Monstruos ilustrados por Fortunio Liceti en 1665

Actividad 1. Un hombre con alas de murciélago

«El nesnás» está incluido en el libro Manual de zoología fantástica, de Jorge Luis Borges.

  1. Leé atentamente el texto y señalá los procedimientos utilizados para la construcción de este artículo del manual. Elegí un ejemplo breve de procedimiento y transcribilo.
  2. Observá cómo el texto construye su sistema de referencias (citas). Tratá de precisar la opinión del narrador respecto de lo que se cita.
  3. Inventá un nuevo monstruo para este manual. Tené en cuenta la posibilidad de utilizar procedimientos literarios. También podés inventar tus propios autores de referencia.

Actividad 2. Marinero con corbata

  1. Leé «Caligrama», de Guillaume Apollinaire, y «Donde manda marinero», de Andrés Calamaro.
  2. Observá cómo cada uno de los textos trabaja de manera distinta con el espacio en blanco. Señalá los procedimientos que utilizan los textos y analizá de qué manera influyen en la percepción y en la construcción del sentido.
  3. Contá las historias que trama cada texto —la canción y el caligrama—, en forma de relato.

Actividad 3. Escritores del futuro

  1. Leé el fragmento de El juego de los mundos, de César Aira.
  2. Imaginá cinco autores que lleven tu nombre y el de tus amigos. Caracterizá a cada uno con alguna de las características mencionadas en el texto (importantes, frívolos, etcétera).
  3. Inventá los títulos de tres obras para cada autor imaginario y redactá un pequeño comentario de no más de tres renglones para cada una, donde expliques por qué son «buenas» o «malas».

«El nesnás», por Jorge Luis Borges

Entre los monstruos de la Tentación figuran los nisnas, que «solo tienen un ojo, una mejilla, una mano, una pierna, medio cuerpo, medio corazón». Un comentador, Jean Claude Margolin, escribe que los ha forjado Flaubert, pero el primer volumen de las Mil y una noches, de Lane (1839), los atribuye al comercio de los hombres con los demonios. El nesnás —así escribe Lane la palabra— es la mitad de un ser humano; tiene media cabeza, medio cuerpo, un brazo y una pierna; brinca con suma agilidad y habita en las profundidades de Hadramaut y del Yemen. Es capaz de lenguaje articulado; algunos tienen la cara en el pecho, como los blemies, y cola semejante a la de la oveja; su carne es dulce y muy buscada. Una variedad de nesnás con alas de murciélago abunda en la isla de Raïj (acaso Borneo), en los confines de China; pero, añade el incrédulo expositor, Alá sabe todo.
Borges, J. L. y Guerrero, M. (1983). Manual de zoología fantástica (p. 111). México: FCE.

«Donde manda marinero», por Andrés Calamaro

Con el crudo en las bodegas volveré a buscar/ todo el tiempo vivido, que hemos perdido sin protestar/ voy a probar primero al olvido, a lo ajeno/ voy a pasar a retiro de un tiro al culpable de mi soledad!/ no sé que quiero, pero sé lo que no quiero,/ sé lo que no quiero y no lo puedo evitar,/ puedo seguir escapando y aún lo estoy pensando,/ lo estoy pensando pero estoy cansado de pensar;/ el marinero del río no tiene calor ni frío,/ la ciudad no tiene puerto y se siente muy vacío (ay qué pena!)/ últimamente ha perdido su capacidad de sorpresa,/ en un vaso de cerveza/ caliente fue que se la olvidó;/ quiero elegir del mapa un lugar sin nombre adonde ir/ será el lugar donde viva lo que quede por vivir (y eso es mucho tiempo!),/ por eso de cada viaje me traigo el equipaje perdido,/ por eso es que he decidido nunca olvidar, nunca olvidar;/ no sé lo que tengo, pero sé lo que no tengo,/ sé lo que no tengo, porque no lo puedo comprar,/ puedo seguir cantando, pero sigo esperando,/ sigo esperando pero estoy cansado de esperar...

El juego de los mundos, de César Aira (fragmento)

Hubo una época remota del pasado en que la humanidad practicó una actividad llamada «literatura». No necesito decir en qué consistía, porque cualquier persona culta lo sabe. Quiero decir, no necesita haberlo estudiado especialmente, porque forma parte de su tradición familiar y personal, y está inscripto en su propio nombre. Durante los siglos en que existió la literatura se acumularon muchos libros, y muchos escritores. Algunos «buenos», otros «malos», unos más importantes o elogiados que otros, serios, frívolos, laboriosos o estériles: todas esas distinciones se anularon después. De esos escritores descienden todos los hombres y mujeres que pueblan el mundo, por genealogía simple: si es concebible que todos seamos descendientes de un solo hombre original, tanto más podemos serlo de la innumerable cantidad de escritores que hubo. Y los nombres que tenemos son los nombres de ellos. Sin ir más lejos, yo, que me llamo César Aira, tengo el nombre de un lejano antepasado mío que fue un escritor. Claro que no todos mis contemporáneos mantienen vivo el recuerdo del dador del nombre, ni mucho menos; en ese sentido soy una excepción.
Lo cierto es que dedico tiempo, una hora por día, a veces dos, a la lectura. En realidad, no conozco a nadie más que lo haga [...]. Claro que hablar de «lectura» es estirar el término tal vez demasiado. Cuando se pasó toda la literatura a estos medios, se lo hizo en imágenes. Los programas transformaron las palabras en imágenes, una por una (no se hizo por frases) y hasta fragmentando las palabras si resultaba conveniente. Esta tarea la llevaron a cabo sistemas automáticos operando con grandes diccionarios polivalentes, sin intervención del hombre [...]. Y por la otra punta , disponían de un banco de imágenes completo, o sea que estaban todas. Seguramente a los literatos del pasado no les habría satisfecho la transferencia, pero cuando se hizo ya no estaban para protestar. Y la operación salvó del olvido definitivo a la ingente masa de libros que se había acumulado. Fue esta operación la que anuló las diferencias entre obras buenas y malas.

Aira, C. (2000). El juego de los mundos. La Plata: Ediciones El broche.

Notas

Caligrama

Palabra inventada por el escritor francés Guillaume Appollinaire para designar un poema lírico cuya distribución en la página diseña, de modo aproximado, el objeto al que se refiere.

Cita

Procedimiento que consiste en tomar las palabras de otro. La forma más habitual de citar consiste en el uso de comillas, que encierran las palabras del autor citado. Es un procedimiento muy utilizado en obras como las enciclopedias, en las que se pretende reunir todas las referencias (obras en las que se habla de un tema dado) y el conocimiento sobre un tema específico.


Procedimientos

Recursos de los que se sirve el arte para renovar nuestra percepción del mundo. La forma se vuelve decisiva, porque lo que se dice depende y está directamente ligado a cómo se lo dice. Un tipo de procedimiento es el distanciamiento, que consiste en cambiar el punto de vista. El narrador de Los viajes de Gulliver (de Jonathan Swift), por ejemplo, hace hablar a los caballos para ofrecer una perspectiva distinta sobre la cultura europea de fines del siglo XVII y principios del XVIII. La complicación formal hace más difícil y lenta la lectura. Otro ejemplo de procedimiento es el hipérbaton, que ocurre cuando en un texto se altera el orden lógico de una oración. Otros procedimientos son la descripción, la rima (repetición de sonidos al final de los versos), las comparaciones y las metáforas, entre otros.

Textos: Verónica Delgado y Graciela Goldchluk
Edición: Carina Kosel