Conversar para aprender: la punta del ovillo

Compartir logros, pedir consejo, escuchar una sugerencia, intercambiar experiencias en foros virtuales y en las redes sociales. Recuperando lo mejor de la tradición socrática, la conversación constituye un «modo de comunicación privilegiado en la carrera docente». Y qué mejor que hacerlo en la era de las TIC, en la que podemos aprovecharlas para redefinir nuestras fronteras.      

«Bienvenidas sean pues las redes digitales y las TIC en las aulas, aunque solo sea para que nos enredemos buscando la manera de disolver esos muros simbólicos que a veces han aislado a la escuela del mundo.»
(Mariano Martín Gordillo)

«[A]unque solo sea para que nos enredemos buscando…», dice Mariano. Curioso: nos toca una época interesante a los educadores, una época en la que el famoso triangulito docente-alumno-contenido y sus flechitas tranquilizadoras se disuelven, se funden, cambian de forma, apuntan en otros sentidos. Nos rediseñamos como docentes en el papel del alumno, como docentes que reaprenden o que vuelven a una posición que en ciertos casos estaba un poco olvidada (más allá de los discursos acerca del aprendizaje permanente...).

Muchos ojos miran este cambio, muchas voces opinan. Algunas de ellas adoptan una postura que esconde una falsa moral. Los discursos que señalan al docente con el dedo y, cantando el De profundis del buen profesor, le enumeran la larguísima lista de cosas que «debería saber hacer en estos tiempos» en general no sirven. Provocan frustración y rechazo. Desaniman.

Red de redes

Es mucho más productivo un discurso pragmático que, invitándonos a innovar para beneficio de lo que ya sabemos hacer bien —que es enseñar nuestra área de conocimiento—, brinda unas primeras pistas, respuestas, caminos más o menos seguros para transitar. Algo así como las primeras recetas para cocinar cuando uno se independiza de sus padres. Serán inevitables algunos tropiezos y yerros, pero uno puede insistir e ir mejorando, hasta el punto en que se siente capaz de elaborar sus propios platos. Si, en cambio, cuando uno pide ayuda para empezar a cocinar nos diesen una lista de las tablas de proteínas, una enumeración de las formas básicas de cocción y un catálogo de alimentos..., pienso que sería lógico desistir. O apelar al servicio de delivery: lo compro hecho por otro, porque me convencí de no poder.

Ahora bien, si decido que podré y quiero animarme con las TIC en la cotidianeidad de mi aula: ¿cómo empezar? Unos años atrás se popularizaron los «cursos de computación» en academias e institutos o dictados por profesores particulares. Un modelo más bien disperso, atomizado, centrado en el uso instrumental, colonizado por una cultura de oficina. Si bien sirvió en un momento, y a cierto propósito, dejó afuera la pregunta y el interés fundamental de un docente: «¿Cómo enseño mi materia con las TIC?».

Inicié esta nota mencionando una época interesante, caracterizada por la expansión de las redes, que a su vez amplifican y distribuyen modos de comunicación previos. Creo que un modo de comunicación privilegiado en la carrera docente es, sin duda, la conversación.

Docentes conversando

La tecnología de la palabra encuentra su mejor herramienta en el verbo conversar. Conversar con los colegas en el recreo, compartir los logros, pedir consejo, escuchar una buena sugerencia... conversar en foros virtuales, conversar en las redes, ver «de qué va la cosa» en sitios donde se debaten temas de educación y tecnologías, atreverse a un rol de usuarios más activos, que no solo leen y navegan, sino que también comentan, critican, valoran, difunden, filtran... Todas esas acciones y capacidades son todas buenas maneras de ganar experiencia docente. 

Y ahí está la punta del ovillo: ¿por qué no seguir ganándola en terreno digital?

En este contexto, los educadores descubrimos que hay estrategias asociadas al trabajo colectivo, al esfuerzo compartido entre pares, a las ventajas de estar en red, de pensar en red. Y esas estrategias nos ayudan a mejorar nuestra labor docente, nos ponen a la altura de los tiempos, optimizan las posibilidades disponibles de capacitación e innovación.

Aprendizaje en red

Una red virtual de docentes es un ambiente propicio para consultar y pedir ayuda, compartir y comentar experiencias, sometiendo esas experiencias propias a la opinión de colegas, que no tienen por qué estar geográficamente cercanos.

Estas comunidades en línea, que estamos «descubriendo» para la docencia en los últimos tiempos, pueden resultar espacios virtuales muy ricos y motivadores. Pero con calma. Todo tiene su ciclo y las redes virtuales, también. 



Próximas notas de la autora:

«Ni feligreses, ni Teacher jumpings, ni evangelizadores: docentes en red».

«Para muestra basta un botón: baqueanos digitales en una red de formadores».

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Publicado: 13 de marzo de 2013
Última modificación: 14 de marzo de 2013

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