Alexander FlemingA su regreso de la Primera Guerra Mundial, donde presenció la muerte de muchos soldados como resultado de infecciones en sus heridas, Alexander se dedicó a buscar nuevos agentes antibacterianos. En un artículo que envió a la revista The Lancet durante la guerra, describió cómo los antisépticos eran poco efectivos para lastimaduras profundas debido a que, si bien lograban eliminar las bacterias superficiales, no eran capaces de penetrar como para llegar a eliminar las bacterias alojadas en lo profundo de la herida. Finalmente, terminaban siendo incluso perjudiciales para los pacientes.

En 1922 Fleming hizo su primer gran aporte a la microbiología, aunque hoy no es recordado por ello. Descubrió que la secreción nasal posee la facultad de destruir determinados tipos de bacterias. Probó, poco después, que dicha facultad es consecuencia de una enzima presente en muchos tejidos corporales, la lisozima. Sin embargo, esta enzima no es capaz de destruir las bacterias que provocan las principales enfermedades que azotaban a la población de la época. A pesar de esta limitación, el hallazgo fue de gran valor para Alexander ya que demostraba la existencia de sustancias inofensivas para las células del organismo pero letales para las bacterias. 

La penicilina

En 1928, Fleming estaba estudiando las propiedades del Staphylococcus, un género de bacterias que está presente en la piel y la mucosa de los humanos y que causa –como consecuencia de la producción de toxinas– una serie de enfermedades tales como diarrea, vómitos y náuseas, entre otras. El 3 de septiembre de ese año, Alexander volvió de un mes de vacaciones junto con su familia y se dirigió a los cultivos que había dejado sobre la mesada del laboratorio. Se encontró con que una de las placas estaba contaminada con un hongo, y que no había colonias de Staphylococcus en la región adyacente al hongo, pero sí en las zonas más alejadas.
 
Fleming cultivó el hongo y descubrió que producía una sustancia que inducía la muerte de varias bacterias asociadas a enfermedades. Este hongo fue identificado como perteneciente al género Penicillium, por lo que, el 7 de marzo de 1929, nombró penicilina al compuesto que este produce. Alexander comenzó entonces a estudiar qué otros microorganismos eran afectados por la penicilina, y encontró que muchas bacterias –como las causantes de neumonía, escarlatina, meningitis, gonorrea y difteria– lo eran. Ese mismo año publicó sus hallazgos en el British Journal of Experimental Pathology


Corto de la TV mexicana. Autora: Guadalupe Ruíz Narvaez. Producción: Rodrigo Sánchez González.

Su trabajo tuvo poca repercusión. Curiosamente, otros investigadores habían publicado o mencionado previamente que el crecimiento de bacterias podía ser inhibido por la presencia de hongos, pero estos trabajos también habían recibido poca atención. Fleming continuó con sus trabajos durante la década de 1930 pero se encontró con que el cultivo de Penicillium no era sencillo, así como tampoco lo era aislar el agente antibiótico, lo que haría poco probable producirlo en gran escala para convertirlo en un medicamento efectivo.

Estampilla sobre Fleming
Sumado a esto, Fleming comenzó a pensar –basándose en sus ensayos clínicos– que la penicilina no duraría el tiempo suficiente en los pacientes como para eliminar de manera eficaz a las bacterias. Sin embargo, tiempo después se daría cuenta de que estas conclusiones estaban equivocadas, debido a que la penicilina se estaba administrando de modo superficial en las heridas. Continuó con sus experimentos hasta 1940, tratando de encontrar algún químico experimentado que se interesara en ayudarlo en purificar y refinar la penicilina. Finalmente, ante el desinterés general, se vio obligado a abandonar este proyecto.

Del laboratorio al mundo

Gran Bretaña, hacia comienzos de la década de 1940, estaba involucrada en la guerra, y el desarrollo de la penicilina no estaba entre las prioridades nacionales. Sin embargo, los reportes británicos sobre las propiedades de la penicilina llamaron la atención de los norteamericanos. En consecuencia, la Fundación Rockefeller invitó a Harold W. Florey, un profesor de patología de la Universidad de Oxford, y a sus colegas Norman G. Heatly y Ernst B. Chain a Estados Unidos para explorar la posibilidad de producir penicilina en masa. Llegaron en julio de 1941 e inmediatamente comenzaron a sucederse numerosas reuniones entre ellos y representantes de agencias, compañías farmacéuticas y universidades. Con tanto apoyo lograron generar, en solo un año, penicilina aplicable a la clínica, y para 1945 ya la estaban produciendo en grandes cantidades.  

Esto se llevó a cabo en el Laboratorio de Investigación Regional del Norte, del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos, en Peoria, Illinois. Fueron entonces reconocidos Harold Florey, Norman Heatly y Ernst Chain como los responsables de haber aislado la penicilina y haberla modificado para que pudiera ser absorbida por el cuerpo, lo que la hizo capaz de eliminar bacterias de heridas profundas.


Trailer del film Breaking the Mould (2009). Con Denis Lawson (Alexander Fleming) y Dominic West (Howard Florey).

Para aquel entonces, Fleming, enterado del gran avance producido en materia de penicilina, se contactó con Harold Florey y los reconoció como absolutos responsables de la creación de esta droga. Sin embargo, Florey y sus colaboradores sabían que nada de eso habría sido posible sin el primer gran paso dado por Alexander Fleming. Fleming, Florey y Chain compartieron el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1945 por el descubrimiento de la penicilina

Calle en La Coruña sobre Fleming
Calle con el nombre de Fleming, en La Coruña (España).

Pocos descubrimientos han contribuido tanto como la penicilina (y sus antibióticos derivados) a la salud mundial de la población. La penicilina ha salvado –y continúa salvando– a millones de personas en todo el mundo. La penicilina fue, sin dudas, uno de los descubrimientos más importantes del siglo XX.

Su vida

Fleming fue el tercer hijo del matrimonio entre Hugh Fleming y su segunda esposa, Grace Stirling Morton. Asistió a las escuelas Loudoun Moor School y Darvel School, y luego obtuvo una beca para estudiar durante dos años en la Academia Kilmarnock. A los 13 años se mudó a Londres y completó su educación en la Royal Polytechnic Institution. Trabajó durante 4 años en una compañía naviera hasta que, en 1901, a los 20 años, heredó una pequeña suma de dinero de su tío John Fleming. El hermano mayor de Alexander ya era médico en ese entonces y fue él quien lo motivó para que se enrolara en la St. Mary´s Hospital Medical School en Paddington, Londres.  

Hospital

Fue así como, en 1906, se recibió de médico con una distinción. Se incorporó al área de investigación de St. Mary´s como asistente del bacteriólogo sir Almroth Wright, pionero en vacunas e inmunología. En 1908, Alexander completó una licenciatura en ciencias (BSc), con medalla de oro, y comenzó a dar clases en St. Mary´s, actividad que sostuvo hasta 1914. En 1915 se casó con Sarah Marion McElroy, irlandesa y enfermera con quien tuvo un hijo, Robert Fleming

Alexander participó de la Primera Guerra Mundial como capitán del Royal Army Medical Corps, y trabajó en los hospitales de campaña del frente occidental de Francia. En 1918, al culminar la guerra, retornó a St. Mary´s. Fue nombrado profesor de Bacteriología de la Universidad de Londres en 1928, y profesor emérito en 1948. Además, fue elegido miembro de la Royal Society en 1943, y nombrado caballero en 1944. También fue miembro de la Pontificia Academia de Ciencias.

La primera mujer de Fleming, Sarah, murió en 1949. Su único hijo, Robert Fleming, se convirtió en un médico clínico. Luego de la muerte de Sarah, Alexander se casó con Amalia Koutsouri-Vourekas, una colega griega del St. Mary's, el 9 de abril de 1953. Poco después, en 1955, Alexander Fleming murió en su casa de Londres, a los 74 años, como consecuencia de un ataque cardíaco. Fue enterrado en la catedral de St. Paul.

Firma Fleming


* Marina Simian es doctora en Ciencias Biológicas e investigadora adjunta en el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Cumple funciones en el Instituto de Oncología “Ángel H. Roffo”. 

* Rocío Sampayo es licenciada en Ciencias Biológicas. Actualmente realiza su doctorado en el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo con una beca del Conicet.