12042006Por Verónica Castro

Gustavo Mangisch es el director del Grupo Educativo Marín, un conjunto de colegios que tienen origen en un tradicional establecimiento educativo de San Isidro, fundado en 1912 por el Dr. Plácido Marín y gestionado en aquel entonces por los hermanos lasallanos.

Hoy la base del proyecto institucional –aunque fiel a su mandato fundacional, de un fuerte corte humanista y dependiente de la Iglesia– intenta generar un equilibrio (que no suele ser sencillo) entre continuidad y renovación. “El lema del colegio es ‘Una nueva educación para una nueva civilización’. Por eso ‘una nueva educación, una educación multimedia digital’ ", dice su director y primer laico a cargo del establecimiento.

El colegio cuenta con aulas inteligentes, autopistas informáticas, bibliotecas virtuales y digitales, salas de videoconferencia, posee conexión a internet wi-fi, estudios de radio, televisión e islas de posproducción, lo que lo convierte en una propuesta institucional de avanzada tecnológica en nuestro país.

—Respecto de la riqueza de medios tecnológicos y posibilidades que ofrece la escuela, ¿investigan en el ámbito escolar para conocer qué ventajas para los procesos de enseñanza y de aprendizaje se derivan de esas posibilidades?

—Sí, hay muchas líneas de investigación que estamos desarrollando internamente, porque todo lo que estamos haciendo con las nuevas tecnologías aún no tiene mucha referencialidad. Además, para nosotros cada docente es un investigador, nuestra propuesta es que lleven a cabo un proceso de investigación-acción sobre la propia práctica educativa, que nos permita avanzar sobre experiencias exitosas concretas y no sólo sobre supuestos o prejuicios.

Nosotros, los profesores y maestros, fuimos formados básicamente para la reproducción. Un profesor de Geografía, por ejemplo, fue preparado para reproducir frente a sus alumnos los contenidos de la Geografía que le enseñaron a él, pero lo importante sería ahora no tanto que transmita contenidos, sino más bien que él mismo se convierta en un investigador de sus propias prácticas educativas. A partir de este nuevo camino que les propusimos a nuestros docentes, y como producto de sus propias inquietudes, surgieron nuevos proyectos educativos para implementar con los chicos en la escuela.

—¿Qué líneas de investigación están siguiendo? ¿Planean –a partir de esas investigaciones– el uso de la tecnología educativa?

—Varios de estos proyectos pretenden aprender del resultado de la aplicación de las TIC en los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Por ejemplo, bajo el título de “El lenguaje Logo y la inteligencia lógico-matemática” quisimos verificar si el aprendizaje en un ambiente Logo mejora la capacidad de resolver situaciones problemáticas que involucren la inteligencia lógico-matemática. Otro fue el de “La computadora como herramienta pedagógica eficaz”, en el cual se habla de informática educativa intentando demostrar que la utilización de esta herramienta en ambientes educativos potencia no solamente los contenidos, sino particularmente los aprendizajes.

También se realizaron investigaciones sobre “El video como recurso didáctico en el proceso de enseñanza/aprendizaje”, que logró corroborar empíricamente que el uso del video en el aula favorece el aprendizaje, porque la memoria retiene por más tiempo los conceptos adquiridos. Los resultados de este proyecto nos incitaron a presentarlos en el Fórum Barcelona 2004.

Otros proyectos de investigación fueron sobre “Alfabetización visual: Adiestramiento en la lectura de imágenes”, “Las inteligencias múltiples en el aula”, “Las tecnologías de la información y la comunicación como estrategias de enseñanza en las salas de jardín de infantes”, o el de "Factibilidad de implementación de plataformas bajo software libre en escuelas públicas de enseñanza media y técnica en el partido de Tres de Febrero incluyendo la capacitación docente ad-hoc".

La lista sería muy larga, porque son más de cien investigaciones. Por eso a quien le interese profundizar el tema pude consultar nuestro sitio. Ahora, estamos realizando una investigación sobre el “Impacto de las TIC en los actores del diseño de los procesos educativos, en una de cuyas etapas tratamos de relevar, a partir de la experiencia concreta de los docentes, qué es lo que se supone que está implicado en una propuesta educativa multimedia digital. Esto nos permite describir más claramente qué es lo que los docentes están aplicando de las tecnologías a sus diseños pedagógicos. Muchos docentes están tratando de verificar en qué medida se utiliza la tecnología en el aula. Esta información es muy importante porque nos permitió confrontar con un estudio del Dr. Larry Cuban realizado en una escuela en Silicon Valley, al norte de California, en la cual se había realizado una importante inversión en tecnología; y él llega a la conclusión de las TIC sólo se utilizan marginalmente, en el mejor de los casos en no más de un 10%.

En cambio, en la investigación que realizamos en nuestra institución el nivel de uso de tecnología es mucho más alto. Y esto es muy importante porque a nosotros nos interesa saber en qué medida la decisión institucional de implementar tecnología está siendo realmente aprovechada por los docentes o si, como dice Cuban, en el fondo no pasa nada distinto de lo que venía pasando sin las tecnologías.

—Y ¿cómo fueron los resultados?

—Según lo que declaran los docentes, el 36% de tiempo de clase utilizan TIC con sus alumnos. El dato cobra relevancia ya que los mismos docentes estiman el uso del pizarrón en un 31% del tiempo de clase, el libro o manuales en un 26% y otros recursos en un 7%. Es decir que durante el tiempo de clase, el recurso más utilizado es el tecnológico. Estos resultados nos ayudan a reconocer que, por un lado, todavía es demasiado alto el tiempo que usan el pizarrón, pero en comparación con otras investigaciones internacionales, el nivel de uso de la tecnología en nuestra institución, felizmente, sería bastante alto.

También hicimos unos estudios de verificación de algunas herramientas tecnológicas puntuales, como el caso de las palms (computadoras de mano) para ver si es realmente un buen recurso para utilizar pedagógicamente o no. Descubrimos una serie de ventajas de estos pequeños equipos con respecto a otras herramientas, por ejemplo la portabilidad (por su pequeño tamaño se la puede llevar a cualquier lado sin dificultad), la prolongada autonomía de la batería (puede durar todo el día), se pueden sacar fotos y cuentan con la posibilidad de comunicarse entre ellas y a la vez con una computadora conectada a internet. La principal desventaja que descubrimos es que es muy pequeño el visor y se pierden muchos detalles, las fotos no se visualizan demasiado bien y los videos no se ven adecuadamente. Nuestra preocupación es chequear si las cosas que hacemos sirven para algo o no sirven para nada, y a partir de eso poder tomar decisiones sobre qué camino seguir.

—¿Alguna otra investigación?

—Podemos mencionar el ejemplo de otra investigación que llevamos a cabo en uno de nuestros colegios, llamado Cardenal Pironio, que está ubicado en Nordelta. Allí hemos diseñado una propuesta pedagógica trilingüe: castellano, inglés y el lenguaje tecnológico. Hicimos una interesante experiencia con computadoras portables (notebooks). Adquirimos equipos suficientes para que un grupo de alumnos de una división completa pudiera tener acceso a ellas y descubrimos (entre otras cosas) que existía una verdadera dificultad con la autonomía de las baterías de estas computadoras, ya que se consumían rápidamente. Entonces este proyecto que había sido diseñado para que los chicos tuvieran clases fuera del aula, a través de las conexiones inalámbricas que ofrece el wi-fi (en el parque por ejemplo), tuvimos que modificarlo y ahora estamos viendo la posibilidad de instalar tomas de corriente eléctrica en algunos lugares del parque para que el proyecto pueda seguir adelante.

Otra anécdota que ilustra el rápido avance de la tecnología y los problemas que hay que tener en cuenta a la hora de pensar en la implementación tecnológica es el plan arquitectónico de esta misma escuela. Cuando diseñamos sus aulas, después de muchas discusiones, tuvimos presente la posibilidad de instalar escritorios perimetrales donde estaba prevista la conexión por cable a la red para que cada alumno pudiera tener una computadora con libre acceso a internet. Esto lo decidimos así porque en esa época (año 2000) todavía no estaban muy desarrolladas en la Argentina las conexiones inalámbricas. La realidad fue que cuando inauguramos el edificio se anunció el wi-fi, que rápidamente instalamos. Esto eliminó la necesidad de tener una estructura fija de conectividad, por lo cual las aulas tal como fueron construidas quedaron mucho más grandes de lo que hoy necesitamos.

Hemos hecho algunas experiencias de capacitación a distancia para los docentes que desean introducirse en la metodología de una investigación educativa, para que ellos puedan avanzar en los proyectos de investigación que se llevan a cabo en el Grupo Educativo.

—A diferencia de la mayoría de los colegios de la Argentina, donde generalmente hay un gabinete de Informática separado del aula, Uds. trabajan con computadoras e internet dentro del aula, y todos los docentes tienen posibilidades de usar estas herramientas directamente en sus clases. ¿Cómo es la aplicación y la integración de las nuevas tecnologías en las distintas disciplinas y qué estilos de enseñanza-aprendizaje privilegian? ¿Cuál es la relación entre cantidad de máquinas y número de alumnos?

—Nosotros tenemos una computadora conectada a internet, un televisor con acceso al circuito cerrado o a cable, videocasetera y conexión de la computadora a la televisión para exponer trabajos en la televisión en todas las aulas. En estas aulas, en lugar de que la computadora sea para uso del alumno, es básicamente del profesor. Son los profesores los que tienen sus aulas exclusivas y los chicos los que rotan. Por otro lado están las aulas, como por ejemplo las de ciencias naturales, que tienen además conexiones para el suministro de agua, gas, electricidad y paneles de sensores para poder hacer distintos experimentos, es decir todo lo que necesita para trabajar adecuadamente, y no se necesita ningún recurso que no esté dentro del ámbito de la clase. Pero como hay experiencias que requieren el uso de computadoras por los alumnos, existen también 7 laboratorios con varias computadoras cada uno (en promedio, una computadora cada dos chicos) conectadas a internet, que no están pensados para que se dicten los cursos de Iinformática sino para que se vaya con el profesor de cualquier disciplina y los estudiantes realicen las actividades que no se pueden hacer en el aula del profesor con una sola computadora.

—Tampoco es habitual en las escuelas argentinas que los chicos sean los que roten por las distintas aulas, ¿cuáles son los beneficios que encuentran con esta propuesta?

—Lo que pasa es que nosotros cuando empezamos con este diseño de aulas inteligentes tratamos además de romper con la estructura tradicional de que el profesor enseña y los alumnos aprenden. Queríamos que el profesor fuera un animador del aprendizaje, entonces la idea no era que hubiera un frente adonde mirar, sino que la distribución fuera circular. Pero no se pudo lograr, porque en las aulas siempre se tendía a trabajar en clave de clase magistral. Entonces intentamos resolverlo con el ámbito de laboratorios, distintos del aula tradicional. Y ahí ciertamente la clase se vuelve más distribuida, porque cada chico tiene la computadora y no está mirando al profesor.

Lo ideal para mí sería que cada chico tuviera una notebook con wi-fi y que el salón de clase pudiera servir indistintamente para trabajar en forma individual o en clases magistrales.

—Recientemente se dio a conocer en nuestro país el programa de Nicholas Negroponte One Laptop per Child –Una computadora por niño–, que ofrecería laptops bajo precio a las escuelas. Es una posibilidad que ha sido estudiada por nuestros expertos para ser implementada. Se trata de una computadora portátil que podrá ser utilizada como una computadora convencional o un libro electrónico, o como una consola para juegos e incluso como televisión... ¿Qué expectativas le genera este programa y cuáles cree que son los desafíos que plantea para nuestros alumnos?

—Me genera muchas expectativas, porque soy un fervoroso promotor de la tecnología educativa. No veo cómo la Argentina puede tener futuro si no se trabaja en la educación, y no entiendo una educación que no pase por un proceso con fuerte protagonismo de la tecnología. La educación del futuro es educación tecnológica; no me imagino que solamente con pizarrones nosotros podamos formar alumnos suficientemente preparados para incorporarse en un proceso de crecimiento a nivel mundial.

Y creo que siempre cuando se habla de esto aparece una dificultad que tiene que ver con el costo de la tecnología, y la propuesta de Negroponte lo que hace es romper esta barrera que hasta ahora está planteada como insalvable en nuestro país. La mayoría de las instituciones no pueden acceder a la tecnología. De todas formas, quiero aclarar que aunque el tema de los costos de la tecnología por el momento no se resuelva, las nuevas ideas que circulan acerca de la educación tecnológica son buenas porque independientemente de que acá no se pueda solventar por la mayoría, el impacto tecnológico en el mundo es tan grande que hace reverberancia en todo el sistema.

Este programa que ofrece a 100 dólares una laptop es algo accesible, nosotros podemos invertir 100 millones de dólares del presupuesto educativo para comprar computadoras para un millón de alumnos, de esta forma le podríamos dar tecnología a una gran cantidad de chicos. Creo que esta propuesta resolvería nuestro problema de costos. Pero habría que ver cómo y quiénes van a ser los que gestionen esta nueva educación con tecnología: ¿serán los docentes con la misma formación que tienen ahora? ¿Tendremos que pensar en otros perfiles de docentes? Yo creo que hay que hacer algunas primeras experiencias y a partir de allí ir definiendo estrategias.

—En la era digital el espacio físico ya no es limitante de la comunicación ni de la educación. Muchas universidades imparten carreras a distancia a través de redes digitales y videoconferencias. En cambio, hay pocas experiencias de colegios secundarios a distancia. Uds., en el Marín, han incorporado la tecnología wi-fi en la escuela y es claro que en este contexto la escuela requiere de nuevas estructuras espaciales. ¿Cómo manejan los espacios en la escuela?

—Si bien no ofrecemos la modalidad completamente a distancia, hemos diseñado dos materias del último año del secundario (en las áreas de Ciencias Naturales y Contabilidad) que se cursan en forma semipresencial. Por problemas que impone el sistema educativo formal no podemos hacerlo totalmente a distancia. La evaluación de esta experiencia en términos educativos fue muy buena, pero la velocidad de actualización de la tecnología, sobre todo en lo multimedial, hizo que la plataforma que habíamos diseñado para ello hoy ya no nos sirva, un riesgo que, como dije antes, siempre se corre cuando se usa la tecnología.

—¿Considera que el aula secundaria como espacio físico cerrado está en vías de desaparecer?

—Sí, yo creo que sí. Es más, creo que la escuela está en vías de desaparecer. La escuela fue un invento del año 1100 aproximadamente, se pueden ver algunos manuales de los jesuitas (del año 1599) que escribieron cómo se tenía que educar, cómo debía ser un profesor de Física, etc., etc. Si Ud. los lee hoy se da cuenta de que muchas escuelas siguen haciendo las mismas cosas que se decían en aquella época. La realidad es que el mundo cambió mucho a partir de la tecnología y la globalización, y es imposible volver atrás. Ya nos es imposible vivir sin internet, y si la tecnología entra por completo en la educación, la escuela en su sentido estrictamente educativo pierde su sentido. Lo que sucede es que hay problemas que la escuela resuelve además del aprendizaje, por ejemplo qué hacer con los chicos más chicos, dónde tenerlos. Pero lo educativo es reemplazable por otro sistema de enseñanza y de aprendizaje, no es necesaria la escuela como institución física, al menos, tal cual hoy la
conocemos.

—Si tuviera que imaginar (al estilo de lo que ha hecho recientemente la CIA en clave de ciencia ficción, al escribir cartas imaginarias de distintos personajes en el 2020 para retratar el futuro) un mail escrito por un alumno argentino del 2020 a su hermano mayor que vive en el extranjero contándole lo que hace en la escuela, ¿qué cree que le escribiría?

—En principio creo que no le escribiría. Tendría sistemas de telepresencia donde conversarían de una manera tridimensional; estarán presentes pero a la distancia, virtualmente.
En el colegio hicimos una investigación, hace ya más de seis años, de lo que se llama “mundos virtuales”. Los mundos virtuales son básicamente espacios de chat en internet, pero en lugar de que simplemente se escriban los mensajes, se puede asumir una identidad virtual con un muñequito llamado ábaco (hay varias opciones de personajes e incluso puede ser una representación de uno mismo) y a través del mouse se avanzá por ese espacio tridimensional donde hay escuelas, iglesias, discotecas, en las que se puede entrar, y en el camino se van encontrando otros hombrecitos con los cuales se puede entablar conversación. Lo que quiero decir con este ejemplo es que la diferencia entre lo virtual y lo real en algunos años será casi imperceptible.

En el 2020 el mundo educativo va a ser muy distinto de como lo consideramos ahora. Hay una serie de avances vinculados a las neurociencias relacionados con algo que para nosotros los docentes siempre fue una caja negra: nunca nos preocupó qué es lo que pasaba (fisiológicamente hablando) en el cerebro de nuestros alumnos. Pensábamos que ser un buen o mal alumno sólo dependía del chico, y la realidad es que así como en el aspecto externo son obvias las diferencias entre las personas, en el cerebro también. Entonces probablemente ese chico del 2020 ni tenga la necesidad de hablar porque podremos decodificar la orden, y un elemento mecánico podrá repetir lo que él diga y no necesitará la boca ni la garganta para comunicarse.

—Los cyborgs...

—Claro. Vamos a tener todos la posibilidad de leer lo que sucede en la cabeza de los otros. Creo que lo más importante en este aspecto es que estamos avanzando hacia una utilización positiva de lo educativo a partir de los nuevos conocimientos de las neurociencias. En este momento estamos trabajando con el desarrollo de un laboratorio de neurociencias educativas que intenta hacer algunas experiencias en este ámbito tan determinante para lo educativo. Lo novedoso es que, en lugar de estudiar el funcionamiento del cerebro desde las patologías, lo abordamos desde la prevención y la normalidad. Por eso el laboratorio no está en una clínica sino en un colegio.

—Volviendo a hoy, ¿en qué proyectos innovadores de la escuela se interesan más los chicos?

—Cada vez que hemos hecho propuestas utilizando tecnología, generalmente los chicos las reciben muy bien. Por ejemplo, hay otro proyecto que ha tenido una excelente respuesta de los estudiantes. Se llama De polo a polo. En él estamos trabajando conjunta y virtualmente con la escuela de la Base Esperanza, una escuela de Alaska, una escuela del Reino Unido y una de EE.UU. La propuesta apunta a mostrarles a los chicos que el mundo no termina en la avenida General Paz, sino que el mundo no tiene barreras, que las distancias no son un obstáculo para el conocimiento y mucho menos para la integración humana.

También les gusta mucho el taller de Robótica. Lo hacemos con chicos de distintas edades, que construyen robots a partir de los módulos de Lego logo (un sistema de ladrillos tipo mecano que permite armar autitos o distintos robots que tienen un chip incorporado y que pueden ser comandados por un programa de computación). Estos años han venido participando exitosamente con varios de estos proyectos en las Olimpíadas Nacionales de Robótica, diseñando robots que juegan al fútbol o participan de peleas electrónicas con otros robots.

Lo que sucede es que, si bien hay un diseño curricular común a todo el sistema educativo, nosotros elaboramos una propuesta optativa de talleres que hacen una recorrida por distintos campos del conocimiento y que van desde la televisión hasta el mundo de la Física. Además, en el nivel Polimodal existen cinco distintas modalidades por la que los alumnos deben optar: Producción de Bienes y Servicios, Humanidades y Ciencias Sociales, Economía y Gestión de las Organizaciones, Comunicación, Arte y Diseño, Ciencias Naturales. En la matricula del año pasado, los chicos se volcaron mayormente hacia Comunicación, Arte y Diseño y menos a Ciencias Humanas y Sociales.
—Usted hace hincapié en que uno de los aspectos centrales de cualquier transformación educativa es capacitar a quienes son los encargados de gestionarla: los directivos. ¿En qué aspectos habría que hacer foco en dicha capacitación?

—Yo parto de la premisa de que la transformación es necesaria, y todos decimos que si la educación no logra transformar a los docentes es imposible que llegue al aula. Entonces, el gran desafío es cómo se gestiona ese cambio y ahí, al menos en esta primera etapa, son más importantes los directivos que los docentes. Creo que en la medida que haya directivos que estén convencidos de la necesidad de transformación y tengan herramientas para gestionarla, mucho más eficiente será la llegada al aula.

Hay que capacitar a los directivos en herramientas de gestión y gerenciamiento de la escuela porque nunca nadie los ha capacitado. Se los nombra por antigüedad o porque fueron buenos docentes, pero eso no los capacita para la gestión. Por eso nosotros, en una alianza estratégica con la Universidad Nacional de San Martín, hemos creado la carrera Administración y Gestión de la Educación y además ofrecemos una Maestría en gestión educativa para los directivos o profesionales que deseen ocuparse de la gestión educativa.

La gestión puede ser vista desde muchas perspectivas, y lo que a nosotros nos interesa acentuar está vinculado a lo instrumental, al planeamiento estratégico, a la legislación educativa, a sistemas comparados, a la ecología de la gestión, a que la escuela se proponga objetivos y que esos objetivos tengan indicadores que sean medibles y que se pueda terminar el año sabiendo si les fue bien o les fue mal. Y, por otro lado, está vinculado a lo filosófico porque creemos que hoy se ha producido una modificación sustancial en el esquema tradicional, y la unidad de desempeño del docente es la escuela y no el aula.


Fecha: Febrero de 2006