipótesis, la hizo en la época en la que trabajaba en el King's College de Londres, en una conferencia en la que estaba presente James Watson. O sea: no se trató solo del uso furtivo de la foto 51 sino también de parte de la hipótesis central de lo que sería el llamado “modelo de Watson y Crick”.

Ayyyy, ayyy, ayyyy, ¿no? Los trabajos científicos de Rosalind fueron fundamentales para la comprensión de las estructuras moleculares del ADN, el ARN, los virus, el carbón y el grafito.​

Piensen que el descubrimiento de la estructura del ADN revolucionó la investigación genética y abrió el camino a futuras investigaciones como el Proyecto Genoma Humano. Los priones, los virus, los vegetales, los animales y los humanos compartimos ADN. ¡Vean la dimensión de lo que les estoy diciendo, desentrañar la estructura del ADN cambió nuestro conocimiento de la vida en el planeta Tierra y sus aplicaciones son innumerables!

En 1962, nueve años después, de la publicación en la revista Nature que omitía la contribución real e indispensable de Rosalind, los científicos Watson, Crick y Wilkins recibieron el premio Nobel y la revolución del ADN se extendió a todos los laboratorios del mundo.

Pero en ese entonces, Rosalind ya estaba muerta; falleció en 1958, por un cáncer de ovario, a la edad de 37 años.

Para evitar el escándalo, Watson tuvo que reconocer que lo ideal hubiera sido que Rosalind Franklin recibiera el Premio Nobel de Química, póstumo, es decir, luego de su muerte, porque sus aportes habían sido fundamentales. Pero, aunque todavía no existía una norma que prohibiera los premios póstumos, la academia sueca no incorporó su nombre.

Les comparto un video breve que describe un poco más en detalle el trabajo de Rosalind.

Muchos años después, Francis Crick, reconoció que la investigación y datos obtenidos por Rosalind fueron clave para la determinación del modelo de Watson y Crick de la doble hélice del ADN. Y​ Watson confirmó esta opinión a través de una afirmación propia en la inauguración del edificio Franklin-Wilkins en el año 2000.​

Para terminar, dejemos atrás a estos señores científicos y sus premios Nóbel y centrémonos en las maravillas que hizo Rosalind en tan corta vida; una vez concluido su trabajo con el ADN, armó su propio equipo en el Birkbeck College y dirigió investigaciones acerca de las estructuras moleculares de los virus, que llevaron a descubrimientos impresionantes. Dentro de los virus que estudió se incluyen el virus de la polio y el virus del mosaico del tabaco.​ Luego de la muerte de Rosalind y continuando su investigación, su compañero de equipo Aaron Klug ganó el Premio Nobel de Química en 1982.

El legado de Rosalind como científica es fabuloso e invaluable pero más lo son su capacidad para sobreponerse a los sabotajes, su honestidad e integridad como persona. Rosalind Franklin, ¡qué gran mujer científica fuiste! Por hoy me despido, hasta la semana próxima, gracias por escucharme y cuídense mucho.

Idea, guion y voz: Carina Maguregui.

 

Episodio 6 - Radio Polonio

Radio Polonio: el pódcast radiactivo de Marie Curie

Episodio 6 (final)

 

Bienvenidas y bienvenidos, espero que estén bien. Soy Marie Curie, tal vez me conocen como Madame Curie, la científica radiactiva, o tal vez no me conocen en absoluto. Por eso estoy aquí.

Hoy llegamos al sexto y último episodio del pódcast Radio Polonio. No sé a ustedes, pero a mí se me pasó volando esto de hacer viajar mi voz en el tiempo para contarles historias.

Así como les hablé de mis propias experiencias y las de colegas como Lise Meitner y Rosalind Franklin -en diferentes áreas de investigación- en este último episodio elegí a cuatro mujeres científicas argentinas, entre tantísimas otras. Les queda a ustedes investigar a todas esas otras mujeres investigadoras que construyeron, y siguen construyendo, la historia de la ciencia en la Argentina. 

Voy a hablar de “Las Cuatro de Melchior”, con quienes se podría hacer una serie para maratonear sin parar.

Irene Bernasconi tenía 72 años, María Adela Caría, 56, Elena Martínez Fontes, 53 y Carmen Pujals, 52 años cuando partieron de Buenos Aires en una misión que duraría dos meses y medio. ¿Una misión a dónde? Al llamado continente blanco. Viajaron, vivieron y trabajaron en la base Melchior en la Antártida y por eso se las conoce como “Las Cuatro de Melchior”.

Su aporte a la historia y a la investigación científica argentina fue tan grande que, desde el 8 de marzo de 2018, sus nombres forman parte de la geografía que investigaron: la Ensenada Bernasconi, el Cabo Caría, el Cabo Fontes y la Ensenada Pujals son parte de la cartografía antártica.

Como en casi todos los casos de mujeres científicas argentinas, conocemos sus historias gracias al trabajo arduo de otras investigadoras que se propusieron rescatarlas del olvido y de la invisibilidad. Lo que voy a contarles hoy lo leí en un trabajo maravilloso, plenamente detallado, documentado y publicado en la revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Este hermoso trabajo fue hecho por ocho mujeres que investigaron sin cesar para que las cuatro de Melchior fueran conocidas, son mujeres que trabajan en el Museo y en el Instituto Antártico Argentino. Les dejo el enlace a esta publicación, así tienen la posibilidad de leerla completa. Porque yo seleccioné partes de ese trabajo para compartir con ustedes, pero además de toda la información escrita, esa publicación contiene imágenes y fotografías de archivo fabulosas. Por eso, les recomiendo que la lean completa, porque es totalmente fascinante. Y otro grupo de mujeres jóvenes, que se llama Científicas de Acá, también se dedica a rescatar la historia de científicas argentinas e hizo un artículo de divulgación sobre el trabajo de las cuatro de Melchior, de ese artículo también les voy a compartir información. De todas maneras, les dejo el enlace al sitio de Científicas de Acá porque ahí van a encontrar reunidas no solo a las cuatro de Melchior sino a muchísimas mujeres que hicieron ciencia y tecnología en la Argentina.

Ahora sí, vamos a enterarnos cómo fue aquella campaña antártica, y voy a citarles parte de lo que nos cuentan las Científicas de Acá y parte del trabajo publicado en el Museo Argentino de Ciencias Naturales. Les confieso que no me extendí a otras fuentes informativas porque quedé completamente hechizada con estas dos publicaciones.

El Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN), ubicado en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, fue pionero en el envío de expediciones a la Antártida desde 1923, pero todas estas expediciones siempre estaban formadas por varones. En ese contexto, las mujeres habían llegado al continente blanco en incursiones lideradas por hombres o acompañando a sus maridos. Hasta que, en 1968, algo cambió: por primera vez, cuatro mujeres científicas lideraron un equipo para investigar distintos aspectos de la biodiversidad antártica y este suceso fue un hito que modificó la historia de la ciencia argentina en el continente antártico.

Ellas eran la profesora Irene María Bernasconi, bióloga, especialista en equinodermos (estrellas de mar), la profesora María Adela Caría, bacterióloga, jefa de microbiología del Museo e investigadora del CONICET, la profesora Elena Dolores Martínez Fontes, bióloga, jefa de la sección invertebrados marinos del Museo y la licenciada Carmen Pujals, bióloga, reconocida ficóloga, es decir, especialista en algas marinas.

 

A bordo del buque ARA Bahía Aguirre, las cuatro fantásticas -dicen las Científicas de Acá- partieron rumbo a la Antártida junto a un equipo de científicos, buzos tácticos y otros especialistas técnicos. En total eran diecisiete personas que tuvieron que trasladar cinco laboratorios móviles, ya que la base en la que iban a instalarse estaba clausurada y, literalmente, tapada por la nieve.

La expedición que duró dos meses y medio tenía como objetivo recolectar flora y fauna del lugar. Y las científicas debían aprovechar el verano para encontrar la mayor cantidad de muestras posibles. Recorrieron casi 1000 kilómetros en bote para recoger organismos costeros, colocaron veintiséis larguísimas sogas con alrededor de cien anzuelos cada una, y también veinticinco redes de mallas a diferentes profundidades para atrapar peces y otros organismos.

También extrajeron más de 100 muestras de agua y sedimento de fondo de distintas profundidades y niveles y recolectaron organismos bentónicos (algas marinas bentónicas verdes, pardas y rojas) mediante rastreos de fondo de hasta 150 metros de profundidad.

Además, hicieron recuentos de bacterias in situ mediante membranas filtrantes de pequeña porosidad y sembrando cultivos en medios especiales para el aislamiento de las especies dominantes. Recolectaron microorganismos presentes en el agua y en el sedimento de fondo, por el método de portaobjetos sumergidos a diferentes profundidades y tiempos, para estudios de diversidad morfológica y tasa de reproducción; tomaron numerosas muestras de contenido gastrointestinal y líquido cloacal de peces, aves y mamíferos para su cultivo preliminar en medios específicos y su posterior examen bacteriológico y micológico. Estudiaron numerosos extractos de diversas especies de esponjas silíceas, para la determinación de su posible acción antibacteriana.

Por su parte, el equipo táctico de buzos -según el plan de las cuatro de Melchior- realizaron 47 inmersiones, con duraciones de entre 4 y 34 minutos, alcanzando profundidades entre 15 y 73 metros, a una temperatura promedio de 0,5°C. La cantidad y profundidad de las inmersiones en aguas frías establecieron un nuevo récord para la época.

El arduo trabajo de las cuatro de Melchior dio sus frutos: entre los más de 2000 equinodermos recolectados hallaron una familia que no había aparecido nunca en la región. También identificaron el alga parda Cystosphaera jacquinotii en su lugar de arraigo, que otras expediciones previas habían intentado localizar durante años y no lo habían logrado. Su valiosísima colecta todavía forma parte de diversas colecciones del MACN.

“Las Cuatro de Melchior” fueron verdaderas pioneras de las Ciencias Naturales en Argentina. Además de ser las primeras mujeres científicas argentinas en viajar a la Antártida, desarrollaron líneas de investigación novedosas e innovadoras para la época. En una entrevista concedida antes de emprender el viaje a la Antártida declararon: “Lo hemos deseado toda la vida”, frase que resume las dificultades con las que se enfrentaron para poder alcanzar sus objetivos de excelencia científica (Diario La Nación, 17/noviembre/1968). Estas dificultades, aunque hoy están más visibilizadas, persisten en todos los ámbitos académicos.

A finales de la década de 1980, habiendo transcurrido casi 20 años del icónico viaje de las Pioneras a la Antártida, las dotaciones de las diferentes bases continuaban siendo integradas mayoritariamente por hombres, quedando la presencia de mujeres reducida a dos o tres. Durante aquellas campañas antárticas se han tenido que seguir derribando barreras y luchar contra el estereotipo de género que asume que existen tareas exclusivamente masculinas.

La inserción de las investigadoras y técnicas (biólogas, geólogas, paleontólogas, oceanógrafas, entre otras) se ha incrementado principalmente a lo largo de los últimos 15 años. La mujer científica antártica ha ganado más protagonismo, desempeñándose tanto como jefa científica o jefa de base, realizando cualquier actividad que implique salidas en el campo durante prolongados periodos de tiempo, al aire libre en un clima hostil, en terrenos inaccesibles y situaciones de aislamiento.

Llegamos al final de este pódcast y espero que a lo largo de los 6 episodios de Radio Polonio haya logrado despertar en ustedes el interés por apoyar a las mujeres en todas sus manifestaciones, no solo en ciencia y tecnología. Somos la mitad de la población del mundo y el mundo nos necesita. ¡Gracias por acompañarme y cuídense mucho!

 

El texto del episodio 6 se basa en:

Científicas de acá visibilizamos el trabajo de las mujeres que hacen ciencia y tecnología desde Argentina. Somos Caro Hadad, Julieta Elffman, Vale Edelsztein y Juli Alcain.

Mujeres científicas del Museo Argentino de Ciencias Naturales: “Las Cuatro de Melchior” trabajo de investigación realizado por Daiana Paola Ferraro, Laura Isabel de Cabo, Marcela Mónica Libertelli, María Liliana Quartino, Laura Chornogubsky, Soledad Tancoff, Yolanda Davies y Laura Edith Cruz (Museo Argentino de Ciencias Naturales / Instituto Antártico Argentino.)   

Idea, guion y voz: Carina Maguregui.

 

Idea, guion y voz: Carina Maguregui

 

Recomendados de cada episodio

 

Imagen de Radio Polonio

En el episodio 1 del pódcast, Marie Curie recomienda los siguientes dos videos cortos.

  • VIDEO 1: Valeria Edelsztein, química e investigadora del CONICET, habla sobre la importancia de tener mujeres referentes en el campo científico. Duración del video: 1 minuto y 1 segundo.  
  • VIDEO 2: Agostina Mileo, licenciada en ciencias ambientales y divulgadora científica, habla sobre el techo de cristal y bozal de cristal. Duración del video: 43 segundos.

 

En el episodio 2 del pódcast, Marie Curie recomienda los siguientes materiales para seguir profundizando en el itinerario de este viaje. 

 

En el episodio 3 del pódcast, Marie Curie recomienda los siguientes materiales para seguir profundizando:

 

En el episodio 4 del pódcast, Marie Curie recomienda los siguientes materiales para seguir profundizando:

  • VIDEO 1: Valeria Edelsztein relata 5 hitos importantes en la vida de Lise Meitner. (Fragmento del programa La Liga de la ciencia). Duración del video: 11 minutos.
  • FOTOGRAFÍA del Congreso Solvay de 1933, realizado en Bruselas, y al que fueron invitadas solo 3 científicas mujeres y una treintena de científicos hombres. Ellas fueron: Lise Meitner, Marie Curie e Irene Joliot-Curie (hija de Marie y Pierre Curie).
  • VIDEO 2: El efecto Matilda. Duración del video: 1 minuto, 29 segundos.

 

En el episodio 5 del pódcast, Marie Curie recomienda los siguientes materiales para seguir profundizando:

  • FOTOGRAFÍA 51.
  • VIDEO sobre el ADN y Rosalind Franklin ¿Qué es el ADN? ¿Cómo se descubrió? ¿Quién fue Rosalind Franklin? En 1953 se publicó en la Revista Nature el artículo «Estructura molecular de los ácidos nucleicos» escrito por los científicos, Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins. Diez años antes de esa publicación, Rosalind Franklin ya había conseguido fotografiar el ADN. Para ver el video (duración 2 minutos, 33 segundos).

 

 

En el episodio del pódcast, Marie Curie recomienda los siguientes enlaces nombrados en el relato.

  • CIENTÍFICAS DE ACÁ es un espacio de divulgación que visibiliza el trabajo de las mujeres que hacen ciencia y tecnología desde Argentina. El equipo de investigadoras y divulgadoras de Científicas de Acá son: Caro Hadad, Julieta Elffman, Valeria Edelsztein y Julia Alcain.
  • MUJERES CIENTÍFICAS DEL MUSEO ARGENTINO DE CIENCIAS NATURALES LAS CUATRO DE MELCHIOR es el trabajo de investigación súper interesante y detallado sobre la expedición científica de las cuatro argentinas pioneras en la Antártida. Este texto hermoso -que cuenta con imágenes y fotografías inéditas- fue realizado por Daiana Paola Ferraro, Laura Isabel de Cabo, Marcela Mónica Libertelli, María Liliana Quartino, Laura Chornogubsky, Soledad Tancoff, Yolanda Davies y Laura Edith Cruz (Museo Argentino de Ciencias Naturales / Instituto Antártico Argentino.)  

 

En el final de Radio Polonio, la voz de Marie Curie dice:

"Llegamos al final de este pódcast y espero que a lo largo de los 6 episodios de Radio Polonio haya logrado despertar en ustedes el interés por apoyar a las mujeres en todas sus manifestaciones, no solo en ciencia y tecnología. Somos la mitad de la población del mundo y el mundo nos necesita. ¡Gracias por acompañarme y cuídense mucho!"

 

Ficha

Publicado: 03 de noviembre de 2022

Última modificación: 17 de enero de 2023

Audiencia

General

Área / disciplina

Artes Audiovisuales

Historia

Cultura y Sociedad

Ciencias

Nivel

Primario

Segundo Ciclo

Tercer Ciclo

Secundario

Superior

Categoría

Material audiovisual

Modalidad

Todas

Formato

Audio

Etiquetas

pódcast

Marie Curie

mujer científica

Mujeres protagonistas

Autor/es

Carina Maguregui

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