09032005Belén Gache es licenciada en Historia del Arte y escritora. Coordina el área de literatura experimental del proyecto LIMbØ, que funciona en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de Buenos Aires. Ha publicado novelas, poemas y numerosos ensayos de literatura y artes visuales, entre los que se destaca Escrituras nómades, un libro sobre literaturas no lineales del que habla en esta entrevista. “Los diferentes recorridos de lectura, las bifurcaciones, las clausuras y laberintos textuales que permiten los medios electrónicos aparecen como metáfora de las posibles maneras de recorrer una ciudad y se asocian con el paseo y la deriva. En cierta forma, el espacio urbano y el ciberespacio se relacionan también en la condición de ser espacios preponderantemente públicos, aunque los recorridos y los itinerarios de lectura sigan siendo personales.” Así, la autora presenta un modelo nómade que deconstruye la idea de una trama única dando lugar a perspectivas de lecturas múltiples.


Por Verónica Castro

—¿En qué radica la fuerza de los relatos?

Proust decía que entre escribir una novela y vivirla no había gran diferencia. Se ha dicho muchas veces que escribir es crear mundos. Frente a la realidad que se nos presenta como un límite infranqueable, en tanto que no puede ser deshecha ni anulada, la escritura se presenta en cambio como un arma de libertad y poder.

—En “Escrituras nómades” , su libro de ensayos sobre literaturas no lineales, Ud. acentúa la continuidad que este modelo textual tuvo a lo largo de la historia de la literatura, a pesar de que hoy se hable mucho del tema desde contextos de teorías de los medios. ¿Cuáles son los elementos no lineales de estas literaturas y cuáles son sus efectos en la construcción de sentido?

—Trabajos de texto basados en estructuras cíclicas, repeticiones, creaciones de tipo polifónico y/o colectivo, uso del tiempo presente (cuya incertidumbre futura se contrapone a un pasado que posee todas las respuestas) han sido explorados a lo largo de toda la historia de la literatura, desde Lawrence Sterne, Machado de Assis, las vanguardias del siglo XX, el nouveau roman o la novela posmoderna, por citar sólo algunos ejemplos. Hoy estas temáticas han resurgido debido a los replanteos que los dispositivos digitales producen respecto del dispositivo del libro impreso (orden lineal, predominio de una sintaxis lógica causal, etc.), cuyas limitaciones necesariamente condicionaron durante siglos la noción misma de literatura. Y yendo aún más lejos, como ya lo señalaba Marshall McLuhan, no solamente la noción de literatura sino la misma forma en que Occidente construyó el sentido del mundo, desde el Renacimiento en adelante.
—Ud. también plantea que con el advenimiento de los nuevos dispositivos de escritura surgidos a partir de medios digitales este modelo hipertextual permite alcanzar dimensiones antes no previstas. ¿Cuáles?

—El uso de medios computarizados permite generar programas a partir de la idea de aleatoriedad, lo cual potencia experiencias literarias que también pueden rastrearse, por ejemplo, en la poesía dadá (recordemos la Receta para realizar un poema dadá, de Tristan Tzará) o los cut ups de William Burroughs. La posibilidad de interactividad, asociada con la aparición de medios como internet, permite, por su parte, realizar creaciones colectivas incluso a distancia. La posibilidad de crear vínculos entre pantallas permite trabajar con tramas multilineales, etcétera.

—Y con el pasaje de la lógica del papel a la lógica del discurso hipermediático, ¿qué sucede con la posición del autor y del usuario?

—Cada dispositivo genera sus formas de contacto con el receptor (con el lector, en este caso). Contrariamente a la recepción del objeto libro, presentado como un ente fijo y autónomo, con un necesario principio y un fin, los medios digitales aparecen abiertos e interconectados con otros textos. No se trata aquí de textualidades planteadas a partir de un principio, un medio y un fin, siguiendo el tradicional modelo aristotélico, sino de escrituras multilineales, que permiten diferentes posibles recorridos de lectura y donde ninguna lectura es necesariamente la autorizada. La capacidad interactiva del medio borra la rígida frontera planteada por la imprenta entre escritor y lector.

—Ud. habla de lenguajes y escrituras imaginarias. ¿A qué se refiere concretamente?

—La estructura de una lengua determina la cosmovisión de los hombres que la utilizan. Cambiar las leyes del lenguaje es cambiar las leyes del mundo. En este sentido, la alteración de las gramáticas tradicionales, la ruptura de la relación simbólica tradicional de las palabras, la insubordinación de los significantes respecto de los significados han sido algunos de los tópicos privilegiados por las vanguardias. Los nuevos medios permiten, asimismo, una deconstrucción del logocentrismo que ha imperado en el Occidente moderno, a partir, por ejemplo, de la posibilidad de combinar sistemas semánticos diferentes, como el lingüístico y el visual, o de la búsqueda de nuevas sintaxis.

—¿Cuáles son los modelos electrónicos existentes de ficción potencialmente aprovechados y cuáles no?

—Si bien se viene experimentando con el azar y las combinatorias, la arborescencia de las tramas o la utilización de hipermedios, creo que es aún un poco pronto para hablar de modelos en lo que se refiere a la ficción electrónica. Y eso es quizás, el factor que más me interesa de estos nuevos medios: la falta de modelos, la posibilidad de generar sentidos en un terreno prácticamente virgen. Particularmente, y esto desde el terreno de la narrativa, yo encuentro un gran potencial en la aparición de los blogs. Me parece que abren un nuevo espectro de posibilidades que, necesariamente, terminarán por arrojar aires nuevos en el campo literario.

—Ud. habla de escrituras nómades que se presentan como modelos opuestos a los lineales, que permiten trazar un paralelo entre el espacio de la escritura y la topología urbana: de la ciudad como texto. ¿Qué podría decirnos de los stencil graffiti, esas pequeñas señales que resultan sorpresivas para quien las ve e invisibles para la mayoría de los peatones que circulan hoy por la Ciudad de Buenos Aires, y cuyo boom se dio en internet, desde donde sale buena parte de los moldes que llegan a las calles?

—Los diferentes recorridos de lectura, las bifurcaciones, las clausuras y laberintos textuales que permiten los medios electrónicos aparecen como metáfora de las posibles maneras de recorrer una ciudad y se asocian con el paseo y la deriva. En cierta forma, el espacio urbano y el ciberespacio se relacionan también en la condición de ser espacios preponderantemente públicos, aunque los recorridos y los itinerarios de lectura sigan siendo personales. Así, evidentemente, las señales se presentarán únicamente a aquellos que sepan encontrarlas.

—¿Qué elementos nuevos sobre la condición humana nos traen estas formas de arte?

—Nuevamente, aquí de lo que se trata de es de cuestionar el concepto moderno de “verdad” y de presentar al mundo como una combinatoria de perspectivas y puntos de vista diferentes. En todo caso, lo más valioso que estas nuevas formas aportan es la posibilidad de generar estrategias que apunten a la polifonía y la diversidad.


Fecha: Diciembre de 2004