Roberta Iannamico (Bahía Blanca, 1972) vive en Villa Ventana. Es autora de libros como: Mamushkas; El collar de fideos; El zorro gris, el zorro blanco, el zorro colorado; Tendal y Celeste perfecto. Para chicos escribió Nariz de higo, y adaptaciones de cuentos clásicos infantiles a nuestras tradiciones en la colección A leer con pictogramas. También es coautora de los libros de lectura En patines 1, y Los libros del Caracol 1, 2 y 3.

130820081—¿Cómo surgió el proyecto de este libro, que fue financiado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional del Sur y el programa UBACyT?

—El libro surgió en el 2004, por iniciativa de Alejandra Pupio, que en ese momento estaba a cargo del área de arqueología del Museo Histórico de Bahía Blanca. Ella quería, mediante una obra de teatro, un trabajo de narración o algo así, acercar y hacer conscientes los conocimientos que nos proporciona la arqueología acerca de la vida de los pobladores originarios de estas tierras: para eso me convocó. Creo que en el primer encuentro conversamos acerca del tratamiento que le daban a este tema en las escuelas –casi nulo, cuando no prejuicioso y estereotipado–, y es por eso que surgió la idea de hacer un libro que pudiera leerse en las escuelas, y también que pudiera hacer circular un saber que generalmente no sale del ámbito académico. Así que me pasó información como para que fuera entrando en el tema y yo fui pensando cómo podía ser el libro, teniendo en cuenta el concepto de microhistoria que habíamos conversado con Alejandra.

—¿Por qué eligieron intercalar en Bajo las estrellas. 12.000 años de historias bonaerenses relatos protagonizados por niños de los pueblos originarios que habitaron en el pasado la provincia de Buenos Aires con las voces de niños urbanos actuales marcados por la exclusión y la desigualdad?

—Con el equipo de trabajo armado (Clara Domini como ilustradora, Juan Luis Sabatini como diseñador y Alejandra y yo como autoras) conversamos con Reinaldo Merlino, que en ese momento era el director general de los Museos de Bahía Blanca, las primeras ideas sobre el proyecto. Él destacó sobre todo el peso político que el libro tenía y sugirió que no fuese un libro que solo hablase del pasado, sino que incorporara de alguna forma la presencia directa del presente. Eso coincidía en un ciento por ciento con nuestro objetivo: que fuese un libro informativo sobre el pasado que de alguna manera ayudara a pensar nuestro presente. Pensamos y le dimos mil vueltas a la idea hasta que se nos ocurrió la estructura y el formato total del libro.

—Este libro es el resultado de la labor de un equipo, integrado por una escritora, una historiadora antropóloga y artistas plásticos. ¿Cómo se fueron mixturando el trabajo de investigación y el de creación de las historias?

—Cuando tuvimos la estructura del libro, la dinámica fue trabajar en equipo y como un proyecto grupal, en el que decidimos tanto la escritura como la ilustración, el diseño, la publicación y la distribución. Los relatos del libro se fueron haciendo de a pares y en el orden en el que están en el libro. Para realizar cada ilustración, Clara necesitaba recibir los dos relatos: el del presente y el del pasado correspondientes a cada estación del año, y realizaba un solo dibujo que los uniera o sintetizara de alguna forma. Juan Luis recibía los relatos y la ilustración de Clara, de la cual tomaba algunos elementos por separado para realizar el diseño, a la vez que tenía muy en cuenta el contenido de los relatos. Alejandra y yo estábamos en permanente contacto, siempre conversando cada paso del trabajo.

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—¿Para qué tipo de lectores pensaron originalmente este libro? ¿Por qué?

—Originalmente pensamos este libro para niños, tal vez porque es a quienes queríamos desde el primer momento contarles estas historias, esta historia. Por eso elegimos que los protagonistas de los cuentos fueran niños, y eso hizo que tratáramos de ver las cosas desde su punto de vista. También pensamos que podía ser bueno para docentes, por el contenido informativo, que está completamente ausente en los libros escolares existentes. Después vimos que lo que estábamos haciendo también era reflexionar acerca de la infancia, dar una mirada al trato que aquellas sociedades y la sociedad en que vivimos dan a sus niños.

—¿Cuál fue la recepción? ¿Por qué senderos está circulando el libro?

—La gran sorpresa fue el excelente recibimiento que tuvo el libro entre los lectores adultos.

—¿Qué entradas posibles imaginan o conocen que tiene este libro en las escuelas y en otros espacios culturales y recreativos?

—Muchos docentes comenzaron a leerlo, a conversarlo, y a trabajar con los chicos. Vimos expresiones plásticas y literarias realizadas por chicos a partir de la lectura del libro: todo muy lindo. Estas vacaciones de invierno realizamos dos experiencias con talleres en los que se combina arqueología, plástica y literatura. Uno se realizó en la Biblioteca Popular Macedonio Fernández, de Villa Ventana, para chicos en general, residentes y turistas, y a la que terminaron sumándose adolescentes y adultos que trabajaron a la par. La otra fue en la Biblioteca Rivadavia, de Bahía Blanca. Allí participaron adolescentes de uno de los institutos de menores de la ciudad. Los talleres permitieron la reflexión sobre el pasado y el presente, sobre el lugar de las historias de niños y adolescentes en la sociedad. Creemos que este es el inicio de un destino posible del libro. Estamos pensando en varios talleres o trabajos que pueden realizarse a partir del libro en distintos espacios.

—En todas las historias aparecen narradores infantiles, hay un trabajo antropológico y etnográfico de reconstrucción de los modos de hablar y mirar el mundo de los niños, en la forma y la imagen lúdica que les dieron a los textos. ¿Cómo llegaron a ese resultado? ¿A qué responden las fechas que figuran en las portadillas de cada relato?

—El resultado se logró gracias al largo tiempo que nos tomamos para pensar, probar, estudiar, recibir musas. Las fechas no responden a nada, solo que en los del presente teníamos que nombrar al tiempo como en nuestra sociedad se lo nombra, y busqué una fecha para cada estación del año; dos de ellas son cumpleaños de mis tres hijos (dos cumplen el mismo día) y una es la fecha de mi cumpleaños. Nada, un dato que tiene importancia solo para mí, para el lector es un día como cualquier otro.

—¿Fue sencillo trascender en eso que tenían ganas de contar el discurso políticamente correcto, la conmiseración, la apelación a la sensiblería fácil?

—Sí, porque sabíamos de entrada que no queríamos eso en absoluto, pero tampoco falsear ni encubrir la realidad. Siempre quisimos poner en evidencia la dureza de la realidad pero también poner de manifiesto, tanto en los relatos del pasado como en los del presente, cierta bondad propia del ser humano al relacionarse con sus semejantes, que por trascender la historia podemos pensarla como algo esencial, algo propio de nuestra “humanidad común”, como dice Miguel Ángel Palermo en el prólogo.

—¿Tendrá continuidad este proyecto?

—Sospechamos que sí, a partir de lo que empiece a surgir de su lectura.

—¿Qué aspectos siente que estos relatos tienen en común con sus libros anteriores para “adultos”, y en qué se diferencian?

—Tal vez las frases, el ritmo, la primera persona, sean semejanzas que estos relatos tengan con mis libros de poesía. Se diferencian en que son prosas narrativas escritas desde un personaje ambientado en una realidad y una época histórica que no coincide en muchos casos con la que yo habito.

—¿Qué otras cosas está escribiendo en este momento?

—En este momento estoy escribiendo canciones y algo de poesía.


Bajo las estrellas. 12.000 años de historias bonaerenses, de Roberta Iannamico y Alejandra Pupio; il. por Clara Domini, prólogo de Miguel Ángel Palermo (Vacasagrada Ediciones, 2008).

Contacto: vacasagradaediciones@gmail.com

Descargar archivo. Cuento de Roberta Iannamico

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Me hago un collar de fideos
un collar largo
que haga ruido
bajan los fideos
como gotas
por la lana
manguitos de fraile
también me hago una pulsera
con los fideos
y todos se enteran
cuando muevo las manos
si tuviera uñas largas
me las pintaría de rojo
y golpearía las mesas
las tazas
las cosas de vidrio
como una lluvia suave
un pétalo de malvón
sobre cada uña
y uno de margarita
pegado con saliva
en la mejilla
es una lágrima blanca
una tristeza de amor.

Robeta Iannamico, Collar de fideos (Ediciones Vox, 2001).