Daniel Lavella Clemares

Daniel Lavella Clemares trabaja con el Fondo Social Europeo, en campañas de sensibilización y en proyectos transnacionales cuyo objetivo es «compartir experiencias y transferir experiencias». En el año 2000, cuando estaba trabajando en la serie de televisión Entre culturas, lo llamaron de la Comisión Europea para ver si quería iniciar un área de sensibilización a nivel nacional en España, orientada al tratamiento de la imagen en el campo de la inmigración, sobre todo en el ámbito laboral.

En 2007, el documental El lobo de los cuentos, dirigido por él, ganó el premio Educactif en el Festival de Cine de Pamplona. Educactif es un premio que no da dinero pero que reconoce el trabajo de personas o instituciones que guarden relación con la educación a través del audiovisual.

El lobo de los cuentos es un documental que promueve la reflexión sobre la xenofobia y el racismo e intenta ilustrar, con fotografías y dibujos, los testimonios de personas que alguna vez se sintieron discriminadas.


—¿Por qué elige el documental como formato de expresión?

—Porque la ficción es más compleja y no deja de ser un punto de vista muy subjetivo; muestra cómo uno ve la realidad y cómo uno la conforma. El documental da la posibilidad de compartir esa mirada. Ser testigo para mí es importante ya que de este modo se intenta llevar a cabo un proceso de observación, de manera tal que la realidad sea contada por los propios protagonistas.

—¿Qué le facilita la imagen que no le da otro tipo de formato o discurso?

—La imagen da el símbolo y con el símbolo se pueden describir varias cosas, y además lo que vemos es lo que creemos. Eso es la imagen para mí: la realidad. De hecho elegir una narrativa tan simbólica y cinematográfica me trajo algunos problemas porque algunos jurados de algunos festivales decían que era muy difícil encajarla en alguna categoría.

—¿Cómo describe al lobo de «sus» cuentos?

—Es una metáfora del personaje para disculparnos de todo aquello de lo que no nos queremos hacer responsables. Sin embargo, hay una vuelta de tuerca: este es un lobo honesto ya que asume su responsabilidad, asume su naturaleza. Al final del documental hay una frase que dice: «Cuántos cuentos habrá que seguir contando para crear más lobos que culpabilizar. ¿Acaso el lobo no es más que un animal?». Es un lobo bueno, pero que intenta demostrar una idea.

Hablemos de los golpes bajos. ¿Son solo los que no pueden hacer reaccionar? ¿Cuál es la línea que separa un golpe bajo de un llamado de atención fuerte? Porque, en la ficción, cuando hay un golpe bajo, pareciera ser simplemente que el director no sabe contar, es una incapacidad suya. Ahora, en el documental, mostrar «la cruda realidad» —que ya es un golpe bajo per se—, ¿cómo se trabaja?

—Una manera podría ser contextualizar esa realidad, lo que no la hace menos cruda, pero tampoco la convierte en un golpe de efecto.

—¿Cómo definiría la discriminación?

—Con una anécdota. Una persona me dijo: «no sé quién soy». Era difícil preguntarle más. No necesitó explicarme nada. Esa persona siente que no es de aquí ni es de allá.

—¿Estamos preparados para desarrollar una «mirada social»?

—No siempre. No queremos asumir nuestra responsabilidad. «Cuanto menos sepa, mejor». En Senegal no quieren mirar un documental sobre el hambre; en Europa no quieren ver uno sobre discriminación… Cada uno vive en su burbuja.

—Problema: cuando uno hace ciertos enunciados resulta discriminatorio, aun cuando lo que se pretenda sea lo contrario. Por ejemplo, si yo festejo el día del XXXX es porque algunos son X y otros no. Le «festejo» su diferencia: ¿es eso discriminatorio? Si yo hablo de integración, ya estoy señalando semánticamente que esa persona por integrar «está afuera».

—La pregunta sería: ¿de qué está afuera? De todas maneras, es una discriminación positiva, que finalmente es inevitable. En España hay departamentos exclusivos de inmigración, de igualdad, de inserción sociolaboral, centros de acogida y, aunque al hacerlos, estamos delimitando y «discriminando» al ponerlos todos en un sitio, es necesario, porque crea una red.

»En realidad tenemos el derecho de estar donde queramos estar, no necesitamos estar integrados o incluidos en ningún sitio. Lo que pasa es que a veces nos manejamos a través del miedo y de las ganas de controlar: «esto es mío», de que no te quiten lo que te pertenece. El miedo es lo que nos hace agruparnos en esto que, por ejemplo, se pueden llamar las tribus urbanas; entonces, desde allí reforzamos «lo mío es lo bueno», «lo tuyo es lo malo», que no son más que conductas infantiles, falta de conocimiento, de no crecer, de no querer hacerse responsable.

—¿Fue por este tipo de situaciones que le pareció que la escuela era un buen lugar para comenzar a crear conciencia?

—Sí, este es el punto donde uno se da cuenta de que es necesario un proceso educativo. El documental viene con una guía explicativa sobre cómo trabajar con él en el aula. Y aun cuando el documental no se haya pensando solo para el ámbito educativo, como es el tratamiento de un tema social decidimos siempre acompañarlo de una guía. De hecho, hay películas que pudieron haberte gustado y que como docente te gustaría mostrar en tu aula y quizás no cuentes con las herramientas.

»Eso lo fui aprendiendo. Cuando se daba la serie Entre culturas, se me acercaban profesores y me decían: «Esto está muy bien, pero no sé cómo tratarlo, cómo usarlo»… y entonces se me prendió la lamparita.

—¿Qué edad le parece la correcta para trabajar con el material?

El lobo de los cuentos es una herramienta para todo público, de 15 años de edad en adelante.

—¿Cuáles son las preguntas o las reflexiones que intenta que los chicos se hagan después de ver este documental?

—La lista es larga. Preguntas del tipo: ¿qué es la discriminación?, ¿cómo se manifiesta y dónde?, ¿por qué discriminamos y para qué?, ¿qué consecuencias tiene en nuestras vidas un trato discriminatorio?, ¿qué valor le damos a esa experiencia?, ¿somos por naturaleza seres que discriminamos?, ¿construimos e inventamos cuentos para culpabilizar a otras culturas?, ¿para qué nos sirve el miedo en la sociedad?, ¿qué personajes hemos ido construyendo con nuestros miedos?, ¿qué tipo de sociedad queremos seguir construyendo?

»La intención final es que sigamos desarrollando la capacidad de ser objetivos con ciertos temas. Si no, pareciera que nos estamos acostumbrando. Que ya hay pocas cosas que nos asombran.

—¿Qué podemos decir del discriminado que se vuelve discriminador?

—Es una cadena, una espiral, el último es siempre el peor. Empieza a discriminarse al que recién llega. Entiendo entonces que el viejo inmigrante es el que ahora deviene nuevo discriminador. En el documental, hay un testimonio en el que justamente se habla de esto. La protagonista dice: «yo no puedo creer que el “viejo” inmigrante asuma “el discurso” de los españoles contra los gitanos…». La misma señorita del ejemplo dice que ella prefiere «estar» y no «ser» porque el «ser» implicaría «pertenecer» por nacimiento a otro país (cosa evidentemente imposible). Por más integración que haya, siempre será extranjera. Sin embargo, siempre podrá «estar» donde quiera. Para el extranjero, la pregunta correcta o incorrecta es la que lo coloca en el lugar del extranjero. Una vez más, el poder lo tiene el discurso. Diversidad Visual es uno de los equipos que ha decidido practicar y enseñar a hacer la pregunta correcta.