El Club de Ciencias «Galileo Galilei» comenzó en el año 2015 bajo una resolución del Consejo Provincial y actualmente continúa en funcionamiento. Las docentes que desarrollaron el proyecto, María Elena Tapia e Inés Vivar, explicaron que las ciencias en el nivel inicial plantean un desafío para ellas, sobre todo a la hora de planificar actividades científicas porque «no se trata de sistematizar información, organizarla o divulgarla, sino de ponerla en práctica a través de actividades y en situaciones de la vida cotidiana».

El objetivo concreto que llevó a las docentes a brindar un espacio para la enseñanza del campo científico fue valorar a través de diversas actividades las distintas destrezas y habilidades que se desarrollan desde la racionalidad científica. «El Club de Ciencias para nivel inicial depende de la institución educativa y se formó para dar origen al conocimiento sistematizado de las ciencias, hacer prácticas y contribuir al desarrollo de actividades de índole científica, cultural y recreativa, es un espacio que convoca a docentes y alumnos de distintos barrios de la ciudad», explicó María Elena Tapia.

Tapia contó que en la institución se dispuso un espacio para poder crear el club, que cuenta con mesas y sillas para trabajar. Para comprar los materiales y las herramientas necesarias (tubos de ensayos, goteros, pipetas, mecheros, entre otros), se gestionaron diferentes ayudas financieras. Asimismo agregó que funciona durante todo el año.

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¡Manos a la obra!

Las docentes compartieron con educ.ar algunas de las actividades que planificaron a lo largo de las diferentes ediciones del Club de Ciencias, que ya cumple su segundo año en acción:

  • realizar proyectos y estudios sobre ciencia y tecnología,
  • campamentos y salidas científicas,
  • charlas y conferencias,
  • estudiar la vida y obra de científicos notables,
  • chocolatadas científicas (para compartir experiencias),
  • entrenamientos y difusión de información.

Sumar en familia

Las docentes contaron que la participación de las familias de los chicos es un pilar fundamental, porque para cada uno de los proyectos que se realizan, los padres deben llevar a sus hijos en un horario extraescolar y lo realizan con gran responsabilidad. «Los padres ayudan en el armado de stands, souvenirs, folletería u otras tareas que se llevan adelante en el club, sobre todo cuando hay alguna exposición», concluyó Tapia. 

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Actividades que se convierten en experiencias

Entre los proyectos que llevaron adelante las docentes con los chicos para acercarlos al mundo de la ciencia desde un lugar lúdico, Tapia recordó la actividad que denominaron Las barbas del mejillón, una especie de molusco bivalvo de la costa cercana muy conocido entre la población.

La docente contó que realizaron todo un recorrido de investigación morfológica hasta llegar a sus usos, descubrieron todas las elaboraciones que se podían realizar con los mejillones e invitaron a los chicos a hacer una receta. «Ellos se mostraron muy entusiasmados y prepararon un guiso de arroz con mejillones. Cuando estuvo listo, todos se sentaron en su lugar con un plato de guiso. En ese momento los rostros de los niños fueron indescriptibles, un silencio absoluto invadió el club y las miradas empezaron a correr por el aula... “¿quién rompe el hielo y se anima a probar?”. Benjamín fue el primero en perder la timidez: le encantó tanto que repitió e hizo a que todos se animaran a deleitarse con esa preparación. No olvido más sus rostros en aquel momento», concluyó la docente.