Graciela Zaritzky
Graciela Zaritzky

—¿Cuándo surge y qué objetivos tiene el subprograma de Derechos del Niño y del Adolescente que Ud. coordina dentro del Ministerio de Educación de la Nación?

—Es un Programa que fue creado en el año 1992. Actualmente es un subprograma, que forma parte del Programa Nacional de Convivencia Escolar, coordinado por el profesor Fernando Onetto, desde el cual se trabajan cuestiones relativas a los códigos de convivencia y el vínculo familia/escuela, entre otros temas. Nuestra área aborda la promoción y defensa de los derechos de los niños y adolescentes como parte del clima de convivencia en la escuela.
Trabajamos con la perspectiva del alumno como sujeto de derecho y de aprendizaje a través de diversas líneas de acción. Una de ellas se articula con el programa de Educación en Establecimientos penitenciarios y de Minoridad, realizando asistencia técnica a referentes provinciales y formando equipos docentes que trabajan con los jóvenes de institutos de minoridad. La idea es capacitar a los adultos a cargo en cuestiones sobre los derechos de los niños y los adolescentes. Otra línea de acción está referida a la prevención del maltrato infantil, para lo cual producimos materiales que ofrecen información y orientación a los docentes con el fin de detectar indicadores de maltrato infantil, y poder responder desde la escuela, así como lograr la articulación en red con otras instituciones. Para ello hemos producido un material denominado Orientaciones para actuar desde la escuela ante el maltrato infantil. Descargar parte del material en formato Word.
Otra línea que venimos desarrollando se vincula a las condiciones necesarias para que los chicos puedan ejercer los derechos que les reconoce la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. En este sentido tienen que ser capacitados: no se aprende espontáneamente a ejercer derechos, ni a tomar decisiones ni a respetar los derechos de los demás. Para reconocer los límites y las posibilidades de cada uno hacen falta adultos guiándolos.
“Actuar a tiempo” es una propuesta para el aula que aborda cuestiones evolutivas típicas de la adolescencia, como por ejemplo la necesidad de asumir conductas de riesgo, que sin embargo, con adecuada contención, no tienen por qué convertirse en conductas de peligro para sí mismo ni para su entorno.
La propuesta intenta ayudar a pensar alternativas para mejorar la inserción social de los jóvenes, ejerciendo sus derechos dentro y fuera de la escuela, y a mejorar los vínculos entre pares. En este último punto trabajamos con un enfoque de factores de riesgo y factores protectores, que es un criterio dentro de la prevención que permite no detenerse ni poner el acento sólo en las situaciones de riesgo, y complementarlas con el apuntalamiento de las fortalezas de las personas o de las instituciones.

—¿En qué consiste trabajar sobre las fortalezas?

—Hay cuestiones básicas para el desarrollo sano de un joven o un niño, como por ejemplo, cuidar su autoestima; garantizar la presencia de un adulto que le ofrezca confianza y que lo valorice; enseñarle a poner en palabras las emociones; desarrollar sentimientos de pertenencia –en especial en la adolescencia, pertenecer a un grupo es una necesidad muy intensa–. Todos estos son factores protectores. Cuando se estimulan estos factores, se convierten en fortalezas del sujeto.
Entre los factores de riesgo, podemos mencionar los prejuicios, los gestos de discriminación, el aislamiento, la resolución impulsiva de los conflictos. En el material hay muchas actividades de aula para que los chicos trabajen sobre su identidad personal y grupal, puedan ver varias opciones ante un mismo conflicto, descubrir espacios de libertad y responsabilidad para asumir decisiones, equivocarse y aprender de sus errores y volver a reestructurar espacios de decisión. Descargar parte del material en formato Word.


—Algunos de estos materiales se han publicado en internet, tanto en educ.ar como en la página web del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación. ¿Cómo es el feedback a partir de estas publicaciones on line?
—Generalmente nos escriben los chicos, bastante asombrados de encontrar una página que les hable a ellos en su idioma. Y también los docentes nos escriben para contarnos las actividades que hicieron o para contarnos problemas que tienen con cuestiones que vulneran los derechos del niño, pidiéndonos asesoramiento. Llamativamente, hemos tenido mucho feedback con las familias. Asociaciones de padres que piden asesoramiento, a las cuales hemos acercado información y que nos han contestado agradeciendo, pues el uso de la misma les sirvió para defender a sus chicos de situaciones discriminatorias.

—¿Cuál es el feedback con la familia cuando se profundiza en este tipo de actividades en la escuela?

—Cuando hicimos campañas en las que se trataba el maltrato a niños en el marco de la familia, los chicos hacían encuestas en sus casas a sus padres, vecinos y gente conocida. Armaban luego una especie de encuesta de opinión en torno al tema del castigo corporal. Se analizaba si cumplía una función educativa. Se instaló el debate en la familias, porque la encuesta estaba acompañada de una propuesta que desde la escuela planteaba –por supuesto–- la desmitificación de la capacidad educativa de un castigo.
Se explicaba, entre otras cosas, que el castigo en el corto plazo detiene la conducta no deseada, pero casi siempre produce un sentimiento de humillación en quien lo recibe. Entonces, el niño pocas veces logra entender si hay un mensaje educativo detrás del golpe; lo que sucede en verdad es que acumula resentimiento y se produce un círculo vicioso por el cual cada vez hace falta un castigo más elevado. Sucedió que algunos padres se acercaron a las maestras a decirles que por primera vez habían reflexionado sobre el tema, porque así habían sido criados ellos y así criaban a sus hijos. Estaban dispuestos a revisar su reacción.
También algunas actividades dieron lugar a la expresión de un sufrimiento intenso por parte de los chicos. Por ejemplo, una actividad tenía como consigna que los chicos dibujaran o escribieran ¿cómo te tratan y cómo te gustaría que te traten? Las escenas que aparecieron eran fuertísimas en torno al maltrato en el hogar. Por eso, uno de los materiales que usaremos a partir de octubre se llama: Orientaciones para actuar desde la escuela frente al maltrato infantil. Allí se ofrecen múltiples orientaciones para aprender a detectar señales, orientar la entrevista con los chicos y con los padres, saber a qué organismos recurrir y cómo formar a los chicos para que, sobre todo, ellos mismos puedan pedir ayuda.

—En el contexto de la Argentina en crisis social y económica, ¿cuáles son, a su entender, los nuevos desafíos de la escuela?

—La escuela tiene una función que es enseñar ciertos contenidos que están incluidos en los programas de estudio, pero además debe formar ciudadanos para vivir en una sociedad democrática.
Recientemente, en el Congreso Mundial de Derechos del Niño que se hizo en Buenos Aires, Juan Carlos Tedesco hacía mención a las inversiones en calidad educativa de diversas experiencias en la región, y comentaba que los casos más exitosos, los que lograban estándares de calidad mayor, no necesariamente coincidían con las escuelas en las que se hizo mayor inversión en cuestiones edilicias sino en aquellas en las que se trabajó sobre “políticas educativas de la subjetividad”, así las llamó. Es decir, donde se trabajó sobre los vínculos alumno-maestro.
Identificó cuatro factores que fueron los pilares del éxito en el aprendizaje de los chicos: se trataba de lugares donde existía un proyecto, es decir donde la gente sabía qué recursos tenía y hacia dónde quería ir; lugares en donde los adultos creían en las posibilidades de los chicos y se lo trasmitían a través de la confianza que les otorgaba; había un fuerte compromiso; y existía la capacidad de elaborar un relato: es decir estar en condiciones de hilvanar una historia con sentido, desde una historia personal y grupal hacia un futuro. Es en esta línea sobre la que nosotros trabajamos. Sobre la producción de sentido dentro de la escuela aquí y ahora; la escuela tiene que ser el espacio de inserción social de los chicos en su presente, porque además es el espacio en el que los chicos pasan la mayor parte del tiempo y es el lugar público donde se socializan.


Fecha: Julio de 2004