Las redes que leen

Hablamos con Erica, bibliotecaria de una escuela primaria pública del partido de Esteban Echeverría, para que nos cuente el proyecto de lectura que llevaron a cabo durante la pandemia.

Por Celina Cappello. 

El problema de leer

“Los chicos de ahora no leen”, solemos decir quienes fuimos a la escuela antes de los teléfonos inteligentes. Pero el fenómeno de los booktubers lo puso en duda. No sólo leen, sino que también analizan, piensan y recomiendan libros.

Bajo ese postulado, la bibliotecaria y la maestra de 6° de una escuela primaria de gestión pública de Esteban Echeverría empezaron a pensar un proyecto para el 2020. En febrero, cuando la pandemia aún era noticia lejana, ellas se juntaron a diseñar una forma de incentivar a sus alumnos a leer. Todos los años crean proyectos y siempre con buenos resultados, pero sienten que es importante mantenerse pensantes, reflexivas y creativas a la hora de estimular la lectura. Esta vez partieron de una premisa: el sexto que se venía era fan de los youtubers. Érica, la bibliotecaria, recordó que una docente de la región contó que estaba refiriendo a booktubers para recomendar libros en su escuela, y le propuso a la seño del turno mañana trabajar juntas a partir de esa figura. En aquella época prepandémica -¡parecen años atrás, pero son sólo algunos meses!- pensaron: “Trabajamos un autor, les enseñamos herramientas básicas para pensar la puesta en escena y grabamos en la biblioteca”.

Cuando el COVID-19 llevó nuestras escuelas a las pantallas y a las casas de cada uno, decidieron seguir con el proyecto. Si los booktubers son agentes de las redes sociales, ¿no sería un escenario perfecto para trabajar desde casa?

 

La escuela y los entornos virtuales 

Presencialmente esta primaria de Esteban Echeverría trabajaba herramientas digitales como editores de texto, de imagen y de video gracias a un carrito móvil de netbooks. Sin embargo, no tenía experiencia en entornos virtuales ya que aún no tenía conectividad. “Internet llegó este año a la escuela justo cuando lo necesitamos en casa”, se ríe Érica y valora que, al volver, tendrá esa conexión. Ella sabe que le permitirá seguir pensando proyectos de forma colaborativa, tanto con las maestras de grado de su escuela, como con bibliotecarias y docentes de la zona. Hasta ahora lo lograba entre plenarias y grupos de WhatsApp entre pares de la región. La escuela se propone continuar tejiendo redes con otras escuelas públicas de Esteban Echeverría. “Ahora estamos pensando un proyecto de audiolibros para una escuela con chicos no videntes”, nos cuenta la bibliotecaria para dimensionar la importancia y fortaleza que le da el trabajo colaborativo a la enseñanza pública. Por último, la conectividad, le permitirá seguir profundizando el uso del blog de la escuela para estrechar lazos con la comunidad educativa.

Volvamos a la pandemia, las redes y la lectura. En La invención del aula, Dusell y Caruso distinguen dos estructuras que sostienen la escuela: la material y la comunicativa. La domestización de la enseñanza, como la misma Dussel caracteriza el pasaje forzado de las clases a los entornos virtuales en La clase en pantuflas, incide en ambas. Fácilmente entendemos la mutación de la materialidad del aula: pasamos de las cuatro paredes y el pizarrón, a la sensación inmaterial del espacio virtual, pero debemos tener en claro que es una materialidad de otro tipo. 

Esa transformación incide necesariamente en la estructura comunicativa de la escuela, ¿cómo se configurarán los intercambios entre docentes, estudiantes, familias y otros agentes de cada comunidad educativa cuando nos delimitan los bytes y pixeles en vez de ladrillos y tiza? En esta primaria de Esteban Echeverría empezaron subiendo y comunicando tareas en el blog que Érica intenta consolidar. Antes del COVID19, en ese espacio compartían algún libro en PDF para facilitar la lectura de novelas o para compartir efemérides. Sin embargo, rápidamente entendieron dos cosas que decantaron la mudanza al WhatsApp: permite una comunicación dirigida que se anuncia por sí sola y no consume datos. Además, ya no tendrían que salir a avisar que estaban publicadas las tareas, en el grupo de WhatsApp todos lo saben instantáneamente y sin tanto riesgo de quedarse fuera. 

Érica es consciente de que el WhatsApp tampoco asegura la permanencia. A pesar de que la comunidad de la EP N°1 accede a más recursos que otras escuelas públicas -por ejemplo, algunos chicos y chicas de 6° tienen su propio teléfono celular- la gran mayoría comparte un dispositivo familiar. Por eso, la escuela decidió hacer un grupo de WhatsApp por curso, donde semanalmente se comparten tareas y acuerdan un día de encuentro por Zoom. La combinación de tareas asincrónicas de duración semanal y el encuentro sincrónico, fomentan que cada familia se acomode para sostener el trabajo. Considerando que a veces eso no es suficiente, aquellos niños y niñas que tienen más dificultades se encuentran individualmente con la señorita por videollamada de WhatsApp. De esta manera logran mantener el trabajo, más de la mitad de manera estable y otros de forma un poco más dispersa.

Las docentes también tuvieron que repensar las formas de trabajo en conjunto. Y eligieron replicar el formato, por un lado grupos entre las maestras del mismo año con las directivas y por otro, una plenaria por videoconferencia entre todas.

 

Experiencia de lectura en pandemia

En esta estructura de trabajo, la bibliotecaria y la maestra invitaron a los chicos y chicas de 6° a convertirse en booktubers. Con el propósito de promover la lectura y la reflexión respecto al uso de las redes sociales, les propusieron leer un capítulo semanal de Amigos por el viento de Liliana Bodoc. A su vez, los incentivaron a investigar a la autora acercándoles otros textos y los ayudaron a profundizar el análisis comparándola con María Elena Walsh.

Esto era suficiente para armar el guion de la recomendación, pero ellas querían que sus alumnos y alumnas también pensaran y diseñaran la puesta en escena. Érica aprovechó sus saberes de artística y les compartió tutoriales sobre el uso de la luz, los objetos que componen la escena y el uso de la cámara. Les dieron herramientas tanto para acomodar el espacio, como para usar lenguaje formal y atractivo. Todo ayudaría a que la recomendación sea efectiva para ser buenos booktubers y tener seguidores. “Y se coparon, mandaron varios, cada vez más cancheros”, afirma contenta Érica. La señorita le contó que estaban entusiasmados e incluso algunas familias expresaron el compromiso que observaron en sus hijos e hijas.

Sofía, por ejemplo, hace un excelente análisis de los personajes y de la trama del libro. Mientras otros compañeros se aseguraron una buena puesta en escena acompañándose de títeres, afiches o incluso disfrazarse para leer frente a la cámara.

Es verdad que cada vez vemos menos libros de papel en manos de nuestros alumnos. Sin embargo, el aula hecha de píxeles nos enseña que el disfrute de adentrarse a otros mundos a través de la lectura también navega en las redes y va más allá de la comprobación de lectura.

Por Celina Cappello. 

Referencias:
-    Caruso; Dusell, I. (1999) La invención del aula. Una genealogía de las formas de enseñar. Santillana, Buenos Aires.
-    Dussel, I. (2020) La clase en pantuflas. Conversatorio virtual en el Canal ISEP. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=6xKvCtBC3Vs

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Publicado: 23 de septiembre de 2020
Última modificación: 28 de septiembre de 2020

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