11082004Durante la entrevista, habló sobre los procesos de aprendizaje, "un fenómeno sumamente complejo del que sabemos muy poquitito", y del rol de la información sensorial auditiva, "disponible para ser usada por cualquier proceso, incluido el aprendizaje, durante el sueño". También sobre la aplicación de sus investigaciones en la recuperación temprana de niños sordos que han recibido un implante intracoclear.

—Ud. lleva más de 30 años dedicado a estudiar los distintos componentes del sueño y acaba de finalizar el trabajo Procesos fisiológicos del sueño. ¿Qué representa fisiológicamente el sueño?

—El sueño es un estado fisiológico distinto de otro estado, en el que el cerebro se transforma, cambian sus conexiones neuronales. Es distinta la distribución neuronal durante la vigilia y durante el sueño. Y como nosotros somos nuestro cerebro, nuestro cuerpo también es nuestro cerebro. Por eso a nuestro cuerpo de día el cerebro lo maneja de una manera particular: nos movemos, podemos caminar, hablar, etcétera. Durante el sueño, en cambio, hay una inhibición de las neuronas que mueven las piernas y entonces no nos podemos mover de la misma manera, esta es una de las diferencias. En el sueño es un cerebro distinto, que condiciona a un cuerpo distinto. La parte endocrina también cambia, no son las mismas hormonas las que segregamos durante la vigilia que durante el sueño; cambia la frecuencia cardíaca, que es tan importante para la vida: en ciertas etapas del sueño se transforma en una cosa irregular, lo mismo que la respiración, tanto que podrían llegar a poner en peligro la vida. Estas etapas de sueño son las que ocurren en la madrugada, y hay una asociación directa entre la muerte por accidentes vasculares en la madrugada, que es mucho mayor que durante otros momentos del día o de la noche. Por eso están relacionadas con lo que se llama “la etapa peligrosa del sueño”. Y no sabemos por qué se necesita pasar por esa etapa, no lo sabemos; se llama sueño paradójico, o en inglés sueño REM.

En el sueño se ven dos etapas: una, llamada "sueño lento", que se da en la primera parte de la noche; la segunda se llama "sueño paradójico" o REM. La primera ocupa el 75% de la noche, y la segunda el restante 25%.

—En el área de Neurofisiología de la Facultad de Medicina de Montevideo vienen analizando específicamente el funcionamiento del aparato auditivo durante el sueño...

—Claro, porque el sistema auditivo es lo que nos conecta con el mundo mientras estamos dormidos, no hay otro sistema, y de allí nuestros estudios.

—Con estos estudios han vuelto a probar algo que ya se sabía: que durante el sueño hay actividad auditiva. Pero el aporte novedoso que introducen gira en torno de que esta actividad puede tener muchas implicaciones, como por ejemplo la posibilidad de cierta forma de aprendizaje durante el sueño. ¿Cómo explica esa posibilidad?

—No tenemos una explicación. Es decir, el aprendizaje es un fenómeno sumamente complejo del que sabemos muy poquitito. Lo que nosotros sí podemos demostrar y afirmar es que la información sensorial auditiva está disponible para ser usada por cualquier proceso, incluido el aprendizaje, durante el sueño. Y esto sí lo hemos podido demostrar efectivamente, y es importante porque es el primer paso. Para responder a la pregunta de qué es lo que vamos a aprender durante el sueño tenemos que poder captar la información, por ejemplo una música, o una información, tenemos que saber que entra en nuestro cerebro, si no sería imposible. Y sabemos que entra, eso lo sabemos seguro.

—¿Y qué podría decirnos acerca de aquellos que proclamaban a comienzos de la década del 60: “Aprenda mientras duerme: ponga un grabador debajo de la almohada”, y así vendían cintas con cursos de idiomas, por ejemplo?

—Sí, eso lo dio a conocer un grupo de gente de Rusia y fue muy famoso en aquel momento, pero fue algo experimentalmente erróneo porque no controlaron cómo estaba el paciente en ese momento, cómo estaba la persona que se decía que aprendía. Después se hicieron controles con encefalogramas para ver en qué momento exactamente el individuo recibía tal información, y qué era lo que recordaba al día siguiente. Y se comprobó que cuando la información entraba en el individuo durante el sueño, al día siguiente ese mismo individuo no recordaba nada. Sólo había mejorado su aprendizaje si había recibido la información cuando aún estaba en vigilia, cuando estaba acostado apunto de dormirse, pero aún despierto.

—¿Y cuáles son las posibles aplicaciones pedagógicas que pueden derivarse de sus investigaciones?

—Bueno, en este momento no podría decir mucho acerca de las posibles derivaciones pedagógicas. Pero sí puedo decir que los pacientes adultos sordos que son implantados en pocos días vuelven a oír magníficamente. En cambio los niños que nacen sordos –ahora se autorizó que sean implantados con equipos intracocleares a los 18 meses de edad–, necesitan entre siete y ocho años de entrenamiento para ser recuperados como un niño normal. Por cierto, es algo magnífico y emocionante ver cómo un niño que era totalmente sordo con el entrenamiento de la técnica a los 7 u 8 años habla. Y ahora sí viene nuestra postura: si dejamos el equipo intracoclear encendido durante el sueño ese niño va tener un período de entrenamiento menor. Es una hipótesis, no está probado, pero es nuestra hipótesis de trabajo. Es decir que si dejamos encendido el equipo durante la noche para que el niño reciba información suponemos que debe cumplir alguna función distinta que va a facilitar el aprendizaje de ese niño, y va a acortar el tiempo de aprendizaje. Y eso sería muy importante.

Lo que yo también quisiera decir en cuanto a esto es que hay que dormir normalmente, no hay que evitar el sueño, cosa que se ha hecho tendencia en los últimos tiempos en nuestra sociedad, en la que el sueño pareciera ser una pérdida de tiempo en un mundo que funciona las 24 horas del día. Porque desde el punto de vista fisiológico, evitar el sueño es uno de los desastres más grandes que podemos hacer.

Si cada vez trabajamos hasta más tarde y nos levantamos más temprano para seguir trabajando y dormimos menos, eso va a tener consecuencias de diversa índole, y el aprendizaje va a ser una de las áreas que van a sufrir.

—En la conferencia que dio en estos días Ud. introdujo el tema de las tecnologías, como una advertencia acerca de que todos los avances tecnológicos tienen filtros... ¿a qué se refiere exactamente?

—Me refiero concretamente a la resonancia magnética funcional, que es la única manera de ver el cerebro en la actualidad. Decía que cuando se registra y mira el cerebro de un individuo después de que se inyectaron las sustancias radioactivas, etcétera, se puede obtener más rojo o menos rojo, y esos son los filtros. Entonces si yo quiero resaltar una región del cerebro en particular puedo hacer que aparezca más roja, pero no es que se esté mintiendo, es que quien hace eso trata de demostrar lo que piensa y eso nos pasa con todas las tecnologías, no sólo con estas. Uno arregla un poco las cosas de modo tal que salgan más parecidas a lo que uno cree que debe ser, lo cual no es ilícito: es parte del juego en la ciencia. Uno va posiblemente equivocándose y corrigiendo. Entonces hay que tener cuidado con eso, el científico debe estar sólidamente formado y ser muy responsable en lo que dice. Porque a veces se publican cosas que están demasiado sesgadas.

—¿Hacia dónde vamos con este tipo de investigaciones en las neurociencias?

—A tratar de conocer realmente qué es lo que hace el cerebro con nosotros y qué es el cerebro para nosotros. Esta es la frontera más importante del conocimiento que tenemos. Mucho más que la frontera espacial, porque para conocernos a nosotros mismos es fundamental. La pregunta es: ¿el cerebro puede conocerse a sí mismo? Yo soy optimista y creo que sí, y es lo que estamos investigando, pero va a llevar tiempo todavía.

—El ensueño es algo muy valorado desde tiempos remotos. Por ejemplo, es evocado muchas veces en la Biblia, es esencial en el sistema de conocimiento de los chamanes del antiguo México, también en el psicoanálisis y para los científicos, que saben desde hace tiempo que dormir no es un estado de inactividad. ¿Podría plantearse que el ensueño es en sí mismo un fenómeno de aprendizaje para el ser humano?

—El ensueño –también llamado actividad onírica– son datos que están metidos en el cerebro de alguna manera y que vienen, o genéticamente determinados o es información que ha entrado y está alojada en la memoria, y por lo tanto es elaborada por el cerebro durante el sueño de una manera peculiar. Pero no me preguntes por qué, porque no sabemos con precisión ni siquiera para qué dormimos. Pero sin duda esa actividad onírica algo representa. Y lo que nos dice de interesante la historia es que las características generales de los ensueños son iguales, tanto en la antigua Babilonia como ahora. Es como si estuvieran determinados por el cerebro.

Hay una enfermedad o una lesión que se llama prosopagnosia, en la que uno no reconoce la cara de la persona que está enfrente, como si estuviera borrada. Las personas que tiene una lesión cerebral particular que produce esta enfermedad cuando sueñan con una persona no le ven tampoco la cara. Es decir que el cerebro de alguna manera determina qué es lo que soñamos.


Fecha: Agosto de 2004