Sobre la obra

Dicen que fue Pueyrredón quien, a la vuelta de un viaje a París, inició en la Argentina la práctica de colocar árboles en la ciudad para alegrar la vida de la gente. Como, además de pintor, era ingeniero, mandó a plantar en lo que es hoy la Plaza de Mayo trescientos paraísos, que pronto inundaron las calles de perfume y color. Ese culto a la naturaleza aparece también en sus pinturas campestres. En Un alto en el campo, el protagonista es el ombú. Para el solitario gaucho que recorre a caballo la vasta llanura, el ombú es oasis, señal de presencia humana. Peones, capataces y patrones se reúnen a su alrededor en armonía. Es una mirada romántica, un campo ideal, que el formato apaisado de la tela acentúa. Puesto a elegir, Pueyrredón optó por una tela horizontal que le permitió dos innovaciones: pintar varias escenas en simultáneo y sugerir un paisaje infinito: “Érase una vez en la pampa…”, susurra la pintura; es un canto épico al campo argentino.

* Esta mirada sobre la obra fue escrita por María Gainza.


prilidiano pueyrredón

Prilidiano Pueyrredón
(Buenos Aires, 1823 - 1870)
Un alto en el campo, 1861.
Óleo sobre tela, 75,5 x 166,5 cm
Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires

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Biografía del autor

Nació en Buenos Aires en 1823 y murió en la misma ciudad en 1870. En 1835 su familia se alejó de Buenos Aires y se instaló en Europa. Entre 1841 y 1843 residió en Río de Janeiro, donde tomó contacto con la Academia y con artistas locales. De regreso a Francia asistió a la École Polytechnique de París y obtuvo el título de arquitecto. En 1849 retornó a Buenos Aires y fue elegido para ejecutar un retrato de Manuela Rosas. La pose y el atuendo de la modelo fueron pautados por una comisión ad hoc. En 1854 se estableció definitivamente en la ciudad y desarrolló una vasta tarea como urbanista y arquitecto. En pintura, se interesó en diversos géneros. Retrató a la elite porteña, incursionó en temáticas históricas, paisajes y desnudos femeninos. Sus escenas campestres no solo dan cuenta del paisaje de la pampa, enfatizado por el formato apaisado, sino que le sirven para construir una narración que incorpora a los habitantes del campo, sus actividades y sus momentos de ocio. En las escenas urbanas, la presencia de la diversidad racial (Esquina porteña, El naranjero, Patio porteño) contrasta con la homogeneidad propuesta en las escenas rurales.

* Esta biografía fue escrita por Maria Ghidol.