«Un verdadero laberinto...», así describió Adolfo Bioy Casares al barrio de Parque Chas en su novela Dormir al sol. En ese mismo lugar, hace pocos meses comenzó a funcionar un proyecto autogestivo que pretende generar una comunidad de lectores entre los vecinos.

Se trata de «Biblioteca al paso», un pequeño caparazón de madera con forma de casita que contiene diferentes obras y está ubicado en la calle Gándara. Allí, los vecinos pueden tomar un libro a cambio de dejar otro. Una iniciativa, entre personal y familiar, que llevó adelante Inés Kreplak, una docente de Lengua y Literatura que, durante su trayectoria laboral, trabajó en diferentes proyectos de promoción de la lectura y la escritura. «La lectura estimula la imaginación, la creatividad, la empatía y la sensibilidad», resaltó Inés.

Una docente creó una biblioteca al paso en su barrio

Gentileza de Inés Kreplak.

La idea surgió a partir de conocer diferentes experiencias en México, Colombia y Chile. En este último, por ejemplo, hay bibliotecas públicas en las plazas y en las estaciones de trenes. «Un día me crucé una free library (en inglés, biblioteca libre) y se me ocurrió implementarla en mi barrio, así fue como nació "Biblioteca al paso"», explicó Inés.

El funcionamiento de la biblioteca es muy sencillo: uno puede tomar un libro y dejar otro a cambio. Cualquiera que pase por la vereda de la calle Gándara puede elegir un ejemplar y depositar otro en ese mismo momento o en otra oportunidad. Su creadora remarcó que lo importante es que haya circulación y que el acto de dejar un libro también sea un acto de generosidad.

Fueron 30 ejemplares (entre ellos: infantiles, clásicos juveniles y de literatura en general) los que conformaron el inventario inicial. Algunos aportados por Inés Kreplak y otros que donaron sus amigos y familiares, quienes apostaron a este proyecto de promoción de la lectura en el barrio desde el comienzo.

A menos de un mes de su inauguración ya tuvo una gran repercusión entre los vecinos de Parque Chas y sus alrededores (Villa Urquiza, Villa Ortúzar, Villa Pueyrredón y Agronomía). «Las primeras reacciones fueron de sorpresa. Al principio, durante los dos primeros días, lo que más escuchaba era que se iban a robar todos los libros y yo me reía», contó Inés. Además, explicó que le parece muy interesante que todavía haya quienes asocian el libro con un objeto de valor económico, incluso cuando están viendo una biblioteca abierta en plena calle.

«Quienes mejor reaccionaron ante la iniciativa fueron los chicos», resaltó. Entre los halagos que cosechó por esta propuesta, se sorprendió por los comentarios de algunos vecinos que le han dicho que se trata de algo «muy europeo». Para Inés, eso resulta extraño... «¿Por qué compartir un libro es algo asociado a lo europeo? ¿Quién instala esas ideas?», se preguntó, e hizo hincapié en la necesidad de valorar lo propio, como una buena forma de comenzar a cambiar las cosas.

Red de Bibliotecas al paso

En principio, la biblioteca funciona solo en un punto de Parque Chas. La creadora explica que sería interesante replicar la experiencia en otros sitios del barrio para generar una comunidad de lectores, aunque reconoce que, al no contar con subsidios ni beneficios, se vuelve un poco difícil poder sostenerlo de manera particular.

Inés comentó que ya ha recibido algunas consultas de vecinos de otros barrios que tienen ganas de implementar la idea. «Sería genial generar una red de bibliotecas al paso», concluyó.

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