260920071—Su niñez transcurrió en los años 70, en Buenos Aires. ¿Qué imágenes o sensaciones de su infancia han tenido peso en la elección de su vocación?

—Mi madre dice que nací con un lápiz bajo el brazo.

»Un momento que yo creo importante en mi infancia fue cuando hice un curso de dibujo por correo, que se anunciaba en la contraportada de las revistas Patoruzú e Isidoro. La escuela se llamaba Continental School y si finalizabas el curso te regalaban un maletín con material de dibujo y un muñeco articulado. Allí te mostraban cómo era un estudio de animación por dentro, y cómo se hacían las películas. Eso me hacía soñar. Cuando tuve 18 años entré a trabajar en el estudio de animación Catú Cine Animación, y no era exactamente como lo pintaban en la escuela de dibujo. Así y todo estaba muy feliz de trabajar allí.

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Gustavo y los miedos, de Ricardo Alcántara, il. por Gusti. Ediciones SM, 1990.


—"Alicia estaba empezando ya a cansarse de estar sentada con su hermana a la orilla del río sin hacer nada. Se había asomado una o dos veces al libro que estaba leyendo su hermana, pero no veía ni dibujos, ni diálogos, y ¿de qué sirve un libro si no tiene dibujos o diálogo?, se preguntaba Alicia."
Si invirtiéramos la idea de la cita de Lewis Carroll ¿para qué sirve un libro con dibu
jos?

—Sirve para pasarse un buen rato disfrutando.

»Si eres un niño te puede despertar ganas de dibujar como el del libro, puedes contar historias solo dibujando.

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Camilón, comilón, de Ricardo Alcántara, il. por Gusti. SM, 1989.


—En sus dibujos, sobre todo los de los primeros libros (Camilón, comilón; Gustavo y los miedos; ¡Despierta, Osogris!, etc.) hay marcas muy notorias de sus comienzos en estudios de animación. Parece natural entonces que finalmente Ricardo Alcántara y Ud. hayan llevado a la TV la serie de dibujos animados de Juanito Jones. ¿Es ese su proyecto más multimedial? ¿Y qué nos puede contar de este personaje y este proyecto?

—Es verdad que estoy muy influenciado por los dibujos animados: siempre pongo rayitas a los dibujos, que simulan movimiento. También suelo hacer muchas veces que el personaje dentro de la página mire hacia fuera, como haciendo un guiño al lector. Eso también viene del mundo de la animación. Como en el Coyote y el Correcaminos, donde una voz en off habla y el personaje mira hacia afuera de la tele.

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¡Despierta, Osogris!, de Wolfgang Bittner, il. por Gusti. Ediciones Norte-Sur, 1999.


»Juanito Jones es un personaje que nace de unos libros que hicimos con Ricardo Alcántara: El hijo del viento y Martín y la princesa Ylady. Fueron cinco años de mucho trabajo y contamos con un gran equipo de dibujantes y realizadores en 3D. El resultado es una serie de 52 capítulos de 13 minutos. Básicamente es la historia de un niño, Juanito, su inseparable osito Sombra y su familia.

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El hijo del viento, de Ricardo Alcántara, il. por Gusti. Editorial Anaya, 1996.
Germen de lo que después se convirtió en el famoso personaje de Juanito Jones.


»Juanito tiene mucha imaginación y a ella recurre no para escapar de la realidad sino para encontrar soluciones. Así viaja al viejo Oeste, al espacio, a la selva de los Barrigas Pintadas y se enfrenta con el rey Maldad en un terrible castillo. Así, como para presumir, la Disney se interesó y por eso salimos en la prensa y fuimos a Cannes a hacer una presentación.

—¿Cómo logra perdurar la dupla que conforma con el escritor uruguayo Ricardo Alcántara, con quien creó tantas historias desde hace unos 15 años? ¿Contaron acaso con la ayuda de un terapeuta para trabajar cuestiones de convivencia grupal?

—Es muy difícil no estar bien con Ricardo; es una gran persona y la verdad es que nuestra amistad va más allá del mero trabajo. Somos muy diferentes y eso nos hace muy parecidos.

—A propósito, ¿cómo surgió la idea de reflotar el personaje de Tomás y crear nuevas historias después de 15 años de la primera publicación de –Tomás y el lápiz mágico – ¿Qué cambios incluyeron? Probablemente sus antiguos lectores ahora son padres... ¿alguno le escribió?

—Tomás es un personaje entrañable y atemporal, su historia es igual de bella hace quince años. La idea de reflotarlo fue de Ricardo, y al principio me pareció delicado. Luego fue un gran acierto. Hay gente que ha crecido con Tomás y agradece el hecho de que siga viviendo más historias.

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"Tomás, un personajito que vive en una caja de zapatos hasta que encuentra un lápiz mágico, ya lleva más de 15 años desde su primera publicación".
Tomás y el lápiz mágico, de Ricardo Alcátara, il. por Gusti. Editorial Edelvives, 1988.


»Para mí es como un referente en mi vida y mi relación con el dibujo. Tomás encuentra un lápiz mágico y asoma a la vida –para mí es lo mismo– y quince años más tarde utiliza la goma para borrar no las cosas que no le gustan sino de alguna manera cambiar su actitud borrando su enfado.

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Tomás 15 años después....Tomás y la goma mágica. Editorial Edelvives, 2004.


»No sabes lo bien que hace llevar una goma mágica a las escuelas, es pura medicina para los profes, los alumnos..., increíble.

—Hace poco su hijo Théo, de 7 años, colaboró con usted y Lluis Farré en la realización del libro El niño gris, una obra que recibió el Premio Junceda 2007 y el Serra D'Or infantil 2007 ¿Cómo resultó esa experiencia compartida con su hijo? ¿Qué diferencias hay en el trabajo que hace un profesional de la ilustración y el modo de abordarlo de un niño?

—Para mí en estos momentos mi hijo es un gran maestro. Él conecta directamente con su imaginación, pasando por el corazón y sin interferencias de si está bien o está mal. Así quiero trabajar yo. Un ejemplo: en el libro El chamán de la tribu tuve que ir a firmar libros: pues bien, me llevé una cajita de acuarelas y a la gente que compraba el libro le hacía un dibujo en ese instante. El resultado era fabuloso, pura esencia directa sin interferencias. Así quiero trabajar, sin la presión que uno mismo se pone de cómo deben ser las cosas. Lo consigo cuando estoy bocetando o sin poner la intención. En el papel en blanco está mi vida y yo decido cómo quiero vivir. Vamos progresando, aunque queda mucho camino por recorrer.

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Dice Gusti: "lo mejor es agenciarse un hijo de entre 7 y 8 años que le guste dibujar y pintar y así las cosas marchan sobre ruedas".
El niño gris. Editorial La galera, 2007.


—¿Por qué piensa que no hay muchos libros publicados comercialmente que tengan dibujos hechos por niños, ni tampoco en los museos de arte cuelgan en las paredes obras creadas por niños artistas?

—No sé bien por qué. Normalmente los libros con dibujos de niños los autoeditan las escuelas. Quizás si se hiciese una buena edición podríamos sorprendernos. De todas formas, como he dicho antes, para mí los niños son los grandes maestros. Trabajan sin el ego, lo hacen para puro disfrute y para expresar sensaciones. Eso es para mí el gran resultado. Lo otro, las modas, los estilos, son cosas que no llevan a ningún lado.

—¿Cuál fue la génesis de los dos libros totalmente de su autoría (texto y dibujos) como Medio elefante y La mosca?¿Cuánto tuvo que ver en su lanzamiento solista el editor mexicano Daniel Goldin?

—A ver, lo de ilustrar uno sus propias historias es algo que siempre me rondaba la cabeza pero nunca tuve la confianza necesaria para hacerlo hasta que apareció un editor y me dijo: “yo te voy a publicar estos libros”, ese fue Daniel Goldin (1). Es un gran editor, una gran persona, muy honesto y por eso estoy muy contento de colaborar con él, es muy exigente pero todo lo potencia, y sobre todo me tiene confianza. Y yo a él.

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Medio Elefante, de Gusti. Ediciones Serres, 2004.


»Lo de trabajar con piezas escaneadas surgió por casualidad. Estaba arreglando la casa a la que me mudé, y de pronto vi un montón de piezas: martillos, clavos, etc., los escaneé y empecé a jugar, y así surgió la idea de Medio elefante.

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»Luego el cuento de La mosca: un día mi hijo me pidió que le limpie el culete, y vi dentro del water (2) una mosca en el agua. Me imaginé todo su calvario allí dentro y así surgió la historia. En este caso utilicé una mosca dibujada y puesta como si fueran cartones recortados.


Fecha: septiembre de 2007


Notas

(1) Daniel Goldin, es un editor mexicano, valisísimo y exquisito en el campo de la literatura infantil y juvenil. Desde 1988 y a lo largo de 15 años estuvo a la cabeza del proyecto de libros para niños y jóvenes del Fondo de Cultura Económica. Creador de colecciones imprescindibles y pioneras como A la orilla del viento y Espacios para la lectura. Introdujo en Latinoamérica un catálogo que incluyó nombres como Anthony Browne, Chris Van Allsburg, David McKee, Isol, etc. Actualmente dirige Abrapalabra Editores, un proyecto editorial en asociación con Ediciones Serres.

(2) Inodoro