Sobre la obra

A Ernesto Deira le interesaba el hombre; por eso, primero estudió derecho y, luego, cuando esa profesión le resultó insuficiente, se sumergió en la pintura. Buscaba entender “a ese ser misterioso e indescifrable que es el ser humano”. En los años 60 fue parte de la Nueva Figuración, un grupo de artistas (Rómulo Macció, Jorge de la Vega y Luis Felipe Noé eran los otros) que buscaba pintar al hombre de posguerra, pero sin caer ni en la abstracción impenetrable ni en la figuración obvia. Los miembros del grupo tenían una actitud provocadora: para ellos pintar no era simplemente acariciar la tela con un pincel, sino más bien “agredirla”. En las pinturas de Deira siempre hay algo violento. Algunas veces, ese elemento está en el tema; otras, en la forma en que está pintado el cuadro. Son pinturas grandes con figuras que se mezclan con el fondo. Lejos del paraíso terrenal con manzanitas, su Adán y Eva es una maraña de líneas y chorreaduras, quizás el caos oscuro y viscoso del que brotó la vida.

* Esta mirada sobre la obra fue escrita por María Gainza.

Ernesto Deira: Adán y Eva N.º 2

Ernesto Deira
(Buenos Aires, 1928 - París, 1986)
Adán y Eva N.º 2, 1963
Óleo y esmalte sobre tela, 195 x 260 cm
Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

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Biografía del autor

Nació en Buenos Aires en 1928 y falleció en París en 1986. Se recibió de abogado en 1950. Inició su formación pictórica en 1954 con Leopoldo Torres Agüero, y la continuó con Leopoldo Presas. En 1960 conformó el grupo Nueva Figuración, junto con Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega y Rómulo Macció. La libertad en la representación de la figura humana, con una impronta matérica y expresiva, promueve la reflexión sobre la existencia del hombre. Expusieron juntos hasta 1965. El carácter gestual y la densidad matérica atraviesan sus obras figurativas y abstractas, que trabaja en forma paralela. Su políptico 9 variaciones sobre un bastidor bien tensado fue premiado en la Bienal Ika, 1966. En 1968 presentó sus Rollos bien desenrollados en galería El Taller. En 1975 se radicó en Europa. Recibió numerosas distinciones, como el Premio Lozada (Salón de Acuarelistas y Grabadores), en 1958, y el Premio Palanza, en 1967.

*Esta biografía fue escrita por Patricia Caramés y Laura Lina.