15062005Carolina Short y Tomás García Ferrari, son diseñadores gráficos, recibidos en la UBA, y trabajan juntos en su estudio (bi)gital», una empresa de diseño focalizada en los nuevos medios, soluciones multimediáticas on y off line y el diseño de información.

En 1998 fueron becados en la Akademie Schloss Solitude, de Alemania. Enseñaron tipografía en la Universidad de Buenos Aires, y Diseño de Nuevos Medios en la Facultad de Diseño de la Escuela de Arte y Diseño Burg Giebichenstein, de Halle, Alemania.

Han realizado interesantes trabajos principalmente para la Argentina y Alemania, y tienen una lúcida visión acerca de todo lo referente a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.


Por Verónica Castro

—Uds. se han especializado en el desarrollo de sistemas de información dinámicos en la web. ¿Cuáles son las particularidades de este modelo y de los distintos modelos de comunicación para la web?

Carolina: —Los sistemas de información o publicación on line son una herramienta para aquellas personas o instituciones que necesitan un website que pueda ser actualizado sin asistencia de terceros. Cuentan con una interfaz “pública”, que es el sitio que se ve normalmente, y una interfaz “administrativa” a la que sólo se tiene acceso mediante una contraseña. Esta última es una sección privada del website que le permite al dueño o administrador actualizar, cambiar o borrar contenidos por medio de formularios con campos para el ingreso de datos.

Tomás: —La web —tal cual la conocemos hoy en día— funciona en base al protocolo de transferencia de hipertexto (http o HyperText Transfer Protocol) transfiriendo de servidores a clientes documentos en lenguaje de marcado de hipertexto (HTML o HyperText Markup Language). Estos documentos pueden ser creados de manera estática, escritos de cabo a rabo en cualquier programa que edite textos (o si se prefiere en un creador de HTML WYSIWYG como MacroMedia Dreamweaver o Adobe GoLive, entre otros) y almacenados en el disco duro del servidor. Este modelo de puesta en página de contenidos (por hablar en términos cuasi editoriales) tiene grandes desventajas: debido a que los archivos son escritos de manera definitiva (hardcoded) se necesitan ciertos conocimientos técnicos para modificarlos, no es sencillo hacer cambios en gran escala y no permite la reutilización de componentes, entre otras. Son documentos “sólidos” cuando la web es básicamente “líquida”.

La contracara de esto es la separación en distintas capas de lógica, forma y contenido. En este modelo el diseño gráfico o visual es solamente una parte del problema total de diseño.

La gran ventaja comparativa de separar estas áreas es que cada una de ellas puede ser “atendida por sus propios dueños”: el área lógica, por programadores; el área visual, por diseñadores; y el área de contenidos, por editores. Esto es posible debido al desarrollo e integración de ciertos lenguajes de programación (PHP, ASP, etc.) con motores de bases de datos (MySQL, MicroSoft SQL, etc.) para generar documentos XHTML cuya forma visual está dada por Cascading Style Sheets (CSS).

Históricamente los procesos de edición estaban de alguna manera mediatizados por quienes poseían los saberes técnicos necesarios para hacer realidad una publicación. Hoy en día, debido a estos nuevos métodos de publicación, los editores de contenido pueden autopublicar su material con una gran calidad visual y técnica. Este ha sido el motor de la llamada “revolución de los weblogs”.

—Y a partir de la revolución de los weblogs, ¿qué creen que sucederá con las prácticas unidireccionales de la escritura en páginas web y sitios administrados por un webmaster?

Tomás: —Posiblemente sigan coexistiendo diversos modelos, como ha pasado en otros medios. De todas maneras, a nosotros en particular nos interesa el desarrollo de herramientas que se transforman en usinas de comunicación. Mutatis mutandis, se puede hacer un paralelismo con lo sucedido en las comunicaciones telefónicas: en el principio, había quien establecía las comunicaciones manualmente operando una central, de alguna manera “mediando” entre quienes querían comunicarse. Hoy en día ya no es así. Sin embargo, hay nuevas áreas de trabajo para los expertos en telefonía. Quizás algo parecido pase con los webmasters y diseñadores web.

—Por ejemplo, para los diseñadores web todavía hay mucho por hacer en lo que respecta a tipografía digital. Uds., que se han especializado en esta área, ¿cuál creen que es el próximo paso en tipografía digital?

Tomás: —Sí, en lo que respecta a tipografía en pantalla todavía hay mucho por hacer, debido a que los dispositivos de visualización disponibles hoy en día todavía presentan una resolución paupérrima en relación con sus equivalentes en otros medios. Y nos hemos acostumbrado a esta baja calidad. A medida que esto vaya aumentando, la tipografía deberá acompañar estos pasos.

Carolina: —Lo importante que está sucediendo al respecto es que los tipógrafos y diseñadores de fuentes tipográficas se preocupan bastante por el problema de la legibilidad en los medios digitales y ya —desde hace varios años cuando fue creada por ejemplo la Verdana en 1996 por Matthew Carter— comienzan a pensar las tipografías desde el píxel (a diferencia de las tipografías pensadas para su uso en papel en las que los trazos derivan de la lapicera, el pincel o el cincel, entre otros), concibiendo cada carácter desde su versión de pantalla, lo que implica una mejora sustancial en lo que a legibilidad en pantalla se refiere.

Con esto quiero hacer notar cómo, de a poco, se va mudando a una tipografía más adecuada para la lectura en pantalla. Es difícil decir cuál será el próximo paso ya que el diseño de nuevas tipografías estará (deberá estarIo) ligado de alguna manera a los avances en lo que a los sistemas de visualización se refiere. Con el crecimiento de la web y la mejora de las posibilidades en el código HTML se han propuesto diferentes tecnologías para la utilización de tipografía en las interfaces gráficas, pero a los fines prácticos ninguna todavía ha ganado mucho terreno. De hecho, en los diez años que tiene la web, seguimos usando —básicamente— la tipografía del mismo modo: como texto y/o como imagen. El desarrollo que más éxito tuvo y tiene, en mi opinión, es el de las tipografías píxel, que no es más que un paso a medio camino, ya que no plantea un cambio tecnológico de base sino que es “lo mejor de dos mundos”.

—Las infografías, los gráficos explicativos e ilustraciones que en general aparecen publicadas hoy en los periódicos están cada vez más “de moda”. ¿Por qué? ¿Una nueva manera de informar?

Tomás: —No somos expertos en infografía para dar una opinión demasiado válida. Aunque me parece que la infografía hace una síntesis entre imagen y palabra que permite informar de manera eficaz. Hay una cadena de transformaciones (de datos a información, de información a conocimiento, de conocimiento a sabiduría) en la cual el buen uso de las infografías parece actuar bien.

Carolina: —Creo que la manera de informar está cambiando, porque en los últimos años ha cambiado la manera en la cual nos mantenemos informados. La tecnología va modificando el modo en que nos comunicamos, y por lo tanto, los medios masivos tienen que adaptarse a los usuarios. Cada vez leemos más información en menor cantidad de tiempo, es como un signo de estos tiempos: el tema de la “velocidad”. La prensa impresa posiblemente este perdiendo lectores porque estos se mudan a otros sistemas de información que les resultan más cómodos: la web, la TV, etc. Las infografías atraen a los lectores porque presentan un aporte informativo que facilita la comprensión de una nota periodística. Una infografía requiere un procesamiento de los datos mucho más elaborado que una nota periodística textual. Han existido desde siempre, no creo que simplemente estén “cada vez más de moda”, sino que en los últimos años con la incorporación del uso de computadoras en la producción de medios gráficos los procesos se agilizaron y permiten a un infógrafo contar con gran cantidad de herramientas: fotos, íconos, tipografía, a un costo muy bajo al momento de realizar un gráfico. Periodistas y (diseñadores) gráficos trabajan codo a codo para brindar de manera rápida una noticia, en este caso.

—Juan Cebrián, ex director del diario El País, de España, en su obra La red –quizás criticada por su veta tecnofóbica– alertó sobre la caída de los lectores de periódicos on line y los pocos beneficios para las empresas que difunden información de este modo. Uds. trabajaron en la primera versión del diario Clarín para la web. ¿Qué opinan al respecto?

Tomás: —Nosotros desarrollamos la primera versión de Clarín para la web en los primeros meses de 1996, pero después de un tiempo nos desvinculamos de este proyecto; no podríamos aventurarnos a opinar acerca de los beneficios que obtienen estas empresas informativas. Aunque sospecho que la mayoría de las veces no tienen la posibilidad de estar ausentes de esta mesa, independientemente de que les resulte un buen negocio o no.

Carolina: —Es cierto que en ese aspecto la financiación de los desarrollos de contenidos para la web todavía no está a la altura de otros medios. Hace falta dar una vuelta de tuerca para ver de qué manera se pueden ofrecer contenidos genuinos sin que el lector tenga que pagar un costo alto por ellos. También podemos pensar que quizás si se establece de manera más amplia y sólida el sistema de micropagos, donde se pueden transferir pequeñas sumas de dinero sin demasiado costo, las empresas y —fundamentalmente— los productores de información van a ver un cambio en su modelo de negocios.

Tomás: —Este es un modelo que puede verse ya perfilado en la industria de la música (después del fenómeno Napster), con dos vertientes bastante claras: la vertiente comercial, liderada por Apple con su iTunes Music Store que vende temas musicales a un costo menor a u$s 1; y la vertiente no comercial, cuya cabeza de serie es el CD lanzado por la revista WiReD bajo una de las licencias desarrolladas por CreativeCommons. Tal vez la industria de la información siga pronto algunos caminos marcados por la industria del entretenimiento.

—Desarrollaron también el website de la Feria del Libro de Buenos Aires, que fue muy apreciado, y hoy sigue on line. ¿Tienen feedback con los usuarios, y si lo tienen, eso les devuelve mejoras? ¿Las incorporan con cada nueva edición?

Tomás: —El sitio de la Feria del Libro de Buenos Aires está en funcionamiento ininterrumpido desde 1996. Trabajamos en el mismo con Víctor Antoniazzi, de la Fundación El Libro, como editor y encargado de contenidos, y con Daniel Laco, en programación de componentes.

Carolina: —Para la evaluación del sitio de la Feria nos basamos en dos fuentes. Por un lado, el análisis de las visitas que recibe, que realizamos con herramientas instaladas en el servidor, que nos dan un perfil más técnico de los usuarios (qué navegador utilizan, que sistema operativo, qué páginas son más visitadas, etc.). Por otro, está el Libro de visitas, que puede resultar a esta altura un poco anacrónico pero que muchas veces nos brinda un aporte más “emocional”, más subjetivo, que nos sirve para mejorar aspectos que tienen más que ver con el manejo de contenidos del sitio.

Hemos incorporado año a año cambios de acuerdo con las características de cada Feria, y el sitio ha crecido con la web. Tratamos de mantenerlo actualizado en lo que a tecnología y usabilidad se refiere. Hay cosas que habíamos incorporado en un principio, que en su momento eran de avanzada, como por ejemplo: ya en 1996 contaba con cámaras en vivo que transmitían desde el predio, se realizaban a diarios chats con autores y personalidades de interés público, se ponían on-line los audios de las conferencias más destacadas, pero algunas de estas actividades se suspendieron porque requieren de cierta estructura organizativa y presupuesto con el que no siempre se cuenta. Y además porque tienen que estar muy bien ajustadas para que el resultado sea útil a los usuarios.

Hoy en día estamos más focalizados en otro uso del sitio, más personal, más puntual, menos glamoroso si se quiere. Tratamos de presentar toda la información que un visitante potencial de la feria pueda requerir, optimizando las búsquedas, cruzando datos de manera que el mismo pueda programar –si lo desea– su visita antes de llegar al predio. También el objetivo es contarles a quienes no pueden asistir físicamente lo que ocurre día a día. Tiene, por ejemplo, un sistema de inscripción automático a todas las actividades, con un manejo del perfil de cada usuario. Y se actualiza diariamente, cosa que no sucedía en los primeros años del sitio.

Hay muchas mejoras que podrían hacerse, la mayoría de las veces la falta de presupuesto hace que nos tengamos que concentrar en resolver bien lo que tenemos más que pretender novedades e incorporaciones que queden a mitad de camino.

—También existe el problema de la accesibilidad, un problema propio del diseño web. ¿Qué importancia le dan a esta variable en sus trabajos?

Tomás: —El tema de la accesibilidad ha cobrado importancia en los últimos años y nosotros tratamos de no ser ajenos a eso. De todas maneras, también somos realistas y sabemos que trabajamos en un medio en constante cambio y adaptación. Debido a eso —aun a riesgo de pecar de absolutista— no creo que se pueda apuntar a que un determinado proyecto sea visible en un 100% por el 100% de los posibles usuarios. Siempre hay soluciones de compromiso intermedias. Determinar el umbral de corte es una parte del proceso de diseño.

Carolina: —En la medida de lo posible trabajamos con los estándares de accesibilidad que propone la WC3 y tratamos de que los proyectos que realizamos se mantengan al tanto de las últimas mejoras al respecto. Muchas veces por las características de cada comisión en particular tenemos que priorizar otros aspectos, y estos estándares quedan un poco relegados; tratamos al menos de tener en cuenta que esto sucede…

—¿Qué diferencias profesionales importantes encontraron trabajando como diseñadores en Alemania con respecto a la forma de trabajo en la Argentina?

Carolina: —En rasgos generales, los alemanes son amigos de la precisión. Esto se hace extensivo a todas las áreas de trabajo, por lo tanto en diseño también sucede —aunque ha ido cambiando con las nuevas y jóvenes generaciones de las cuales por la edad ya quedamos afuera. En este sentido siempre nos pasa que a los alemanes les cuesta entender cómo “un par” puede resolver el trabajo que requeriría teóricamente de un equipo de, digamos, cinco personas. Hemos realizado proyectos como el de la Akademie Schloss Solitude desde cero, diseñando un sitio con información que “no existía”, programando, diseñando, proyectando, produciendo material gráfico, etc. Algo que en Argentina es casi normal y que allá era excepcional.

Otra diferencia es la capacidad de trabajo en horas, y la velocidad de realización del mismo. Este pensamiento lateral al cual estamos tan acostumbrados acá hace que sea posible resolver temas en menor cantidad de tiempo, o con menor cantidad de recursos, ese entrenamiento en “carreras de obstáculos” que la mayoría de los profesionales argentinos tienen. Esa capacidad de rebusque —por ponerle un nombre— que hace que se pueda concretar un proyecto que si es planteado en términos estrictos y precisos tal vez es tildado de imposible.

Nos pasó también, dando clase, que los alumnos tenían tantos recursos de parte de la universidad que en cuanto se les presentaba un problema se ahogaban en un vaso de agua. A diferencia de los alumnos de la FADU, que a veces con muchos menos recursos logran resultados muy halagadores. En Alemania el grupo de alumnos era de 22 personas, en la FADU son más de 100 estudiantes por grupo.

Tomás: —Una diferencia que siempre me pareció sustancial son los distintos métodos para llevar adelante proyectos de cualquier índole. Por lo general, los alemanes están acostumbrados a conseguir los recursos necesarios y después iniciar los proyectos. En la Argentina estamos más acostumbrados a iniciar los proyectos y —sobre la marcha— ver cómo se consiguen los recursos para llevarlos adelante. Sin hacer una análisis valorativo, son metodologías totalmente diferentes y ambas funcionan en sus respectivos lugares. Quizás lo interesante —en esta época de hibridez— es lograr un mix de ambas visiones y aportar en la Argentina la visión de que hay que conseguir los recursos antes de empezar, y en Alemania la visión de que se puede empezar sin tener todo lo necesario.

—¿Cómo imaginan el futuro gráfico de internet?

Carolina: —Imagino mejoras más que nada a partir de cambios de tecnología de visualización. Algo así como un híbrido entre la computadora y la TV pero con la calidad/precisión de la impresión en papel. Incorporación real de 3D, sonido sorround… Eso de acá a unos años, tal vez una década…
Más a largo plazo, imagino nuevas formas de representación gráfica o mejor dicho nuevas representaciones de la realidad hoy impensables: incorporación de otros modos de percepción que no sean sólo a través de la vista, como las sensaciones táctiles, olfativas y gustativas.

Tomás: —Más que del futuro gráfico yo hablaría, en términos más generales, del futuro de internet (en ese sentido creo que quienes diseñamos en este medio nos estamos alejando un poco del sentido tradicional de diseño gráfico). Lo que a mí me resulta de mayor interés es que siga existiendo la posibilidad de crecimiento de sistemas emergentes, organizados de abajo hacia arriba (en los términos descriptos por Howard Rheingold en Multitudes inteligentes), donde la tecnología sirve de estructura sustentante para generar cambios sociales, en algunos casos de mucha importancia. A veces, a las visiones apocalípticas del tipo 1984 —que también existen— donde el Gran Hermano está controlando todos nuestros movimientos me gusta contraponerlas con miradas donde los sistemas se autorregulan por el buen uso que hacen sus integrantes, conscientes de que el bien público existe y nos beneficia a todos por igual. En esa dirección, me gusta pensar que algo como el desarrollo de otro tipo de licencias diferentes al copyright tradicional (por ejemplo las desarrolladas por CreativeCommons) va a ser cada vez más común. Estas situaciones serían absolutamente impensables sin la existencia de un medio de comunicación no controlado. Me inclino a creer —sin dejar de tener una mirada crítica— que el futuro de Internet va a posibilitar aún más este tipo de situaciones.


Fecha: Junio de 2005