Elsa Bornemann
Elsa Bornemann

—Uno de los caminos por los que han pasado sus libros antes de llegar a los niños es los ojos de los padres, que –en su caso– disfrutan tanto como los niños de sus cuentos. ¿De qué hablamos cuando hablamos de literatura infantil?

—Es cierto: muchos padres actuales han sido fidelísimos lectorcitos de varias de mis obras durante su infancia. Para mí es ultraconmovedor saber que siguen leyendo mis libros posteriores, ahora para sus hijos.
Y en cuanto a la literatura infantil, hablamos de textos de ficción artística –como los de la literatura en general–, pero que deben tomar muy en cuenta los cambios que se van operando en niños y jovencitos de generación en generación.

—Ud. realizó numerosos cursos y talleres sobre literatura para niños y jóvenes. ¿Cuáles eran las ideas clave que se planteaban en sus talleres?

—Tal vez la principal (entre muchas otras que sería extenso enumerar) era que los asistentes a los talleres que manifestaban su deseo de ser escritores comprendieran que la prioridad era el amor a la lectura, casi una especie de adicción a leer.

—El mundo científico moderno es la primera civilización que se plantea que su axiología no puede pactar con la magia, que el destino del hombre está en el despliegue de la ratio. ¿Cuál es su posición frente al dualismo planteado?

—Creo en la magia y supongo que –tal vez pronto– la ciencia va a acceder a ubicarla en su área ratio, descifrándola, por fin, y explicándonos su origen y las zonas cerebrales que son capaces de percibirla.

—¿Los niños son escritores y lectores espontáneos inhibidos por la escuela?

—No. Aunque no desconozco que, lamentablemente, existe multitud de maestros a los que no les atrae la lectura –de poemas, de cuentos, de literatura, en fin– y que, por lo tanto, no son capaces de lograr que los niños resulten atraídos por ella.

—En este sentido, ¿cuál fue su experiencia personal?

—Muuuuuy afortunada. Durante mi paso por la primaria disfruté al máximo de maestros amantes de los libros, que me transmitieron ese amor, al igual que mis padres.

—¿Cómo vive Ud. el proceso de escribir? ¿Escribe todos los días? De lo que escribe, ¿cuánto desecha y cuánto utiliza?

—Como un milagro que me concedió el destino, escribo casi todos los días. Publico –por decisión propia– lo que creo para “pendex”. Poseo una increíble cantidad de textos compuestos desde mi adolescencia y adultez que no ofrezco, imaginados desde esas épocas. Presumo que quedarán como herencia... ¡Son tan tristes!

—Más allá del tan mencionado boom de la imagen y el sonido, la gente pasa una gran cantidad de horas leyendo y escribiendo, en internet, por ejemplo. Pareciera que escribir en línea será el entorno natural del futuro. En su opinión, ¿qué promesas y qué riesgos plantea este nuevo fenómeno?

—Imagino que dependen absolutamente de la sensibilidad, inteligencia y exhaustiva información al respecto de quienes se relacionen con ese fenómeno. Por otra parte, no comparto los presagios en torno de la extinción de la palabra escrita a mano.

—¿Cómo es su relación con las nuevas tecnologías digitales? ¿Qué sentiría, por ejemplo, si tuviera que volver a la vieja máquina de escribir?

—Mi relación con la nuevas tecnologías es excelente, salvo cuando –y me sucede a menudo– se descompone el sistema.
Suelo apelar a mi máquina de escribir con muchísimo gusto para redactar nuevos textos..., pero también escribo a mano... ¡y me encanta, tanto como recibir mensajes ídem!
Una de las formas con las que mantengo contacto con los chicos es también respondiendo los e-mails que ellos me escriben, por ejemplo.

—Recientemente estuvo –a propósito de la reedición de cuatro de sus libros– en la Feria del Libro Infantil, donde compartió con padres y niños un reportaje público que le hicieron chicos de tres escuelas primarias. ¿Qué sintió ?¿Qué hay de nuevo en los niños de hoy?

—Aún no sé cómo pude contener tamaña emoción, es un otro “milagrito” que se reitera desde hace quince años (fecha en la que se celebró la 1a. Feria del Libro Infantil y Juvenil).
En los niños de hoy (obviamente no en todos) veo –resumiendo– una espontánea comunicación con los mayores acerca de cualquier tema..., el convencimiento de que llegarán a ser astronautas..., espontáneo acceso a internet..., posibilidad de sanarse de enfermedades antes incurables..., respeto por sus precoces amorcitos...


Fecha: Junio de 2004