Sobre la obra

Antonio Berni tenía catorce años cuando expuso en Rosario unos cuadros tan sobresalientes que la crítica lo tildó de niño prodigio. Ese virtuosismo le permitiría cambiar de estilo con facilidad por el resto de su vida. De todo lo que vio en Europa, fue el surrealismo lo que más lo impactó; la manera que tenía ese movimiento de sintonizar con la atmósfera de posguerra. La siesta y su sueño es un Berni de esta época. Una siesta en un pueblo costero; sobre la playa, en lugar de una morsa marina, el artista pinta una morsa de hierro, esa herramienta que puede sujetar desde un zapato… ¡hasta un brazo! En el agua, en vez de un típico faro, una chimenea que podría pertenecer a una fábrica inundada o a un barco hundido. «El sueño de la razón produce monstruos», había advertido Goya dos siglos antes. Más tarde, Berni pasaría a una pintura menos delirante, más ligada a realidad. Pero aun así, algo se mantiene a lo largo de su obra: «la horrible belleza» de Berni, la sensación de que, depende de cómo se las mire, las cosas más lindas pueden ser también aterradoras.

* Esta mirada sobre la obra fue escrita por María Gainza.

la siesta y su sueño

Antonio Berni
(Rosario, 1905 - Buenos Aires, 1981)
La siesta y su sueño, 1932
Óleo sobre tela, 52,5 x 69 cm
MALBA - Fundación Costantini, Buenos Aires

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Biografía del autor

Antonio Berni nació en Rosario en 1905 y falleció en Buenos Aires en 1981. Viajó a Europa en 1925, formó parte del Grupo de París y asistió a los talleres de Lhote y Friesz. Tomó contacto con los ideales artísticos y políticos del surrealismo. En 1930 regresó a la Argentina. Desarrolló entonces un lenguaje crítico y realista de temática social, el nuevo realismo. Trabajó con Siqueiros, Spilimbergo, Castagnino y Lázaro en el mural Ejercicio plástico, en 1933. Los grandes formatos de esta década marcan el desarrollo posterior de la producción del artista en torno de un lenguaje claro y de crítica social. En 1941 viajó por Latinoamérica y en 1944 formó el Taller de Arte Mural. Alrededor de la década del sesenta creó sus personajes arquetípicos Juanito Laguna, el niño marginal, y Ramona Montiel, la prostituta, cuyas obras trabajó con materiales de desecho relacionados con sus contextos. El objeto polimáterico, las instalaciones, los xilocollages grabados son algunos de los lenguajes que desarrolló en las décadas siguientes. Obtuvo, entre numerosas distinciones, el gran premio internacional de grabado de la Bienal de Venecia en 1962.

* Esta biografía fue escrita por Patricia Caramés y Laura Lina.