La Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) es una de las más jóvenes de la Argentina y crece en sintonía con las políticas inclusivas de otras casas de altos estudio. Por sus pasillos, circulan los estudiantes del sur del conurbano bonaerense y los que llegan desde más lejos también a licenciarse en Historia, Enfermería, Periodismo u otras de las diez carreras de grado que se estudian en sus aulas. Muchos de ellos no llegan solos: cargan en las mochilas sus netbooks del Programa Conectar Igualdad, que pasaron a ser suyas cuando se graduaron como estudiantes de nivel secundario en la escuela pública.

La perspectiva de los estudiantes

Una de esas netbooks dice presente, la mañana de nuestra visita, en la clase de Ingeniería en Informática, otra carrera que se cursa en la UNDAV. Se suma a las computadoras que brinda la universidad para el trabajo cotidiano en el aula, en una carrera vinculada estrechamente al uso de tecnología. 

Carlos Díaz tiene 19 años e ingresó en esta universidad hace unos meses. Recibió su netbook en 2011, cuando estudiaba en la Escuela Secundaria Técnica N.° 8 Ángel Gallardo, de Avellaneda.

«Desde chico me gustó programar y hacer cosas con la computadora. Vi la propuesta de la universidad y me anoté. Las clases son muy dinámicas, todo el tiempo estamos haciendo ejercicios. La net me ayuda mucho para recolectar información. Es muy práctica para trasladar y para utilizar software de programación. Todo lo que vemos en clase lo puedo aplicar con mi netbook», cuenta Carlos.

Este joven vive en el barrio de Sarandí y, además, comparte el ámbito universitario con su familia: su papá estudia Enfermería y su hermana, Turismo, todos en la misma universidad. «Además, tengo otros dos hermanos que están en el secundario y también tienen sus netbooks. En casa las utilizamos mucho. A mi papá se la presto todo el tiempo. Es más, pienso que él la utiliza más que yo», dice Carlos.

La clase de Informática transcurre en silencio, en un aula moderna con mesas que son hexagonales para favorecer una mejor vinculación cuando se trabaja en grupo, en un clima de tranquilidad y alta concentración. En cada una de las mesas, hay pizarrones móviles, conectores de red y una notebook cada tres alumnos, como parte del proyecto de la Universidad. Las netbooks de Conectar Igualdad, que lleva cada alumno, complementan la iniciativa.

Estudiantes de Ingeniería en Informática de a Universidad Nacional de Avellaneda, utilizando las netbooks que recibieron en la e


Esa mañana, los docentes y tutores se sientan junto a los estudiantes para corregir ejercicios y despejar dudas. Los alumnos, cada uno en su computadora, están programando en lenguaje Python, un sistema de cálculos que les permita identificar los diferentes tipos de promociones y descuentos, según la fecha de pago de la cuota social en un club ficticio. Enseguida, se abre el debate y empieza la colaboración entre los compañeros para optimizar la realización de ese programa.

Carlos rescata el valor de estas tareas: «Estamos trabajando con el mismo lenguaje de programación que utiliza Google, el buscador de internet más importante del mundo. Es superinteresante poder entender y develar cómo funciona este monstruo de internet».

El caso de Cristian López, de 19 años, que viaja a la universidad desde Luis Guillón, es un ejemplo entre tantos. Cristian tiene su netbook de Conectar Igualdad desde 2011, cuando cursaba el secundario en la escuela N.° 3 Martín Miguel de Güemes, de la misma localidad. «Yo antes no tenía computadora. La netbook me ayudó y me ayuda muchísimo para realizar los trabajos y vincularme con mis compañeros», cuenta. Cristian hace punta en su familia: es el primero en estudiar una carrera universitaria.

«Mis padres, por circunstancias de la vida, no pudieron. Me apoyan mucho. Se sienten muy orgullosos de que yo pueda tener algo que ellos en su momento no tuvieron. Es la posibilidad de estar acá, estudiando una carrera —dice Cristian—. Espero el día de mañana poder recibirme para trabajar de lo que me gusta».

Con ojos de docente

Silvina Bustos, docente y tutora de Informática, destaca la importancia de utilizar las netbooks en la materia. Recuerda otros tiempos, no hace tanto: «Cuando yo era estudiante de Informática, la teoría estaba muy alejada de la práctica; era imposible el contacto cotidiano con las computadoras. Hoy en día, gracias a la posibilidad que da la universidad o a programas como Conectar Igualdad, la teoría y la práctica van de la mano».

Silvina también es docente en colegios secundarios, por lo que conoce el trabajo con los alumnos en el marco del Programa: «Siempre me preguntaba: ¿qué pasa con los equipos cuando los alumnos terminan el secundario? Hoy siento que, al igual que los alumnos, las netbooks egresaron y llegaron a la facultad», dice. Y destaca la importancia de la carrera donde da clase:

«Ingeniería en Informática es una carrera muy pujante; a diferencia de otras donde ya hay muchos profesionales, en programación hay mucho para hacer. Cada vez se necesitan más programadores en el mercado laboral. Esto hace que los alumnos estén muy interesados en esta carrera y en este campo que se está abriendo».
Desde hace más de 40 años, Rosita Wachenchauzer, también docente de Ingeniería en Informática en esta universidad, se dedica a la enseñanza y aprendizaje de programación.
«Lo que estamos trabajando con los alumnos es una introducción al lenguaje de programación con el software libre Python. Tiene características que lo hacen muy deseable para una primera materia de programación. Por un lado, es un lenguaje muy rico, expresivo, que ayuda a programar bien. Por otro, es muy simple en su escritura. Se puede empezar a programar rápidamente. Entonces, el alumno no se desanima y esto ayuda a evitar la deserción, que es uno de los problemas más serios que suele tener la enseñanza de la programación en las universidades», explica Wachenchauzer. 

Rosita cuenta también que, cuando ella estudiaba, la computadora era un objeto alejado de los alumnos. «Los trabajos se llevaban a un centro de cómputos, donde un empleado se encargaba de pasarlos en tarjetas, donde a su vez iban a un listado y recién una semana después los estudiantes recibían los resultados». Señala: «actualmente no solo los alumnos tienen total acceso a la herramienta, sino que a través de programas como Conectar Igualdad muchos estudiantes que no tenían la posibilidad económica se vieron en igualdad de condiciones que el resto de sus compañeros».

En la entrevista con educ.ar, la docente compara además a esta nueva generación de estudiantes con la suya:

«Se parece mucho, en el sentido de que es nuevamente una nueva primera generación de estudiantes universitarios de la familia. La recuperación en la propuesta y la calidad educativa es notoria. Y rescata el espíritu de nuestra generación. Ver a estos alumnos que tienen expectativas de ascenso social a través del estudio de carreras de Ingeniería es un aspecto importantísimo que hay que valorar».

Para ver la entrevista completa


Producción y entrevista: Celeste Mandrut y Verónica Castro.