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El ajedrez nos invita a mover las piezas de la educación 

Entrevistamos a Claudia Noemí Amura, ajedrecista argentina y primera gran maestra de ajedrez de América, quien desarrolla desde 2006 el programa Ajedrez Escolar Inicial en la provincia de San Luis. 


¿Nos podés contar qué es el ajedrez?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: El ajedrez es un deporte, es un juego, es ciencia, es arte. Pero creo que sobre todo es educación. En general, la gente que juega ajedrez desde el inicio de este deporte-ciencia que es milenario tiene un alto nivel cultural. Es porque es una actividad donde de alguna manera estamos obligados a leer. También a interpelarnos, porque, cuando vos ves que una defensa se llama «siciliana», pensás, bueno, por qué será, por qué lleva ese nombre, dónde se jugó…, los torneos, las fechas, los lugares. Por ejemplo, la olimpiada del 39, que se hizo en Argentina y donde se quedaron muchos maestros que huyeron de la Segunda Guerra Mundial. Bueno, es un deporte cultural. Además de eso tiene buen marketing, porque generalmente a todos los que jugamos ajedrez nos catalogan de inteligentes por jugar ajedrez. Y, todo lo contrario, yo creo que el ajedrez desarrolla nuestra inteligencia, tiene la capacidad de hacernos pensar, concentrarnos, focalizar nuestra mente en algo durante mucho tiempo. En esta época tiene la particularidad de alejarnos del celular, de las redes. Los problemas que tienen los niños hoy de concentración o déficit de atención en un ajedrecista no los vas a encontrar. De hecho, puede hacer muchas cosas a la vez. Un ajedrecista puede estar dando simultáneas, ¿no?, jugando varias partidas, pero también eso lo lleva a la vida diaria. Así que yo creo que el ajedrez es un deporte educativo muy positivo.

¿Cómo llegó el ajedrez a tu vida?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: El ajedrez llegó a mi vida… Más bien, yo fui en busca de él de alguna manera, porque mi primera partida fue en el Club Jaque Mate, ahí en Constitución, en la calle Santiago del Estero al 900. Pero fue muy curiosa mi forma de aprender, porque, bueno, mi papá, Luis, siempre fue muy aficionado al ajedrez. Él le enseñaba a mi hermana, Patricia, en el año…, estamos hablando en el año 78. Yo todavía tenía 7 años. Mi hermana tenía casi 11. Y como mi papá lo veía que era una actividad linda pero medio compleja, le enseñaba a mi hermana, que era la que estaba más desarrollada, digámoslo de alguna forma. En esa época se jugaba el match de Kárpov con Korchnói por el título mundial. El match que se jugó entre Baguio y Merano, donde Oscar Panno fue entrenador de Korchnói. Tiene mucha historia todo eso, por eso lo comento. Porque Korchnói era disidente soviético, ¿no? En esa época se pasaba por radio. El gran Antonio Carrizo —que había sido también presidente de la Federación Argentina de Ajedrez— transmitía ese match por radio, a medida que iban llegando en télex o telegrama (no me acuerdo qué había en ese momento) las jugadas en Argentina, donde, bueno, tuvimos olimpiadas, campeonatos del mundo, donde vino Bobby Fischer; así que había una gran, siempre hubo una gran afición al ajedrez. Y al pasar esa partida por radio, mi papá me ponía con una libretita a que yo anotara. Y yo anotaba todas las jugadas, ¿no?: «peón cuatro rey»; «peón» con letra, «cuatro» con letra. Pero pasaban una jugada a cada rato, cada diez minutos, entonces, bueno, me entretenía haciendo eso. Y llevaba esa planilla a mi papá y mi papá iba viendo la partida, y así fui aprendiendo. Entonces cuando fuimos al Jaque Mate a una cena que había de aniversario, yo me fui a un salón de ajedrez que estaba penumbroso, no había nadie, había un ajedrecista que en ese momento tenía quince años, Jorge Rodríguez (hoy es maestro internacional y es profesor de ajedrez en Boca). Y me dice: «¿Querés jugar?». Y nos pusimos a jugar. Y mi papá cuando nos ve con el reloj de ajedrez dice: «Bueno, la nena va a romper el reloj». Y este muchacho dijo: «No, la nena juega, la nena sabe jugar»; y ahí empecé a jugar ajedrez.

¿Qué valores fomenta el ajedrez?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: Es un juego que iguala (bueno, mi experiencia personal), donde los ciegos pueden jugar de igual a igual, no ciegos con ciegos. Ciegos con personas que ven, personas con capacidades diferentes que están en silla de ruedas. Incluso chicos con síndrome de Down, que tenemos muchas experiencias acá, en San Luis, pero en el resto del país, que han podido jugar torneos convencionales. Hay una igualdad en cuanto al idioma. Puede jugar también un sordo con un ciego, pueden compartir espacio las mujeres con los hombres, los niños con los mayores; y eso es lo que más me gusta del ajedrez. Y después el tema de los valores en general, porque el ajedrez es un juego individual, pero en realidad cuando vos jugás con blancas o con negras sos como el director técnico de un equipo y tenés que tener un pensamiento del conjunto, ¿no? La esencia del ajedrez es eso: vos tenés una pieza que no está rindiendo en un lugar, bueno, tenés que buscar la forma de que esa pieza se coloque en un lugar para que esté mejor y, bueno, cada vez tenga más dinamismo. Lo mismo pasa con limitar al otro. Entonces, te tenés que poner en la cabeza del otro, pensar lo que el otro piensa. ¿Cuántas veces nos ponemos en el lugar del otro? ¿Cuántas veces…? Aparte en el ajedrez hay un valor muy importante que lo destacan muchos maestros: debe ser el único deporte donde, después de haber terminado la partida, el que gana y el que pierde se van a analizar esa partida; y muchas veces el que gana le dice al otro en qué se equivocó y el otro hace la autocrítica, y nadie se está peleando, ¿no? Así que creo que tiene muchísimos valores sociales, familiares, que, bueno, que hacen a una realidad social que no tenemos, ¿no? O sea, se descartan los ancianos, se descartan los jóvenes también. Es como que no tenemos tiempo para… Y acá, en ajedrez, vos tenés el tiempo para todo ―mucho tiempo sobre todo― y ese compartir a pesar de las diferencias, ¿no?; acorta distancias.

¿Qué puede aportar el ajedrez a la vida cotidiana?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: El ajedrez te facilita un poco tu día a día en cuanto a la planificación, porque es una planificación permanente. Cuando vos jugás ajedrez, estás pensando en tu plan, en tu futuro, porque ¿cómo va a terminar esa partida? Y entonces vas planificando, vas pensando y te vas organizando. El ajedrez es un ámbito donde antes de empezar la partida se da la mano, se tiende la mano al otro. Cuando no está ese gesto, es muy desagradable y es muy agresivo ya el inicio, ¿no?, de esa partida. Y en general es muy mal visto, muy condenado socialmente. Casi no hay situaciones, pero sí, se da que dos rivales no se den la mano, se ha dado en algunas ocasiones muy escasas. Pero el darse la mano antes de la partida…, e incluso cuando finaliza la partida y uno es derrotado, independientemente del resultado, siempre se tiende la mano al otro. Así que el respeto me parece que es una marca, un sello registrado del ajedrez.

¿Qué puede aportar el ajedrez a la educación?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: Un aporte muy importante es que el chico se concentra, presta mucha atención, desarrolla la inteligencia, el compartir con otros, el esperar su turno, el aprender reglas, el respetar al otro. El respeto a las reglas de una manera lúdica. Así que por eso hay una disciplina detrás de esto. Entonces, creo que tiene mucho para aportar a la educación de los chicos. 
Los docentes siempre han estado acá, en San Luis, muy agradecidos porque como que el ajedrez los tranquilizaba mucho a los chicos... Tuvimos una estrategia muy interesante en la aplicación del programa. Nunca fuimos con la obligatoriedad del ajedrez en la escuela. Siempre fuimos con una propuesta. Podíamos ponerlo como un taller a contraturno. Dentro de la currícula también, como una materia más; eso era lo más difícil de lograr. Y después, por ejemplo, en el secundario se nos cerraban mucho las puertas, porque el secundario tenía tantas materias que era difícil meter otra materia más u otro taller. Pero hacíamos guardia; por ejemplo, iba el instructor a una escuela a las ocho de la mañana todos los miércoles y se retiraba a las doce, y ponía juegos de ajedrez en el recreo. No solo que no alcanzaban los juegos de ajedrez en el recreo, sino que además había ausencia de algunos docentes. Siempre faltaba alguno (no es por criticar, pero siempre por algún motivo en el secundario faltaba alguno) y esos cursos recibían ajedrez. Y entonces, en lugar de perder el tiempo, de volverse a la casa y, bueno, no hacer nada, hacían ajedrez y potenciaban sus habilidades. Eso es lo que se logró, ¿no?, con esta particularidad del programa de hacer una oferta.
Los docentes siempre fueron muy agradecidos acá en la provincia. Algunos se involucraron, integraron el ajedrez a sus materias, porque es transversal, se puede integrar a la música, al arte, a la historia, a la geografía, a la matemática, a la lengua, o sea, a todo. Y hubo quienes se involucraron y hubo quienes acompañaron y hubo quienes… Mirá, al principio nos rechazaron, pero después estuvieron siempre agradecidos con la propuesta. Yo creo que hay que despolitizar el ajedrez, porque a veces se identifica con un gobierno; y yo creo que cuando son políticas de Estado tienen que prevalecer, o sea, tienen que estar siempre, ¿no?, permanecer en los espacios.

¿Nos contás alguna experiencia que vincule el ajedrez con la educación?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: Hay un chico que se llama Andrés Martínez, que ese chico fue alumno mío desde muy pequeño acá en la Villa de Merlo. Él no iba a la escuela… Su historia es muy interesante, tenía problemas de asma por la tiza. Al fin, cuando tenía 10 años, rindió cuarto, quinto y sexto grados libre, todos juntos. Después hizo el séptimo grado con ya 11 años. Él se dio cuenta de que podía utilizar el método de ajedrez, que es el autoaprendizaje, para estudiar en la escuela. Finalmente, en un año y medio hizo el secundario, todas notas arriba de nueve. Costó mucho que se le aceptara en las escuelas, pero se logró. Y después se recibió con medalla de oro de abogado en la UBA (Universidad de Buenos Aires). Era un chico con muchas necesidades económicas, estudiaba en la biblioteca del Congreso. Y al final, hoy está trabajando en el Banco Mundial y es uno de los especialistas en quiebra. Así como él, tengo otro alumno que está becado en Canadá, que es ingeniero informático. Y podría contarte una cantidad enorme de chicas y chicos que han logrado metas muy altas en la educación, y que salieron de sectores muy discriminados, podemos decir, económicamente, con pocas posibilidades, poca proyección. 
Una maestra una vez cuando hicimos una evaluación nos dijo: «El ajedrez lo que logra es levantar la autoestima, porque el chico aquel, o la chica aquella, que eran discriminados porque era mal alumno, porque tenía mal comportamiento, cuando se apasionó con el ajedrez empezó a ser el inteligente de la clase». Eso fue lo que se logró, y la autoestima de la persona es muy importante. Acá, uno de mis orgullos es que hay una escuela generativa de ajedrez (se llama así: Escuela Multicultural Generativa de Ajedrez) y esa escuela contiene a muchos chicos que habían dejado la escuela.

¿Qué es y cómo nace el programa Ajedrez Escolar Inicial?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: Cuando en San Luis se hizo el mundial del 2005, al poco tiempo se empezó a enseñar ajedrez en las escuelas. En ese momento, a la rectora, Alicia Bañuelos, que hoy sigue estando de rectora en la Universidad de La Punta, le pareció una buena idea llegar a las escuelas con el ajedrez, teniendo en cuenta el entusiasmo que despertó el mundial de ajedrez. Le acerqué una propuesta y desde entonces empezó el programa que se llamaba Ajedrez Escolar Inicial. Las siglas lo dicen, ¿no?, era empezar en las escuelas a mover las piezas.

Ese programa empezó con 5000 niños y luego fueron 15000 y luego 25000, hasta que hemos llegado a un máximo de 360 escuelas en toda la provincia. Hay unas 450, me parece, en este momento. Más de 90 localidades y parajes. Hemos llegado muchísimo a la ruralidad, donde era solo el plan educativo y ajedrez; no había otras cosas. Y hoy vos vas a lugares muy remotos de la provincia y hay niños, jóvenes y ya padres de familia, o madres de familia, que han sido alumnos nuestros del programa Ajedrez. Creemos que en 17 años (o 16) del ajedrez educativo o ajedrez en las escuelas, más de la mitad de la población de San Luis, unas 250000 personas, 280000, han aprendido a jugar, ¿no? Ese ha sido un impacto muy grande. 

Actualmente, se sigue con la Escuela de Talentos, se enseña en el servicio penitenciario; desde entonces, se enseña a los ciegos; hemos estado en hospitales, después, con la pandemia hemos salido. Tenemos a los adultos mayores, que es el ajedrez social, ¿no?, los ciegos, los adultos mayores. Es una actividad muy reconocida, es una política de Estado acá en San Luis, y realmente tiene un sello propio. Realmente, cuando vos venís a San Luis y ponés un juego de ajedrez en cualquier pueblo, en una plaza, y siempre va a haber gente dispuesta a jugar; eso es lo que se ha logrado en la provincia. Y también se han logrado muchos campeones nacionales, bueno, muchos niños jóvenes que se han desarrollado con esto y que, también, han salido de, muchos de ellos, de lugares de necesidad. Ese también es otro espacio donde se iguala, porque acá no hay ricos y pobres. El ajedrez ha llegado a todos por igual, a escuelas más humildes, podemos decir, y también ha formado chicos que hoy son profesionales, ¿no? Porque generalmente los chicos que han jugado ajedrez han sido muy buenos alumnos, con muy buenos resultados académicos. Así que estamos súper orgullosos de lo que el programa logró.

¿Qué significa ser gran maestra de ajedrez?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: En mi caso particular, fue muy importante porque yo prácticamente había dejado de jugar. Fue la etapa donde me tomé unos meses y estuve en un convento de hermanas, y todo. Así que había dejado de jugar. Después volví a jugar y, posteriormente, pude lograr las normas, pero siempre fuera del país. Yo me hice maestra jugando fuera del país. Y eso es algo que me gustaría que no sucediera más. O sea, mi aporte hoy es tratar de lograr eso, ¿no?, esa equidad de que las mujeres no tengamos que migrar para obtener el título de gran maestra.

¿Hay igualdad de oportunidades para mujeres y hombres en el ajedrez?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: Mi experiencia es que si vos enseñás a jugar en un aula, las niñas y los niños aprenden por igual. Las niñas pueden ganarles a los niños tranquilamente, y los niños a las niñas. Y eso pasa mucho. Digamos que el ajedrez educativo democratiza bastante y revela la igualdad de oportunidades y la igualdad de posibilidades de unos y de otros, ¿no? Pero a medida que van creciendo los chicos y las chicas, se va haciendo una gran brecha entre la cantidad de chicos y chicas. En la adolescencia prácticamente queda un 2 o 3 % de chicas. Y eso tiene que ver con el entorno, en general: más profesores de ajedrez varones, más entrenadores, más árbitros, más dirigentes. Esa es mi percepción. Pero se hacen esfuerzos; por ejemplo, Secretaría de Deportes con el tema de las becas se tiene en cuenta a las chicas igual que a los chicos. En la Federación Internacional de Ajedrez ahora hay, antes no era así, pero hay la misma cantidad de hombres y mujeres en los equipos. Pero no está la exigencia de que manden una entrenadora mujer, que promuevan árbitros mujeres, todavía no, pero hay un avance.

Hasta que no cambie la estructura, que es que haya la misma cantidad o similar, ¿no?, en la dirigencia, en el arbitraje, como entrenadores… Por ejemplo, vas a una olimpiada y la mayoría son entrenadores hombres. Solamente los rusos o a veces los chinos o la india te manda entrenadoras mujeres. Hasta que no cambie toda la estructura es muy difícil que haya igualdad. También pueden cambiar la mentalidad, ¿no?, pero es difícil. Porque a mí me pasaba lo siguiente (bueno, que otras ajedrecistas lo han contado), cuando yo le gana a algún chico, sobre todo a un joven, en la adolescencia y en la infancia, todos se burlaban de ese chico. Entonces, ya eso es agresivo para todos, para mí y para el otro. Y cuando me ganaban es como que me venían a preguntar cómo había salido, y también uno veía que se alegraban de que perdiera, obvio, iban a felicitar al otro.

Son cuestiones que me parece que tenemos que madurar, ser respetuosos como seres humanos y tratar de convivir, ¿no? Hubo quienes me tiraron las piezas, quienes hicieron trampa, que obviamente no lo voy a decir. Llegué a jugar con varios contrincantes en una sola partida. Pero, bueno, también tuve la satisfacción de ganar torneos muy fuertes con hombres en Argentina y en España, y, bueno, haber sido de alguna manera una referente.

¿Qué consejo les darías a las y los jóvenes que no terminaron sus estudios?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: Ayer llegué a Buenos Aires y me fui a un tallercito de ajedrez, me puse a jugar con un chico que se llama Daniel, tiene 12 años, un chico muy lindo, muy avispado. Parecía mayor de esa edad y tenía una avidez, unas ganas de aprender y una alegría de jugar. Pero, en el medio del juego, uno de los compañeritos, de 12 años también, le dijo: «Bueno, vos estás en 5º grado», como burlándose. Y el compañerito, el que se burlaba, estaba en primer año.
Seguramente la realidad de Daniel es muy diferente a la de su compañero y por eso se atrasó. Mi realidad fue que mi papá, que era una persona muy estudiosa (fue un político, fue diputado nacional, fue periodista, fue escritor, corrector de libros), una persona de mucha cultura, me dijo: «Vos tenés talento para el ajedrez, naciste para el ajedrez. Todo lo demás lo podés aprender». Por supuesto con él, ¿no?, viajando, leyendo, leía muchos libros, diarios. Las matemáticas fue lo que me falló, pero el ajedrez aportaba bastante en esto. Entonces dijo: «Podés vivir tranquilamente del ajedrez, dedicate al ajedrez, y el secundario ya lo vas a hacer algún día».
El problema estuvo que para mí siempre fue una asignatura pendiente y como mi título de gran maestra no llegaba... Para mí era no solo un peso, sino casi una vergüenza, cuando me pedían el currículum, y yo tenía que decir que estaba en la primaria; o sea, tenía estudios primarios completos. Y, bueno, socialmente uno es muy discriminado por esto. Y lo que yo le dije a Daniel es justamente eso, que nunca se avergüence de dar ese paso de estudiar, de abrirse al conocimiento, que él era grande quizás para los parámetros que tenemos como normales, como me paso a mí a los 40 años, pero que nuestras facilidades para aprender son mucho mayores porque tenemos más experiencia. Uno aprende más rápido cuanto más grande es, porque la vida te da conocimientos. Pero el conocimiento que no tiene reemplazo es el valor humano, es el respeto. Pero sí, en mi vida lo que valoro es que cada vez que leo algo, veo algo, viajo o visito un museo, todo eso va enriqueciendo mi vida y creo que, bueno, tenemos que tratar de que esa riqueza llegue a todos, ¿no?, a todos. Especialmente a los que menos posibilidades tienen, a los que no pueden elegir. Yo pude elegir.

¿Te hacían bullying en el colegio? ¿Qué opinas sobre este tema?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: En séptimo grado (bueno, en realidad fue cuarto, quinto, sexto y séptimo grado), unos compañeros se burlaban porque tanto Carola, una amiga, una compañera mía, como yo éramos muy altas para la edad que teníamos, para jugar al vóley o para algunas cuestiones... Y siempre éramos las últimas de la fila. Entonces, éramos las jirafas y se burlaban de eso. Y en mi caso, mi apellido Amura, me decían: «Ahí viene la mula».
En realidad, la burla es el desprecio del otro. Y lo que creo que tenemos tratar de sembrar es el amor al otro, ¿no? Ninguno de nosotros es perfecto, ninguno de nosotros es una persona que no se equivoque y que no tenga limitaciones. Me parece que hay que educar en eso, ¿no? Ver nuestras debilidades y disimular las ajenas, ¿no? Si bien se enseña ética, y hay materias en la escuela que te orientan para la buena convivencia, yo creo que, más estudiar, es actuar y demostrar. Así que creo que es eso, que tenemos que educar en el amor al prójimo, y entonces no seríamos tan agresivos hoy como sociedad.

¿Qué relación tiene hoy la tecnología con el ajedrez?

CLAUDIA NOEMÍ AMURA: El ajedrez y la tecnología van de la mano. Una cosa muy valiosa es que la infinitud del ajedrez se demuestra justamente en esto, porque, si bien hoy hay máquinas con procesadores impresionantes que ven millones de posiciones en segundos, no llegan a descifrar el ajedrez, ¿no? El ajedrez es bastante misterioso. Más que nada porque vos ponés a prueba a las máquinas y pasa esto que comparando y comparando posiciones no llegan a descifrarlo. Pueden ganarle a un ajedrecista, al mejor del mundo ―o sea, en el cálculo, en todo―, pero no llegan a descifrarlo, a decir: el ajedrez está resuelto, así se gana una partida, así se define, o sea, de principio a fin, no.
Realmente es apasionante. Y con respecto también a la tecnología, el ajedrez acercó mucho a las personas ciegas e hipoacúsicas, por ejemplo, porque pueden jugar de igual a igual compartiendo tablero. Porque el ajedrez se puede escuchar y también se puede ver. Es un juego que por medio de la tecnología podemos lograr también suplantar al entrenador. Porque antes sin entrenador no podías competir y ahora con una computadora que tiene todas las bases de datos vos podés ya competir. Así que, bueno, tiene muchas ventajas el tema del ajedrez con la informática. Se ha desarrollado muchísimo. Y también creo que, bueno, como aspecto negativo, se hacen muchas trampas, que eso se está controlando. Porque, bueno, si jugás online está demostrado que se puede hacer trampa. Incluso hay algunas trampas siderales que se han dado en las olimpiadas; por ejemplo, con el equipo olímpico de Francia, donde se ayudaba con herramientas informáticas. Y en muchos otros torneos ha pasado, pero, bueno, eso es un aspecto negativo que tenemos que tratar de superar. Pero sobre todo creo que con la educación se puede lograr que una persona entienda que haciendo trampa no llegamos a ningún lado.


 Foto: gentileza de Claudia Noemí Amura.

Claudia Noemí Amura nació el 26 de agosto de 1970 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Aprendió a jugar ajedrez de una manera particular: a pedido de su papá, Luis Amura, aficionado a este deporte, con tan solo 7 años Claudia tomaba nota de los movimientos de las partidas transmitidas por radio. De esta manera asimiló las estrategias de los grandes maestros de la época. Hasta que una noche, en el club Jaque Mate, pudo demostrar sus habilidades contra Jorge Rodríguez, un joven ajedrecista de 15 años. A partir de ese momento, todo cambió. 

A los 8 años intervino por primera vez en un torneo oficial internacional, donde fue la única niña entre 360 participantes. A los 14 ganó su primer campeonato nacional. Y a esa edad, con el apoyo de su familia, decidió postergar sus estudios y dedicarse plenamente al ajedrez, su otra escuela. Este juego le aportó valores, disciplina, organización, y la acompañó en el desarrollo de su inteligencia y atención plena en cada movimiento.

Tras grandes retos, derrotas, medallas y torneos, en 1991 Claudia Noemí Amura se consagró fuera del país como la primera gran maestra de ajedrez de América. Hoy piensa que uno de sus aportes es trabajar para que ninguna otra mujer deba migrar para obtener el título que ella logró.

A los 40 años pudo completar su asignatura pendiente: terminar sus estudios secundarios. Y aboga por que «nunca se avergüencen de dar ese paso de estudiar y abrirse al conocimiento».

En la actualidad reside en San Luis, donde desarrolla, con el apoyo del gobierno de la provincia, el programa Ajedrez Escolar Inicial, que impactó en más de cuatrocientas cincuenta escuelas. El objetivo de esta iniciativa es llevar los beneficios de este deporte-ciencia a cada habitante y convertirlo en una herramienta más. Por eso, no solo llega a las escuelas, sino también a los servicios penitenciarios, centros de personas adultas mayores, policlínicos y merenderos. Y es que comprende que el ajedrez educativo democratiza y, al crear nuevas posibilidades, revela la igualdad de oportunidades.

 

Edición de sonido: Andrea Madruga.

Revisión de transcripción: Nora González.

 

Ficha

Publicado: 17 de octubre de 2022

Última modificación: 18 de octubre de 2022

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Entrevistas, ponencia y exposición

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Autor/es

Juan Manuel Oviedo

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