Jorge Luis Borges afirmaba que un día se encontró con Julio Cortázar en París, y que este le recordó que le había dado un cuento:

«Él me dijo: "Yo le llevé a usted un manuscrito. Usted me dijo que volviera al cabo de una semana, y que usted me diría lo que pensaba del manuscrito". Yo dirigía entonces una revista, Los Anales de Buenos Aires (una revista ahora indebidamente olvidada), que pertenecía a la señora Sara de Ortiz Basualdo, y él me llevó un cuento, "Casa tomada"; al cabo de una semana volvió. Me pidió mi opinión, y yo le dije: "En lugar de darle mi opinión, voy a decirle dos cosas: una, que el cuento está en la imprenta, y dentro de unos días tendremos las pruebas; y otra, que ya le he encargado las ilustraciones a mi hermana Norah". Pero, en esa ocasión, en París, Cortázar me dijo: "Lo que yo quería recordarle también es que ese fue el primer texto que yo publiqué en mi patria cuando nadie me conocía". Y yo me sentí muy orgulloso de haber sido el primero que publicó un texto de Julio Cortázar (…). Bueno, como le decía, nos vimos creo que dos o tres veces en la vida, y, desde entonces, él está en París, yo estoy en Buenos Aires; creo que profesamos credos políticos bastante distintos: pero pienso que, al fin y al cabo, las opiniones son lo más superficial que hay en alguien; y además a mí los cuentos fantásticos de Cortázar me gustan».

 Borges presenta así la «entrada» en la literatura argentina de Julio Cortázar. Más adelante, el cuento «Casa tomada» fue leído como una alegoría antiperonista.


Los anales de Buenos Aires

Más allá de las diferencias ideológicas que a lo largo de los años tuvieron ambos escritores, indudablemente a Borges y a Cortázar los unió la dedicación a la escritura de cuentos fantásticos, en la que ambos se destacaron.

Los dos escritores abordaron diferentes géneros y ejes temáticos a lo largo de su recorrido. En la literatura de Borges hay una serie de inquietudes metafísicas que aparecen en sus poemas y en la narrativa: el laberinto, el espejo, el tigre, el doble, los sueños, el infinito y el tiempo cíclico. Cortázar, en cambio, presenta ciertos ejes temáticos que pueden resumirse en el mundo del boxeo, el jazz, la ciudad de París, la infancia, lo fantasmagórico, la defensa de los derechos humanos.



El «hilo» que los une

Podemos comparar la fascinación que ambos tuvieron hacia la mitología griega y romana con el enamoramiento de Ariadna (hija de Minos y Pasífae) y Teseo. Ella, para permitirle a él encontrar el camino en el laberinto del Minotauro, le dio un ovillo, cuyo hilo fue devanando y sirvió para indicarle el camino de regreso.

Tanto Borges como Cortázar se enamoraron del mundo clásico. Las derivas de ese entusiasmo los unen como un hilo, y pueden leerse las huellas de esas lecturas en varios de sus escritos.



Como bien se señala en el artículo monográfico de Revista Sudestada, en el año 1949 los dos escritores argentinos publicaron relatos que reelaboran el mito griego del Minotauro y el laberinto. Se trata del cuento «La casa de Asterión», de Borges, y del poema dramático Los reyes, de Cortázar. Ambos respetaban la historia original y eligieron al monstruo como personaje central, pero a la vez incluyeron variaciones.

Julio Cortázar, en su juventud, se acercó a la antigüedad clásica, y tuvo un interés particular por la mitología; siempre fue alentado por el saber de Arturo Marasso. La curiosidad por el mundo helénico puede leerse en el estudio que hizo sobre la obra de John Keats (a quien le dedica varios escritos que luego se reúnen en un volumen póstumo). Luego escribió textos en los que muestra las posibilidades de transformación y adaptación del mundo antiguo a otros espacios y tiempos. Mediante esas reescrituras, Julio Cortázar trató de entender el presente que le tocó vivir.

Los Reyes

La primera incursión fue, como dijimos, con el poema dramático en cinco escenas Los reyes (1949), en el que se recrea el mito del Minotauro. El escritor invirtió el mito clásico, lo leyó al revés. Para Cortázar, el Minotauro era el poeta, el hombre libre, diferente de la sociedad que el sistema encierra y aísla inmediatamente. Mucho tiempo después, en 1983, reconocería que en ese poema estaba «el móvil» de todo lo que escribió después, el sentimiento de libertad creadora que caracteriza su escritura.





MinotauroEn ese texto convergieron varios intereses del autor: la materia griega, algo de la inocencia de Rimbaud, y del surrealismo que Cortázar conocía muy bien. También, en los poemas, el escritor volvió una y otra vez al mundo helénico: «Grecia 59», «Menelao mira hacia las torres», «Anacreonte», «Los dióscuros», donde retomó el mito de Cástor y Pólux, hijos de Leda, y «Las ruinas de Cnossos», escrito hacia 1951, entre otros. Grecia continuó presente en el mito de Acteón en Prosa del observatorio, para representar la condición humana, y dio lugar a varios de sus cuentos: «Circe», «Las ménades», «El ídolo de las Cícladas», «La isla a mediodía» y «Silvia», personaje inspirado en Cynthia de Endimión, identificado con la luna.

En todos los textos que apelan al mundo griego, Cortázar tiene en cuenta la proximidad a la tierra, a las comunicaciones oscuras, al lado primitivo de las cosas y recuerdos. Esta base sedimentó la producción fantástica posterior.



Laberinto Borges

Borges, que ya en 1949 era un escritor prestigioso, conocía muy bien el mundo antiguo y lo reelaboró en varios de sus textos, con distintos formatos. Poemas, cuentos, prosa son los espacios discursivos en los cuales el escritor desplegó su asombrosa biblioteca clásica, desde la reelaboración de figuras míticas como Edipo, Jano, Jasón, Prometeo, Ulises, hasta Heráclito, el Homero de la Odisea y el tema del laberinto.

Fragmento de la película Los libros y la noche, de Tristán Bauer:



Uno de los textos en los cuales el autor reelaboró el laberinto como metáfora de la existencia es «Laberinto». Pero también hay otro poema denominado «El laberinto» donde aparece el tema del «otro» Borges.



También es imprescindible leer los famosos versos de «Edipo y el enigma», «Heráclito», «Poema del cuarto elemento», «Otro poema de los dones», en El otro, el mismo; «Arte poética», en El hacedor; «El mar», en El oro de los tigres; el cuento «La casa de Asterión», en El Aleph, en el que recrea el mito del Minotauro pero, a diferencia del poema de Cortázar, se narra el monólogo de Asterión, un ser que vive en una casa a la que considera infinita y en la soledad de ese laberinto espera que lo liberen de su condición monstruosa.

Sabemos que Penélope, esposa de Ulises, esperó a su marido durante veinte años mientras él se hallaba en la guerra de Troya. La leyenda y la literatura clásica nos exigen que no esperemos para leer, buscar, descubrir. Incorporar la lectura de los mitos y leyendas clásicas en el aula, investigar y escribir sobre ellas podría ser un aprendizaje cotidiano.

Lectura imprescindible

La lectura de estos autores es imprescindible, pero se enfrenta con una idea socialmente instalada: el abordaje de estos textos es demasiado complejo. Por esta razón, les proponemos una serie de recursos de educ.ar para trabajar con estos autores en el aula.

Borges

Puntos de vista: El mito del Minotauro
«La casa de Asterión», de J. L. Borges
Borges y los laberintos
Jorge Luis Borges y la biblioteca imaginaria

Cortázar

Lo fantástico y lo real en los cuentos de Cortázar
Julio Cortázar: la literatura fantástica                            

Para seguir leyendo

Sobre Borges

Andrés Ferrer, P. (noviembre, 2001; febrero, 2002). «J. L. Borges: "La Casa de Asterión", recreación intelectual de un mito». En: Espéculo. Revista de estudios literarios, 7(19). Recuperado de http://www.ucm.es/info/especulo/numero19/asterion.html
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Sobre Cortázar

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