Portada Tom Sawyer
¿Leíste ya el clásico de Mark Twain? Conocé algunas propuestas para recorrerlo.

En forma navegable e interactiva, cada actividad propone información sobre la novela, fragmentos de la misma, preguntas y actividades para escribir en pantalla.

El argumento

Sabemos, por documentos que dejó el propio autor, que Twain había planeado escribir una novela diferente de la que al fin escribió, y que sólo al terminarla comprendió que había escrito un relato para niños.

Cambios de este tipo son frecuentes en los escritores, pero en este caso puede ser interesante proponer a los alumnos una discusión acerca de lo que se entiende por literatura infantil. La lectura de la dedicatoria que Saint-Exupéry incluyó en El Principito puede ser un punto de partida para esa discusión:

"A León Werth. Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo, hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo. Todas las personas grandes han sido niños antes (pero pocas lo recuerdan). Corrijo, pues, mi dedicatoria: A León Werth cuando era niño".

Otra línea para la discusión puede ser la lectura del primer capítulo de la novela en su forma original y completa, y su comparación con alguna de las muchas versiones reducidas, simplificadas, que se han hecho para colecciones infantiles. En este caso será valioso que los alumnos analicen los mecanismos de simplificación que se aplicaron sobre el original, y discutan luego la necesidad de esa simplificación. ¿Qué versión prefieren? ¿Por qué? ¿Qué elementos formales -léxico, estilo, descripción- y qué elementos argumentales -personajes secundarios, conflictos- se han modificado en el proceso de adaptación?

Algo semejante se puede realizar a partir de la comparación del original de la novela y alguna de sus varias versiones cinematográficas. En este caso podrían consultarse guiones cinematográficos y describir sus características.

Otra actividad interesante puede ser la de resumir el argumento de cada capítulo. En este caso no sólo se ejercitará una técnica de estudio fundamental, el resumen (pueden consultarse en este mismo portal las recomendaciones para el docente dedicadas a La isla del tesoro), sino que además se podrá advertir cómo la novela de Twain desarrolla distintas líneas argumentales sucesivas, que al fin se articulan para conformar una estructura cerrada de relato.

Esta segunda propuesta de trabajo permitirá, también, que los alumnos y las alumnas conozcan una concepción alternativa de la literatura infantil, bastante diferente a las dominantes.

Los personajes

La historia de Tom transcurre en el sur de los Estados Unidos durante la primera mitad del siglo XIX. Si bien es una novela -una ficción-, los personajes, los hechos y los espacios no son fantásticos sino que aparecen representados en términos del realismo literario. La búsqueda de información acerca de la biografía del autor, y sobre la geografía y el tipo de sociedad en que pasó su infancia son particularmente útiles en el caso de esta novela de Twain para reconocer los elementos realistas sobre los que se asienta la verosimilitud del relato.

Esto mismo permitirá, además, determinar y comparar las variadas formas en que circula la literatura para niños. ¿Qué diferencias, por ejemplo, existen entre los relatos folklóricos, los cuentos de hadas, las fábulas, las novelas de piratas, de caballería, etc.?

Por otro lado, y más allá de su argumento, la eficacia de la novela de Twain se asienta en la notable construcción de personajes. Lo habitual es que se entienda que esa construcción se realiza a través de retratos (como el de Huck, en el capítulo 6), pero conviene completarlo con otras formas de caracterización.

Una alternativa valiosa puede ser confeccionar fichas de los distintos personajes que aparecen en la novela, atendiendo no sólo a las descripciones físicas sino también, y particularmente, a las acciones en las que intervienen, porque en ellas quedan caracterizados los valores morales y espirituales de los personajes y eso mismo organiza el sistema de simpatías y antipatías con que los lectores seguimos el desarrollo argumental.

En la confección de esas fichas, los docentes seguramente seguiremos con particular interés la caracterización que nuestros alumnos y alumnas realicen de las figuras de los maestros que aparecen en la novela, tanto el de la "escuela dominical" (el señor Walters en el cap. 4) como el de la escuela común (el señor Robbins, en los caps. 6, 7, 21, 22)

Las aventuras

Desde su mismo título, la novela de Twain nos recomienda el análisis del concepto de aventura, para determinar luego, junto con los alumnos, de qué naturaleza son las aventuras que vive Tom. Respecto de esta cuestión se pueden seguir distintas líneas de análisis.

En primer lugar, puede proponerse a los alumnos y alumnas la distinción de dos tipos de aventuras, según provengan de hechos reales que Tom debe enfrentar, o de los juegos que comparte con sus amigos. A partir de esa distinción inicial, pueden agruparse las distintas aventuras y analizar las particularidades de cada una de ellas: reglas, actos, elementos materiales, ideología, escenario.

Entre las aventuras del primer tipo puede analizarse el episodio en la caverna (cap. 30 y 32). Entre las del segundo tipo, el juego de los piratas (caps. 13 a 17). Y un tercer tipo puede reconocerse en aquellos casos en que la aventura comienza como juego pero al fin se intersecta con hechos no controlados por la imaginación, tal como ocurre en la visita al cementerio (caps. 9 y 10), o en la búsqueda del tesoro (caps. 17 y 18).

En segundo lugar, es interesante observar cómo Twain renuncia a la geografía exótica, a las grandes distancias para construir un relato de aventuras. Al contrario de lo que ocurre en novelas clásicas como La isla del tesoro o Los tigres de la Malasia, Twain entiende que para los niños la aventura es próxima de la experiencia cotidiana, y depende en buena medida de la disposición espiritual de los sujetos.

A este respecto, puede ser interesante proponer a los alumnos y alumnas que cuenten a sus compañeros las distintas aventuras que han vivido y las que desearían vivir; el valor que atribuyen a cada una de ellas; los espacios y los momentos que juzgan propicios para realizarlas. Como actividad complementaria puede pedirse a los alumnos que pregunten a sus familiares mayores cuáles eran las aventuras preferidas en su niñez.

La escuela

Twain dedica muchas páginas de su novela (capítulos 6, 7, 12, 19, 21, 22) a la vida escolar, lo que resulta razonable porque buena parte de las experiencias de la infancia se desarrollan en las aulas.

La visión general sobre la escuela es, a pesar del humor, muy crítica, y no corresponde sólo a los personajes niños sino también al narrador (cap. 22 en particular). Sería realmente valioso proponer a los alumnos y alumnas un análisis detallado de los distintos tipos de críticas que la novela realiza a la institución escolar, atendiendo, por ejemplo, a las metodologías de estudio y de evaluación, la organización del tiempo y el espacio escolar, las relaciones horizontales -entre pares- y verticales -entre alumnos y maestros-, la distribución de derechos y obligaciones, las diversas formas de sanción y castigo, etc.

Este análisis puede luego complementarse con otras líneas de trabajo. Por un lado, puede proponerse a los alumnos y alumnas que establezcan las relaciones de igualdad y diferencia que encuentran entre la vida escolar retratada en la novela y la que ellos viven. A partir de esas relaciones pueden suscribirse acuerdos generales que profundicen los aciertos y corrijan los defectos del trabajo en el aula, lo que será particularmente valioso en la medida en que haga evidente la responsabilidad compartida por alumnos y maestros en el éxito de las clases.

Por otro lado, será interesante detenerse en el análisis de las fuentes que inspiran muchas de las aventuras de Tom, pues el conocimiento de esas fuentes sólo es posible por su condición de alfabetizado.

En efecto, la imaginación de Tom está modelada por la lectura de libros que recuerda en todos sus detalles (caps. 8, 10, 13, 34, 36), y esa misma habilidad, unida a la de la escritura (caps. 6, 10, 16), lo diferencia claramente de las posibilidades expresivas de Huck, quien no asiste a la escuela.

En tercer lugar, puede proponerse a los alumnos algo así como la reconstrucción de historias escolares a partir de los testimonios de miembros de su familia, recomendando que esos testimonios provengan de personas de distintas generaciones e incluyan tanto observaciones generales como detalles de época y, de ser posible, documentos (fotografías, cuadernos, libros de lectura, manuales, boletines de notas, portafolios, etc.).
Las supersticiones

Así como Twain dedica muchas páginas de su novela a la vida escolar, no son menos las que dedica a distinguir entre saber y creencia.

Por una parte, podemos decir que los saberes acerca de los cuales Tom puede dar fundamento son de dos tipos: aquellos que provienen de la escuela (fundamentos racionales) y aquellos que provienen de la experiencia sensible (fundamentos empíricos). Por la otra, podemos decir que ese conjunto de saberes es acompañado por un gran número de creencias a las que no puede dar otro fundamento que su credulidad.

En tanto la lectura de la novela de Twain sea parte de las actividades desarrolladas en el marco de la escuela, puede ser interesante proponer a los alumnos, primero, la distinción entre los saberes de Tom que provienen de la educación formal, y aquellos que provienen de la educación informal; luego, la enumeración de sus creencias; y por último, la caracterización de cada uno de esos universos según su formas de adquisición y transmisión, sus fundamentos, su eficacia relativa, su necesidad.

Una valiosa línea de lectura, que se desprende de la anterior, puede encontrarse en la representación de los distintos tipos de prejuicios que gobiernan la opinión y la conducta de los personajes de la novela.

En primer lugar, los alumnos y alumnas podrían señalar las distintas referencias a la esclavitud y a la discriminación racial que registra la novela. Jim (cap. 1 y 2) es esclavo en casa de la tía Polly, pero también hay referencias a discriminaciones raciales en otros capítulos (12, 30 y 31, por ejemplo). El análisis detenido de esas referencias podrá ser acompañado con una breve investigación acerca del esclavismo en los Estados Unidos, su muy tardía abolición, y la formas actuales bajo las que ése u otros tipos de discriminación (física, social, laboral, política, étnica, nacional, sexual, económica, religiosa, generacional) sobreviven en distintas sociedades. Seguramente esto llevará a hacer consideraciones sobre la situación de los esclavos en la historia de la Argentina y establecer diferencias entre las etapas colonial e independiente (la Asamblea del año 1813 y el decreto de "libertad de vientres").

A partir del mismo eje de temático, pero aplicando otra perspectiva de análisis, será muy valioso que los alumnos y alumnas registren otras formas de discriminación que perciben actualmente y propongan estrategias para solucionarlas en los distintos marcos sociales (la casa, la escuela, el trabajo, la política, la publicidad, la televisión, Internet, el deporte, etc.)

Otra alternativa de trabajo en el aula puede ser la consideración de los riesgos de la pena de muerte. En este sentido, desde su mismo argumento, la novela expone la posibilidad de la condena a muerte de un inocente. Analizar cuidadosamente el protagonismo de Tom en el esclarecimiento del crimen del doctor Robinson puede ser realmente valioso para debatir con los alumnos las gravísimas consecuencias de los prejuicios sociales. Para esto, pueden seguirse, en particular, los acontecimientos de los capítulos 9, 10, 11, 24, 25, 30, 31 y 34.

Otras novelas de Mark Twain

  • El príncipe y el mendigo (The Prince and the Pauper, 1881)
  • Las aventuras de Huckleberry Finn (The Adventures of Huckleberry Finn, 1884)
  • Tom Sawyer detective (Tom Sawyer Detective, 1896)

Autor: Aníbal Jarkowski

NAP relacionado

La lectura compartida con los compañeros, el docente y otros adultos (de manera habitual y sistemática) de cuentos, fábulas, leyendas y otros textos narrativos literarios; poesías, coplas, adivinanzas, y otros géneros poéticos; y de textos no literarios como descubrimientos, historias de vida, notas de enciclopedia sobre diferentes contenidos que se están estudiando o sobre temas de interés para los niños, entre otros.