Elena García
Elena García

—¿Con qué elementos de soporte digital y de internet puede otorgárseles valor agregado a los contenidos educativos?

Elena García:—Como siempre hay que tener en cuenta qué escenario de trabajo tienen los chicos: si van a un laboratorio con o sin conexión a internet, si hay conexión de qué tipo es, qué tipo de máquinas, la relación entre cantidad de máquinas y número de chicos. En la situación más usual en las escuelas argentinas, que es de baja conectividad y con dos o tres chicos por computadora, no se puede pensar en actividades que requieran navegación en línea y mucha interactividad porque es tedioso, tardan un montón en abrirse las páginas, no se hace nada, realmente no sirve.
Si la conexión es baja hay que apostar a proyectos colaborativos donde el intercambio sea mayoritariamente por correo electrónico. Así, los chicos se sienten más enganchados, mandan sus producciones a través de archivos adjuntos, y les rinde más el tiempo en el laboratorio de informática, que generalmente es poco. Y hay que facilitar a los docentes el acceso a materiales que puedan bajar de la web y llevar al aula, ya sea software, simulaciones, actividades interactivas. Lo pueden bajar en un cíber, en sus casas o de la única computadora con conexión que tenga la escuela, según sea el caso. Y lo llevan al laboratorio y los chicos lo trabajan off line. Otra alternativa es ofrecer estos recursos en CD.
Si en el colegio se dispone de una buena conectividad la forma de trabajar es diferente. Un camino son las actividades de tipo webquest, los laboratorios de tipo remoto, la participación en proyectos colaborativos donde la producción colaborativa sea sincrónica, donde los chicos estén viendo la producción de otros y la comparen con la propia para sumarlas. Son estrategias diferentes de acuerdo con el grado de conectividad que se tenga, no hay recetas únicas.

—¿Podría decirse que hoy, en el año 2004, la utilización de las TIC en educación es una demanda social?

—Sí. La demanda social de capacitación en TIC es cada vez mayor. De todos los grupos sociales, independientemente de la posición económica. Por ejemplo acá, en educ.ar, en noviembre de 2001 realizamos una actividad que a mí me impactó muchísimo. Fue para festejar el Día Internacional del Niño. Armamos una jornada para que chatearan alumnos de colegios de distintas regiones del país e invitamos a la sede de educ.ar a chicos de la calle de la Ciudad de Buenos Aires. Trabajamos con chicos de hogares de día que vinieron con las personas que normalmente están con ellos. Eran chicos de entre 10 y 16 años. Usamos toda la planta baja del edificio y a todos les suministramos una máquina y los dejamos chatear con alumnos de otras escuelas. Cuando yo propuse esto, en un principio me dijeron: “estás loca, un chico de la calle qué sabe de internet”, y yo contesté: “ veamos qué pasa”.
Los chicos de la calle, que duermen en la estación Constitución, nos decían que ellos usan algunas monedas de las que consiguen para entrar al cíber. Entonces les preguntamos por qué, y nos dijeron: “porque cuando yo chateo nadie se da cuenta de que no tengo casa”. Y lo que los chicos querían expresar es que esta posibilidad de comunicarse por chat, en la que los demás no ven cómo están vestidos, qué zapatillas tienen. los homologa a otros chicos, les permite comunicarse con chicos que quizás en la calle no se acercan a ellos, los desvalorizan o les temen.
Los chicos no les temían a los teclados, ni a los dispositivos, a algunos les avergonzaba que se notaran sus faltas de ortografía. Entonces nos pedían que les corrigiéramos las faltas antes que ellos dieran Enter, para que no se hicieran evidentes sus errores. Este es un buen ejemplo de que los chicos no tienen problemas con las tecnologías. Los que tenemos problemas con la tecnología somos los adultos. Los chicos no necesitan gran entrenamiento. Si a los chicos se los deja con una computadora con un material interesante los chicos aprenden, le sacan provecho, es lo que quieren. Porque ven una película y ven que los chicos usan computadoras, y ven que los chicos chatean en internet. Ese es el mundo que se les muestra, entonces aspiran a eso.
Los docentes a veces tienen ciertos temores a cambiar sus prácticas habituales e integrar las TIC en sus clases, porque sienten que los chicos saben más que ellos sobre el uso de las tecnologías; es porque quizás cuesta verse como acompañantes del aprendizaje de los chicos, todavía prefieren el saber más para ponerse frente a la clase.

—¿Qué resulta de esta amalgama de intereses entre docentes y alumnos a la hora de lograr un uso educativo de las nuevas tecnologías en la escuela?

—La situación habitual en los colegios es un gabinete de informática separado del aula. El docente ve a ese laboratorio como un territorio ajeno, no es el lugar donde se siente cómodo, no es su aula, tiene que ir al territorio de otro que es el docente de Informática, y teme siempre que su colega esté allí trabajando, y de alguna manera juzgue su trabajo. Y cuando no hay un coordinador de Informática, y el docente tiene que ir solo a trabajar al aula de computación, normalmente tiene temor de que se produzcan problemas técnicos que él no pueda superar.
Por otro lado, algunos directivos se ocupan obsesivamente de la protección de los equipos y muchas veces prefieren que queden obsoletos, sin uso, antes de que se rompan. A mí me ha ocurrido ir a colegios que tienen, por dar un ejemplo, una máquina a la que no le funciona el monitor y otra cuyo teclado está roto. Y yo les digo: “bueno, pero pueden combinar los elementos para que funcione al menos una máquina”, y los directivos responden que no pueden mezclar los elementos de las distintas computadoras porque algunas máquinas han sido donadas por Nación y otras han venido gracias a la cooperadora y después hay problemas con el inventario.
Lo que suele suceder en las escuelas es que los espacios de todos, como lo es un gabinete de Informática, al que todos deberían poder ir, muchas veces se transforman en espacios de nadie, nadie se hace cargo. Como es el lugar de todos hay que tener reglas de convivencia muy claras, para que el docente que use el laboratorio lo deje en condiciones para el docente que viene inmediatamente después; tener respeto por las cosas comunes y el tiempo de los otros. Estas reglas de convivencia no son fáciles en la gestión de la escuela quizás porque estos espacios comunes no son tampoco muy habituales en la escuela. Están el patio, la biblioteca, los laboratorios y no más.

—Ud. dice que habría que hacer hincapié en las reglas de convivencia respecto de los espacios comunes de la escuela ya que son cuestiones que hacen a una buena gestión escolar...

—Yo creo que habría que hacer algo que nunca se hizo con fuerza: capacitación directa o indirecta sobre la problemática de la gestión del uso de los recursos informáticos en la escuela. Cómo distribuir los tiempos, cómo tratar de usar la mayor cantidad de tiempo posible estos recursos relativamente escasos. Una charla muy clara con directivos y supervisores, para decirles que en realidad una computadora no usada durante dos años es peor que una computadora que se rompe después de 6 meses de intenso uso, porque después de varios años se devaluó tanto que a veces repararla resulta muy costoso.

—Actualmente trabaja en proyectos con la Fundación Chile, y también asesoró al portal Colombia Aprende. ¿Cómo ve las diferencias en el acceso y el uso de tecnologías, y el nivel de alfabetización tecnológica en estos países? ¿Qué diferencias observa con el caso argentino?

—Estoy trabajando para el departamento de educación de la Fundación Chile, asesorando en temas de gestión de contenidos al portal educarchile, y en las bases de lo que será la red de portales latinoamericanos. Como integrante de este equipo colaboré con el diseño conceptual y funcional del portal colombiano Colombia aprende, que se inauguró en mayo.
El grado de apropiación de la herramienta informática es diferente en Argentina, en Chile y en Colombia. La semana pasada estuve en Chile, en la presentación a la prensa de los resultados de una encuesta que permitió determinar lo que llaman el Índice de Generación Digital, para medir el grado de acceso, uso, conocimiento y valoración de internet de los escolares chilenos. Allí apareció –entre otras cosas– que los chicos y los padres ven al uso de la tecnología como un valor imprescindible para desempeñarse en el futuro. Cuando se midió quiénes tienen computadora en sus casas se vieron diferencias según el nivel económico de las familias, y lo mismo en relación a la conectividad a internet. Pero cuando se les preguntó qué pasaba en las escuelas a las que concurrían los chicos de estas familias encuestadas los resultados fueron llamativamente parejos para escuelas municipales, subvencionadas y privadas. Es decir que en Chile la escuela funciona como un lugar de equiparación en lo que a acceso a las tecnologías se refiere. Y creo que es el resultado de una política sostenida de equipar a las escuelas, de conectarlas y de hacer capacitación docente. Esta política se inició con el proyecto Enlaces, y ahora se complementa con el portal Educarchile, y cuando un proyecto tiene más de 10 años en funcionamiento se pueden ver realmente los logros, porque han podido superar dificultades, corregir rumbos y realmente se mejora.
En Colombia hay regiones con mucha tradición en el uso de las TIC en educación. Por ejemplo el proyecto Conexiones, que nació en Medellín, tuvo repercusión internacional por sus logros en capacitación docente y en la depuración de una metodología de trabajo efectiva. Claudia Zea, que impulsó Conexiones, está hoy trabajando en el Ministerio de Educación colombiano en temas de informática educativa y dirige el proyecto del portal. Lo que quiero decir es que en Colombia tienen mucho know how, vienen hace muchos años trabajando en la integración de tecnologías en el aula y saben hacia dónde ir. Hay mucha gente dentro del Ministerio con mucha experiencia en el tema y eso es muy importante.
En Argentina se nota la falta de un proyecto integral de incorporación de las tecnologías en el sistema educativo. Hubo y hay propuestas regionales y jurisdiccionales, pero muchas veces los proyectos comienzan y a poco de andar se dejan caer. Y se vuelve a empezar como si nada hubiera ocurrido, cuando lo importante es la continuidad y el sumar esfuerzos. Con respecto al nivel de alfabetización tecnológica de los docentes casi no veo diferencias entre los tres países, pero sí en cuanto al uso educativo de la tecnología.
Te comento algo que viene al caso. Estoy colaborando con la Fundación Evolución en un proyecto de investigación llamado Redal, financiado por el IDRC de Canadá. El objetivo es reconocer los factores de éxito en la integración de TIC en proyectos escolares, por qué algunas redes escolares funcionan bien a través del tiempo independientemente de si hay o no políticas públicas que las sostengan. Se trabaja con estudios de casos: Redescolar en México, Enlaces en Chile, la Fundación Omar Dengo en Costa Rica, el proyecto WorldLinks en Paraguay y en Brasil; y con la red Telar en Argentina. En este momento estamos en la fase final de los estudios de campo y la idea es analizar qué hay de común en las escuelas, los docentes, los directivos que en contextos muy diferentes logran buenos resultados en la integración de TIC.

—¿Qué perspectivas se abren con el proyecto Red de Portales Educativos Latinoamericanos, que une los portales educativos de Chile, Argentina, Colombia, Ecuador y México ?¿Qué beneficios concretos puede aportar este proyecto?

—Primero quiero remarcar que estamos hablando de una red de portales, y no de un portal latinoamericano. Estamos hablando de portales educativos nacionales trabajando en colaboración, que no es lo mismo que un portal regional.
Todos los que trabajamos en esto sabemos lo costosa que es la producción y la selección de contenidos que sean valiosos, y los escasos recursos que tiene cada país. Entonces la idea es sumar esfuerzos y que los logros de un país puedan ser aprovechados por otros en un intercambio colaborativo. Por ejemplo, un país selecciona enlaces (y no es menor el trabajo porque hay que recorrer internet, evaluar los contenidos que se ofrecen, catalogar los recursos y chequear después periódicamente que sigan publicados) y la idea es que los suba a su portal y además los comunique a los otros portales para que no dupliquen en esfuerzo. Apostar a los trabajos de colaboración. Armar proyectos de vinculación de escuelas de un lugar y de otro donde haya un intercambio rico entre docentes, y también cuando se generan líneas de producción hacerlo en forma colaborativa. Si, por ejemplo, un portal realiza un enorme esfuerzo para subir materiales acerca de la flora y fauna de su país, ponerlos a disposición rápidamente a los otros países, y que sea de una manera automática. Nosotros pensamos que teniendo una tecnología que permita un intercambio automático, criterios de catalogación y de recuperación comunes y acordados, podremos reusar los materiales rápidamente. Además, la mayoría de los productores de contenidos complejos, como los simuladores, software de gran envergadura y tantos otros, no están en Latinoamérica y mucho de este material está en inglés. Seguramente a un país latinoamericano que solo, por su cuenta, quiera negociar con las empresas extranjeras le resultará más difícil que si se lo hace como una red de portales. En conjunto tendremos más fuerza para las negociaciones de compra, y también se podrán compartir los costos de traducción y de readaptación a nuestros contextos educativos.
Nosotros nos imaginamos la construcción de un multitesauro, los que nos permitirá además reducir los esfuerzos de catalogación de los recursos. Este proyecto requiere de un buen diálogo entre los equipos técnicos de los distintos portales, y esto nos va a resolver muchas cuestiones porque vamos a estar dialogando con gente que tiene más o menos los mismos problemas que nosotros. ¿Qué requerimiento debo exigir para una buena herramienta de administración de contenidos hoy? ¿Qué podemos hacer en conjunto para tener una buen servicio de correo electrónico? Siempre en conjunto se tiene más fuerza.

—¿Cuáles debieran ser las claves de una estrategia política destinada a superar los problemas respecto de la formación en nuevas tecnologías para los docentes en nuestro país?

—Desde los años 80 estamos hablando siempre –en lo que hace a las nuevas tecnologías– de hacer cursos de capacitación, siempre se habla de capacitación del docente en servicio. Creo que hay que animarse y desde el primer día que ingresa un alumno a un instituto de formación docente ponerlo en contacto con las nuevas tecnologías, que vivencien su potencialidad desde lo cotidiano, que sean su herramienta de trabajo.
Si pensara en algún plan de donación de computadoras yo la destinaría a los alumnos de los Institutos de Formación Docente de todos los niveles. Apuntaría a que estos institutos tengan muy buena conectividad y equipamiento y a acompañar esto con una revisión de las asignaturas para que realmente estos instrumentos se utilicen. Y en simultáneo trabajar con capacitación docente continua. Y también, vuelvo a decir, creo mucho en los proyectos colaborativos, creo que se aprende mucho de los pares en lo que respecta a las nuevas tecnologías.