«No es magia, es ciencia» nació en una noche de pizzas entre amigos de la facultad. Fue a partir de la observación de que las semanas de la ciencia, que se desarrollan dentro de la institución para estudiantes secundarios, no abarcan a muchos niños o adolescentes que tienen menos posibilidades socioeconómicas para acceder a este tipo de experiencias. Así es que se puso en marcha el proyecto a comienzos del año 2013.

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Gentileza de «No es magia, es Ciencia». Fotografía de Julieta García.


«Hicimos nuestra primera feria en Parque de los Patricios y de a poco fuimos creciendo: sumamos más integrantes (ahora somos casi 20) y más experimentos para enriquecer las actividades», explica Juliana Fera, quien es parte del equipo. La experiencia se replicó en barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y también ha llegado a Mercedes, Lanús, Lomas de Zamora y Glew, en provincia de Buenos Aires.

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Gentileza de «No es magia, es Ciencia». Fotografía de Julieta García.

Todas las propuestas se desarrollan en espacios abiertos, a lo largo de unas cuantas mesas en las que se realizan los experimentos. Allí los voluntarios explican a los chicos el cómo y el porqué de cada uno de los pasos y del resultado final. Según el tipo de experimento, se introducen temas importantes como el ADN o los fluidos no newtonianos. Otros, muy vistosos y coloridos, permiten observar reacciones químicas o explicar fenómenos físicos. «Intentamos que los chicos interactúen con nosotros y con los elementos que utilizamos, los incentivamos a que piensen y razonen a través de sus preguntas».

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Gentileza de «No es magia, es Ciencia». Fotografía de Julieta García.

Uno de los objetivos específicos de estas ferias es «sacar la ciencia de los pasillos de la facultad y acercarla a los niños» que, en general, no tienen acceso a este tipo de saberes y recursos. «Es decir, que deje de estar en mano de unos pocos para acercarla a todos», remarca Juliana. Además, explica que es necesario entender que la ciencia no es algo inalcanzable y elitista para luego comprender la importancia de la ciencia para el desarrollo de un país más justo e inclusivo. 

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Gentileza de «No es magia, es Ciencia». Fotografía de Julieta García.

Otro gran propósito del grupo es que, a través de los experimentos, los niños puedan desarrollar la curiosidad en esta rama del conocimiento y posiblemente despertar vocaciones que, de otra manera, no se hubieran gestado. «Muchas veces hemos escuchado que los niños se van muy entusiasmados y diciendo que quieren ser científicos. En esas situaciones, nosotros nos sentimos infinitamente gratificados», comenta Juliana.