¿Cuántas veces escuchamos decir que Internet nos acerca? Que abre puertas, que nos ayuda a comunicarnos y ser más participativos. Que a través de Twitter llegamos a miles de personas simultáneamente, que con un blog contribuimos con los medios de comunicación, que podemos ser agentes de tránsito, escribir parte de una enciclopedia o informar la exclusiva de un acontecimiento mediante un video en YouTube, por mencionar algunas cosas.

También, podemos colaborar con los científicos en sus investigaciones ¿Cómo? A través de herramientas, aplicaciones y proyectos que se enmarcan dentro del movimiento de la Ciencia Ciudadana. Conocimiento colectivo, colaboración abierta e interacción con profesionales: de eso se trata.

Podemos, prácticamente, hablar de un tipo de ciencia basada en la participación consciente y voluntaria de miles de ciudadanos que generan gran cantidad de datos. Cualquier persona puede aportar su inteligencia o sus recursos tecnológicos para encontrar resultados de utilidad social. Para ello no hace falta ser un estudioso del tema ni contar con miles de pesos para invertir en el campo de lo científico: sencillamente, podemos contribuir desde cualquier lugar y en el momento que queramos. En pocas palabras, la sociedad ayuda a los organismos estatales, las empresas o los particulares en sus investigaciones generando miles de soluciones e ideas innovadoras en poco tiempo.

Existen infinidad de casos de Ciencia Ciudadana, desde «cazar» planetas para la Universidad de Yale y la NASA, estudiar el hábitat de diferentes tipos de aves o hasta brindar información sobre el pasado de nuestro clima para comprender qué es lo que se viene. Los siguientes son algunos proyectos que se basan en esta nueva forma de participación.

Proyecto SETI, un precursor

Uno de los principales antecedentes de esta tendencia es «SETI en casa». SETI es una sigla en inglés que quiere decir Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre. El proyecto fue pensado, allá por sus inicios en 1999, como un simple salvapantallas. Se trata de un protector que se activa cuando no utilizamos nuestra compu y que procesa datos que son enviados desde un enorme telescopio instalado en Puerto Rico. De esta manera, nuestra PC ayuda a detectar rastros de vida en el espacio exterior. Este proyecto ya tiene casi 15 años de vida y aún cuenta con cinco millones de personas que colaboran diariamente. 

Para comprender mejor  qué es la llamada ciencia ciudadana, veamos algunas aplicaciones para nuestros teléfonos inteligentes y tabletas. Si bien los videos están en inglés, activando la herramienta «Subtítulos» de la parte inferior aparecen los textos en esa lengua. Luego, con el comando «Translate caption» se puede obtener una traducción al español aproximada, ya que este recurso se encuentra en fase Beta.) 

Mapiness

Un mapa de la felicidad desarrollado por la Facultad de Ciencias Económicas de Londres. Se trata de un investigación para comprobar si el ambiente puede influir en la felicidad. Se evalúan diferentes parámetros tales como el ruido, la contaminación del aire o la existencia de zonas verdes. Para conseguir la participación de la mayor cantidad de personas, los científicos británicos desarrollaron una aplicación disponible para iPhone, a través de la cual los usuarios indican, una vez al día, en qué lugar geográfico se encuentran, con quién y qué hacen. Los datos son anónimos y se registran en una base de datos que irá asociando los diferentes estados de ánimo con las localizaciones.


Creek Watch

Esta es una aplicación impulsada por una empresa. Con el objetivo de monitorizar la calidad del agua y contribuir a un planeta más sostenible, IBM creó la aplicación Creek Watch, con la que podemos registrar la información más relevante sobre el estado del agua de una determinada región.


MeteorCounter

En pocas palabras, mediante esta aplicación ayudamos a la NASA a contar meteoritos. Podemos registrar los datos geográficos, la hora, incluir anotaciones propias y enviarlas a través del celular a la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio en los Estados Unidos.



SciSpy

Desarrollada por Discovery Channel, esta aplicación busca aportar a la biodiversidad. SciPsy permite a los usuarios realizar capturas de imágenes de plantas y animales que van encontrando. Luego, las imágenes se suben a una plataforma virtual, en la que se las identifica y se añaden los datos básicos de geolocalización de cada especie que se fotografía. Así, los usuarios pueden aprender un poco más sobre la flora y fauna de su región, a la vez que proporcionan datos realmente valiosos a los investigadores en botánica y zoología.

Foldit

Para finalizar, tenemos a Foldit, un juego gratuito en el que se compite diseñando proteínas. En el mundo real, los científicos prueban estas proteínas para identificar si sus compuestos son viables para nuevos medicamentos. De manera innovadora, jugadores de todo el mundo pueden ayudar en la investigación sobre la cura para enfermedades tales como el VIH-SIDA, el cáncer o el Alzheimer.




Los anteriores fueron solo algunos ejemplos de una tendencia que crece. Las iniciativas de este tipo acercan un poco más la ciencia al público en general, la vuelven interactiva, un proyecto en el que todos pueden participar y contribuir. También, su potencial educativo nos invita a pensar cómo incorporarlas en las clases de ciencias. Por ejemplo, proponiendo a los estudiantes que participen en alguno de estos proyectos, que produzcan e intercambien información con otros participantes, compartan sus experiencias, analicen materiales y saquen conclusiones.  


Todo esto genera, a su vez, conciencia acerca de la importancia de muchas investigaciones que quizás desconocemos o nos parecen muy lejanas de nuestra vida cotidiana y de las aulas, de las que sin embargo podemos participar y sacar provecho educativo.