13042005Pablo, Francisco y Hernán, el equipo “PPP” como se autodenominaron, están en Shangai para participar de la 29° Competencia Universitaria Mundial de Programación de la Association for Computing Machinery (ACM), patrocinada por IBM. De los miles de equipos que participaron de las eliminatorias regionales sólo quedaron 78 finalistas. El equipo de la UBA fue además el ganador latinoamericano.
Apenas antes del viaje los entrevistamos, junto con Darío (26 años), su entrenador. Ante la inminente sesión de fotos, Pablo (20 años) dice: “Sí, sacanos una foto, así se dan cuenta de que no somos unos nerds”. Y Darío –hoy convertido en entrenador– cuenta, entre risas: “Mi familia, cuando yo participé de la competencia en años anteriores, la seguía por internet y gritaban los “goles”.
Esta es la generación que nació con las computadoras. Y este mundial un desafío personal donde lo importante es la adrenalina de la competencia, una maratón de cinco horas en las que deberán resolver en lenguaje de programación y en la menor cantidad de tiempo problemas como los que plantea la vida real. El 6 de abril –día de la competencia– los interesados podrán seguir el mundial por internet.


Por Verónica Castro

—Hasta hace unas semanas no sabían cómo iban a hacer para solventar los gastos del viaje a Shangai para participar del Mundial. ¿Cómo se resolvió finalmente?

Darío (entrenador): —Recibimos donaciones de empresas y la UBA finalmente nos dio el importe requerido para viajar. Fue impresionante la repercusión que tuvo la nota en La Nación donde contamos que peligraba la participación del equipo por falta de fondos. Al otro día a las 10 de la mañana el ministro de Educación, Daniel Filmus, llamó a Pablo a la casa.

Pablo: —Sí, me llamó y me dijo que lo inquietaba que no consiguiéramos los fondos para viajar y que nosotros no teníamos que estar preocupándonos por eso. Me dijo que desde el Ministerio nos iban a conseguir los fondos. Arreglamos una reunión para vernos y fuimos todos al Ministerio a reunimos con el ministro y con Gustavo Peyrano, su asesor. Por suerte todo salió bien, y al final la UBA también nos ayudó.

—Y ahora prontos a viajar, ¿qué sentís?

Pablo: —Estoy nervioso, pero no tanto por la competencia sino por el viaje, nunca fui a un país no limítrofe y mis únicos viajes en avión fueron de dos horas.

—La gente asocia un Mundial, un entrenamiento, con deporte. No se imagina cómo es un entrenamiento de programación...

Francisco (21 años): —Bueno, esto es más o menos parecido, lo que hacemos para entrenarnos es lo que se hace en cualquier deporte: simular una prueba. Nos juntamos, conseguimos problemas que ya se usaron en otras competencias, más el programa que usa el jurado para corregir. Usamos una computadora lo más parecida a la que tendremos en la competencia y entrenamos cinco horas seguidas como si fuese una prueba de verdad, y comparamos los resultados que tuvimos y el tiempo en que lo hicimos con los resultados que se obtuvieron en competencias finales de otros años. También cada uno por su cuenta estudia y practica resolviendo problemas.

—¿Qué tipo de problemas se plantean en estas competencias?

Hernán ( 21 años): —Un problema, por ejemplo, puede ser que te proporcionen una tabla de rutas de trenes y los horarios en que salen los trenes en cada ciudad, y vos tenés que encontrar el camino más rápido o más barato de un lado a otro, tratando de que el pasajero tenga que esperar lo menos posible. Es decir, encontrar entre 10.000 rutas la mejor en diez minutos, algo que cuando se tienen tres o cuatro lo podés hacer fácil, pero si la cantidad es grande es difícil.

—Y ustedes tienen que hacer un software que dé respuesta a ese problema...

Darío (entrenador): —Claro. Como datos de entrada se suministran las rutas y estaciones, y el programa tiene que brindarte un camino óptimo en tiempo, en dinero o lo que la persona necesite.

—¿Cuál es el sentido y qué particularidades conlleva una competencia basada en trabajo en equipo y no individual?

Pablo: —Yo creo que además de entrar en juego lo que cada uno sabe, hay mucho de aprender a trabajar en equipo y organizar tiempos, porque la computadora es una sola, y eso es lo más limitante. El que no está usando la computadora tiene que saber cómo aprovechar ese tiempo. También que no hace falta que todos sepan todo sino saber cuáles son las fortalezas y debilidades de cada uno.

Darío (entrenador): —Además es mucho más parecido a lo que uno hace en la vida real, ya que dada la complejidad de los tiempos actuales se trabaja en equipos interdisciplinarios. Es una prueba que no sólo mide las habilidades de resolución de problemas y de programación, que son dos cosas distintas, porque una cosa es tener una idea de la solución y otra saber programarlo, bien y rápido. El último ingrediente de la competencia es el trabajo en equipo, es ver cómo los tres integrantes del equipo trabajan entre sí y diagraman sus estrategias. Porque un equipo puede tener tres tipos brillantes, pero si no saben trabajar en equipo seguramente el resultado de la prueba no va a ser bueno.

Francisco: —La prueba tiene también una característica muy particular –a diferencia de la regional–: a medida que uno va creando las soluciones inmediatamente se las entrega al jurado. Hay un sistema para corregir automáticamente tus envíos y te devuelven en tiempo real el OK o el No. También ves en la computadora el ranking de los otros, y eso genera mucha adrenalina. En la última hora esto se corta y dejás de ver los rankings, y en la última media hora también se corta el aviso de si están bien o mal tus soluciones. Entonces eso también te pone al límite, porque no sabés en qué lugar estás posicionado hasta el final.

—¿Se puede seguir el mundial por internet ?

—Sí, el ranking que ven los participantes desde el recinto de la prueba también se ve por Internet.

—La vamos a seguir...

Darío (entrenador): —Sí, tienen que calcular la diferencia horaria porque estaremos en China, será aproximadamente a las 20.30 hs. Mi familia, cuando yo participé en la competencia en años anteriores, la seguían por internet y gritaban los “goles” (se ríe).

—¿Cómo fue la decisión de pasar de ser participante de la competencia a ser entrenador?

Darío (entrenador): —Es que la competencia no permite que participes más de dos veces en la final. Entonces me pareció piola la experiencia que tenía acumulada de mis participaciones anteriores, y además vi que este equipo tiene mucho potencial. Ya hace un año y medio que estamos entrenando. En la regional del año pasado estuvieron muy cerca de clasificar para la final, y pese a que no pudo ser en esa oportunidad siguieron entrenando.

—En las competencias previas de ACM en las que participó Darío como estudiante de la UBA, su ranking fue mejor que el de estudiantes de otras universidades del mundo, incluso de los EE.UU. ¿Cuánto mérito le corresponde a la carrera de Ciencias de la Computación de la UBA y cuánto a los estudiantes individualmente y a su trayectoria profesional?

Darío (entrenador): —Creo que los tres factores que mencionás tienen incidencia. La incidencia de la UBA es importante –este es el séptimo año en que la UBA tiene una representación en la final–; también hay muchísimo trabajo y entrenamiento personal, y experiencias previas, porque todos nosotros ya venimos participando en instancias de este tipo (olimpíadas de Matemática, de Informática, de Física) en la secundaria; y hay cierta capacidad personal, por qué no decirlo.
Siguiendo con lo que es mérito de la UBA, hay que destacar también que entre sus estudiantes estas competencias despiertan mucho interés. El “PPP”, los chicos, pasaron una selección –en principio– entre nueve equipos de la UBA. Además el chico que fue a la final del año pasado de ACM, si bien fue en representación de la Universidad de Palermo, había cambiado a la UP ese último año; el resto de la carrera lo había hecho en la UBA.

Pablo: —Además, sobre todo ahora cuando la computación está de moda, hay un montón de carreras en distintas facultades que tienen que ver con Informática, pero desde distintas orientaciones. Nuestra carrera, Ciencias de la Computación, tiene una orientación que se parece mucho a lo que apunta esta competencia, es bastante científica y la práctica la constituyen la resolución de problemas y la programación.

—¿En qué lenguajes les está permitido programar en la competencia?

Darío (entrenador): —En tres lenguajes: Java, C , y Pascal, aunque este será el último año en que se podrá usar Pascal en la competencia, porque es un lenguaje antiguo. Java es el más nuevo.

—Cuando Maradona era chico le preguntaron cuál era su sueño, y él contestó “Jugar en el Mundial”. Ustedes ya están en el Mundial, ¿cuál es su sueño?, ¿qué les gustaría hacer en el futuro con sus talentos?

Todos: —Es una pregunta difícil.

Francisco: —Yo creo que la computación dentro de la industria y el mundo moderno es algo muy usado, pero la ciencia es la parte menos explotada hasta ahora, es muy nueva. Entonces hay un montón de cosas que se pueden investigar y descubrir que sirven para mejorar la calidad de vida de las personas y el desarrollo de la sociedad. La parte científica de la computación es la que a mí más me interesa.

Darío (entrenador): —Aparte dentro de lo que es la ciencia y su aplicación, es una ciencia donde el traspaso de la investigación a la tecnología es rapidísimo, no como en otras ciencias. Por ejemplo: un matemático investigaba y había que esperar cien años hasta que se aplicaban sus investigaciones. En las ciencias de la computación el salto es súper veloz, es la industria la que demanda a la academia, más que al revés; entonces las aplicaciones son casi inmediatas.

Pablo: —A mí me gustaría –en el sentido utópico– solucionar, por ejemplo, el problema que planteó un famoso ingeniero: un cartero tiene que ir a varios puntos de la ciudad a dejar cartas y volver, entonces hay que buscar la forma óptima, el camino más corto y rápido para hacerlo. La única solución que se conoce para este problema implica probar todas las posibilidades, todos los caminos de todo el mundo y de todas las casas, algo que tardaría muchísimo, un tiempo que en la vida humana ni siquiera podría ver. Es un problema muy viejo dentro de la computación, que apenas se resuelva va a tener una aplicación muy revolucionaria en la vida de las personas. Yo me conformaría con encontrar –aunque no la mejor solución posible– una lo suficientemente buena. En la vida real no importa si es la mejor solución, basta saber que está quizás a 10 segundos de la mejor.

Hernán: —Por eso la gente quiere más a los ingenieros que a los matemáticos (se ríe).

—¿Cómo creen que la gente común percibe lo que es la inteligencia artificial? Y ¿cómo influyen en esta visión películas como Yo, robot, o IA?

Pablo: —Yo creo que la gente piensa que la inteligencia artificial es construir, por ejemplo un perro que habla como en la película Yo, robot. La gente lo que percibe de la inteligencia artificial es lo que en verdad desea, como por ejemplo que un perro le lleve el diario a la cama o que no se haga pis en la casa. Cuando en verdad la inteligencia artificial ayuda a aproximar soluciones a problemas de velocidad que una persona no puede resolver, pero no sé si podrá llegar a dar solución a problemas hoy irresolubles.
Ese tipo de películas lo que plantean es la idea de fabricar robots que se parezcan lo más posible a una persona, pero visto desde el punto de vista científico no necesariamente el robot tiene que ser como una persona, sino algo que piensa, como un simple programa que sólo juega al ajedrez. Lo que sería importante es que el mismo programa aprenda, que después de cada partido juegue mejor y después de mil partidos juegue mucho mejor.

Darío (entrenador): —Claro, porque en lo que es realmente inteligencia artificial uno de los fundamentos es el tema del aprendizaje. Es hacer un programa que vaya aprendiendo a partir de la experiencia. Pero –por lo que yo tengo entendido– lo que estos programas pueden llegar a aprender dista muchísimo de lo que se fantasea en las películas.

Hernán: —Es más, si no sabe cómo funcionamos nosotros mucho menos vamos a poder hacer que una máquina nos copie. Todavía no se sabe cómo funciona nuestro cerebro.

Darío (entrenador): —De todas formas nosotros no somos los más indicados para hablar de inteligencia artificial. Lo que pasa es que dentro de la computación hay muchas ramas, una es la inteligencia artificial –que estuvo muy de moda a fines de los 80 y principios de los 90– y ninguno de nosotros cuatro nos dedicamos a ella específicamente.

—¿Qué premios habrá para los ganadores del Mundial?

Darío (entrenador): —El premio más importante para mí es el reconocimiento personal, ponerte una meta y alcanzarla. Pero también habrá premios monetarios, regalos y el aplauso de todos los que estén allí.


Fecha: Marzo de 2005