01092004Claudio Ariel Garbarz es fundador, y coordinador desde hace 20 años del primer colegio secundario privado que se especializa en Música Rock y Pop en nuestro país. En esta entrevista señala que fueron los alumnos los que motivaron el cambio de orientación de ese colegio. 


—Palermo Sounder no es sólo el nuevo nombre sino el nuevo proyecto de la ex escuela secundaria Del Pacífico. ¿Por qué decidieron encarar este nuevo proyecto de educación musical?

—Hubo varios factores que confluyeron. No fue el proyecto original del colegio cuando lo creamos en el 84 como terciario técnico, ni tampoco el del 92 cuando abrimos el nivel medio como bachillerato con capacitación laboral en Informática. En ambos casos traté de poner mi impronta profesional y de alguna manera armar el semillero de mi especialidad, que es la seguridad informática.

Desde aquella época en el colegio fuimos innovadores: comenzamos con talleres de antihacking en el laboratorio de Informática, donde los chicos debían tratar de penetrar en la computadora de los otros chicos del curso, y desarrollar herramientas para proteger a las computadoras de los espías. Pero la realidad fue que los chicos que venían a este colegio tenían antes vocación artística que vocación técnica. Los talleres técnicos tenían cada vez menos alumnos, a los chicos les gustaban más los talleres artísticos, que también teníamos. Además, la mayoría de los egresados del colegio elegían carreras humanísticas o carreras artísticas. Y se formaron cinco bandas de rock entre los chicos del colegio. Nos pedían el colegio prestado para hacer recitales y se los prestábamos, hacíamos muestras de música y de plástica. Fueron los chicos –que son la base del colegio– los que motivaron el cambio de orientación.

Sin embargo, pese a que intenté años atrás cambiar la orientación del colegio, no pude lograrlo con las autoridades anteriores. Me decían que sólo podía dar rock como taller, fuera del horario de la escuela. Conseguimos recién este año que nos aprobaran el proyecto. Y esto tiene que ver con la línea del ministro de Educación, Daniel Filmus, que habla de que hay que incorporar la música en todos los niveles, de la importancia de trabajar con la música como forma de contención, y de la incorporación del lenguaje de los chicos al colegio. El otro día habló en un programa de TV y fue muy interesante todo lo que dijo al respecto. Este cambio de política actual posibilita que se apruebe un proyecto de este tipo: el primer colegio secundario especializado en música contemporánea con orientación rock y pop.

—¿Cuáles son las características del colegio y los objetivos que plantean para la educación de los adolescentes?

—Tenemos el bachillerato –a la mañana– con todas las materias de un bachillerato nacional. Y la tarde dos horas de materias de música, materias que todavía, para el plan de estudios oficial, son extraprogramáticas. Pero lo que pudimos hacer es dictarlas como obligatorias dentro del colegio: se aprueban con 6, y hay que tener el 75% de asistencia. De esta forma los chicos hacen paralelamente la carrera de músico y de bachiller nacional. El certificado que van a recibir es “Intérprete e Instrumentista de Música contemporánea con orientación Rock y Pop”. Aunque en el mundo artístico la salida laboral está en función de la capacidad personal y no de un diploma, pretendemos hacer un aporte a la calidad de los músicos de rock y pop en la Argentina, con una formación sistemática.

A diferencia del conservatorio, tenemos materias como Improvisación y Audioperceptiva, que es la forma de aprenden a leer y escribir música a partir de educar el oído, de tocar primero de oído y después tocar con un pentagrama adelante, porque no damos teoría y solfeo. Hacemos una inversión en la lectoescritura musical respecto del conservatorio. Hay otras materias como Música asistida por computadora, Grabación, edición y masterización digital, Organización de bandas musicales, Producción artística, Diseño de escena y vestuario, Marketing de las artes musicales. No queremos sólo formar músicos, sino profesionales que conozcan todo el mundo del rock. Por ejemplo, hay un factor muy importante, que es el sonido. Acá siempre nos quejamos de que tenemos la misma calidad de equipos que bandas internacionales y sin embargo los recitales suenan mal. No es sólo el “loco” de Charly García el que se queja de que el sonido está mal, sino que hay una queja general de los músicos. Y esto sucede porque no hay una formación sistemática en los profesionales. Para dar un buen sonido se requiere saber matemática, porque hay que saber cómo digitalizar un instrumento, si lo tengo que mostrar a 44 mil metros por segundo o a 20 mil metros por segundo; se requieren conocimientos de ancho de banda para saber por qué canal se lo pone; se requieren conocimientos de relación señal/ruido, que es una forma en que se mide la distorsión de cada canal, y se requiere saber física del sonido. En fin, conocimientos técnicos. Pero además se necesita saber de música. Lo que nosotros pretendemos es fusionar lo técnico con lo artístico.

"Aunque en el mundo artístico la salida laboral está en función de la capacidad personal y no de un diploma, pretendemos hacer un aporte a la calidad de los músicos de rock y pop en la Argentina con una formación sistemática”.

—Howard Gardner habla de inteligencias múltiples, y con eso nos dice que utilizamos un tipo de inteligencia distinto para cada campo distinto de la vida, y que algunas inteligencias se encuentran más desarrolladas que otras en las personas. Habla de 8 tipos de inteligencia distintas, entre ellas la inteligencia musical. Dice también que la inteligencia no es algo innato sino que es una capacidad que se puede desarrollar. ¿La inteligencia musical puede ser desarrollada por todas las personas o es algo con lo que nacen sólo unos pocos?

—Voy a hablar con las palabras de nuestra asesora pedagógico-musical, Violeta H. de Gainza, que formó a tres generaciones de músicos y desarrolló la escuela de la audioperceptiva en la Argentina, y probablemente sea la máxima autoridad en esto. Con ella nos encontramos en el primer colegio que –hace más de 30 años– adoptó esta metodología, el Colegium Musicum, que siempre estuvo diferenciado en su línea pedagógica de los conservatorios porque sigue una línea constructivista y no conductista. Tanto Violeta como yo pensamos que cualquiera puede cantar, cualquiera puede tocar un instrumento, así como cualquiera puede escuchar música. Algunos pueden tener mejores condiciones iniciales que otros, pero la inteligencia, vista como la capacidad de adaptarse a situaciones nuevas y de resolverlas, se educa, no se nace con ella. Y el trabajo de la escuela es esencial para encauzar a un chico que presenta dificultades en su aprendizaje, o a un chico virtuoso.

En el caso específico de la música hay que educar el oído, la voz y la psicomotricidad, y a partir de ahí llevar al chico a tocar un instrumento. Va a resultar que algunos tienen mayor facilidad para tocar la guitarra, otros que tienen mayor facilidad para cantar, etc. Entonces lo importante es la decisión del chico de elegir lo que más le gusta y aquellos para lo que sea más capaz, y de la escuela de exigirle y darle más de aquello que ha elegido.

—¿Qué tipo de habilidades les permite desarrollar a los chicos la educación musical, y qué tipo de actividades habría que proponer para desarrollarlas?

—La música se puede aprender a partir del canto, del baile, de tocar un instrumento o de componer una música. La música es un lenguaje, una forma de comunicación, donde uno además utiliza distintos instrumentos: la voz, el oído, el cuerpo. El pensamiento se desarrolla en el proceso de comunicación. Analizando las distintas generaciones de egresados veo que los chicos presentan cada vez más dificultades de comunicación. Es sabido que los chicos tienen sus códigos, que han deformado el lenguaje –ayudados o no por el chat– y que cada vez más toman otros caminos para expresarse, por ejemplo el musical. Los educadores se quejan de que los chicos tiene un lenguaje pobrísimo, pero no se dan cuenta de que ellos han elegido otros caminos de expresión. Cuando uno ve cómo cantan, cómo tocan o cómo bailan en sus ámbitos, que no son necesariamente los ámbitos formales de la educación, piensa ojalá yo hubiera tenido la libertad y la crítica que ellos tienen para con las cosas que los rodean. La educación musical estimula el pensamiento, pero además estimula la creatividad y la imaginación.

Por ejemplo, en el lenguaje de la informática –y de esto sí puedo hablar con más conocimiento– los chicos saben más informática que los docentes y se aburren en los talleres de Informática de la escuela porque sienten que el docente no les puede enseñar demasiado. Eso ocurre porque ellos pasan 10 horas frente a la computadora, porque encontraron a través de esa herramienta un vehículo de comunicación y no porque sean buenos programadores, ni porque usen la máquina como procesador de información, sino que la utilizan para comunicar información. Es decir que los chicos son muy inteligentes con la máquina porque la usaron como herramienta de comunicación, y eso mismo se puede trasladar a otro lenguaje como el musical.

La educación musical moderna se propone estimular al joven a operar con los sonidos con la misma naturalidad y conciencia con que matemáticos, lingüistas e informáticos se manejan y se expresan a través de sus respectivos lenguajes.

—La teoría de las inteligencias múltiples enfatiza la diversidad humana y Gardner sostiene también que “dentro de cincuenta años se van a reír de nosotros porque enseñábamos y evaluábamos de la misma manera a todos los alumnos”. ¿Cómo plantean ustedes la evaluación de los alumnos?

—Dar los mismos contenidos a los mismos alumnos siempre durante años y de la misma forma es esclerosar la educación; este es el fracaso de la educación. Esta es una de las formas de analizar la crisis de la educación argentina.

La música te obliga a respetar no solamente la singularidad de cada uno, sino a respetar los procesos de aprendizaje, te obliga a poner el foco en el proceso más que en el resultado final.

Cada chico tiene habilidades, mejores o peores. Por eso en música nosotros nos planteamos niveles distintos que no necesariamente se corresponden con los niveles establecidos para el bachiller, sino con sus propias habilidades frente a las distintas materias de música. Puede haber un alumno de cuarto año del bachiller a la mañana que a la tarde en Instrumento esté en nivel 3, y en Armonía en nivel 2, y si jamás hizo lectura de música empezará en nivel 1 de Audioperceptiva. En la entrevista de admisión los directores evalúan al chico para ver a qué a grupo es conveniente que vaya, y se forman los grupos por el instrumento que cada chico elige, y por nivel dentro de cada instrumento.

Eso es un desafío para la economía educativa porque nosotros damos 11 materias de música, y además se dividen en cuatro instrumentos distintos con tres niveles por instrumento, con lo cual se necesitan muchas aulas y muchos profesores. Algo antieconómico por más que la nuestra sea una escuela privada. Imaginate que para la escuela estatal lo es más aún.

—¿Cuál fue la respuesta de la comunidad educativa y de los chicos ante esta propuesta?

—La respuesta dentro del colegio fue muy positiva; de los chicos que tenemos actualmente en el bachillerato 8 de cada 10 van a seguir la nueva especialización musical. Porque los que ya están cursando en la escuela son los únicos que tienen la posibilidad de elegir si hacer también música o siguen sólo con el bachillerato por la mañana. Y que el 80% de los chicos prefiera quedarse más horas en el colegio es un dato muy significativo e importante para los que critican que los chicos son vagos y prefieren quedarse tirados mirando la televisión. Si a los chicos les das algo que les interese están dispuestos a quedarse más horas en el colegio.

Con respecto a la comunidad educativa, te conté la respuesta favorable de las autoridades máximas, llámese ministro de Educación, etcétera. Ahora bien, muchas veces en educación cambian las autoridades y se hace un cambio político en 24 horas, pero cambiar la estructura por debajo es un proceso muy lento, y es allí donde suelen aparecer los conflictos. En nuestro caso sucedió esto con las escalas inferiores de regulación. A las 48 horas de haber anunciado el plan en los medios tuvimos una inspección, nos mandaron a una inspectora para ver qué es lo que estaba pasando acá, para ver si esto seguía siendo un colegio -como lo es hace 20 años, incorporado a la enseñanza oficial y que cumple con todos los requisitos oficiales. La supervisora fue a ver todas y cada una de las clases, y nos pidió toda la documentación existente.

En los medios de comunicación la acogida fue sumamente positiva. Para mí al extremo, porque fue noticia, y la noticia puede ser un globo y después se pincha.

En el caso de los padres, hubo muchos llamados que lo consideran una excelente idea para que su hijo no deserte. Porque muchos chicos les plantean que quieren dejar la escuela para dedicarse a la música. También hubo llamados de padres planteando que es una buena alternativa porque su hijo está cansado entre el conservatorio y la escuela, e integrar las dos cosas es una buena forma de solucionar ese problema.

También llamaron muchísimos adultos que no terminaron la escuela secundaria y que quieren estudiar música, y de paso terminar el secundario. Entonces, si bien no ofrecemos la posibilidad de que aquí puedan terminar el secundario, sí abrimos –a partir de esos llamados– el nivel adulto a la noche, sólo para las materias de música. Y lo que les pedimos como requisito previo es que estén inscriptos en alguna otra escuela o plan de adultos a distancia, o en Deserción Cero, etc., para terminar el bachillerato. Esto es una primicia ¡lo inauguramos hace apenas unos días!

Muchas de las respuestas de los especialistas en educación fueron: ¡Ah qué interesante...!, pero como cuando uno dice “sí, interesante, pero vamos a ver de qué se trata...” Porque lo que sucede con nuestra escuela es que la presentamos con un lenguaje muy publicitario y eso ha generado rechazo a la vez que interés. Por ejemplo, una publicidad que sacamos dice: “Secundario Rock”. En realidad, nosotros no tenemos un colegio secundario rock, sino que hemos metido el rock adentro del secundario, pero esto sigue siendo un colegio secundario. Además presentamos el rock y el pop como un lenguaje, para que los chicos puedan acercarse a otros estilos, como el folklore, el tango, etc. Los chicos, siguiendo a León Gieco o a Divididos, se acercan desde el rock al folklore, por ejemplo. Hay grupos, como The Doors, entre otros, que trabajan mucho con la estructura de música clásica y a los chicos les encanta porque lo tocan con guitarra eléctrica, batería, etc. Es decir, el instrumento determina la motivación del chico hacia un estilo musical que de otra manera jamás hubiese escuchado. Si prende la televisión y ve un bombo y una guitarra criolla cambia de canal; si esa misma canción la están tocando con una guitarra eléctrica, un bajo eléctrico y una batería, la escucha. Esto es lo que trasmitimos. Decimos: el primer colegio especializado, en primer lugar, en música, y luego en rock y pop. Muchas cuestiones que están incorporadas en el mundo del rock no van a ser naturales en el colegio, porque, ante todo, esto primero es un colegio que forma a los chicos como músicos para que se integren a la sociedad.

“Es sabido que los chicos tienen sus códigos y que cada vez más toman otros caminos para expresarse, por ejemplo el musical. Los educadores se quejan de que los chicos tienen un lenguaje pobrísimo, pero no se dan cuenta de que ellos han elegido otros caminos de expresión... El pensamiento se desarrolla en el proceso de comunicación y la música es un lenguaje, una forma de comunicación”.


—¿Cuál es la transformación expresiva que propone el rock, en qué radica su fuerza?

—El rock y lo que se conoce como “la cultura rebelde del rock” lo que proponen es justamente romper con lo establecido. El rock tiene una historia en la Argentina, es el lugar por donde se filtraron las primeras expresiones de resistencia contra la dictadura militar. Y sí, también debemos decir que con el advenimiento de la democracia el rock se utilizó para comercializar, para vender grandes shows, ya que música pop es cualquier cosa, pop es todo. Pero todavía se sigue conservando y se ven en los grupos de rock actuales las expresiones de cuestionamiento hacia la violencia, hacia los políticos, etcétera. Los chicos eligen a sus grupos favoritos no tanto por cualidades estrictamente musicales sino por el mensaje. Entonces el rock trae a la escuela un ámbito de comunicación, en el que el chico analiza la letra –que lo remite a temas de historia, geografía–, y también es una forma de conectar el mundo de los jóvenes con el mundo de los adultos.

— Hoy la cultura adolescente está representada antes por la música electrónica y los juegos en red que por el rock; la brecha generacional está marcada por las nuevas tecnologías digitales. ¿Por qué una escuela de rock y no una especializada en música electrónica? ¿En qué mejora la visión del mundo con la adopción de una conciencia rockera?

—Lo que sucede es que, para mí, una escuela de música electrónica lo que haría es hablar de una música muy embebida por lo tecnológico, y para nosotros la tecnología sigue siendo una herramienta, no un lenguaje. Y el rock no es que te cambie la visión del mundo, lo que te cambia la visión del mundo es cómo y desde dónde encares el rock. La música tiene que ver en muchos puntos con la ideología, y nosotros queremos rescatar las ideologías, queremos que la música rock sirva también para que los chicos se acerquen a estudiar la historia de la sociedad. Tenemos una materia Historia y análisis de la música rock y pop. Si uno estudia los últimos 40 años de la historia del mundo desde esta óptica, por ejemplo te podés acercar a lo que fue la represión en Chile a través de lo que pasó a Víctor Jara, o a la historia de los derechos humanos en la Argentina a través de la historia de León Gieco, y esto la música electrónica no lo propone.

Pero sí, la música electrónica es efectivamente otra forma de acercarse a los jóvenes, es un fenómeno súper convocante. Nosotros también incluimos materias como Música asistida por computadoras, que es música electrónica. Además hemos incorporado en Matemática álgebra de Bull, que es la matemática de los 0 y 1, la base matemática de todo proceso de digitalización, y aunque parezca mentira en la escuela media todavía no se enseña álgebra de Bull, la matemática del mundo digital actual. Nosotros en este punto cambiamos el programa, sí o sí.

Hoy es importante también educar para cerrar esa brecha generacional. Por un lado, con los adultos que se han alejado del mundo digital, y también con los chicos, porque no tienen una buena educación digital, son mayormente usuarios del mundo digital. Es importante formar gente que el día de mañana pueda ser creativa y proponer una nueva forma de digitalización musical, un nuevo código, por ejemplo mp8 u otro nuevo aporte desde la tecnología a la música, y para esto necesitamos darle una formación sistemática en este tipo de herramientas. Desde el colegio la idea fundamental es formar creadores, chicos con un proyecto personal de música, y en este sentido puede ser en cualquiera de sus estilos.

—Darán clases magistrales muchos de los representantes del rock nacional, como Willy Quiroga, Raúl Porchetto, Rubén Goldín, entre otros. ¿Le han hecho alguna propuesta a Luis Alberto Spinetta o alguna otra estrella del rock que no quiso afrontar este desafío?

—Es que fue al revés, fueron ellos los que se enteraron por anuncios o conocidos y nos llamaron porque tenían ganas de enseñar. A los músicos de mayor renombre los podremos tener una vez al año para dar una clínica.
Lo que sé es que muchos dicen que tenemos músicos conocidos en el ambiente como para marketing de la escuela. Y yo digo sí, es un buen marketing para la escuela y bienvenido sea, porque queremos que los chicos vengan y tomen contacto con el músico real además del contacto idealizado que toman con ellos en un recital.

Algunos de los músicos de los que forman el plantel saben muchísimo de música pero no saben enseñar, pero eso no importa tanto, lo que importa es que ellos hagan lo que saben hacer y que los chicos sean los que les pregunten, y que haya un intercambio entre ellos. El gran especialista quizás no es un gran educador, pero es muy valioso ese contacto, aunque quizás sólo entendamos el 20% de los conocimientos que brinda. Porque después, cuando uno sigue avanzando en los estudios, comienza a entender el otro 80%. El saber no tiene que estar exclusivamente del lado del docente; muchas veces la responsabilidad de intentar entender y aprovechar más las experiencias está del lado del alumno.


Fecha: Agosto de 2004