Día gris en el paraje Urugua-í de Comandante Andresito, una localidad de General Manuel Belgrano, el departamento más oriental de la provincia de Misiones y de la Argentina. Llueve desde hace varios días y, bajo las nubes y los goterones, la selva parece más tupida, más verde. No es solo apariencia; los altos niveles de humedad, sumados a las altas temperaturas, favorecen la vida en la zona, como si fuera un invernadero.

Allí, en plena selva misionera, enseña por las tardes la docente Marlene Dal Ri. Su salón de clases no está en una escuela, es un aula satélite que depende de la Escuela N.° 554 Comandante Andrés Guacurarí, distante a unos siete kilómetros del lugar. Durante 2017, fue la única docente para 13 alumnos de Nivel Inicial y de Primer Ciclo de Educación Básica.

Marlene Dal Ri, docente del aula satélite de la Escuela 554 (Misiones).

Foto: gentileza de Marlene Dal Ri

Ahora su aula está vacía: cuando llueve el camino se vuelve intransitable y los alumnos no pueden llegar al aula. Por eso, Marlene mira los cielos nublados con preocupación; conoce el valor de cada hora de clase. Cuando habla de sus alumnos, la voz se le llena de ternura: «Ellos ansían mucho estar en la escuela. Disfrutan del tiempo que estamos juntos. Somos una pequeña familia y, en los actos patrios y en los festejos especiales, cuando vienen todos los integrantes de su grupo familiar, somos una familia un poco más grande».

No es un lugar común o una concepción idealizada. La comunidad educativa es, en verdad, una gran familia comprometida que vela por la educación de sus hijos. Fue por pedido de los padres de los alumnos que el Ministerio de Educación de la provincia ofreció la creación del aula satélite. A los niños les quedaba muy lejos la escuela y no tenían medios de movilidad. Los padres utilizaron madera del monte nativo y, con sus propias manos, construyeron el salón donde Marlene dicta sus clases. «Ellos mismos trabajaron los tablones de madera y edificaron el lugar de clases, el más grande», cuenta Marlene. Al salón de clases, se sumó luego otra edificación, construida por el Ministerio de Educación provincial, donde se encuentran la biblioteca, la sala de informática y la ludoteca.

Marlene describe cómo es el aula satélite por dentro, y los materiales con que cuentan para dar clase. Escuchá el audio:

—¿Cómo es enseñar en un aula satélite?

—El aula satélite es como un salón de clases desprendido de la escuela núcleo y ubicado en otro lugar. Soy el personal único de ese lugar, doy clases solamente a la tarde. Dependo de la Escuela N.° 554, donde están mi directora y mis colegas y donde los niñitos, al terminar el primer ciclo y al promocionar al cuarto grado de la educación básica, pasan a pertenecer.

—Contanos sobre tus alumnos.

—Fueron un total de 13 alumnos este año. Varía: hay años que son más, hay años que son menos. Son alumnos de nivel inicial (sala de cuatro años y sala de cinco años) y de nivel primario (primero, segundo y tercer grado, o sea, el primer ciclo del nivel primario). Las distancias entre las casas de mis alumnos es importante. En algunos casos, queda a un kilómetro, en otros casos a dos, y los niños no se pueden ver todo el tiempo. Encontrarse en la escuela y jugar es un momento significativo.

—¿Son bilingües? ¿Reciben influencias del portugués de Brasil?

—La influencia del Brasil es importante en la zona, pero podría decir que no tanto como años anteriores. Ya van 19 años que estoy en ese lugar. Al principio costaba mucho. Los abuelos de mis alumnos hablaban mucho el portuñol, no así los padres. Y mis alumnos ya tienen un idioma «más limpio», por así decir. Sus padres les hablan en castellano, y siempre insisten en la importancia de que los niños lo hagan correctamente. Hablan en sus casas.

»Además, los medios de comunicación actualmente son argentinos. Ya no influyen tanto la televisión o la radio de Brasil, que años anteriores sí tenían más potencia y más entrada. Era lo que podíamos escuchar, no teníamos otra cosa. Pero últimamente, con el auge de las comunicaciones y principalmente de la internet, estamos mucho más en contacto con el idioma castellano que utilizamos en la República Argentina.

—¿Cómo es la comunidad educativa del aula satélite?

—¿Cuáles son los desafíos que se te presentan como docente de un aula satélite?

—El desafío es la planificación, organizar las clases y también estar muy atento a las necesidades de cada chico. La enseñanza termina siendo muy individualizada. Por ejemplo, este año, en Nivel Inicial de cuatro años tuve un solo alumno, así que el trabajo estuvo enfocado solamente a él. En cambio en el Nivel Inicial de cinco años, sí tuve dos y entonces estuvo pensado el trabajo para ellos dos. Pero trabajamos juntos los tres. Y así también en Primer Ciclo, tanto primero, segundo y tercero.

»En un principio, cuando trabajaba solamente en el aula satélite, trataba de que el aula fuera una escuela con grados repartidos. Yo trataba de repartirme y de separarlos y de dar a cada grado su tema. El Ministerio de Educación nos ofreció en algún momento una capacitación para maestros rurales, a la cual asistí, y a partir de ahí mi manera de mirar el aula satélite fue otra. Trabajo con un tema para todos y, a partir del tema trabajado, la gradualidad de las dificultades para cada uno de los chicos.

»Otro de los desafíos es la naturaleza: llueve mucho, hay barro, los chicos no asisten, los papás no los pueden llevar, ellos no pueden llegar solitos. Y vamos perdiendo días de clase y es ese continuo pensar cómo hacer para recuperar esos días, cómo lograr lo planeado, lo planificado, la continua comunicación con la directora informando las cosas que van sucediendo, las cosas que no se van dando y lograr los objetivos mínimos: leer y escribir autónomamente, poder hacer cálculos y resolver problemas con autonomía. Es fundamental. Y después las demás áreas se van dando en forma integrada con los ejes principales de las clases.

—Tener tan cerca a la naturaleza es todo un desafío, pero también una gran oportunidad para llevarla a clase, para trabajar sobre medioambiente, ¿no?

—Compartimos un proyecto interesante con la gente de parques provinciales y parques nacionales. A más o menos mil metros está el Parque Provincial Urugua-í y la callecita que cruza frente a la escuela es el lugar donde los guardaparques recorren para monitorear el límite del parque. Y un poquito más lejos está el Parque Nacional Iguazú, al que pertenecen las cataratas del Iguazú. Entonces continuamente todos los años trabajamos en conjunto el proyecto de conservación del medioambiente. Realizamos distintas actividades, pero siempre culmina con la plantación de árboles, en la importancia de que el espacio donde está la escuela esté conservado, el cuidado en sí del medioambiente con respecto a no derrochar el agua.

»Con respecto a la conservación de las especies arbóreas, casi todos los años junto con la familia, con la ayuda de los padres, que conocen, tratamos de nombrar las especies, buscar ramas, buscar hojas, conocerlas. Siempre les insisto y les recuerdo: «Somos habitantes de la selva, vivimos en la selva misionera, somos protectores de esta selva que no hay en otra parte». Y una de las maneras de protegerla es conocerla. Entonces la idea es que el chico pueda caminar por la selva, pasar cerca de un árbol y decir: «Este es un palo rosa, es un monumento provincial natural», o pasar al lado de cualquier otro arbusto o de hierba y poder decir qué es, cómo se llama en los términos que se conocen acá, en el lugar.

»En todas las ocasiones, plantamos árboles. Hay varios en el patio de la escuela. Los chicos se encargan de regarlos, de cuidarlos, de que esos árboles crezcan y se fortalezcan.

—También tienen un proyecto sobre lectura.

—Sí, como fuimos recibiendo varios libros a través del Proyecto de Mejoramiento de la Educación Rural (Promer) y otros proyectos que acercaron libros a la escuela, fui invitando a los padres a que se acercaran a leer con los niños y para los niños. El niño lleva libros de la biblioteca escolar a sus casas, comparte con los padres... y los padres, en alguna ocasión, visitan la escuela para leer. Algunos no están acostumbrados a hacerlo, tienen muchas dificultades y entonces son los niños los que terminan leyéndoles a sus padres. Fueron momentos así, muy especiales. Trato de repetirlo todos los años para la Jornada Nacional de Lectura, que los padres estén y participen de esa actividad. Los chicos disfrutan porque se sienten acompañados y los padres se sienten integrados en la actividad educativa.

—En el aula satélite tienen una ludoteca. ¿En qué consiste?

—A través de Promer, el aula satélite recibió varios tipos de juguetes para Nivel Inicial y para Primer Ciclo: camioncitos, muñecas, carritos, bloques de construir. Los chicos, encantados. Disfrutan mucho de ese tipo de juegos. Y, por otro lado, a través del ministerio [provincial], recibimos fondos para materiales y equipamiento de educación física y prácticas deportivas. Entonces con esos recursos se compró una mesa de ping pong, aros y pelotas de básquet, pelotas de vóley y de fútbol.

»En 2014 y 2015, se recibieron recursos del Apoyo Socioeducativo a Escuelas Rurales de Personal Único, que era cierta cantidad de dinero destinado a materiales específicamente de aula. Podíamos comprar materiales de escritorio, pero también materiales didácticos: rompecabezas, juegos de mesa.

Niños jugando a rompecabezas en el aula satélite de la Escuela 554 (Misiones).

Foto: gentileza de Marlene Dal Ri

—¿Qué aporta el juego en tus clases?

—En el caso de mis alumnos, el juego es el momento de socializar. Ellos juegan a las casitas, reparten los roles, o de pronto ellos son los padres trabajando con los camiones o cargando la producción en la carretilla. En los momentos en que estamos ahí en la escuela, van contando sus experiencias, sus vivencias a través de los juegos. Por otro lado, hay juegos que no son comunes para ellos y entonces, a través de esos juegos, conocen otros lugares. Cuando jugamos a las adivinanzas o cuando armamos un rompecabezas, vemos otras realidades.

»Utilizar el juego para transmitir conocimientos, para adquirir nuevas habilidades habla de que la escuela no es un lugar donde solamente voy a estar escribiendo. Pasa a ser algo mucho más llamativo, más interesante, más atractivo para el niño. Los niños aprenden a través del juego.

—¿Cómo te asisten las nuevas tecnologías a la hora de dar clase? ¿Tienen conectividad? ¿Cuentan con aulas digitales móviles y netbooks?

—No soy de la generación de las computadoras, pero soy muy curiosa, quiero saber, quiero aprender. Trato de utilizar las nuevas tecnologías lo más que puedo. Por eso utilicé la filmación de la maestra de Tierra del Fuego, del sector antártico, para mostrarles a mis alumnos cómo es una escuela en otras partes. Siempre estoy tomando videos, exposiciones de las redes para, por un lado, aprender y, por otro lado, mostrar a mis alumnos. El proyector y la computadora de la escuela me vienen súper.

»Tengo una net por un proyecto del gobierno provincial; en un principio, me movilizaba con ella y todo lo hacía con esa máquina. Ahora, al tener el carro digital móvil, en el aula tenemos cinco nets y con ellas trabajo yo y también trabajan los niños. Primero disfrutamos de ellas como una herramienta para jugar, pero, a medida que va pasando el tiempo, ellos van descubriendo que podemos más con ellas. Me está costando un poquito el pizarrón, no lo estoy usando tanto porque soy de la tiza y el pizarrón de antes, pero supongo que falta un poquito de práctica y pronto lo voy a estar utilizando así con más fluidez, y con más propiedad.

»Desde mi punto de vista, es imposible no estar conectado y manejando las nuevas tecnologías. En el aula no tenemos servicio de internet, pero a través de la línea telefónica tenemos muy buen servicio de 3G y entonces hay veces que bajo rapidito desde mi teléfono cosas que surgen en el momento y tenemos necesidad de saber. Aparte, yo salgo de mi casa a la mañana y vuelvo recién a la noche, entonces muchas de mis clases son preparadas en el medio de una escuela y de la otra.

Para cerrar la entrevista, le preguntamos qué mensaje les daría a otros docentes que, como ella, enseñan en escuelas ubicadas en lugares remotos o alejados de los centros urbanos. Escuchá su respuesta: