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10 de octubre: Día Mundial de la Salud Mental  

¿Qué es la salud mental? ¿Qué condiciones debemos generar para fortalecer su cuidado desde la escuela? Esta fecha representa una oportunidad para reflexionar sobre la salud mental como derecho y sobre cómo ejercer este derecho desde la escuela. Ofrecemos una serie de propuestas para realizar en el aula.


¿Qué entendemos por salud mental?

La manera de concebir y abordar la salud mental ha variado a lo largo de la historia. Resulta ilustrativo ejemplificar cómo se pensó la locura en diferentes contextos históricos. Por ejemplo, durante los siglos XIV y XV se la interpretó como peligrosa; y «las personas locas» eran perseguidas por considerar que habían pecado con el diablo. También eran vistas como peligrosas las brujas, a quienes durante el año 1300 en Europa se condenaba a la hoguera. En la modernidad, con la aparición de la medicina científica y la psiquiatría, la locura se medicaliza y «las personas locas» pasan a ser enfermas mentales, despojándolas de los atributos considerados necesarios para vivir en sociedad. Se sostiene así la presunción de peligrosidad y por ende la estrategia del encierro y la exclusión.

Desde ese momento hasta la actualidad, lentamente se empieza a visibilizar un posicionamiento crítico de esta mirada enfocada exclusivamente en la enfermedad mental, para construir otra que contemple la integralidad de las personas y se ancle en una perspectiva de derechos. Para ello, fue y es fundamental el aporte de los movimientos que recuperan las voces de quienes utilizan los servicios de salud mental que. Estos se oponen al encierro y al aislamiento como tratamiento prioritario ante problemáticas de salud mental, e invitan a pensar la importancia de sostener los vínculos familiares y comunitarios.

En nuestro país existe desde 2010 la Ley Nacional de Salud Mental (N.° 26.657), la cual fue reglamentada en 2013. En ella, en su artículo 3, se define la salud mental como «un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona». A la vez, reconoce a las personas con padecimientos subjetivos como sujetos de derecho y establece que los abordajes de las problemáticas de salud mental deben ser intersectoriales, interdisciplinarios y comunitarios. Hablar de padecimientos —y no de trastornos o patologías mentales— es entender la salud mental como el resultado de procesos singulares y colectivos y acentuar su carácter multideterminado.

Esta perspectiva requiere pensar la salud mental en articulación con el proceso de salud mental en general. En lugar de centrarse en aspectos meramente individuales y patológicos, pone el acento tanto en la dimensión subjetiva y singular del sufrimiento (diversidad de formas en que puede presentarse) como en la dimensión colectiva (condiciones de época, históricas, económicas, culturales, económicas). Reconoce el modo en que lo genérico social se singulariza, se presenta de singular manera en cada persona.

¿Cómo cuidamos la salud mental desde la escuela?

La perspectiva de derechos y la pedagogía del cuidado constituyen el marco general para promover los cuidados en salud mental en la escuela. Cuando hablamos de pedagogía del cuidado hacemos referencia principalmente a que educar es cuidar. Desde esta mirada se considera que los cuidados pueden hacerse presentes en cada acción, en cada clase, en cada vínculo entre los distintos actores y actrices de la comunidad educativa.

Generar condiciones para el cuidado en la escuela no tiene que ser abordado como una «sobrecarga» de tarea o prácticas ajenas a las que ya se hacen cotidianamente. Se trata de comprender que las acciones que se despliegan a diario para aportar aprendizajes valiosos y acompañar los recorridos de las y los estudiantes son espacios que fortalecen los cuidados en salud mental.

En este sentido, abordar la salud mental en la escuela no implica trabajar de modo fragmentado las emociones ni elaborar propuestas que busquen controlarlas, regularlas o individualizarlas. Las emociones no son «buenas» ni «malas», ni tenemos que acompañar a las y los estudiantes a que expresen o alcancen determinada emoción, o a que eliminen alguna en particular; sino que ese despliegue de la afectividad nos habla de encuentros o desencuentros con otras personas en modos diversos de atravesar situaciones conflictivas, individualmente y con el mundo circundante.

Lo que se busca es orientar la tarea hacia el ejercicio efectivo de derechos, hacia la construcción de una ciudadanía activa y democrática que fortalezca el lazo social, la grupalidad y los vínculos intergeneracionales. Desde esta perspectiva, las  experiencias pedagógicas valiosas diseñadas en las escuelas —aquellas que portan sentido para niñas, niños y adolescentes, porque permiten construir nuevas preguntas, están en diálogo con diversos objetos culturales, implican quiebres en los modos habituales de pensar el mundo en el que viven, producen lazos y vínculos colectivos— son en sí mismas actos de salud y salud mental.  

Sabemos también que la escuela puede ser el escenario donde se manifiestan diversos tipos de padecimientos. Estas situaciones requieren de cuidados singularizados que contemplen todas las dimensiones en juego: subjetivas, vinculares, familiares, institucionales, sociales, económicas, de época, etc. Es decir, un abordaje desde la complejidad que esté en consonancia con el enfoque de salud integral. El desafío es poder leer las problemáticas subjetivas que se nos presentan en términos de procesos, en lugar de ubicarlas solamente en términos de patología o trastornos mentales como estados rígidos e inmodificables.

Pensar la escuela como una institución comprometida con la garantía de derechos implica también asumir que no puede concebirse como en forma aislada, sino que es necesario un trabajo de articulación permanente con otros actores e instituciones para construir una red guiada por el principio de corresponsabilidad. Este, como su nombre lo indica, consiste en una responsabilidad compartida, común a dos o más personas, dos o más sectores, instituciones, etc. Se propone entonces el trabajo en red como una manera de desarrollar la cooperación entre instituciones, organizaciones comunitarias, actores y actrices, etc.

Existe un fenómeno que preocupa en la actualidad y es la frecuente patologización de las infancias, una operación que convierte determinadas características o padecimientos en síntomas de una patología mental. En 2015 el Ministerio de Educación de la Nación, el Ministerio de Salud de la Nación y la Comisión Nacional Interministerial en Políticas de Salud Mental (CONISMA) publicaron el documento Pautas para evitar el uso inapropiado de diagnósticos, medicamentos u otros tratamientos a partir de problemáticas del ámbito escolar. En los hechos, la patologización es altamente nociva para niñas, niños y adolescentes, ya que se reduce la complejidad de las problemáticas, los malestares, a algo individual y biológico, se les pone una etiqueta y se les brinda asistencia médica, llevando en ocasiones a obturar el despliegue de las subjetividades y la construcción de proyectos de vida propios y autónomos.

Salud mental y pandemia

Las circunstancias que atravesamos condicionan nuestros modos de ser, de vincularnos, de actuar y de sentir. Sin duda, una de las marcas de época es la experiencia de la pandemia. Si bien se trata de una vivencia global, las formas de atravesarla fueron y son singulares. Tener en cuenta estas singularidades, conocerlas, pensarlas, analizarlas, con el cuidado de no llevar a cabo generalizaciones («a todas o a todos nos pasó lo mismo») o establecer enunciados patologizantes («las y los estudiantes tienen depresión»), es parte de nuestra tarea y de las formas de acompañar desde la escuela.

Niñas, niños y adolescentes vivieron la interrupción de sus vínculos físicos con sus seres queridos, y la ausencia de espacios de socialización en la escuela y fuera de ella. Atravesaron además situaciones de pérdida, temor e incertidumbre que pudieron haber desencadenado diversos padecimientos.  Evitar patologizar ese sufrimiento contribuye a que, con el acompañamiento de las personas adultas referentes y significativas, lo tramiten de la mejor manera posible.

Para profundizar sobre esta temática sugerimos consultar el material Pensar los vínculos en tiempos de pandemia: la escuela como un lugar de cuidadoelaborado por el Área de Convivencia junto con el  Programa de Prevención y Cuidado del Ministerio de Educación, que ofrece una propuesta para pensar la pandemia y la escuela. Es una invitación a reflexionar sobre qué significó —y aún significa— la pandemia en el ámbito educativo.

Actividades

Nivel Inicial

Sugerimos trabajar con la propuesta «A cuidarnos aprendemos cuidando», disponible en Pensar los vínculos en tiempos de pandemia: la escuela como un lugar de cuidado (página 36), que invita a reflexionar sobre lo que significa el cuidado y promover acciones de cuidado hacia otro y otras.

Nivel Primario

Sugerimos trabajar con la propuesta «Te cuento algo», que se encuentra en Pensar los vínculos en tiempos de pandemia: la escuela como un lugar de cuidado (página 38). Las actividades proponen fomentar la expresión y los vínculos grupales a partir del cuento «El lunes conocí a Emi», de Paula Bombara ilustrado por Ivanke y Mey.

Nivel Secundario

Sugerimos trabajar con la propuesta «Día Mundial y Nacional de la Salud Mental», que está en el material Cuidadosde la colección Derechos Humanos, Género y ESI en la escuela.

También les proponemos trabajar a partir de la siguiente consigna:

En 1996 Eduardo Galeano, escritor y periodista uruguayo, publicó un artículo que se llamó «El derecho de soñar». Allí planteaba, entre otras cuestiones, que «En Argentina, las Locas de Plaza de Mayo serán un ejemplo de salud mental, porque ellas se negaron a olvidar en los tiempos de la amnesia obligatoria».

  • ¿A quiénes se refiere Galeano con «las Locas de Plaza de Mayo»? ¿En qué contexto fueron así consideradas?
  • ¿Qué fue lo que «las Locas de Plaza de Mayo» se negaron a olvidar?
  • ¿Qué concepciones existen hoy sobre las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo? ¿Coinciden en considerarlas un ejemplo de salud mental? ¿Por qué? ¿Cómo podemos vincular la cita de Galeano con el carácter social e histórico de la salud mental?

Ficha

Publicado: 06 de octubre de 2022

Última modificación: 06 de octubre de 2022

Audiencia

Docentes

Área / disciplina

Salud y Ambiente

Nivel

Inicial

Primario

Secundario

Categoría

Efemérides

Modalidad

Todas

Formato

Texto

Etiquetas

salud mental

cuidados

pandemia

Autor/es

Programa de Prevención y Cuidados en el Ámbito Educativo

Licencia

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