José Nun
José Nun

—¿Cómo surge la iniciativa de la colección de libros Claves para todos y cuál es su objetivo?

José Nun:—La iniciativa surgió de constatar que, en una sociedad cada vez más compleja y opaca, faltaban trabajos de divulgación que fueran a la vez rigurosos y accesibles, dirigidos a un público amplio, que le permitieran a este contar con información adecuada y con instrumentos conceptuales para entender mejor qué es lo que ocurre en las más diversas áreas sociales, políticas, culturales, económicas, etc.

—¿Cuáles son los temas que se expondrán en la colección y cuáles fueron los criterios para su selección?


—Los temas van desde la inseguridad pública hasta la desocupación, pasando por los cambios que han tenido lugar en la sociedad y en la familia, por la educación, por la reforma política, por nuestros hábitos de alimentación, por las creencias populares, por las falacias económicas que se toman por dadas, etc. En una palabra, un rango decididamente amplio de temas que tienen por criterio orientador todo aquello que un ciudadano informado debería saber para estar en mejores condiciones de deliberar, de debatir y de decidir sus preferencias políticas.

—Ud. ha señalado que nuestro pueblo padece un creciente déficit de formación sociopolítica. En su opinión, ¿cuáles son las causas fundamentales de esta situación? ¿Cuáles serían las claves para resolver ese déficit?


—Una causa ya la llevo dicha: fueron desapareciendo de quioscos y librerías materiales como los que proponemos y que, hasta hace un par de décadas, difundían editoriales como CEDAL, fundada y dirigida por don Boris Spivacow. Otra tiene que ver con el auge de los medios masivos de comunicación que, por lo común, informan pero no explican o lo hacen muy superficialmente. Sería desde luego absurdo condenarlos en general porque siempre hay programas valiosos, aunque de todas maneras sufran las limitaciones que les imponen tanto el tiempo como los compromisos con los anunciantes. En cualquier caso, hay exigencias de reflexión, de comprensión y de repaso de lo leído que vuelven insustituibles a la palabra escrita y al libro.

—Claves para todos propone a los ciudadanos que se re-apropien de los conocimientos y debates que le son propios abandonados hoy a los saberes especializados ¿a qué le adjudica Ud. la existencia de esta brecha?

—La brecha, en el fondo, tiene que ver con uno de los dispositivos centrales de cualquier sistema de dominación. Me refiero al hecho de que el poder establecido no sólo opera mediante la inculcación sino deprivando al ciudadano medio de los elementos que le permitirían hacer conexiones eficaces entre, por ejemplo, aquello que le pasa y la causa de que le pase. Quiero decir: una familia pobre sabe que tiene necesidades básicas insatisfechas; pero en la gran mayoría de los casos ignora a qué se debe su situación y esto al punto de que son muchos quienes acaban culpándose a sí mismos, por su incapacidad o por su mala suerte. En la escuela primaria, ¿a usted le explicaron alguna vez qué es el capitalismo, cómo opera y en qué medida puede resultar compatible o no con un régimen democrático?

—¿Qué opina de la propuesta del ministro de Educación, Ciencia y Tecnología, Daniel Filmus, de cambiar parte del pago de deuda externa por inversión en educación?

—Me parece una idea excelente, que debe ser fuertemente apoyada. Espero que se concrete, por lo menos en parte. Por ejemplo, así como antes se obligó a las AFJP a comprar títulos públicos, ahora se les podría exigir que acepten un canje como el que propone Filmus. Pero aun si no se concretase, el planteo abre un campo de discusiones muy fértiles en un asunto tan vergonzoso y lamentable como el de la supuesta deuda externa de la Argentina. Uno, porque desde Alfonsín en adelante se aceptó sin rubores su legalidad más que discutible. Y dos, porque conecta el saqueo que ha sufrido el país con sus consecuencias sobre los sectores más vulnerables de la población.

—El advenimiento de las nuevas tecnologías de la comunicación y la información, más específicamente internet, ¿ha afectado la noción de ciudadanía? ¿Sí, no, cómo?


—Aunque la pregunta no admite una respuesta breve, le contesto taquigráficamente que esas nuevas tecnologías no han afectado la noción misma de ciudadanía pero le han abierto y cerrado caminos, a la vez, al ejercicio de los derechos de ciudadanía. Le han abierto caminos tanto en el campo de la información como en las posibilidades de intercomunicación: seguramente, movimientos de protesta como los de Seattle o Washington no hubieran sido tan exitosos sin internet, y hoy existen cada vez más contactos horizontales entre comisiones de fábrica u organizaciones barriales que, gracias a los medios ahora disponibles, ya no requieren la intervención de niveles jerárquicos que los filtren. Pero también le han cerrado caminos, por las razones invocadas en mis respuestas anteriores y que se vinculan a la masificación creciente de los mensajes que se trasmiten. Después de todo, conviene no olvidar que, mientras el posmodernismo decretaba el fin de los grandes relatos, sucedía el ascenso y consolidación del más grande relato de todos en términos de difusión, que ha sido el del “neoliberalismo” o “pensamiento único”.


Fecha: Marzo de 2004