El interés por el uso que los adolescentes hacen de internet es una constante en las investigaciones de un sinnúmero de organizaciones, que intentan dar respuestas a los adultos sobre cómo acompañarlos cuando se encuentran ante las pantallas de sus computadoras, celulares, tablets y televisores. Con frecuencia, el uso cotidiano, las prácticas de los chicos y chicas y su gusto por las nuevas las nuevas tecnologías se explica de una manera simplificada: son «nativos digitales», una expresión que indicaría que nacieron ya inmersos en un contexto digital y que sus hábitos serían, por lo tanto, «naturales». Pero ¿hasta qué punto esta metáfora nos permite conocer realmente las prácticas de los jóvenes y cuánto, en realidad, esconde? 


En octubre de 2013, Unicef Argentina presentó los resultados de la encuesta «Acceso, Consumo y Comportamiento de los adolescentes en internet», realizada en julio del mismo año a 500 adolescentes y jóvenes argentinos, varones y mujeres, de entre 12 y 20 años de edad y pertenecientes a sectores de diferentes niveles socioeconómicos. Según los responsables de la investigación, los adolescentes de hoy forman parte de la primera generación nacida en el apogeo de las TIC, el uso simultáneo de los medios de comunicación y la interacción permanente con múltiples pantallas. Pero ese auge, afirman, además de ser una gran oportunidad para ellos, se constituye como un desafío para los adultos que los acompañan.


Resultados de la encuesta «Acceso, Consumo y Comportamiento de los adolescentes en internet», Unicef (julio de 2013), publicada en octubre 2013.



Una de las principales conclusiones, a partir de los resultados de la encuesta, es que el principal uso que los y las adolescentes hacen de internet es con fines vinculares: «los adolescentes hacen uso de las redes sociales para relacionarse, entretenerse y buscar información para la escuela».

Teniendo en cuenta datos de la encuesta, se observa que, entre los dispositivos usan los chicos, los celulares van ganando terreno para la sociabilización a través de las redes sociales, llegando a porcentajes altos (76%) que, de todos modos, siguen sin superar a las computadoras del hogar (83%). Lo movilidad pasa a ser un requisito, tanto en la forma de comunicarse como en el lugar en que uno socializa con los demás. En especial, si nos fijamos que el celular cumple dos funciones: la de lugar en el que uno se conecta (73%) y la de dispositivo de conexión.

Es interesante, sobre esta misma cuestión, que en su investigación Los adolescentes del siglo XXI. Los consumos culturales en un mundo de pantallas (Buenos Aires, FCE, 2013)Roxana Morduchowiczcoordinadora del programa Medios y Escuela del Ministerio de Educación de la Nación, señala que el celular, por su carácter portátil, es el dispositivo que más acompaña a los adolescentes durante el día: «No solo va con ellos a todas partes, sino que para muchos está encendido las 24 horas. La mitad de los adolescentes no apaga nunca el celular, y el 30% lo apaga solo para irse a dormir». Según la especialista, el celular es, además, una marca de identidad juvenil: «les da pertenencia a un grupo y fortalece su vida social, dos dimensiones fundamentales para los adolescentes». 

Volviendo a la encuesta de Unicef, uno de los principales usos que hacen los jóvenes de internet es para socializar, chatear con amigos y familiares (82%), seguido, en un porcentaje casi similar, por un uso más bien vinculado al consumo: jugar en línea (63%), buscar información (61%), ver películas (59%). Se puede inferir, entonces, que el interés de los adolescentes está dirigido principalmente a la comunicación, pero también al consumo de información y de contenidos más bien individual. 

Incluso, el uso de las redes sociales está orientado al chat, a conversar con los amigos y familiares (79%), seguido nuevamente por la posibilidad de jugar (52%), compartir información (52%), enterarse de las novedades de sus amigos (56%). Es decir, prima la cuestión social del uso de las redes aunque también los adolescentes utilizan las redes como un modo de trasmisión de información.

Autónomos (y no tanto)

Otra de las principales características del comportamiento de los chicos y chicas en las redes sociales es su independencia para tomar decisiones: desde el hecho de que un alto porcentaje no consulta con sus padres para abrir una cuenta (78%) —aun mintiendo sobre su edad para poder abrirla (42%)—, hasta la decisión de bloquear o eliminar personas de su lista de amigos (65%). No obstante, bastante más de la mitad de los encuestados (65%) acepta tener a sus padres como contacto en sus redes sociales. 

Contra lo que a veces tanto se teme, el 54% de los consultados nunca se encontró personalmente con alguien a quien había conocido en las redes. Y entre quienes sí lo hicieron una o más veces, el 80% avisó a alguien (adulto o par) que acudiría a ese encuentro. 

Respecto del uso responsable y la seguridad en internet, los jóvenes demuestran un interés muy alto en el tema, ya que el 82% (con mayoría de mujeres), conversó alguna vez sobre riesgos y cuidados. Dentro de ese grupo, están dispuestos a conversar con sus pares (49%), en la escuela (46%), con sus padres (45%) o con otros familiares (29%). Esta idea de compartir experiencias los afianza como generación, pero también los invita a reflexionar sobre sus prácticas, y se desprende el importante lugar que les dan a los adultos al momento de consultar, ya que recurren a familiares y docentes cuando lo necesitan.

Pensar el rol de los adultos

A partir de estos datos, es válido revisar nuestros propios supuestos, en tanto docentes, sobre los que piensan y hacen los chicos y sobre nuestro rol como adultos referentes y acompañantes. María José Ravalli, responsable de Comunicación de Unicef Argentina, señala en una entrevista que los docentes pueden, por ejemplo, proponer diversas actividades en clase, que contribuyan a la reflexión sobre el uso de las tecnologías, de internet y de las redes sociales. 

«La reflexión puede surgir desde la propia práctica en el aula o desde un disparador, como un video, una película o una noticia. A partir del recurso elegido, se puede impulsar la reflexión sobre la veracidad de la información que se publica en internet, cómo interactúan con otras personas, cómo protegen su identidad, qué tipo de vínculos establecen, qué contenidos son los que les interesan, que uso hacen de las redes, cuál es su visión sobre lo público y lo privado, cuántas personas ven sus publicaciones, qué tipo de fotos publican y con quién las comparten, etc. A partir de dialogo, la reflexión y la puesta en común se pueden trabajar conceptos como la convivencia pacífica, el cuidado de la imagen, la veracidad de la información, la protección de forma tal por un lado de impulsar sus derechos y evitar que sean vulnerados.»


Volviendo a las preguntas iniciales de esta nota, desde la perspectiva de Francesc Pedró, hablar de «inmigrantes» y «nativos» digitales no permite analizar en profundidad de la cuestión del consumo. Por eso propone conocer las particularidades de los usos que cada agente hace de las tecnologías, conocer los niveles de apropiación y a partir de este plantear estrategias educativas que contemplen la capacidad instalada (infraestructura) y las competencias desarrolladas.

Y si nos centramos en los usos y comportamientos, como lo hizo parte de la investigación de UNICEF, podríamos hablar de competencias, que no están atadas a una generación, más allá del contexto tecnológico en el que hayan nacido. El desarrollo de las competencias está vinculado a los procesos de aprendizaje, tanto en contextos escolares como fuera de ellos.

Ser adultos que no han nacido entre pantallas digitales, internet ni la mediación digital de la comunicación y la información, no nos excluye de los cambios sociales y tecnológicos que nos son contemporáneos. Algo interesante de rescatar es que la curiosidad de los niños y jóvenes, nuestros estudiantes, hoy se ve potenciada por las TIC, y con ellas pueden generar cosas maravillosas, como así también exponerse a otros o nuevas formas de los mismos riesgos que existieron siempre. Acompañarlos es una tarea que los adultos no debemos abandonar por considerarnos «inmigrantes» en el territorio digital, y que puede hacerse más enriquecedora cuando en el acompañar ambas partes aprendemos a compartir y a ayudarnos mutuamente.