¿Qué fue el Holocausto? ¿Por qué se lo recuerda el 27 de enero?

Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi y sus colaboradores asesinaron a seis millones de judíos —hombres, mujeres y niños— en un intento de aniquilar sistemáticamente a la comunidad judía de Europa. Asimismo, movidos por su ideología racista, persiguieron y mataron a millones de personas de otros grupos: gitanos (Roma y Sinti), personas con discapacidad, opositores políticos, homosexuales.

El mayor campo de concentración fue el de Auschwitz-Birkenau, ubicado a unos 40 kilómetros de Cracovia (Polonia). Desde su apertura, en mayo de 1940, murieron allí entre 1,5 y 2,5 millones de personas. Durante el tiempo que funcionó, además de judíos, llegaron otros prisioneros de guerra que eran obligados a trabajar para el régimen de Hitler. De ahí que en la puerta de entrada hubiera una inscripción que proclamaba en alemán: «Arbeit macht frei», es decir, «el trabajo nos hace libres».

En 1979 el lugar fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco y hoy funciona como un sitio de memoria emblemático a nivel mundial.

El 27 de enero de cada año se rinde tributo a las víctimas del Holocausto. El Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto conmemora la liberación del campo de concentración y exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau ocurrida en 1945 con la llegada de las tropas soviéticas. Se trata de una efeméride de carácter universal, establecida por la Organización de Naciones Unidas el 1 de noviembre de 2005.

Desde la mirada de un arquitecto

Gustavo Nielsen es arquitecto y escritor. A través de un concurso, fue elegido junto con Sebastián Marsiglia para construir el monumento que recuerda a las víctimas del Holocausto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La obra fue erigida en el año 2015 en la Plaza de la Shoá, y propone una forma inquietante del recuerdo. «Se ruega mirar la ausencia», decía un cartel que se colgó en la inauguración.

Esta obra —igual que otras que recuerdan los genocidios en diferentes lugares del mundo— abre una serie de polémicas en torno a qué y cómo recordar. ¿Hay que mostrar la cruda realidad de forma explícita o proponer conceptos y abstracciones? ¿Hay que brindar información o generar una experiencia sensorial urbana que permita comprender de otra manera? ¿Hay formas de evitar la banalización del recuerdo?

El monumento consiste en un muro de 39 metros de largo por una altura máxima de cuatro metros. Está realizado en cubos de hormigón que representan a las víctimas fallecidas como consecuencia de los atentados a la Embajada de Israel (17 de marzo 1992) y la AMIA (18 de julio 1994).

Los cubos tienen estampados diferentes objetos de la vida cotidiana: un vestido, una radio, un paraguas, una guitarra, un par de zapatillas, una cámara de fotos, entre tantos otros. Para estamparlos, primero se realizaron moldes en caucho siliconado —con el apoyo de diseñadores gráficos, industriales y constructores— que luego fueron volcados en las piedras y así se fueron imprimiendo las siluetas que dan cuenta de la materialidad de una cultura diezmada por el nazismo.

Solo tres de los cubos tienen objetos que remiten directamente a la historia del Holocausto: una estrella de David (el símbolo de la religión judía), el número del año según el calendario gregoriano y también el judío, y el nombre del memorial.

«La idea era enfatizar la ausencia del ser humano a través de estas huellas impresas de los objetos que componen la geografía de la vida, como si fuesen fósiles urbanos, en todas sus etapas, que a diario pasan inadvertidas pero que cuando el sujeto ya no está, cobran la fuerza de una presencia», explican los autores y concluyen: «La metáfora es la de la memoria impresa en la piedra. Cientos de memorias individuales que arman el avatar colectivo de un pueblo».

Actividad 1. Huellas urbanas

A partir de la visualización de la entrevista, proponemos que los estudiantes reflexionen sobre por qué es necesario que en las ciudades existan memoriales y otras marcas de memoria para recordar a las víctimas de los crímenes cometidos por los Estados.

El monumento de la Shoá en Buenos Aires

  • ¿Qué diferencias hay entre esos memoriales y otro tipo de estatuas?
  • ¿Qué generan en la ciudad esas formas del recuerdo?
  • ¿Qué eficacia tienen en relación con la memoria colectiva?


Por otro lado, sugerimos investigar otros monumentos vinculados a genocidios —en la Argentina o en otro lugar del mundo— y analizar por qué resultan potentes en relación con la construcción de la memoria.

Actividad 2. Cada objeto, una historia

Para la construcción del monumento fue necesario conseguir más de mil objetos. Los primeros fueron aportados por los mismos arquitectos y sus amigos, pero después se les ocurrió abrir una convocatoria por Facebook e invitar a que otras personas lleven los propios. Así fueron apareciendo cantidad de objetos y cada uno llegó con su propia historia: el vestido que una madre bordó para su hija pequeña; el martillo con el que un padre enseñó el oficio de la carpintería; un tocadiscos Winco rescatado del olvido.

Cubo del monumento de la Shoá en Buenos Aires

Les proponemos que los estudiantes piensen qué objeto personal sumarían a este memorial del Holocausto y por qué. ¿Hay algún otro objeto significativo de la actualidad cotidiana que no esté incluido?

Actividad 3. El caso del monumento de Berlín

En Berlín, Alemania, está el Monumento de los Judíos Asesinados de Europa, construido por el arquitecto Peter Eisenman. Se trata de una obra caracterizada por la desnudez y la ausencia de símbolos que despertó polémicas desde sus inicios.

Una primera discusión surgió cuando diferentes actores de la sociedad sugirieron que esa desnudez se viera suspendida por la incorporación de un centro de información sobre lo sucedido durante el Holocausto. Este pedido —que finalmente se concretó— motivó la renuncia de Richard Serra, el artista que originalmente había diseñado el memorial con Eisenman. Pese a esto, la construcción siguió adelante, pero al poco tiempo fue nuevamente interrumpida cuando saltó a la luz que la empresa que proveía la pintura antigrafiti con la que se estaban pintando los bloques de cemento pertenecía a un grupo económico que durante el nazismo había producido el gas que se usaba en los campos de concentración. A pesar del escándalo, la empresa siguió siendo la proveedora.

Por último, para prevenir los usos indebidos del monumento se colocó una placa con instrucciones: hay que recorrerlo a pie y sin correr; está prohibido hacer ruido o gritar; no se puede pasear perros; no está permitido apoyar bicicletas o motos contra los bloques ni tampoco ensuciar las paredes; no se puede fumar; está prohibido acostarse, treparse o saltar o tomar sol en traje de baño en los bloques.

Monumento de los Judíos Asesinados de Europa

Proponemos mirar imágenes del monumento, leer la nota «El dilema del monumento», de Beatriz Sarlo, publicada en La Nación en 2009, y conversar acerca de las discusiones reseñadas. ¿Qué opinan de la renuncia de uno de los autores? ¿Qué hacer con la empresa proveedora de la pintura antigrafiti? ¿Están de acuerdo con las instrucciones?*


* Este especial vinculado a una efeméride de carácter universal se publica en período de receso escolar. Sugerimos recuperar su contenido para trabajar otras efemérides (17 de marzo, Día de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Atentado contra la Embajada de Israel; 19 de abril, Aniversario del Levantamiento del Gueto de Varsovia, o 12 de junio, aniversario del natalicio de Ana Frank) y a partir de los contenidos curriculares de Historia, Formación ética y ciudadana o Filosofía.