Sobre la obra

Cuando Cándido López anunció que quería alistarse como voluntario en el Ejército, su maestro de dibujo le dijo: “Estás arruinando tu futuro”. El joven artista desoyó el consejo y se fue a luchar en la Guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Llevaba un bolso de cuero con cuaderno y lápices para dibujar en sus horas libres. Más tarde, en la batalla de Curupaytí, una munición le explotó cerca y el médico debió amputarle el brazo derecho. Como no podía pelear, “el Manco de Curupaytí” regresó a Buenos Aires, pero, en lugar de abandonar la pintura, se volvió más pintor que nunca. Entrenó su mano izquierda. Al principio hacía mamarrachos, pero insistió hasta que, inspirado en sus viejos dibujos, logró unas pinturas maravillosas. Observada desde una barranca lejana, la guerra es un sinfín de detalles, ninguno más importante que el otro. Los soldados son anónimos y desechables como hormigas o balas de cañón; en eso los transforma la guerra. En la época de Cándido había otros artistas que sabían más, pero comunicaban mucho menos.

* Esta mirada sobre la obra fue escrita por María Gainza.


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Cándido López
(Buenos Aires, 1840-1902)
Vista del interior de Curuzú mirado de aguas arriba (norte a sur) el 20 de septiembre de 1866, 1891
Óleo sobre tela, 48,5 x 152 cm
Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

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Biografía del autor

Nació en Buenos Aires en 1840 y murió en la misma ciudad en 1902. Se inició en la pintura desde joven; se formó con Baldassare Verazzi, Carlos Descalzi e Ignacio Manzoni, haciendo principalmente retratos. Su obra más conocida es la serie de pinturas de la Guerra del Paraguay que realizó entre 1870 y 1902, a partir de los apuntes que tomó en los campos de batalla, luego de ser herido en su brazo derecho y teniendo que adiestrar su brazo izquierdo para dibujar y pintar. En 1885 expuso por primera vez un conjunto de trabajos de esta serie que fueron muy valorados por su carácter documental e histórico y fueron adquiridos por el Estado nacional en 1887. En relación con la factura, estas pinturas enfrentaron al pintor al doble ejercicio de componer a partir de la observación y luego sumar el color de acuerdo con la memoria que guardaba de su experiencia en la contienda. Los enfoques panorámicos y el punto de vista alto le permitieron componer escenas descriptivas y atentas al detalle. En los últimos años de su vida siguió dedicándose a las pinturas de la guerra y realizó también bodegones. Sus obras se encuentran en importantes museos y colecciones nacionales.

* Esta biografía fue escrita por Ana Schwartzman.