Objetos evocadores: cosas que nos ayudan a pensar

Objetos

Sherry Turkle es una de las personas más interesantes del planeta: antropóloga, profesora e investigadora sobre ciencia y sociedad del MIT, se hizo famosa por analizar los espacios nacientes del mundo de la web a mediados de la década de 1990. Su libro La vida en la pantalla fue un clásico de los estudios sobre cibercultura. Pero el que nos interesa en este momento es otro texto: Evocative Objects: Things We Think With (en español, Objetos evocadores: cosas que nos ayudan a pensar).

Hace años, Technology Review la describió como la Margaret Mead de la cibercultura, una antropóloga que estudia al «nuevo pueblo del mundo» en línea. En 1984, viajó al ciberespacio, se trasladó con los nativos e informó sobre su vida en un libro pionero: El segundo yo: las computadoras y el espíritu humano. Desde entonces siguió preocupada por el tema de cómo los seres humanos interactúan con las computadoras.

Pero en Objetos evocadores dio un paso fuera del universo digital de los bytes para caminar por el mundo puramente concreto de los átomos y la materia. Turkle decidió en esa ocasión, como ella misma explica, «pensar a través de los objetos que amamos».

Objetos evocadores


Turkle invitó a 34 científicos, artistas y diseñadores a que escribieran un ensayo acerca de los objetos que ellos consideran importantes en sus vidas. La investigadora le pidió a cada uno que expusiera en su escrito todas las asociaciones que se generaban al pensar en ese objeto, preguntas como: «¿En qué momento lo piensa? ¿Cómo viene a su mente? ¿Qué siente al pensarlo? ¿Qué es capaz de comprender sobre lo que le pasa en relación con ese objeto?», entre muchos otros interrogantes.

Por ejemplo, uno eligió escribir acerca de un auto marca Ford Falcon del año 1964; otra, sobre un chello; otro, sobre un impermeable amarillo y así la lista de objetos: zapatillas de balé, una fecha de agenda, una computadora portátil, un rodillo fueron algunos de los objetos escogidos por los autores.

Los objetos y los vínculos

Uno de los convocados al experimento de Turkle se centra en una antigua cabeza de hacha, de caliza, que halló de niño en la granja de su abuelo. Cuenta que la conserva sobre su chimenea porque la considera un símbolo del aprendizaje en detalle acerca de cómo debe haber sido hecha, con la paciencia que fue diseñada y la «industria» de la civilización que la produjo.

Cuando la ve, piensa en cómo debe haber sido cazar con ella o golpear, cortar y moler elementos. Le llaman la atención el filo y también las ranuras que sirven para conectarla al mango de madera. Nota que el asa se dividió en un extremo, seguramente por el desgaste provocado por el agua y por el uso. Imagina que es muy probable que tuviera un cuero crudo húmedo cubriendo los extremos y que al secarse se cayera.

Hacha


Pensar en la cabeza del hacha y en su creador lo tentó a hacer el paralelismo con la liberación de una forma enterrada dentro de un bloque, como lo había hecho cientos de años atrás el escultor Miguel Ángel con sus maravillosas piezas de mármol. Y esas reflexiones y pensamientos fueron algunos de los motores que lo llevaron a convertirse en arqueólogo de las culturas antiguas. «Yo le debo mucho al hacha», dijo.

Otro voluntario del experimento escogió un objeto común, pero que, en este contexto, resulta sorprendente, se trata de la Enciclopedia Mundial del Libro. Este objeto apareció milagrosamente en la biblioteca de su casa y el sujeto no recuerda cómo llegó ahí. Tal vez un vendedor de puerta a puerta, muy persuasivo, logró que la familia —durante generaciones dedicada al oficio militar— adquiriera una colección de libros para compensar la magra biblioteca desprovista de ejemplares.

El sujeto explica que, en la tradición de su familia, la expresión de las opiniones, el debate, el disenso, la verdadera conversación y la apertura de uno mismo no eran celebradas, sino reprimidas como una forma de delito, una falta de respeto. Y recuerda una máxima de su infancia: «Mejor guardar silencio y un pensamiento tonto, que abrir la boca y demostrarlo».

Ahora piensa y siente que la experiencia de sus padres en Oklahoma fue la de ser personas marchitas y atemorizadas que vivían en un mundo cerrado. Recuerda que un profundo sentimiento de separación de lo «humano» dominó la mayor parte de su infancia y adolescencia. Pero pasar una y otra vez las páginas de la Enciclopedia Mundial del Libro cambió todo para él, ese texto le abrió y desplegó un universo desconocido y estimulante. «La Enciclopedia fue como la piedra de Rosetta en mi vida», dijo el hombre.

Otro de los sujetos de la experiencia, un joven padre, se centra en una aspiradora como su objeto evocador. Él escribe una historia sobre su pequeña hija y las reacciones que la aspiradora generó en ella. Durante los primeros dos años, a la niñita le aterrorizaba el sonido e incluso el aspecto del artefacto. Era algo desconocido y lleno de secretos: «Ella no lograba comprender cómo el aparato se activaba a partir de algo que venía de la pared», explicó.

Y recuerda cómo la visión y el pensamiento de la pequeña quedaban absorbidos por ese misterio. Poco a poco, la niña fue aceptando a regañadientes a aquel aparato que no le revelaba su esencia hasta que pasó de la desconfianza y la incomodidad iniciales a cierta simpatía, tanto como para pegarle calcomanías de gatitos y mariposas. Tiempo después se ocupó ella misma de explicarle a su otra hermanita que no debía tener miedo y se lo demostraba bailando con el sonido de la aspiradora. A los cuatro años no solo se había aburrido de la aspiradora, sino que ya no le prestaba atención.

Aspiradora


A través del vínculo de la pequeña con la aspiradora, el padre fue testigo de cómo se gestaba una forma de superar la desconfianza y el miedo: su hija atravesaba uno de los primeros desafíos de la vida. Por eso cada vez que el padre ve la aspiradora recuerda esta pequeña-gran batalla librada por su niña y le causa una sensación muy hermosa.

Sea el objeto que sea, lo interesante de pensarlos como propone Turkle es lo que subyace detrás de las relaciones con los objetos familiares que impulsan nuestras rutinas. Estos vínculos se pueden utilizar como vehículos para reflexionar sobre temas más grandes: el papel de los objetos en el diseño y el juego, la disciplina y el deseo, la indagación en los afectos, la historia y el intercambio, el duelo y la memoria, la transición y el transcurrir, la meditación y las nuevas perspectivas.

Turkle acompañó cada historia autobiográfica con textos complementarios de filosofía, historia, literatura y arte para enriquecer aún más estas conexiones profundas y provocadoras.

¿Qué es primero: la imagen o el pensamiento?

Hablando de los objetos, no podemos dejar de mencionar otro excelente libro que se atreve al tema desde una perspectiva muy diferente, pero tan interesante como la de Turkle. Se trata de Eco de los objetos: el trabajo cognitivo de las imágenes, un espectacular esfuerzo de pensar y reflexionar fuera de los límites de una disciplina específica para intentar una especie de biblia «interconfesional» de las artes y las neurociencias. Inspirador y gratificante, este ensayo es una gran muestra de «objetos de aprendizaje» con un enfoque poco común de cruces entre diversos géneros y disciplinas, que provoca un impresionante efecto caleidoscópico. En el centro de todos los colores y flujos, se encuentra Barbara Stafford, la autora, aguda crítica de la inteligencia y de las ciencias cognitivas, quien ha trabajado y conversado con diferentes personalidades de las artes y las humanidades.

Eco de los objetos es un trabajo pionero en la exploración de las formas en que la neurociencia moderna ve el mundo a través de las imágenes y de las ideas.

Eco de los objetos


El ensayo sostiene vigorosamente una nueva comprensión de las imágenes, una postura analítica que las considera no solo como productos de operaciones mentales, sino como constitutivos de este tipo de operaciones y procesos cognitivos.

Eco de los objetos está repleto de ideas innovadoras y de las conexiones necesarias para tejer una red que reúne la cultura, la biología, el análisis del pensamiento y la cognición de objetos. Esto le facilita al lector replantearse los usos y el significado de los objetos, sus imágenes y representaciones. Por eso es un libro con el cual se puede discutir fervorosamente. Cada lector tendrá con el texto una conversación, una experiencia —para muchos transformadora— que le mostrará el papel crucial de las artes y las humanidades para comprender la ciencia, la cognición y las imágenes que tienen de sí mismas.

El trabajo de Stafford en este ensayo entronca indisociablemente la biología con la cultura. Desde este punto de vista, los procesos biológicos no pueden dejar de ser atravesados por las herramientas de análisis visual, «leídos» y analizados con las teorías que la historia del arte ha perfeccionado durante más de un siglo.

El gran desafío del rompecabezas que propone Stafford es hacerse la «película» mental de cómo la percepción de un objeto, la voluntad de actuar sobre la intención de esa percepción y la «creación» de conciencia ocurren a partir del chisporroteo de decenas de miles de neuronas conectadas y excitadas en cualquier momento en el tiempo. De este modo, nos invita a imaginar cómo la percepción de un objeto, de una imagen, desencadena acciones en todos los frentes.

Neuronas


Las tormentas desencadenadas por los objetos

Stafford está a la vanguardia del creciente movimiento que busca un acercamiento diferente a los llamados temas de la «realidad material» y al análisis de las bases de los objetos culturales desde la perspectiva combinada y complementaria de las humanidades con las neurociencias.

La investigadora está convencida de que esta conjunción les permitirá, por ejemplo, a los científicos enriquecer sus investigaciones sobre la actividad mental mediante la incorporación de consideraciones fenomenológicas —en particular, la intrincada forma en que los objetos (o las imágenes de los objetos) generan comportamientos e intencionalidad y nos permiten «sentir» los flujos de pensamiento—.

Como resultado de las experiencias de Stafford, Eco de los objetos es una amplia exploración de la complejidad de las imágenes hasta lograr la identificación de patrones que permiten hacer visible lo invisible a la conciencia humana.

Stafford demuestra, por ejemplo, la forma en que los diversos formatos de objetos e imágenes como emblemas, símbolos, íconos, collages y la manera en que son presentados, diseñados, comunicados por los medios electrónicos ponen de manifiesto los modos en que el cerebro lidia mentalmente para re-construir los objetos en operaciones producto de múltiples asociaciones.

A su vez, señala también cómo los resultados de estudios sobre biología evolutiva y neurociencias están proporcionando oportunidades para una nueva comprensión estética, dejando en evidencia el siempre humano impulso de narrar, de contar historias, de representar.

Planilandia, un mundo de dos dimensiones

¿Y los objetos de los que venimos hablando dónde están? ¿En un plano, en dos, en tres? ¿En muchos más?

En 1884, un excéntrico clérigo y estudioso literario llamado Edwin A. Abbott publicó una extraña novela filosófica llamada Flatland (en español, «Planilandia»), en la que exploraba cosas como las tres dimensiones matemáticas y satirizaba suavemente algunas de las ortodoxias de su tiempo. El libro pasó a ser un éxito de ventas en la Inglaterra victoriana y no ha perdido vigencia desde entonces.

Flatland es el mundo en el que el protagonista de la obra, A. Square (en español, A. Cuadrado), describe cómo se vive en dos dimensiones, las costumbres y la física de un universo plano. El protagonista es «visitado» de repente por un ser de la «tercera dimensión» —el señor Esfera— y esto le abre un nuevo mundo desconocido para él hasta ahora y no exento de problemas.

Tráiler de la película

El libro básicamente está dividido en dos partes: una primera crítica a las costumbres victorianas de la época, como la discriminación de clases y géneros —tanto es así que los personajes de las mujeres son «líneas» y los hombres, «polígonos»— y una segunda parte de corte más matemático donde por analogía (2-3 dimensiones) el lector puede investigar cómo podría ser la cuarta dimensión (y las siguientes).

El objetivo de Abbott era demostrar a sus contemporáneos que el cómodo mundo tridimensional podía ser puesto en duda por la existencia de una cuarta dimensión. Por eso, en su novela jugaba con las criaturas bidimensionales de Planilandia sorprendiéndolas con la irrupción de un personaje tridimensional, «la Esfera», cuya presencia introducía algo que existía solo como pura especulación en el imaginario de los habitantes de Flatland.

Video con explicación sobre las diferentes dimensiones (activar los subtítulos en español).

Para aprender más sobre las dimensiones físicas del universo, es mejor recurrir a la versión anotada (donde se comentan las bases matemáticas y físicas) o a Flatterland: like Flatland only more (en español, «Flatterland: como Flatland, pero un poco más»). En este libro, mediante una ingeniosa saga narrativa, su autor, Ian Stewart, continúa la historia de A. Cuadrado a través de su bisnieta, que explica a los lectores cómo es la cuarta dimensión y todo lo que hay más allá.

Planilandia


3D, 4D, 5D, 6D: la matriz multidimensional

En Flatterland, Ian Stewart, profesor de matemáticas de la Universidad de Warwick, se animó con las actualizaciones de Flatland, añadiendo literalmente innumerables dimensiones a las propuestas por Abbott en la novela original. «El mundo no tiene solo cuatro dimensiones», proclama uno de los personajes de este nuevo libro, «sino cinco, cincuenta, un millón o incluso ¡una infinidad de ellas!».

A lo largo de su trayectoria, Stewart estudió los diagramas de Feynman, la teoría de supercuerdas, los viajes en el tiempo, la mecánica cuántica y los agujeros negros, entre muchos otros temas. Y, con el mismo espíritu lúdico de Abbott, Stewart atiza el fuego actual con nuevas, polémicas y controvertidas hipótesis.

Algunas explicaciones del Dr. Quantum

Definitivamente, Flatland de Abbot es un clásico al que, sin duda, hay que animársele. La versión en español se conoce como Planilandia y la edición anotada de Stewart ofrece la ocasión de leer el clásico (parte interior del libro) junto con todas las anotaciones y comentarios (en los amplios márgenes) de uno de los mejores divulgadores matemáticos del momento. Además, se incluye una extensa biografía de Abbot, multitud de referencias y comentarios adicionales del autor sobre los mundos en 2D, 3D, 4D y multidimensiones.

En Flatterland, Stewart les cuenta a los lectores modernos la historia de Vikki, la muy juvenil descendiente de A. Cuadrado. Ella siente la mezcla de sentimientos típica de la adolescencia, con las contradicciones que resultan de la tirantez entre el amor familiar y la rebeldía.

Cuando Vikki descubre la existencia de una copia del plano que les costó la vida a sus antepasados y a su madre en especial, los abuelos —para protegerla— le prohíben leerla, hablar del tema y así evitar cualquier tentación de rastrear las coordenadas del sitio. Aquel plano en cuestión, proveniente del libro proscripto por las autoridades de Planilandia, documenta nada menos que la ubicación donde se halla el objeto relacionado con la tercera dimensión, ¡un lugar y una idea prohibidos en el mundo-plano 2D!

Vikki, inquieta, curiosa e inteligente, encuentra la manera de leer la página de todos modos y accede al lugar prohibido. Allí se produce un «acontecimiento transdimensional» y se hace presente un personaje en tres dimensiones llamado «Space Hopper» (el Esferón), que invita a Vikki a explorar el Matemativerso. De esta manera, Vikki, que había vivido toda su existencia en un mundo plano , experimenta por primera vez la vida en 3D.

Esferas de Planilandia


Lo que Stewart incluye como actualización y novedad en Flatterland es el Matemativerso, una especie de matriz multidimensional con todos los espacios y tiempos donde coexisten universos paralelos, reina la relatividad, viven gatos de Schrödinger y pueden ocurrir singularidades como, por ejemplo, los agujeros de gusanos —todos conceptos surgidos de la física moderna—.

Flatland, la película

La película es una aguda sátira, basada en la novela Flatland (1884) de Edwin A. Abbott, que nos guía en un viaje de expansión de nuestras ideas sobre el mundo y las dimensiones.

Arthur Cuadrado, abogado, habita en un mundo que es plano (bidimensional) junto con su esposa Frau, otro cuadrado. Su vida consiste en tratar de aumentar los ángulos de sus descendientes, pues cada lado que una figura gana en la evolución de Planilandia significa un ascenso de clases. Planilandia o Flatland es una sociedad autoritaria gobernada por triángulos dictadores y pomposos círculos sacerdotes.

Así, en la familia de Arthur Cuadrado llega a haber cinco pentágonos y una nieta ¡hexágono! Hex, la adolescente del clan, extremadamente curiosa, comenzará a indagar en los misterios de la tercera dimensión y a desatar una peligrosa rebelión en Planilandia.

Planilandia (película completa con subtítulos en español)