La mañana del 18 de julio, hace 20 años, Buenos Aires se levantaba conmovida por una noticia desgarradora: una bomba había hecho estallar la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), la institución que, además de nuclear a la comunidad judía de la ciudad, es una referencia central para los judíos argentinos. Como consecuencia murieron 85 personas y más de 300 resultaron heridas. A diferencia del atentado sufrido el 17 de marzo de 1992 contra la Embajada de Israel en Buenos Aires —un acontecimiento que muchos consideraron como un jalón más de la internacionalización del conflicto de Medio Oriente—, esta vez el atentado estuvo dirigido a una institución argentina y no una representación diplomática extranjera.

Para intentar comprender lo que sucedió hace veinte años y ponerlo en contexto, sugerimos leer el ejercicio 18 «La obscenidad del primer mundo», extraído del libro Pensar la democracia. Treinta ejercicios para trabajar en el aula

¿Qué percepciones hubo en torno al atentado?

Como se mencionó anteriormente, la bomba estuvo dirigida a una reconocida institución de la comunidad judía. Y, en este sentido, es posible reconocer las dimensiones antisemitas del atentado. Podríamos encontrar escenas de magnitud similar a lo largo de los más de doscientos años de historia argentina. Pero, valga la coincidencia, el siglo XX por estos parajes se inauguraba con una masacre ocurrida en las calles de Once y Villa Crespo: la «Semana Trágica» contaba entre sus víctimas dilectas a los «rusos»; es decir, los judíos. El mismo barrio y en gran parte las mismas víctimas que cerrarían aquella centena.

Frente al carácter trágico del acontecimiento, algunos intelectuales intervinieron en el debate público proponiendo algunas coordenadas de interpretación acerca de lo sucedido. Nos gustaría compartir y contrastar algunos de estos comentarios publicados cuando aún se estaban removiendo los escombros.

«Este es, pues, un ataque directo a los judíos (…) No importa su filiación política, su observancia o no observancia religiosa, su simpatía por Israel o su posición frente al conflicto de Medio Oriente. Por ser judíos están condenados. Es el mismo pensamiento que impregnaba la Solución Final, puesta en marcha por el Tercer Reich». (Marcos Aguinis, escritor, «Hay que ponerle barreras al odio», en Clarín, 19/7/1994)
«El atentado a la AMIA no es solo un crimen contra la comunidad judía; también es un crimen contra el pueblo argentino, en el que la AMIA está inextricablemente enraizada, y sobre todo un crimen contra la humanidad, porque está presidido por la mentalidad que organizó el Holocausto, esa que odia al otro al diferente (…) Esa que solo conoce la intolerancia furiosa ante la riqueza de lo humano. El antisemitismo es un antihumanismo». (Juan Gelman, «El antihumanismo», en Página/12, 20/7/1994)

¿Son contradictorias y excluyentes estas miradas? ¿Podríamos decir que, independientemente de las motivaciones antisemitas del atentado terrorista, sus consecuencias son universales porque dañan lo humano, al margen de las pertenencias culturales? 

El atentado a la AMIA permitió poner en escena un gesto de carácter novedoso: un atentado dirigido contra una de las organizaciones centrales de los argentinos judíos movilizó en un acto de repudio y solidaridad a miles de argentinos de diversos orígenes, credos y orientaciones políticas. Esa misma solidaridad produjo en 2004 el film 18-J. Allí podían observarse una serie de cortos que, a través de diversos recursos e historias, aludían a las distintas maneras en que el atentado había impactado en la sociedad argentina. Una de esas aproximaciones fue realizada por Lucía Cedrón y se tituló «Miztvah», que en hebreo quiere decir 'precepto'.


Como sostiene el investigador Tzvi Tal, «Mitzvah» era la manifestación cinematográfica más evidente de la solidaridad y la colaboración entre judíos y no judíos en nuestro país. Esta aseveración se asentaba tanto por la trama del corto como por la trayectoria de quienes integraban el proyecto fílmico. La directora no-judía Lucía Cedrón salió al exilio con su familia en 1976 cuando tenía dos años y se restableció en la Argentina en 2001. Es hija del cineasta político Jorge Cedrón, director de la película Operación Masacre (1972), que murió en circunstancias nunca aclaradas en París, en 1980. La narrativa entrecruza la memoria judía y la argentina: Jaco y Marga, interpretados por los actores judíos Adriana Aizemberg y Norman Erlich, son jubilados vecinos del edificio de AMIA. Llegaron a la Argentina huyendo de la Europa antisemita y en 1976 enviaron a Israel a su hija, interpretada por la actriz descendiente de italianos Ana Celentano, para salvarla de la violencia política. Jaco y Marga toman mate y escuchan tango mientras cocinan platos judíos en un departamento que posee algunos atributos icónicos judíos.

La tensión en el film se introduce a través de las noticias que, por medio de la radio, llegan sobre el conflicto árabe-israelí. Los padres están preocupados por la seguridad de su hija y su pequeña nieta. Allá la vida es «insegura» mientras que nuestras pampas están a resguardo. Sin embargo, el matrimonio es víctima del atentado a la AMIA cuando al salir de su casa para ir a comprar pasajes para viajar a Israel estalla la bomba.

Algunas propuestas para trabajar en la escuela

El atentado a la AMIA introduce un horizonte de reflexión acerca de cómo pensar la vida en común en un país caracterizado por la integración y convivencia de numerosos contingentes migratorios. 


En primer lugar, les proponemos trabajar en torno a una imagen. La fotografía que acompaña este ejercicio es la de una vieja máquina de escribir con caracteres en idioma hebreo destruida en el atentado. ¿Cuál sería el epígrafe que represente lo que esta imagen simboliza para ustedes o el mensaje que puede transmitirnos? 

Atentado contra la AMIA.


Luego, los invitamos a reflexionar en torno a las expresiones de Marcos Aguinis y Juan Gelman citadas más arriba. ¿Cómo caracterizarían a cada una de las declaraciones de estos reconocidos intelectuales? ¿De qué modo se interpelan cuestiones acerca de lo singular y lo universal a través de la experiencia del atentado? 

 
Finalmente, proponemos realizar una producción individual acerca de lo que el atentado a la AMIA significa o representa hoy en día. ¿Qué representa para ustedes el atentado a la AMIA? ¿De qué modo nos habla de nosotros, y de nuestra sociedad? ¿Por qué creen que la escuela debe recordar este hecho y trabajarlo con los alumnos?