29112006El desarrollo económico de un país está estrechamente vinculado a la educación, en especial en el marco de la sociedad de la información, en especial en el caso de educación y tecnologías y en especial en el caso de la Argentina. Algunos grupos empresarios entienden que las cuestiones educativas no son exclusivas de escuelas o educadores: ni en cuanto a medios ni en cuanto a objetivos. Y, cuando se logra una buena articulación entre lo empresarial y lo educativo, fundada en valores como la solidaridad, la eficiencia y la creatividad, se llega a muy buenos resultados a partir de los cuales ganan tanto la educación como el mundo empresarial.

Este es el tipo de proyectos que lleva a cabo la Fundación Emprendimientos Rurales Los Grobo, vinculada a la empresa agropecuaria Grobocopatel. El fomento de la lectura, la conectividad de escuelas rurales, las prácticas de innovación educativa, los jóvenes emprendedores, la educación para la democracia, nada parece ser ajeno al universo de emprendimientos que esta fundación está llevando a cabo en la zona de Carlos Casares, en la provincia de Buenos Aires. ¿Cómo articular el mundo empresarial y el educativo, la ganancia y la formación, la eficiencia y la creatividad? Sobre estos temas entrevistamos a Gustavo Grobocopatel, ingeniero agrónomo con una importante trayectoria en organizaciones sociales e interempresarias, y en la actualidad vicepresidente y gerente general del grupo Los Grobo S.A.

—Ustedes tienen una Fundación que desarrolla varias tareas en todo lo que es emprendimientos rurales, y le dan un lugar importante al área educativa. ¿Cuáles son las principales líneas que están trabajando desde la Fundación en esta área, y qué lugar estratégico piensan que tiene la educación en todos los emprendimientos?

—Me gustaría decirle que para nosotros este tema de la Fundación está en el marco mucho más amplio de la actividad de la empresa: nosotros concebimos que es la responsabilidad que tiene la empresa frente a la comunidad. Hace poco decía que el objetivo de mi empresa es educar, y que el beneficio económico es la consecuencia de eso, la plata después viene. Si uno tiene clientes educados, si uno tiene proveedores educados, si la sociedad en la que está la empresa es educada, seguramente a su empresa le va a ir bien y además todos van a preferir a su empresa porque su empresa entiende que la educación y el conocimiento son claves. Si uno tiene una empresa que tiene esos actores alrededor, seguramente va a ganar plata. Entonces, bajo ese lema, el tema educativo no sólo es lo que tiene que ver con la relación de nuestra empresa con la sociedad, que sería la Fundación –la Fundación es el instrumento de relación de la empresa con la sociedad–, sino lo que pasa adentro de la empresa. La empresa invierte muchísimo tiempo y dinero en educar y en capacitar a la gente que trabaja directamente allí o a la red de Pymes que se articulan alrededor de la empresa. Nosotros tenemos un programa que se llama Grobo Gestión, desarrollando talentos, que tiene que ver con el tema de mejorar las competencias de los talentos para afrontar un siglo XXI que es un siglo totalmente diferente, que funciona diferente.

La forma en que nosotros proyectamos esta filosofía de la empresa al resto de la comunidad es a través de la Fundación. La Fundación proyecta esta visión/misión de la empresa y la articula con actores sociales diversos, y tenemos varios programas. Uno se llama Potenciar y es un programa de mejora de las escuelas, que abarca los planos de la educabilidad, la calidad en la gestión de la escuela, la capacitación de docentes y todo el tema de la infraestructura para que eso pueda ocurrir. Son proyectos para los que se llama a concurso, y los mejores son los seleccionados y a los que se les da prioridad.

Otro proyecto se llama La clase: un equipo de alto rendimiento, que es una experiencia de innovación en el aula que tiene que ver con la exploración de las fronteras del conocimiento: cómo la gente o los alumnos acceden al conocimiento. Entonces, el aula se transforma en una especie de laboratorio donde el alumno va a investigar, a acceder a la información y fundamentalmente a transformar esa información en conocimiento. El aula tiene otra geometría: no hay asientos; hay espacios de contacto con la información: bibliotecas, videotecas, conectividad a internet, y el docente es alguien que facilita ese tipo de experiencia. Finalmente los alumnos hacen puestas en común usando tecnologías nuevas –power point, flash, etc.–, con lo cual acceden a nuevas habilidades de comunicación.

—¿Están haciendo algún tipo de evaluación de rendimiento de este programa?

—Todavía no, porque es muy nuevo, recién se está implementando. La palanca de La clase: un equipo de alto rendimiento no es la tecnología, aunque es tecnología-intensivo; son las relaciones humanas, es cómo generar un espacio donde a los chicos se los desarrolle como seres humanos y se transformen en un equipo. La diversidad potencia; no queremos que todos sean iguales, queremos que sean distintos, pero que no sean ni menores ni mayores, que sean diversos.

El tercer proyecto que tenemos se llama La escuela de jóvenes emprendedores. Este proyecto es viejo, tiene tres años, se hizo antes de la Fundación. La escuela se convierte en un espacio de educación informal: los jóvenes de 13 a 15 años van fuera del horario escolar a desarrollar conductas emprendedoras, haciendo empresas, proyectos de voluntariado social, etcétera, etcétera…

El cuarto proyecto es una Incubadora de empresas que pensamos que, en el futuro, puede ser también un espacio de realfabetización para trabajadores que están fuera del trabajo formal. Actualmente funcionan tres escuelas CDI, que son escuelas de alfabetización digital donde la gente se capacita haciendo una empresa: ese es el espíritu de las escuelas CDI.

—El sociólogo Manuel Castells, hablando de la Sociedad de la Información, señala que una persona que empieza su vida profesional ahora va a cambiar de puesto de trabajo y de profesión por lo menos tres o cuatro veces; lo que estudió en el bachillerato no le va a servir, en su vida profesional tiene que aprender y volver a aprender…

—Es así –y yo tengo en mi mesa de luz a Castells–: además de todo eso, los trabajadores nuevos tienen que capacitarse permanentemente y tienen que seguir trabajando, y tienen que capacitarse en la acción, en el trabajo, porque estas nuevas capacidades necesitan la acción. Por lo cual yo digo que la gente no va a la universidad, la universidad va a la gente. Por eso nuestra empresa tiene una sala de videoconferencias donde dictamos postgrados, tuvimos un ciclo muy exitoso el año pasado con la Universidad de Harvard, programas de e-learning, muchos programas de capacitación en el trabajo. Este programa Grobo Gestión en un principio se iba a llamar “Universidad Corporativa” –le sacamos el nombre de universidad porque tiene otras connotaciones en la Argentina, distintas a las que le queríamos dar– pero tiene que ver con esto que Ud. dice: la capacitación permanente y en el trabajo.

—La Fundación de ustedes también es un buen ejemplo de articulación de los distintos sectores: lo público, lo privado, lo empresarial. ¿Qué resultados puede comentarnos?

—Nosotros creemos que en la Argentina el problema que hay es un problema de capital social, de esa falta de articulación, de esa falta de generar visiones compartidas a través de la confianza. Entonces, la Fundación sigue un poco esa idea de nuestra empresa: es un espacio de articulación de intereses de distintos sectores: público, privado, ONG. Ese espacio de articulación se manifiesta en que los proyectos que hacemos nosotros son proyectos colectivos, no son proyectos de nuestra empresa. Buscamos que los proyectos sean de varias empresas, de varias Fundaciones, del ministerio con la empresa, de la empresa con la universidad: siempre buscamos esa articulación porque nos parece, además, que un país como el nuestro en un siglo turbulento y complicado como este va a salir cuando se resuelva positivamente esta articulación entre el sector público y el privado.


Fecha: Octubre de 2006